Jano, que da nombre al mes de enero (Ianuarius, en latín), era el dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales, y por eso se le representaba con dos caras, que le permitían mirar simultáneamente hacia adelante y hacia atrás y ver así el pasado y el futuro. Pues bien, se conoce que Jano no estaba muy atento cuando abrió las puertas de este año 2026, que ha entrado con aire sombrío y teñido de negros presagios.. Así lo confirman las noticias, que un día sí y otro también hablan de guerras que no se acaban y conflictos que están a punto de encenderse, de disputas y ambiciones que siembran el miedo a nuevas amenazas y peligros desconocidos de imprevisibles consecuencias para toda la humanidad. Nunca, para los nacidos después de las cruentas guerras del siglo pasado, el mundo había sido tan inhóspito.. «La realidad es mucha y mala», escribió Baltasar Gracián en el siglo XVII. Baltasar Gracián era un pesimista en un siglo que invitaba al pesimismo, ¿y quién no lo es hoy en un tiempo revuelto y desapacible como el nuestro, en el que todo lo que parecía sólido, estable y duradero –los vínculos humanos, los compromisos, los tratados, las fronteras, el orden internacional…– se percibe como algo fútil, secundario y prescindible?. «El mundo del hombre está mal hecho», dijo también un poeta del siglo XX, Jorge Guillén, y no hace falta ir muy lejos para darle la razón. Basta con recordar las imágenes de los desalojados de Badalona cobijándose del temporal bajo el puente de una autopista, o con leer estas dos noticias aparecidas esta semana en este mismo periódico: Cruz Roja atendió en Cataluña a 1.110 personas sin hogar en la reciente ola de frío, se informa en una de ellas; y en la otra: 2.000 personas duermen al raso en Barcelona cada noche.. O con reseñar que, como todos los años, se celebra hoy, 17 de enero, la festividad de san Antonio Abad, y con tal motivo es costumbre y tradición que en algunas iglesias se bendiga a los animales, que tienen a este santo por patrón. Concurren en gran número a esa ceremonia las mascotas, y ese es el punto de desazón que suscita, dado que en los países desarrollados disminuye de forma alarmante el índice de natalidad, pero aumenta a la par de manera considerable el número de animales de compañía, que, en Cataluña, por ejemplo, ascienden a 1.650.000, perros y gatos la mayoría.. Solo en la ciudad de Barcelona, según datos municipales, hay en torno a 175.000 perros censados, lo que supone aproximadamente un can doméstico por cada 10 habitantes. Y lo que es más llamativo y elocuente aún: el número de perros registrados es superior al de niños menores de 12 años…
Se conoce que Jano no estaba muy atento cuando abrió las puertas de este año 2026
Jano, que da nombre al mes de enero (Ianuarius, en latín), era el dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales, y por eso se le representaba con dos caras, que le permitían mirar simultáneamente hacia adelante y hacia atrás y ver así el pasado y el futuro. Pues bien, se conoce que Jano no estaba muy atento cuando abrió las puertas de este año 2026, que ha entrado con aire sombrío y teñido de negros presagios.. Así lo confirman las noticias, que un día sí y otro también hablan de guerras que no se acaban y conflictos que están a punto de encenderse, de disputas y ambiciones que siembran el miedo a nuevas amenazas y peligros desconocidos de imprevisibles consecuencias para toda la humanidad. Nunca, para los nacidos después de las cruentas guerras del siglo pasado, el mundo había sido tan inhóspito.. «La realidad es mucha y mala», escribió Baltasar Gracián en el siglo XVII. Baltasar Gracián era un pesimista en un siglo que invitaba al pesimismo, ¿y quién no lo es hoy en un tiempo revuelto y desapacible como el nuestro, en el que todo lo que parecía sólido, estable y duradero –los vínculos humanos, los compromisos, los tratados, las fronteras, el orden internacional…– se percibe como algo fútil, secundario y prescindible?. «El mundo del hombre está mal hecho», dijo también un poeta del siglo XX, Jorge Guillén, y no hace falta ir muy lejos para darle la razón. Basta con recordar las imágenes de los desalojados de Badalona cobijándose del temporal bajo el puente de una autopista, o con leer estas dos noticias aparecidas esta semana en este mismo periódico: Cruz Roja atendió en Cataluña a 1.110 personas sin hogar en la reciente ola de frío, se informa en una de ellas; y en la otra: 2.000 personas duermen al raso en Barcelona cada noche.. O con reseñar que, como todos los años, se celebra hoy, 17 de enero, la festividad de san Antonio Abad, y con tal motivo es costumbre y tradición que en algunas iglesias se bendiga a los animales, que tienen a este santo por patrón. Concurren en gran número a esa ceremonia las mascotas, y ese es el punto de desazón que suscita, dado que en los países desarrollados disminuye de forma alarmante el índice de natalidad, pero aumenta a la par de manera considerable el número de animales de compañía, que, en Cataluña, por ejemplo, ascienden a 1.650.000, perros y gatos la mayoría.. Solo en la ciudad de Barcelona, según datos municipales, hay en torno a 175.000 perros censados, lo que supone aproximadamente un can doméstico por cada 10 habitantes. Y lo que es más llamativo y elocuente aún: el número de perros registrados es superior al de niños menores de 12 años…
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