La Navidad siempre es un buen termómetro del momento en el que se encuentran las cadenas de televisión. De hecho, apunta maneras de cómo será el año que acaba de comenzar. A primera vista, vemos una TVE competitiva, una Antena 3 que busca mantener el liderazgo con sus bazas más asentadas y a un Telecinco desaparecido de la conversación social. Incluso antipático a ojos del que antaño fue su público objetivo.. Las expectativas cumplidas y decepcionadas de las apuestas de las cadenas en estas fiestas han definido porvenires de los contenidos audiovisuales en este próximo año. Para empezar, Cristina Pedroche congregó a un 22,8 por ciento de share y 3.273.000, en Antena 3 mientras que La 1 ganó con un 34 por ciento de cuota y 4.993.000 espectadores. La diferencia de cuota de pantalla es cruda: 11 puntos no son baladí. Ha habido una ruptura. En esta Nochevieja ha sido evidente que su vestido no ha provocado la misma expectación. Pero es que, además, la propuesta estilística de este año no aportaba nada nuevo. No había un chute de creatividad que reformulara esta ‘tradición’. Se ha vuelto a fiar todo a la poca ropa.. Han pasado doce años desde que la chica de Vallecas despertó el debate nacional por sus transparencias que nos pillaron por sorpresa. Ahora la sociedad ya la ve de otra manera. Incluso empieza a sentirse rutina previsible: más mostrar piel que el descubrimiento de un performance imaginativo, más demostrar que sigues joven, guapa y aguantando el frío de la noche como los cánones sociales esperan de ti. Y ella necesita justificar el número de cabaret con un discurso solidario para que la tomen en serio. Pero, al final, la dinámica ya se ha ido desinflando y, este año, el efecto sorpresa del destape ha sido soso visualmente. No había fantasía que parodiar cuando se descubrió todo tras la capa. Aprendizaje: dicen que en televisión lo que funciona no se toca, pero siempre hay que saber evolucionar con tus espectadores. O te quedas atrás.. En ese sentido de evolución, Televisión Española apostó por crear un evento sacando la televisión a la calle: La casa de la música, con actuaciones de diversos artistas desde distintos lugares históricos. Menos la actuación de Shakira que parecía descargada de Youtube. Lo suyo es que Shaki hubiera cantado en una sede emblemática de nuestra Hacienda… Ironías aparte, TVE, tras años repitiendo con inercia estructura de programas de fin de año -José Mota, cotillón, campanadas, cotillón- ha introducido un elemento que reivindica la cadena a la vez que remueve el avispero. Con artistas a los que la gente quiere: Rosario, Carmona, Amaia Romero… y el golpe de efecto: la curiosidad por el retorno de Amaia Montero a La oreja de Van Gogh.. Encima regresando con su vestido edredón nórdico – traje espacial – palomita de maíz listo para nublar el interés por Pedroche que, debatido durante doce años, era fácil diagnosticar el desenlace. Aquí no hay promesas de piel. Aquí hay una Amaia Montero con un talento con el que la sociedad ha crecido. Una mujer que representa los altos y los bajos del éxito que revoluciona una vida. El meme fue suyo en Nochevieja. Aunque, también, el cariño hasta de los que no entienden la evolución del mítico grupo.. La 1 lleva un tiempo sembrado una fidelidad de público muy buena. Y aprovecha estas fiestas para coger más carrerilla. Con la ventaja añadida de que no depende de los cortes para la publicidad de las privadas e invierte en una programación fuerte en navidades, donde la sociedad sigue reuniéndose con la tele de fondo, en especial con Televisión Española que se asocia desde hace siete décadas a los especiales musicales y cómicos navideños. La tele pública aprovecha esta oportunidad para generar rutina en citas donde La 1 está tan asentada en el imaginario colectivo como Nochebuena y Nochevieja. Mientras tanto, las privadas tiran de refritos en estas dos noches en las que prefieren no gastar para no perder.. No obstante, uno de los grandes problemas de la televisión actual es la inercia en la que el espectador interioriza que siempre «ponen» lo mismo. En esta Nochevieja, en TVE, ha habido opciones muy complementarias que abarcan distintos espectros sociales. El humor que saca punta a las avaricias de unos y otros de José Mota, Eva Soriano trayendo al lenguaje de hoy a las pompas de las galas de brilli brilli televisivo, Cachitos recordándonos con mordacidad la historia musical de los últimos setenta años y Estopa y Chenoa cubriendo la baja de Silvia Abril y Andreu Buenafuente que, también, hubieran arrasado en una noche como esta con su comedia inteligente.. Estopa y Chenoa han hecho crecer la audiencia de Broncano y Lalachús en el pasado año. A diferencia de sus predecesores, no venían con el ruido de la polarización, que es venenoso, pues te promociona en las trincheras pero, a la vez, también provoca una rechazo. Aunque no quieras que te encasillen, las susceptibilidades de los hinchas ideológicos que gritan mucho en las redes meten a los profesionales a presión en un estereotipo ideológico que logra la ovación ciega de unos y la huida prejuiciosa de otros. Y el gran liderazgo de la televisión se logra cuando se suma desde la congregación de la plaza pública en la que bailamos todos juntos cuando hay verbena. Y la ilusión gana a las rencillas, los tabúes y los clichés. La tele es abrir la mente desde los colores de la diversidad.. Con Estopa y Chenoa, como con Amaia, hemos crecido. Unen España porque representan tantos barrios que son tan diferentes y tan iguales. Somos así de contradictorios. No fueron unas campanadas solemnes, de esas que miran al espectador por encima del hombro. No es nada nuevo, tampoco lo fueron en 1990 las de Martes y 13. Era la primera vez de TVE en el balcón de Sol y revolucionarón los clichés de los que engolan la voz. La travesura siempre nos une.. Y la televisión en España siempre ha reunido audiencias con el atrevimiento , la ironía y la distensión de las miradas progresistas. Hasta cuando había dictadura. Ahí ha habido un fallo de cálculo de los operadores privados, especialmente de Telecinco, que ha hecho su mínimo de audiencia histórico en Nochevieja con un 3,6 por ciento de share digno de canal muy temático. No es culpa de Sandra Barneda y Xuso Jones, es resultado de la tormenta perfecta dentro de una cadena con un profundo problema de imagen. Por un lado, causa rechazo por el cuchicheo del que abusó y, por otro, ha intentado cambiar con una programación que no conecta con la pluralidad que sustenta España. Y así una televisión generalista no tiene nicho de mercado.. Ahí está la lección de estas Navidades que, excepto en la tradición de TVE, ha sido un secarral de programación: la televisión tiene miedo al fracaso porque es muy difícil acertar. Entonces, repite todo el rato lo que funcionó. Pero, entre lo que te funciona, siempre hay que remover el gallinero con ideas que traen de vuelta a los que se fueron de la tele. Televisión Española lo ha hecho. Tanto que ha vuelto a Amaia. Y Leire, también estaba allí. Incluso Sabina. El futuro de la tele siempre será la autoría que reúne. Hasta despertarnos la curiosidad por lo diferente en un mundo convulso, donde algunos, muchos algunos, quieren que confundamos igualdad con homogeneidad. No, no es lo mismo. Y la tele, como la sociedad, tiene que ser un punto de encuentro de todos. Todos los que no azuzan el desencuentro.
La Nochevieja ha marcado una ruptura.
20MINUTOS.ES – Televisión
La Navidad siempre es un buen termómetro del momento en el que se encuentran las cadenas de televisión. De hecho, apunta maneras de cómo será el año que acaba de comenzar. A primera vista, vemos una TVE competitiva, una Antena 3 que busca mantener el liderazgo con sus bazas más asentadas y a un Telecinco desaparecido de la conversación social. Incluso antipático a ojos del que antaño fue su público objetivo.. Las expectativas cumplidas y decepcionadas de las apuestas de las cadenas en estas fiestas han definido porvenires de los contenidos audiovisuales en este próximo año. Para empezar, Cristina Pedroche congregó a un 22,8 por ciento de share y 3.273.000, en Antena 3 mientras que La 1 ganó con un 34 por ciento de cuota y 4.993.000 espectadores. La diferencia de cuota de pantalla es cruda: 11 puntos no son baladí. Ha habido una ruptura. En esta Nochevieja ha sido evidente que su vestido no ha provocado la misma expectación. Pero es que, además, la propuesta estilística de este año no aportaba nada nuevo. No había un chute de creatividad que reformulara esta ‘tradición’. Se ha vuelto a fiar todo a la poca ropa.. Han pasado doce años desde que la chica de Vallecas despertó el debate nacional por sus transparencias que nos pillaron por sorpresa. Ahora la sociedad ya la ve de otra manera. Incluso empieza a sentirse rutina previsible: más mostrar piel que el descubrimiento de un performance imaginativo, más demostrar que sigues joven, guapa y aguantando el frío de la noche como los cánones sociales esperan de ti. Y ella necesita justificar el número de cabaret con un discurso solidario para que la tomen en serio. Pero, al final, la dinámica ya se ha ido desinflando y, este año, el efecto sorpresa del destape ha sido soso visualmente. No había fantasía que parodiar cuando se descubrió todo tras la capa. Aprendizaje: dicen que en televisión lo que funciona no se toca, pero siempre hay que saber evolucionar con tus espectadores. O te quedas atrás.. En ese sentido de evolución, Televisión Española apostó por crear un evento sacando la televisión a la calle: La casa de la música, con actuaciones de diversos artistas desde distintos lugares históricos. Menos la actuación de Shakira que parecía descargada de Youtube. Lo suyo es que Shaki hubiera cantado en una sede emblemática de nuestra Hacienda… Ironías aparte, TVE, tras años repitiendo con inercia estructura de programas de fin de año -José Mota, cotillón, campanadas, cotillón- ha introducido un elemento que reivindica la cadena a la vez que remueve el avispero. Con artistas a los que la gente quiere: Rosario, Carmona, Amaia Romero… y el golpe de efecto: la curiosidad por el retorno de Amaia Montero a La oreja de Van Gogh.. Encima regresando con su vestido edredón nórdico – traje espacial – palomita de maíz listo para nublar el interés por Pedroche que, debatido durante doce años, era fácil diagnosticar el desenlace. Aquí no hay promesas de piel. Aquí hay una Amaia Montero con un talento con el que la sociedad ha crecido. Una mujer que representa los altos y los bajos del éxito que revoluciona una vida. El meme fue suyo en Nochevieja. Aunque, también, el cariño hasta de los que no entienden la evolución del mítico grupo.. La 1 lleva un tiempo sembrado una fidelidad de público muy buena. Y aprovecha estas fiestas para coger más carrerilla. Con la ventaja añadida de que no depende de los cortes para la publicidad de las privadas e invierte en una programación fuerte en navidades, donde la sociedad sigue reuniéndose con la tele de fondo, en especial con Televisión Española que se asocia desde hace siete décadas a los especiales musicales y cómicos navideños. La tele pública aprovecha esta oportunidad para generar rutina en citas donde La 1 está tan asentada en el imaginario colectivo como Nochebuena y Nochevieja. Mientras tanto, las privadas tiran de refritos en estas dos noches en las que prefieren no gastar para no perder.. No obstante, uno de los grandes problemas de la televisión actual es la inercia en la que el espectador interioriza que siempre «ponen» lo mismo. En esta Nochevieja, en TVE, ha habido opciones muy complementarias que abarcan distintos espectros sociales. El humor que saca punta a las avaricias de unos y otros de José Mota, Eva Soriano trayendo al lenguaje de hoy a las pompas de las galas de brilli brilli televisivo, Cachitos recordándonos con mordacidad la historia musical de los últimos setenta años y Estopa y Chenoa cubriendo la baja de Silvia Abril y Andreu Buenafuente que, también, hubieran arrasado en una noche como esta con su comedia inteligente.. Estopa y Chenoa han hecho crecer la audiencia de Broncano y Lalachús en el pasado año. A diferencia de sus predecesores, no venían con el ruido de la polarización, que es venenoso, pues te promociona en las trincheras pero, a la vez, también provoca una rechazo. Aunque no quieras que te encasillen, las susceptibilidades de los hinchas ideológicos que gritan mucho en las redes meten a los profesionales a presión en un estereotipo ideológico que logra la ovación ciega de unos y la huida prejuiciosa de otros. Y el gran liderazgo de la televisión se logra cuando se suma desde la congregación de la plaza pública en la que bailamos todos juntos cuando hay verbena. Y la ilusión gana a las rencillas, los tabúes y los clichés. La tele es abrir la mente desde los colores de la diversidad.. Con Estopa y Chenoa, como con Amaia, hemos crecido. Unen España porque representan tantos barrios que son tan diferentes y tan iguales. Somos así de contradictorios. No fueron unas campanadas solemnes, de esas que miran al espectador por encima del hombro. No es nada nuevo, tampoco lo fueron en 1990 las de Martes y 13. Era la primera vez de TVE en el balcón de Sol y revolucionarón los clichés de los que engolan la voz. La travesura siempre nos une.. Y la televisión en España siempre ha reunido audiencias con el atrevimiento , la ironía y la distensión de las miradas progresistas. Hasta cuando había dictadura. Ahí ha habido un fallo de cálculo de los operadores privados, especialmente de Telecinco, que ha hecho su mínimo de audiencia histórico en Nochevieja con un 3,6 por ciento de share digno de canal muy temático. No es culpa de Sandra Barneda y Xuso Jones, es resultado de la tormenta perfecta dentro de una cadena con un profundo problema de imagen. Por un lado, causa rechazo por el cuchicheo del que abusó y, por otro, ha intentado cambiar con una programación que no conecta con la pluralidad que sustenta España. Y así una televisión generalista no tiene nicho de mercado.. Ahí está la lección de estas Navidades que, excepto en la tradición de TVE, ha sido un secarral de programación: la televisión tiene miedo al fracaso porque es muy difícil acertar. Entonces, repite todo el rato lo que funcionó. Pero, entre lo que te funciona, siempre hay que remover el gallinero con ideas que traen de vuelta a los que se fueron de la tele. Televisión Española lo ha hecho. Tanto que ha vuelto a Amaia. Y Leire, también estaba allí. Incluso Sabina. El futuro de la tele siempre será la autoría que reúne. Hasta despertarnos la curiosidad por lo diferente en un mundo convulso, donde algunos, muchos algunos, quieren que confundamos igualdad con homogeneidad. No, no es lo mismo. Y la tele, como la sociedad, tiene que ser un punto de encuentro de todos. Todos los que no azuzan el desencuentro.
