El ecosistema audiovisual ha cambiado mucho en los últimos años, pero el éxito de Tu cara me suena crece en la televisión mediterránea que llevamos dentro. Y que nos hace únicos. Mientras otros talent show se han contagiado por patrones de ritmo anglosajón que convierten el espectáculo en más previsible e incluso invitan a verlo por separado ‘online’, TCMS es más programa que concurso. Porque reúne todos los ases en la manga de la tele: la compañía de la reunión de amigos, la luminosidad de la fiesta, el color de la diversidad, el escapismo de la nostalgia -los recuerdos musicales que nos devuelven a tiempos felices- y la motivación de la curiosidad de descubrirnos canciones, anécdotas y artistas que nos permiten soñar despiertos.. Y así ha regresado este viernes el programa de Antena 3, que representa tan bien la historia de su productora, Gestmusic: el entretenimiento made in Cataluña, repleto de tres ingredientes muy barceloneses: la picardía del Paralelo, la constante aspiración a la modernidad cosmopolita y la verbena de los barrios del cinturón obrero, donde hasta la queja se termina bailando. Porque la capacidad de celebrar nadie nos la puede de desahuciar.. Los medios de comunicación discutimos sobre el casting en cada edición. Si es mejor, o peor. Cada vez cuesta más encontrar referentes de famosos transversales que no hayan participando en formatos de tales características. En esta temporada, Jesulín de Ubrique o Sole Giménez son los más veteranos del elenco de un formato que complementa consagrados en el imaginario colectivo con otros perfiles de edad, oficio y fama. Que si el más cómico (el actor Aníbal Gómez, la imitadora Leonor Lavado), que si el que «se supera» cada semana (la actriz Cristina Castaño, el cantante Kbello), que si el que logra la pirueta escénica (los cantantes María Parrado, Paula Koops, Martín Savi). Aunque, al final, el superpoder de Tu cara me suena está en cómo el guion rompe con los pronósticos de la audiencia. Entonces, la popularidad del personal es relativa, pues el clima de complicidad que propicia el programa cosecha la relajación de los concursantes, jurado y público para ponernos a jugar, juntos, con nuestra creatividad.. En el estreno de esta edición número 13, se ha conjugado la capacidad para el espectáculo a lo grande con las miradas compinches en primer plano que invitan a la audiencia a identificarse. Tu cara me suena cuida grandes números musicales, no escatima en escenografía y arriesga con una selección musical que sabe leer muy bien a la sociedad. A la de antes, a la de ahora mismo y a la que viene. De la canción más popular al cantante más invisible. Sin olvidar, el trabajo del cuerpo de baile llenando el plató de esa belleza que no solo es física, sobre todo se sustenta en la expresividad de la interpretación.. Con estos mimbres, el showgrama ha empezado con un número en alto que pega la gala grabada a la actualidad más presente. Que hay demasiados talent shows que llevan meses enlatados. También hay que distinguirse de ellos. Así Melani ha imitado a Rosalía, Agoney a Bad Bunny y Angie a Aitana. Participantes de ediciones anteriores antes de aparecer todo el casting nuevo haciéndose una versión breve del Diridarará.. Es un clásico. Regodearse en el subidón de un número de inicio que proyecta mejor la sensación de acontecimiento. Pero, rápido, aparece Manel Fuentes. Y la gala musical se hace más grande porque adquiere mucho de eso que llaman talk show. Incluso late show, ahora que denominamos a todo late show. Durante todo el programa, Fuentes perfila las personalidades de los concursantes, los más conocidos y los menos conocidos. Con su ironía, se abren caminos que no consiguen programas a la defensiva. El humor permite todo… Y, aquí, el guion es astuto hilando el show con el uso del gag recurrente que invita a quedarse en Antena 3 para descubrir por dónde tira la trama. En el estreno ha habido varios running gags: los chistes muy malos de Manel para introducir el nombre de cada miembro del casting, los platos de comida italiana con moraleja que se iba cenando Leonor Lavado imitando a Raffaella Carrà o el pelazo de la caracterización de Aníbal Gómez, que era como la mochila infinita del plátano de Los Fruittis: escondía (casi) todo lo que te pudieras imaginar.. Aunque, en un buen arco narrativo, siempre es fundamental el papel de los antagonistas. En TCMS, el jurado. Con Lolita dispuesta a sufrir pullas y, a la vez, enriquecer el relato con sus pormenorizadas anécdotas, con Chenoa con su empatía, con Flo con el apunte desde la experiencia y con Ángel Llàcer desplegando esa arrolladora travesura de niño grande, que también, en el primer programa, ha contado con su propio gag recurrente. Además, de correr rápido a ponerse al lado de Manel cuando este necesita una cara de expresividad que remate con más fuerza el chiste (malo) de turno. Orfebrería de detalles.. Es la lección de Tu cara me suena: no olvidar que la televisión es invertir en un guion repleto de matices para que destaque más el talento. En aquello que sucede dentro y fuera de las actuaciones musicales. Un guion verbal y visual. Es la forma, también, de que el elenco pegue el salto de casting de famosos a estrellas queridas. Es la manera, en definitiva, de que el talent show pase de ser una sucesión de números musicales a una noche en la que apetece quedarse. De ahí que el guion se tome su tiempo para presentar las novedades del decorado. Nada más empezar, Manel enseña las posibilidades del suelo con pantalla que han estrenado. Saben la importancia de ubicar al espectador en la escenografía. Lo hacen todo el rato, con una realización despierta, que conoce el valor de los planos de reacción del publico para remarcar los estados de animo. Imágenes que subrayan cada punto de emoción, sorpresa, carcajada e incluso la sensación de estar en un programa evento. Todos somos ese público desde casa. Nos representa toda esa gente en la grada, que no va a la tele por obligación: acude por devoción. Y la vive con la ensoñación del brillo, los maquillajes inesperados, las luces de colores, la magia de un ascensor y, al final, termina casi en estado de enamoramiento de personajes que se lo curran y terminan celebrando más que peleando. Porque Tu cara me suena es la celebración del entretenimiento con mayúsculas. No se conforma con distraer engatusando, sobre todo elige la compañía de la curiosidad de cuando éramos niños. La sonrisa que te evade, por un instante, de las reticencias del crecer.
Anatomía de un talent show con mucho de late show.
20MINUTOS.ES – Televisión
El ecosistema audiovisual ha cambiado mucho en los últimos años, pero el éxito de Tu cara me suena crece en la televisión mediterránea que llevamos dentro. Y que nos hace únicos. Mientras otros talent show se han contagiado por patrones de ritmo anglosajón que convierten el espectáculo en más previsible e incluso invitan a verlo por separado ‘online’, TCMS es más programa que concurso. Porque reúne todos los ases en la manga de la tele: la compañía de la reunión de amigos, la luminosidad de la fiesta, el color de la diversidad, el escapismo de la nostalgia -los recuerdos musicales que nos devuelven a tiempos felices- y la motivación de la curiosidad de descubrirnos canciones, anécdotas y artistas que nos permiten soñar despiertos.. Y así ha regresado este viernes el programa de Antena 3, que representa tan bien la historia de su productora, Gestmusic: el entretenimiento made in Cataluña, repleto de tres ingredientes muy barceloneses: la picardía del Paralelo, la constante aspiración a la modernidad cosmopolita y la verbena de los barrios del cinturón obrero, donde hasta la queja se termina bailando.Porque la capacidad de celebrar nadie nos la puede de desahuciar.. Los medios de comunicación discutimos sobre el casting en cada edición. Si es mejor, o peor. Cada vez cuesta más encontrar referentes de famosos transversales que no hayan participando en formatos de tales características. En esta temporada, Jesulín de Ubrique o Sole Giménez son los más veteranos del elenco de un formato que complementa consagrados en el imaginario colectivo con otros perfiles de edad, oficio y fama. Que si el más cómico (el actor Aníbal Gómez, la imitadora Leonor Lavado), que si el que «se supera» cada semana (la actriz Cristina Castaño, el cantante Kbello), que si el que logra la pirueta escénica (los cantantes María Parrado, Paula Koops, Martín Savi). Aunque, al final, el superpoder de Tu cara me suena está en cómo el guion rompe con los pronósticos de la audiencia. Entonces, la popularidad del personal es relativa, pues el clima de complicidad que propicia el programa cosecha la relajación de los concursantes, jurado y público para ponernos a jugar, juntos, con nuestra creatividad.. En el estreno de esta edición número 13, se ha conjugado la capacidad para el espectáculo a lo grande con las miradas compinches en primer plano que invitan a la audiencia a identificarse. Tu cara me suena cuida grandes números musicales, no escatima en escenografía y arriesga con una selección musical que sabe leer muy bien a la sociedad. A la de antes, a la de ahora mismo y a la que viene. De la canción más popular al cantante más invisible. Sin olvidar, el trabajo del cuerpo de baile llenando el plató de esa belleza que no solo es física, sobre todo se sustenta en la expresividad de la interpretación.. Con estos mimbres, el showgrama ha empezado con un número en alto que pega la gala grabada a la actualidad más presente. Que hay demasiados talent shows que llevan meses enlatados. También hay que distinguirse de ellos. Así Melani ha imitado a Rosalía, Agoney a Bad Bunny y Angie a Aitana. Participantes de ediciones anteriores antes de aparecer todo el casting nuevo haciéndose una versión breve del Diridarará.. Es un clásico. Regodearse en el subidón de un número de inicio que proyecta mejor la sensación de acontecimiento. Pero, rápido, aparece Manel Fuentes. Y la gala musical se hace más grande porque adquiere mucho de eso que llaman talk show. Incluso late show, ahora que denominamos a todo late show. Durante todo el programa, Fuentes perfila las personalidades de los concursantes, los más conocidos y los menos conocidos. Con su ironía, se abren caminos que no consiguen programas a la defensiva. El humor permite todo… Y, aquí, el guion es astuto hilando el show con el uso del gag recurrente que invita a quedarse en Antena 3 para descubrir por dónde tira la trama. En el estreno ha habido varios running gags: los chistes muy malos de Manel para introducir el nombre de cada miembro del casting, los platos de comida italiana con moraleja que se iba cenando Leonor Lavado imitando a Raffaella Carrà o el pelazo de la caracterización de Aníbal Gómez, que era como la mochila infinita del plátano deLos Fruittis: escondía (casi) todo lo que te pudieras imaginar.. Aunque, en un buen arco narrativo, siempre es fundamental el papel de los antagonistas. En TCMS, el jurado. Con Lolita dispuesta a sufrir pullas y, a la vez, enriquecer el relato con sus pormenorizadas anécdotas, con Chenoa con su empatía, con Flo con el apunte desde la experiencia y con Ángel Llàcer desplegando esa arrolladora travesura de niño grande, que también, en el primer programa, ha contado con su propio gag recurrente. Además, de correr rápido a ponerse al lado de Manel cuando este necesita una cara de expresividad que remate con más fuerza el chiste (malo) de turno. Orfebrería de detalles.. Es la lección de Tu cara me suena: no olvidar que la televisión es invertir en un guion repleto de matices para que destaque más el talento. En aquello que sucede dentro y fuera de las actuaciones musicales. Un guion verbal y visual. Es la forma, también, de que el elenco pegue el salto de casting de famosos a estrellas queridas. Es la manera, en definitiva, de que el talent show pase de ser una sucesión de números musicales a una noche en la que apetece quedarse.De ahí que el guion se tome su tiempo para presentar las novedades del decorado. Nada más empezar, Manel enseña las posibilidades del suelo con pantalla que han estrenado. Saben la importancia de ubicar al espectador en la escenografía. Lo hacen todo el rato, con una realización despierta, que conoce el valor de los planos de reacción del publico para remarcar los estados de animo. Imágenes que subrayan cada punto de emoción, sorpresa, carcajada e incluso la sensación de estar en un programa evento. Todos somos ese público desde casa. Nos representa toda esa gente en la grada, que no va a la tele por obligación: acude por devoción. Y la vive con la ensoñación del brillo, los maquillajes inesperados, las luces de colores, la magia de un ascensor y, al final, termina casi en estado de enamoramiento de personajes que se lo curran y terminan celebrando más que peleando. Porque Tu cara me suena es la celebración del entretenimiento con mayúsculas. No se conforma con distraer engatusando, sobre todo elige la compañía de la curiosidad de cuando éramos niños. La sonrisa que te evade, por un instante, de las reticencias del crecer.
