Era una asignatura pendiente. Barcelona en la que vive y trabaja parecía resistirse a Eva Armisén, pese a la gran proyección internacional que tiene su producción plástica en la actualidad. Finalmente ese maleficio se ha roto con una gran retrospectiva que acaba de abrir sus puertas en el Reial Cercle Artístic, en el corazón de la capital catalana. Es allí donde Armisén propone al visitante un recorrido por los principales temas que han formado su pintura, su escultura y su cerámica. Eso es lo que podemos encontrar en «La vida pintada», un título que es toda una declaración de intenciones por parte de Armisén.. La pintora, en declaraciones a este diario, explicó que la muestra, al realizarse en el Reial Cercle Artístic, «estoy en un espacio que permitía un recorrido por todas mis técnicas y poder presentar todo lo que hago». Todo ello como una fiesta, como una celebración desde la propia entrada con una gran escultura de una pareja bailando. Es «la vida pintada y donde todo es muy autobiográfico».. Uno de los grandes nombres propios de esta exposición, que cuenta con el comisariado de Lola Durán, es Barcelona. La ciudad nos daa la bienvenida a través de la pintura titulada «Un mapa único» y donde Armisén escribe los lugares que para ella han si importantes dentro de la capital catalana. «De alguna manera este cuadro es una cartografía emocional por muchos caminos y muchas derivas», aseguró señalando, en este sentido, dos piezas como son «Planear derivas», «Planeando» y «Un soplo de vida». En otro lienzo importante, el titulado «Aquí estoy», la pintora nos muestra la fachada del edificio en el que está su estudio.. Además del juego con la pintura, está el de las palabras que acompañan a las protagonistas de muchos de los cuadros presentes en la exposición, como se hace evidente en la tela «Pausa». En ella el vestido rojo de la protagonista de la composición está repleto de mensajes como «dejarme en paz», «salirme de la raya», «abrir la puerta», «la angustia» o «darte más de lo que esperas». Porque es en este punto del recorrido en la muestra que pasamos de la ciudad a lo más íntimo, algo que también se materializa en una serie de cerámicas. «El barro es perfecto para explicar la fragilidad», sentenció Armisén sobre la serie formada por cuatro cabezas decoradas de las más insólitas y líricas maneras. Son las tituladas «Ideas», «Inmersión» , «Soñando» y «Feliz». Estas intenciones tridimensionales incluso saltan a la pintura, como ocurre en «Una cabeza voladora», donde las mariposas que residen en la cabeza de la protagonista salen de la tela para sobrevolar la pared. «Me gusta la idea de romper la pared. No va conmigo esa propuesta que hacen muchos de que el arte sea algo elitista. Soy de las que están convencidas de que el arte puede abrir cabezas», dijo la autora.. Eva Armisén ha logrado con los años un gran eco internacional, especialmente en Corea del Sur donde ha presentado varias exposiciones individuales. Sus varios viajes al país asiático le ha facilitado conocer aspectos poco o nada conocidos para el público occidental. Un buen ejemplo de ellos es su descubrimiento de las mujeres buceadoras de la isla de Jeju por quienes siente una nada oculta admiración. «Siempre que puedo voy a verlas. Son mujeres muy mayores, de entre 75 y 80 años, a las que empecé dibujando cuando no las conocía nadie, incluso en su propio país», comentó la pintora quien de esa experiencia realizó un libro, «Mamá y el mar», que se convirtió en un fenómeno editorial.. El recorrido acaba en, como dice Armisén, «donde empieza todo, en el estudio. Por eso, junto a las obras, están en la exposición mis pinceles y mis lápices». Entre los muchos proyectos que se amontonan en la mesa de trabajo de Eva Armisén hay uno que resulta insólito: un musical sobre su obra en Seúl, la capital coreana. «Es algo que no imaginaba poder hacer. Vinieron a ofrecerme el proyecto y guion me gustó que es con el que trabajamos», añade Armisén. «Lina», que es como se titula esta obra, es la historia de una niña de 11 años a las que su abuela muerta le transmite sus poderes. Todo ello irá acompañado de una exposición inmersiva.
La pintora presenta su primera gran exposición retrospectiva en Barcelona
Era una asignatura pendiente. Barcelona en la que vive y trabaja parecía resistirse a Eva Armisén, pese a la gran proyección internacional que tiene su producción plástica en la actualidad. Finalmente ese maleficio se ha roto con una gran retrospectiva que acaba de abrir sus puertas en el Reial Cercle Artístic, en el corazón de la capital catalana. Es allí donde Armisén propone al visitante un recorrido por los principales temas que han formado su pintura, su escultura y su cerámica. Eso es lo que podemos encontrar en «La vida pintada», un título que es toda una declaración de intenciones por parte de Armisén.. La pintora, en declaraciones a este diario, explicó que la muestra, al realizarse en el Reial Cercle Artístic, «estoy en un espacio que permitía un recorrido por todas mis técnicas y poder presentar todo lo que hago». Todo ello como una fiesta, como una celebración desde la propia entrada con una gran escultura de una pareja bailando. Es «la vida pintada y donde todo es muy autobiográfico».. Uno de los grandes nombres propios de esta exposición, que cuenta con el comisariado de Lola Durán, es Barcelona. La ciudad nos daa la bienvenida a través de la pintura titulada «Un mapa único» y donde Armisén escribe los lugares que para ella han si importantes dentro de la capital catalana. «De alguna manera este cuadro es una cartografía emocional por muchos caminos y muchas derivas», aseguró señalando, en este sentido, dos piezas como son «Planear derivas», «Planeando» y «Un soplo de vida». En otro lienzo importante, el titulado «Aquí estoy», la pintora nos muestra la fachada del edificio en el que está su estudio.. Además del juego con la pintura, está el de las palabras que acompañan a las protagonistas de muchos de los cuadros presentes en la exposición, como se hace evidente en la tela «Pausa». En ella el vestido rojo de la protagonista de la composición está repleto de mensajes como «dejarme en paz», «salirme de la raya», «abrir la puerta», «la angustia» o «darte más de lo que esperas». Porque es en este punto del recorrido en la muestra que pasamos de la ciudad a lo más íntimo, algo que también se materializa en una serie de cerámicas. «El barro es perfecto para explicar la fragilidad», sentenció Armisén sobre la serie formada por cuatro cabezas decoradas de las más insólitas y líricas maneras. Son las tituladas «Ideas», «Inmersión» , «Soñando» y «Feliz». Estas intenciones tridimensionales incluso saltan a la pintura, como ocurre en «Una cabeza voladora», donde las mariposas que residen en la cabeza de la protagonista salen de la tela para sobrevolar la pared. «Me gusta la idea de romper la pared. No va conmigo esa propuesta que hacen muchos de que el arte sea algo elitista. Soy de las que están convencidas de que el arte puede abrir cabezas», dijo la autora.. Eva Armisén ha logrado con los años un gran eco internacional, especialmente en Corea del Sur donde ha presentado varias exposiciones individuales. Sus varios viajes al país asiático le ha facilitado conocer aspectos poco o nada conocidos para el público occidental. Un buen ejemplo de ellos es su descubrimiento de las mujeres buceadoras de la isla de Jeju por quienes siente una nada oculta admiración. «Siempre que puedo voy a verlas. Son mujeres muy mayores, de entre 75 y 80 años, a las que empecé dibujando cuando no las conocía nadie, incluso en su propio país», comentó la pintora quien de esa experiencia realizó un libro, «Mamá y el mar», que se convirtió en un fenómeno editorial.. El recorrido acaba en, como dice Armisén, «donde empieza todo, en el estudio. Por eso, junto a las obras, están en la exposición mis pinceles y mis lápices». Entre los muchos proyectos que se amontonan en la mesa de trabajo de Eva Armisén hay uno que resulta insólito: un musical sobre su obra en Seúl, la capital coreana. «Es algo que no imaginaba poder hacer. Vinieron a ofrecerme el proyecto y guion me gustó que es con el que trabajamos», añade Armisén. «Lina», que es como se titula esta obra, es la historia de una niña de 11 años a las que su abuela muerta le transmite sus poderes. Todo ello irá acompañado de una exposición inmersiva.
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