Para ir a ver la Mona Lisa no hace falta ir al Museo del Louvre en París, ni para ver a Las Meninas al Museo del Prado o Paseo a orillas del Mar del valenciano Joaquín Sorolla en el museo que lleva su nombre en Madrid. Basta con ir al interior de la provincia de Valencia para encontrar todas estas joyas en el pueblo menos poblado de la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes: Zarra. Con apenas 386 habitantes en sus poco más de 50 kilómetros cuadrados, este municipio es una mina de oro para quienes tienen interés en el mundo rural, el arte al aire libre y no les gusta encerrarse en un museo o gastarse un dineral para observar las obras.. Las empedradas calles esconden una ruta callejera artística que atrae a turistas de toda la región y España. También a excursiones de colegios, para quienes el Ayuntamiento de Zarra tiene preparado un folleto explicativo con el que pretenden «hacer partícipes a los niños y niñas de los significados de las obras expuestas y de sus valores históricos, culturales y artísticos, a través de diversos juegos guiados, adaptados por edades». El objetivo es «disfrutar en las calles de nuestro pueblo, como lugar de aprendizaje por descubrimiento», aseguran.. En ese aprendizaje, en los últimos meses el Ayuntamiento ha hecho un esfuerzo para ampliar su visibilidad. Primero, alumbrando las grandes obras de arte para que se puedan observar también de noche, ahora que con el horario de invierno la tarde cae pronto, cerca de las cinco de la tarde.. Un proyecto que aúna la visibilidad cultural con la seguridad en el municipio. Para el alcalde de Zarra, Raúl Martínez, «supone un paso adelante en nuestro compromiso con la sostenibilidad y la eficiencia energética, permitiendo reducir costes y emisiones. Pero también es un proyecto que mejora la seguridad en nuestras calles y realza la belleza de nuestro pueblo. Avanzamos hacia un municipio más moderno, seguro y atractivo, reforzando el bienestar y el orgullo de vivir aquí», asegura el joven primer edil, que está buscando revitalizar el pueblo con medidas como esta o con iniciativas como «bodas contra la despoblación» con la que busca convertir a Zarra en un referente para la celebración de bodas.. Una nueva adquisición. En esa línea de visibilización cultural, la Vicepresidencia Primera y Conselleria de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda ha apoyado la Ruta de Arte de Zarra financiando con 5.295,54 euros un nuevo mural que llama la atención porque dibuja a un hombre de raza gitana inspirado por Federico García Lorca.. «Rostros del mundo. Diversidad en color» es el nombre del proyecto impulsado por el Ayuntamiento con el apoyo del Consell y que ha sido hecho por el artista valenciano, Dridali Street Art. «Por la libertad que Lorca no tuvo». Con esta idea como motor creativo, el valenciano, de nombre Adrián Mateo, ha dado forma al nuevo mural que pintó al ritmo musical de Manzanita y su versión «Verde que te quiero verde» y desde un vínculo íntimo con la obra de Federico García Lorca.. El joven artista descubrió a Lorca en su infancia, cuando Héctor, su profesor de literatura, le enseñó el Romance Sonámbulo. El poema, parte del Romancero Gitano, narra la huida desesperada de un hombre gitano perseguido por la Guardia Civil. El impacto emocional de aquellos versos —su musicalidad, su fuerza simbólica, la tragedia y la belleza del verde— quedó grabado para siempre en su memoria. Ese lazo formativo y personal es el que ha conectado de manera natural con el proyecto que entra dentro del programa autonómico de fomento de la diversidad a través del arte urbano.. «Es un homenaje a Lorca desde lo que sé hacer: pintar», explica Dridali, «y un gesto a la libertad que Federico no tuvo». Ha integrado en la obra versos del poema, reforzando su dimensión poética y emocional. «Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña», se puede leer en la fachada del municipio, que se ha transformado en un alegato visual a la igualdad, la convivencia y el respeto a las diferencias.
El artista valenciano, Dridali Street Art, crea un mural en el pueblo de interior con una ruta impresionante de arte callejero
Para ir a ver la Mona Lisa no hace falta ir al Museo del Louvre en París, ni para ver a Las Meninas al Museo del Prado o Paseo a orillas del Mar del valenciano Joaquín Sorolla en el museo que lleva su nombre en Madrid. Basta con ir al interior de la provincia de Valencia para encontrar todas estas joyas en el pueblo menos poblado de la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes: Zarra. Con apenas 386 habitantes en sus poco más de 50 kilómetros cuadrados, este municipio es una mina de oro para quienes tienen interés en el mundo rural, el arte al aire libre y no les gusta encerrarse en un museo o gastarse un dineral para observar las obras.. Las empedradas calles esconden una ruta callejera artística que atrae a turistas de toda la región y España. También a excursiones de colegios, para quienes el Ayuntamiento de Zarra tiene preparado un folleto explicativo con el que pretenden «hacer partícipes a los niños y niñas de los significados de las obras expuestas y de sus valores históricos, culturales y artísticos, a través de diversos juegos guiados, adaptados por edades». El objetivo es «disfrutar en las calles de nuestro pueblo, como lugar de aprendizaje por descubrimiento», aseguran.. En ese aprendizaje, en los últimos meses el Ayuntamiento ha hecho un esfuerzo para ampliar su visibilidad. Primero, alumbrando las grandes obras de arte para que se puedan observar también de noche, ahora que con el horario de invierno la tarde cae pronto, cerca de las cinco de la tarde.. Un proyecto que aúna la visibilidad cultural con la seguridad en el municipio. Para el alcalde de Zarra, Raúl Martínez, «supone un paso adelante en nuestro compromiso con la sostenibilidad y la eficiencia energética, permitiendo reducir costes y emisiones. Pero también es un proyecto que mejora la seguridad en nuestras calles y realza la belleza de nuestro pueblo. Avanzamos hacia un municipio más moderno, seguro y atractivo, reforzando el bienestar y el orgullo de vivir aquí», asegura el joven primer edil, que está buscando revitalizar el pueblo con medidas como esta o con iniciativas como «bodas contra la despoblación» con la que busca convertir a Zarra en un referente para la celebración de bodas.. Una nueva adquisición. En esa línea de visibilización cultural, la Vicepresidencia Primera y Conselleria de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda ha apoyado la Ruta de Arte de Zarra financiando con 5.295,54 euros un nuevo mural que llama la atención porque dibuja a un hombre de raza gitana inspirado por Federico García Lorca.. «Rostros del mundo. Diversidad en color» es el nombre del proyecto impulsado por el Ayuntamiento con el apoyo del Consell y que ha sido hecho por el artista valenciano, Dridali Street Art. «Por la libertad que Lorca no tuvo». Con esta idea como motor creativo, el valenciano, de nombre Adrián Mateo, ha dado forma al nuevo mural que pintó al ritmo musical de Manzanita y su versión «Verde que te quiero verde» y desde un vínculo íntimo con la obra de Federico García Lorca.. El joven artista descubrió a Lorca en su infancia, cuando Héctor, su profesor de literatura, le enseñó el Romance Sonámbulo. El poema, parte del Romancero Gitano, narra la huida desesperada de un hombre gitano perseguido por la Guardia Civil. El impacto emocional de aquellos versos —su musicalidad, su fuerza simbólica, la tragedia y la belleza del verde— quedó grabado para siempre en su memoria. Ese lazo formativo y personal es el que ha conectado de manera natural con el proyecto que entra dentro del programa autonómico de fomento de la diversidad a través del arte urbano.. «Es un homenaje a Lorca desde lo que sé hacer: pintar», explica Dridali, «y un gesto a la libertad que Federico no tuvo». Ha integrado en la obra versos del poema, reforzando su dimensión poética y emocional. «Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña», se puede leer en la fachada del municipio, que se ha transformado en un alegato visual a la igualdad, la convivencia y el respeto a las diferencias.
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