La transición a la democracia en Venezuela no será fácil. No conviene precipitarse. El fenómeno del paso de un régimen autoritario a otro democrático está bien estudiado, y la conclusión es que es tremendamente incierto. Guillermo O’Donnell y Philippe C. Schmitter, en su obra Transiciones desde un gobierno autoritario (1994), afirman que la transición es un momento de anormalidad donde las reglas del juego no están definidas y nada asegura un buen resultado. Es un auténtico campo de minas porque los actores políticos deciden entre apostar por el consenso para la democracia o defender a ultranza sus dogmas particulares.. En el cambio es esencial la estructura del régimen que cae. Adam Day, Dirk Druet y Luise Quaritsch, en «When Dictators Fall» (2020), distinguen entre un sistema colonizado por el partido del dictador y aquel que descansa solo en la figura de un individuo más que en las instituciones. El caso de Venezuela corresponde al primer tipo, que exige no solo echar al tirano sino democratizar la administración. Esto es más sencillo donde existen prácticas públicas democráticas. Lo señalaba Juan José Linz en «Transiciones a la democracia» (1982): es la «redemocratización», que se produce en sociedades que disfrutaron de la democracia anteriormente, como Venezuela hasta la llegada de Chávez, y que se benefician de tener una memoria colectiva del funcionamiento institucional no dictatorial.. En esas transiciones es importante el comportamiento no solo de la élite política, como señaló Linz, sino también de la sociedad civil; esto es, la gente corriente. Eso define una transición con una violencia más o menos contenida, como ocurrió en España, procedente de las fuerzas del orden oficiales y paramilitares, de organizaciones terroristas o de simples ajustes de cuentas. Es importante, por tanto, lo que Víctor Pérez Díaz llamó «El retorno de la sociedad civil» (1987), y O’Donnell y Schmitter denominan la «resurrección de la sociedad civil». El fenómeno hace referencia a los grupos políticos y sociales que resurgen en la vida pública. La clave es si lo hacen desde la moderación o con violencia.. El éxito de una transición de una dictadura a la democracia depende también de la victoria de los que O’Donnell y Schmitter llaman «blandos» sobre los «duros» dentro del bloque de poder. Mientras los últimos -el búnker se decía en la Transición española- luchan por perpetuar el régimen dictatorial o alguna de sus características, los «blandos» colaboran con el cambio y buscan sumarse a la nueva situación. La transición suele iniciarse cuando los «blandos» se imponen y permiten la reforma de la dictadura, que se inicia con un proceso de liberalización que amplía los derechos individuales y colectivos para dar paso a una democratización. Es el proceso de «la ley a la ley» que emprendió Torcuato Fernández-Miranda.. En el proceso es básico que exista el consenso. Gennadii Iakovlev, en «Preconditions for pacted transitions from authoritarian rule» (2023), afirma que las negociaciones exitosas requieren que la oposición a la dictadura tenga una fuerte capacidad organizativa para acordar el tránsito con los «blandos». Lo corriente es que la parte reformista de la dictadura caída esté mejor organizada y tenga más visibilidad y poder, por lo que los opositores deben estar unidos sólidamente. En esto es evidente que la opositora María Corina Machado tiene un elemento fundamental de fortaleza en la sociedad civil. En esos casos, para evitar episodios de violencia, dice Iakovlev, es importante el papel de los sindicatos o de la Iglesia para calmar o mediar.. La violencia desempeña un papel complejo en las transiciones. Alexander W. Schwarz, Florian P. Kühn y Julia Eichenberg en «Violence, change and continuity in times of transition» (2024) advierten de que buena parte de la violencia surge de acciones inesperadas, como manifestaciones o huelgas, que terminan en enfrentamientos debido a la intervención de las fuerzas represivas del Estado o entre grupos rivales. Por eso es importante la contención de los «blandos» y de los opositores.. En el caso de Venezuela, es interesante la responsabilidad que puede generar el ser uno de los grandes productores de petróleo del mundo. Jean Lachapelle y Sebastian Hellmeier en «Pathways to democracy after authoritarian breakdown» (2022) señalan que esa riqueza natural puede ser el sustento económico que consolide la nueva legitimidad social en el paso del autoritarismo a la democracia.. La transición necesita que los actores políticos principales piensen que no existe una alternativa a la democracia, como expresó Linz, y que el juego electoral es el único camino para obtener el poder. Adam Day, Dirk Druet y Luise Quaritsch alertan de la alta probabilidad de una recaída autoritaria -un golpe de Estado como el 23-F en España- cuando las instituciones todavía no son sólidas o la nueva legitimidad no se ha consolidado todavía. Esto hace que sea fundamental el control o la complicidad de las Fuerzas Armadas en la transición, que es hoy el mayor problema en Venezuela.
La transición a la democracia en Venezuela no será fácil. No conviene precipitarse. El fenómeno del paso de un régimen autoritario a otro democrático está bien estudiado, y la conclusión es que es tremendamente incierto. Guillermo O’Donnell y Philippe C. Schmitter, en su obra Transiciones desde un gobierno autoritario (1994), afirman que la transición es un momento de anormalidad donde las reglas del juego no están definidas y nada asegura un buen resultado. Es un auténtico campo de minas porque los actores políticos deciden entre apostar por el consenso para la democracia o defender a ultranza sus dogmas particulares.. En el cambio es esencial la estructura del régimen que cae. Adam Day, Dirk Druet y Luise Quaritsch, en «When Dictators Fall» (2020), distinguen entre un sistema colonizado por el partido del dictador y aquel que descansa solo en la figura de un individuo más que en las instituciones. El caso de Venezuela corresponde al primer tipo, que exige no solo echar al tirano sino democratizar la administración. Esto es más sencillo donde existen prácticas públicas democráticas. Lo señalaba Juan José Linz en «Transiciones a la democracia» (1982): es la «redemocratización», que se produce en sociedades que disfrutaron de la democracia anteriormente, como Venezuela hasta la llegada de Chávez, y que se benefician de tener una memoria colectiva del funcionamiento institucional no dictatorial.. En esas transiciones es importante el comportamiento no solo de la élite política, como señaló Linz, sino también de la sociedad civil; esto es, la gente corriente. Eso define una transición con una violencia más o menos contenida, como ocurrió en España, procedente de las fuerzas del orden oficiales y paramilitares, de organizaciones terroristas o de simples ajustes de cuentas. Es importante, por tanto, lo que Víctor Pérez Díaz llamó «El retorno de la sociedad civil» (1987), y O’Donnell y Schmitter denominan la «resurrección de la sociedad civil». El fenómeno hace referencia a los grupos políticos y sociales que resurgen en la vida pública. La clave es si lo hacen desde la moderación o con violencia.. El éxito de una transición de una dictadura a la democracia depende también de la victoria de los que O’Donnell y Schmitter llaman «blandos» sobre los «duros» dentro del bloque de poder. Mientras los últimos -el búnker se decía en la Transición española- luchan por perpetuar el régimen dictatorial o alguna de sus características, los «blandos» colaboran con el cambio y buscan sumarse a la nueva situación. La transición suele iniciarse cuando los «blandos» se imponen y permiten la reforma de la dictadura, que se inicia con un proceso de liberalización que amplía los derechos individuales y colectivos para dar paso a una democratización. Es el proceso de «la ley a la ley» que emprendió Torcuato Fernández-Miranda.. En el proceso es básico que exista el consenso. Gennadii Iakovlev, en «Preconditions for pacted transitions from authoritarian rule» (2023), afirma que las negociaciones exitosas requieren que la oposición a la dictadura tenga una fuerte capacidad organizativa para acordar el tránsito con los «blandos». Lo corriente es que la parte reformista de la dictadura caída esté mejor organizada y tenga más visibilidad y poder, por lo que los opositores deben estar unidos sólidamente. En esto es evidente que la opositora María Corina Machado tiene un elemento fundamental de fortaleza en la sociedad civil. En esos casos, para evitar episodios de violencia, dice Iakovlev, es importante el papel de los sindicatos o de la Iglesia para calmar o mediar.. La violencia desempeña un papel complejo en las transiciones. Alexander W. Schwarz, Florian P. Kühn y Julia Eichenberg en «Violence, change and continuity in times of transition» (2024) advierten de que buena parte de la violencia surge de acciones inesperadas, como manifestaciones o huelgas, que terminan en enfrentamientos debido a la intervención de las fuerzas represivas del Estado o entre grupos rivales. Por eso es importante la contención de los «blandos» y de los opositores.. En el caso de Venezuela, es interesante la responsabilidad que puede generar el ser uno de los grandes productores de petróleo del mundo. Jean Lachapelle y Sebastian Hellmeier en «Pathways to democracy after authoritarian breakdown» (2022) señalan que esa riqueza natural puede ser el sustento económico que consolide la nueva legitimidad social en el paso del autoritarismo a la democracia.. La transición necesita que los actores políticos principales piensen que no existe una alternativa a la democracia, como expresó Linz, y que el juego electoral es el único camino para obtener el poder. Adam Day, Dirk Druet y Luise Quaritsch alertan de la alta probabilidad de una recaída autoritaria -un golpe de Estado como el 23-F en España- cuando las instituciones todavía no son sólidas o la nueva legitimidad no se ha consolidado todavía. Esto hace que sea fundamental el control o la complicidad de las Fuerzas Armadas en la transición, que es hoy el mayor problema en Venezuela.
La democratización venezolana dependerá del consenso entre élites, la contención de la violencia y el papel decisivo de las Fuerzas Armadas
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