La víctima se llama Salma, tiene 38 años, es de origen marroquí y, durante dos años, ha vivido su particular infierno. Conoció a su presunto captor, que la encerró en una casa de huerta de la pedanía murciana de San José. Es ahí cuando se le perdió la pista, porque la familia de esta mujer alauita denunció su desaparición hace dos años, pero la investigación llegó a un punto muerto. Supusieron que podía tratarse de una fuga voluntaria. Nada más lejos de la realidad. Durante este periodo, Salma vivió una auténtica tortura: era atada a una cama, donde era sometida a palizas, violaciones y todo tipo de vejaciones. Sin embargo, consiguió escapar.
La víctima aprovechó un descuido de su secuestrador -que estaba durmiendo-, se encaramó a un escalera y salió huyendo por la parte trasera de la casa. Pidió ayuda, al que había sido antaño su pareja sentimental, que la acompañó al centro de salud del murciano barrio del Infante y, posteriormente, al hospital Reina Sofía de la capital. Presentaba lesiones de gravedad: un golpe en la cabeza, hematomas por todo el cuerpo y, lo más fuerte, le faltaban varias piezas dentales y había perdido un ojo, como consecuencia de las palizas que recibía.
“Yo oí un día gritos y escándalo y a una mujer que decía ‘llévame a mi casa’, pero pensaba que era una discusión de pareja”, cuenta en declaraciones a LA RAZÓN un vecino de la zona, que asegura que no avisó a la Policía, porque el detenido era una persona peligrosa y de pocos amigos. Lo que sí admite es que la vivienda ejercía como punto de venta de droga. “Aquí venía gente del pueblo a comprar, además, yo escuchaba ruidos de aparatos que estaban funcionando las 24 horas”, lo que podría indicar que el arrestado había montando un invernadero de marihuana en su domicilio. “Aquí venían muchos coches, lo sé porque las luces daban en la fachada de mi vivienda, ahí había algo”, narra otra vecina de San José, que sospechaba también que Alberto S. podía dedicarse a negocios ilícitos.
Cuando la víctima recibió asistencia sanitaria y fue puesta a salvo, la Policía Nacional activó un operativo de urgencia tras obtener la orden de entrada y registro de la vivienda. El detenido fue sorprendido durmiendo y ni siquiera se había percatado de la fuga de la mujer que tenía retenida.
Los agentes hallaron en la casa varias armas de fuego, armas blancas y estupefacientes. Otras tres personas resultaban también detenidas como presuntas encubridoras -un familiar y varios vecinos de la zona-, pero dos quedaban en libertad al no poder acreditarse que eran conocedoras de la dramática situación que estaba viviendo esta mujer.
Este viernes el presunto autor de estos hechos ha pasado a disposición judicial en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Murcia, ya que se investiga como un caso de violencia machista, tal y como confirmaba este jueves el delegado del Gobierno en la Región, Francisco Lucas. Él siempre ha sostenido que esta mujer era su pareja, pero fuentes cercanas a la investigación niegan que tuviesen ninguna una relación sentimental. Al menos ya no. Además, a Alberto S. se le imputan otros cargos como detención ilegal, agresión sexual y malos tratos continuados. Junto a él, también ha sido puesta a disposición del juez otra mujer, que está acusada de omisión del deber de socorro porque, al parecer, sabía lo que ocurría dentro de esa casa pero no lo puso en conocimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
De momento, el infierno de Salma ha terminado. Ha sido trasladada a una casa de acogida y está recibiendo atención psicológica tras el calvario vivido en aquella casa de los horrores.
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La víctima se llama Salma, tiene 38 años, es de origen marroquí y, durante dos años, ha vivido su particular infierno. Conoció a su presunto captor, que la encerró en una casa de huerta de la pedanía murciana de San José. Es ahí cuando se le perdió la pista, porque la familia de esta mujer alauita denunció su desaparición hace dos años, pero la investigación llegó a un punto muerto. Supusieron que podía tratarse de una fuga voluntaria. Nada más lejos de la realidad. Durante este periodo, Salma vivió una auténtica tortura: era atada a una cama, donde era sometida a palizas, violaciones y todo tipo de vejaciones. Sin embargo, consiguió escapar.. La víctima aprovechó un descuido de su secuestrador -que estaba durmiendo-, se encaramó a un escalera y salió huyendo por la parte trasera de la casa. Pidió ayuda, al que había sido antaño su pareja sentimental, que la acompañó al centro de salud del murciano barrio del Infante y, posteriormente, al hospital Reina Sofía de la capital. Presentaba lesiones de gravedad: un golpe en la cabeza, hematomas por todo el cuerpo y, lo más fuerte, le faltaban varias piezas dentales y había perdido un ojo, como consecuencia de las palizas que recibía.. “Yo oí un día gritos y escándalo y a una mujer que decía ‘llévame a mi casa’, pero pensaba que era una discusión de pareja”, cuenta en declaraciones a LA RAZÓN un vecino de la zona, que asegura que no avisó a la Policía, porque el detenido era una persona peligrosa y de pocos amigos. Lo que sí admite es que la vivienda ejercía como punto de venta de droga. “Aquí venía gente del pueblo a comprar, además, yo escuchaba ruidos de aparatos que estaban funcionando las 24 horas”, lo que podría indicar que el arrestado había montando un invernadero de marihuana en su domicilio. “Aquí venían muchos coches, lo sé porque las luces daban en la fachada de mi vivienda, ahí había algo”, narra otra vecina de San José, que sospechaba también que Alberto S. podía dedicarse a negocios ilícitos.. Cuando la víctima recibió asistencia sanitaria y fue puesta a salvo, la Policía Nacional activó un operativo de urgencia tras obtener la orden de entrada y registro de la vivienda. El detenido fue sorprendido durmiendo y ni siquiera se había percatado de la fuga de la mujer que tenía retenida.. Los agentes hallaron en la casa varias armas de fuego, armas blancas y estupefacientes. Otras tres personas resultaban también detenidas como presuntas encubridoras -un familiar y varios vecinos de la zona-, pero dos quedaban en libertad al no poder acreditarse que eran conocedoras de la dramática situación que estaba viviendo esta mujer.. Este viernes el presunto autor de estos hechos ha pasado a disposición judicial en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Murcia, ya que se investiga como un caso de violencia machista, tal y como confirmaba este jueves el delegado del Gobierno en la Región, Francisco Lucas. Él siempre ha sostenido que esta mujer era su pareja, pero fuentes cercanas a la investigación niegan que tuviesen ninguna una relación sentimental. Al menos ya no. Además, a Alberto S. se le imputan otros cargos como detención ilegal, agresión sexual y malos tratos continuados. Junto a él, también ha sido puesta a disposición del juez otra mujer, que está acusada de omisión del deber de socorro porque, al parecer, sabía lo que ocurría dentro de esa casa pero no lo puso en conocimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.. De momento, el infierno de Salma ha terminado. Ha sido trasladada a una casa de acogida y está recibiendo atención psicológica tras el calvario vivido en aquella casa de los horrores.
El arrestado, Alberto S., español de 50 años, ha pasado este viernes a disposición y judicial y, previsiblemente, será enviado a prisión
