Basta con los concursos de famosos haciendo cosas. El boom ha pasado hace tiempo, a la audiencia ya no le despierta sorpresa ver a celebrities haciendo una tarta, tirando un tabique o lo que surja. Estamos inmunes de cómo se teje el conflicto en este tipo de programas tras años de saturación. Lo que es una ventaja para los personajes populares que participan. Como este tipo de realities se van solapando, el público ni siquiera apenas los distingue entre sí y, por tanto, no recuerda qué personajes populares han ido (o no) a sufrir en un reality.. El último formato de estas características en llegar es Top Chef: dulces y famosos, que es lo mismo que Bake Off pero sin necesidad de grabar en una carpa con luz natural. Detalle que han remediado con una escenografía colorista, que entra por los ojos. El problema es que entre que los lunes están los famosos de Decomasters haciendo reformas y, después (ahora los miércoles), vienen los de Top Chef que, a la vez, llegan a rebufo de Masterchef Celebrity. Ya no sabemos si están haciendo un bizcocho o un encofrado.. Como cabeza de cartel, se vuelve a dar una oportunidad en TVE a Belén Esteban. Ella gana dinero, aunque a la vez también pierde: pues desgasta aún más su figura pública que alimentó durante décadas el cotilleo patrio. Pero ya no levanta el share, ya nos sabemos todos sus gags, ya la hemos visto cocinar cientos de veces y su vida ya no tiene requiebros de guion que interesen al morbo nacional. El personaje necesita descansar de exposición para regresar con el efecto de la nostalgia. Sucederá. Si desaparece un tiempo.. Porque la sociedad está en otro lugar. Ha evolucionado. De los famosos del despecho se ha vuelto al interés por los artistas de la música o a aquellos a los que imitar sus vidas de ensueño a través de las redes sociales. Y la gente ya los tiene a un solo ‘like’ en sus perfiles virales, por lo tanto no necesita la tele para asistir a sus ostentaciones de felicidad.. El porvenir de la tele generalista es apostar por diversidad ordenada en sus propuestas en prime time. Programas más cortos, fieles a su cita. Pillar siempre el atajo por shows de famosos es una suerte para la billetera de los perfiles habituales a este tipo de programas, que además van saltando de uno a otro hasta hacer todo previsible, pero no es la ilusión que solicitan los espectadores de hoy. No se puede tener más de un talent en emisión en cada cadena. O dejará de ser generalista y sufrirá más pronto que tarde el síndrome actual de Telecinco. Menos aún en TVE, que, como institución pública, cada día de la semana debería focalizar su prime time en una noche con una rutina asentada por temáticas. Como hacen las teles europeas más asentadas en el imaginario colectivo de sus respectivos países. Por ejemplo. Lunes, la noche del gran reality. Martes, la noche del gran concurso. Miércoles, la noche del gran documental. Jueves, la noche de la gran serie. Viernes, la noche del gran show de comedia. Sábado, la noche del punto de encuentro desde la varieté. Domingo, la noche del cine de estreno.. No es malo tener realities. Hay muy buenos. Y muy bien hechos. Pero cuidado con disfrazar de no hay que tener complejos con lo «popular» el tratar con condescendencia al espectador, considerando que siempre quiere ver famosos pringándose, compitiendo, llorándose, sufriendo y «superándose». Famosos fuera de eso que llaman su área de confort. Como si ya la vida no nos sacara por sí sola del área de confort todo el rato… Al final, lo revolucionario hoy es contemplar a los artistas interpretar su disciplina en prime time. Visto lo visto, eso sí que es disruptivo.
Lo bueno para los famosos, lo malo para la tele que sigue perdiendo espectadores porque la audiencia se siente incomprendida.
20MINUTOS.ES – Televisión
Basta con los concursos de famosos haciendo cosas. El boom ha pasado hace tiempo, a la audiencia ya no le despierta sorpresa ver a celebrities haciendo una tarta, tirando un tabique o lo que surja. Estamos inmunes de cómo se teje el conflicto en este tipo de programas tras años de saturación. Lo que es una ventaja para los personajes populares que participan. Como este tipo de realities se van solapando, el público ni siquiera apenas los distingue entre sí y, por tanto, no recuerda qué personajes populares han ido (o no) a sufrir en un reality.. El último formato de estas características en llegar es Top Chef: dulces y famosos, que es lo mismo que Bake Off pero sin necesidad de grabar en una carpa con luz natural. Detalle que han remediado con una escenografía colorista, que entra por los ojos. El problema es que entre que los lunes están los famosos de Decomasters haciendo reformas y, después (ahora los miércoles), vienen los de Top Chef que, a la vez, llegan a rebufo de Masterchef Celebrity. Ya no sabemos si están haciendo un bizcocho o un encofrado.. Como cabeza de cartel, se vuelve a dar una oportunidad en TVE a Belén Esteban. Ella gana dinero, aunque a la vez también pierde: pues desgasta aún más su figura pública que alimentó durante décadas el cotilleo patrio. Pero ya no levanta el share, ya nos sabemos todos sus gags, ya la hemos visto cocinar cientos de veces y su vida ya no tiene requiebros de guion que interesen al morbo nacional. El personaje necesita descansar de exposición para regresar con el efecto de la nostalgia. Sucederá. Si desaparece un tiempo.. Porque la sociedad está en otro lugar. Ha evolucionado. De los famosos del despecho se ha vuelto al interés por los artistas de la música o a aquellos a los que imitar sus vidas de ensueño a través de las redes sociales. Y la gente ya los tiene a un solo ‘like’ en sus perfiles virales, por lo tanto no necesita la tele para asistir a sus ostentaciones de felicidad.. El porvenir de la tele generalista es apostar por diversidad ordenada en sus propuestas en prime time. Programas más cortos, fieles a su cita. Pillar siempre el atajo por shows de famosos es una suerte para la billetera de los perfiles habituales a este tipo de programas, que además van saltando de uno a otro hasta hacer todo previsible, pero no es la ilusión que solicitan los espectadores de hoy. No se puede tener más de un talent en emisión en cada cadena. O dejará de ser generalista y sufrirá más pronto que tarde el síndrome actual de Telecinco. Menos aún en TVE, que, como institución pública, cada día de la semana debería focalizar su prime time en una noche con una rutina asentada por temáticas. Como hacen las teles europeas más asentadas en el imaginario colectivo de sus respectivos países. Por ejemplo. Lunes, la noche del gran reality. Martes, la noche del gran concurso. Miércoles, la noche del gran documental. Jueves, la noche de la gran serie. Viernes, la noche del gran show de comedia. Sábado, la noche del punto de encuentro desde la varieté. Domingo, la noche del cine de estreno.. No es malo tener realities. Hay muy buenos. Y muy bien hechos. Pero cuidado con disfrazar de no hay que tener complejos con lo «popular» el tratar con condescendencia al espectador, considerando que siempre quiere ver famosos pringándose, compitiendo, llorándose, sufriendo y «superándose». Famosos fuera de eso que llaman su área de confort. Como si ya la vida no nos sacara por sí sola del área de confort todo el rato… Al final, lo revolucionario hoy es contemplar a los artistas interpretar su disciplina en prime time. Visto lo visto, eso sí que es disruptivo.
