La burocracia de Bruselas intenta ponerse al ritmo del delicado contexto geopolítico actual, asumiendo que la industria militar moderna exige una capacidad de respuesta ágil y no dilatada en largos ciclos de innovación. En este giro estratégico, la Comisión Europea busca alinear sus tiempos industriales con la urgencia del frente, tal como subrayó este miércoles el comisario de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, al afirmar que es necesario «estar preparados no solo para las guerras del mañana, sino para las necesidades del presente», un desafío que obliga a «aumentar la producción de forma inmediata».. Con el lanzamiento de AGILE, un nuevo instrumento financiero dotado con 115 millones de euros, la Unión Europea busca transformar su ecosistema de defensa y acortar la distancia entre los laboratorios tecnológicos y el campo de batalla en tiempos récord. Este programa piloto, previsto para 2027, surge como respuesta a las lecciones de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, que ha demostrado que la ventaja depende hoy de ciclos de innovación de semanas o meses, en lugar de años.. Este nuevo mecanismo implica un cambio de mentalidad industrial que la vicepresidenta ejecutiva de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, definió como la necesidad de abrir el sector a nuevos actores. La Comisión pretende romper las barreras que históricamente han mantenido a las empresas tecnológicas más creativas fuera del ámbito de la defensa, fomentando una «cultura de acción» que permita a pymes y startups europeas contribuir a fortalecer la seguridad común.. El plan financiará entre 20 y 30 proyectos, cubriendo hasta el 100 % de los costes elegibles y prometiendo una agilidad administrativa inédita en la UE. Según Kubilius, se otorgarán subvenciones de entre uno y cinco millones de euros a pymes europeas en un plazo de cuatro meses, especialmente en sectores críticos como la inteligencia artificial, los drones y la computación cuántica.. El instrumento nace para corregir un déficit histórico: según Virkkunen, «la industria de defensa europea ha estado fragmentada» y «muchas pymes tienen dificultades para acceder al sector». Kubilius ilustró esta brecha al señalar que el gasto europeo está concentrado en unos diez grandes contratistas que absorben hasta el 80 % de los fondos, mientras que en Estados Unidos los diez principales actores representan menos del 40 %.. Para el comisario, este movimiento es esencial para no quedar rezagados frente a los adversarios. «La guerra y los campos de batalla están cambiando de forma drástica: los ejércitos necesitan rapidez y costes competitivos», defendió. Frente a programas tradicionales como el Fondo Europeo de Defensa, centrados en proyectos de «alta gama», la UE apuesta por diversificar su enfoque mediante soluciones disruptivas “capaces de escalar rápidamente y producir cantidades masivas de productos más baratos atendiendo a las necesidades del frente moderno”.. Aunque su alcance inicial es limitado, la Comisión espera que este piloto sirva de base para una expansión a partir de 2028. El éxito de esta iniciativa se medirá por su capacidad para cumplir esa promesa de agilidad, una meta que, según Kubilius, implicaría una «rapidez increíble para la burocracia y la toma de decisiones de la UE».
La burocracia de Bruselas intenta ponerse al ritmo del delicado contexto geopolítico actual, asumiendo que la industria militar moderna exige una capacidad de respuesta ágil y no dilatada en largos ciclos de innovación. En este giro estratégico, la Comisión Europea busca alinear sus tiempos industriales con la urgencia del frente, tal como subrayó este miércoles el comisario de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, al afirmar que es necesario «estar preparados no solo para las guerras del mañana, sino para las necesidades del presente», un desafío que obliga a «aumentar la producción de forma inmediata».. Con el lanzamiento de AGILE, un nuevo instrumento financiero dotado con 115 millones de euros, la Unión Europea busca transformar su ecosistema de defensa y acortar la distancia entre los laboratorios tecnológicos y el campo de batalla en tiempos récord. Este programa piloto, previsto para 2027, surge como respuesta a las lecciones de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, que ha demostrado que la ventaja depende hoy de ciclos de innovación de semanas o meses, en lugar de años.. Este nuevo mecanismo implica un cambio de mentalidad industrial que la vicepresidenta ejecutiva de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, definió como la necesidad de abrir el sector a nuevos actores. La Comisión pretende romper las barreras que históricamente han mantenido a las empresas tecnológicas más creativas fuera del ámbito de la defensa, fomentando una «cultura de acción» que permita a pymes y startups europeas contribuir a fortalecer la seguridad común.. El plan financiará entre 20 y 30 proyectos, cubriendo hasta el 100 % de los costes elegibles y prometiendo una agilidad administrativa inédita en la UE. Según Kubilius, se otorgarán subvenciones de entre uno y cinco millones de euros a pymes europeas en un plazo de cuatro meses, especialmente en sectores críticos como la inteligencia artificial, los drones y la computación cuántica.. Una industria fragmentada. El instrumento nace para corregir un déficit histórico: según Virkkunen, «la industria de defensa europea ha estado fragmentada» y «muchas pymes tienen dificultades para acceder al sector». Kubilius ilustró esta brecha al señalar que el gasto europeo está concentrado en unos diez grandes contratistas que absorben hasta el 80 % de los fondos, mientras que en Estados Unidos los diez principales actores representan menos del 40 %.. Para el comisario, este movimiento es esencial para no quedar rezagados frente a los adversarios. «La guerra y los campos de batalla están cambiando de forma drástica: los ejércitos necesitan rapidez y costes competitivos», defendió. Frente a programas tradicionales como el Fondo Europeo de Defensa, centrados en proyectos de «alta gama», la UE apuesta por diversificar su enfoque mediante soluciones disruptivas “capaces de escalar rápidamente y producir cantidades masivas de productos más baratos atendiendo a las necesidades del frente moderno”.. Aunque su alcance inicial es limitado, la Comisión espera que este piloto sirva de base para una expansión a partir de 2028. El éxito de esta iniciativa se medirá por su capacidad para cumplir esa promesa de agilidad, una meta que, según Kubilius, implicaría una «rapidez increíble para la burocracia y la toma de decisiones de la UE».
El instrumento financiero prevé financiar proyectos en sectores críticos de la industria, como la inteligencia artificial, los drones y la computación cuántica
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