Piongyang ha aprovechado la sesión inaugural de la XV Asamblea Popular Suprema para escenificar un relevo generacional en la cúspide del Estado. Kim Jong-un ha sido refrendado para un tercer mandato al frente de la Comisión de Asuntos de Estado, y a su vez ha desplazado a cuadros veteranos y reordenado la representación del núcleo dirigente, incluida la supuesta salida de su hermana del primer plano institucional.. La Asamblea, en un sistema de partido único que opera como cámara de registro, aporta forma jurídica y coreografía política a decisiones adoptadas en circuitos opacos. Precisamente por eso, cuando el régimen introduce cambios visibles en ese escenario, suele ser una señal. Apunta a una depuración selectiva y a una reconfiguración del vértice con menos peso de la generación que tuteló la transición tras Kim Jong-il y más protagonismo de perfiles tecnocráticos y ejecutivos elegidos por su funcionalidad y por su dependencia directa del dictador.. Al adelgazar la vieja guardia, Kim reduce el valor político de las credenciales históricas —biografías, redes, lealtades sedimentadas— y sustituye ese capital por un principio de adhesión personal, trazabilidad de mando y disciplina vertical. En términos de control, es la sustitución del equilibrio de familias y aparatos por una cadena de lealtades más corta, verificable y, por tanto, más exigente.. En paralelo, el entendimiento con el Kremlin funciona como un multiplicador de autonomía. Un vínculo externo capaz de aportar respaldo material y cobertura estratégica disminuye la necesidad de pactos internos y de equilibrios heredados. El resultado es una autocracia que se quiere sin tutores, sin legados que condicionen y con menos zonas grises en la jerarquía. Una concentración del poder que busca clausurar fisuras antes de que existan.. El ‘combustible’ del Kremlin. Para entender por qué Kim se siente hoy lo suficientemente fuerte como para descabezar a la élite histórica, es necesario mirar hacia el norte. La alianza estratégica con la Rusia de Vladímir Putin le ha proporcionado mayor seguridad. El intercambio de munición norcoreana para la guerra en Ucrania por tecnología de misiles, satélites, alimentos y, sobre todo, legitimidad diplomática, ha roto el aislamiento que tradicionalmente obligaba al régimen a mantener equilibrios internos delicados.. Con el respaldo de Moscú, ha podido permitirse el lujo de ignorar las advertencias de Pekín y liquidar a los cuadros que abogaban por una apertura económica «a la china» o por una diplomacia de contención. La seguridad que brinda el eje Pionyang-Moscú podría ser el combustible que alimenta esta purga. El mandatario ya no teme la inestabilidad interna porque cuenta con un protector externo que no exige reformas, solo proyectiles. Esta nueva autarquía diplomática es la que ha permitido que la limpia sea la más profunda desde que Kim Jong-un llegó al poder en 2011.. El ascenso del ‘virrey’ operativo. El gran nombre propio de esta remodelación es Jo Yong-won. El hasta ahora secretario de Asuntos Organizativos del Partido se ha consolidado como la figura más relevante. Ha sido nombrado presidente del Presidium de la Asamblea y, simultáneamente, primer vicepresidente de la Comisión de Asuntos de Estado. En la práctica, esto le convierte en el número dos oficial del sistema, ocupando una silla diseñada estratégicamente para gestionar la maquinaria del Estado y la disciplina del Partido sin llegar jamás a proyectar una sombra que inquiete a la primera posición.. Toma el relevo de Choe Ryong-hae, un superviviente nato de la era de Kim Jong-il cuyo linaje se remontaba a su padre, uno de los legendarios combatientes antijaponeses junto a Kim Il-sung. La salida de Choe simboliza el fin del «derecho de sangre» de los hijos de la revolución. Pionyang ya no premia la genealogía histórica ni el respeto a los «ancianos» del sistema; hoy se recompensa la docilidad técnica. Junto a Jo, la Comisión de Asuntos de Estado se ha renovado con perfiles operativos como Ri Hi-young, Kim Jae-ryong y Jong Kyong-thaek, mientras desaparecen veteranos como Kim Yong-chol o Pak Jong-chon, figuras que sobrevivieron décadas en los pasillos del poder y que ahora son arrojadas al ostracismo.. El enigma de la hermanísima: ¿caída o repliegue?. Sin embargo, el movimiento que ha hecho saltar todas las alarmas en las cancillerías internacionales es la desaparición de Kim Yo-jong de la composición de la Comisión de Asuntos de Estado. Hasta ahora, la hermana del líder era considerada la mujer más poderosa del país, su alter ego en política exterior y la encargada de las campañas de propaganda más agresivas contra Seúl y Washington. Su salida del máximo órgano de decisión formal es, cuanto menos, inquietante.. Aunque mantiene su cargo como directora de departamento en el Comité Central del Partido, su retroceso en el escalafón oficial alimenta la teoría de una recentralización absoluta. Kim Jong-un parece estar desvinculándose simbólicamente de cualquier intermediario, incluso familiar, para proyectar que el poder emana únicamente de su figura. Ya no hay espacio para un «liderazgo compartido» o para la imagen de una familia real gobernante. El dictador busca consolidar un poder propio e independiente de su linaje dinástico, una doctrina que los analistas ya bautizan como ‘Kimjongunismo’.. «Corea del Norte ha omitido cualquier mención a la ascendencia y a las ideologías de sus predecesores, movilizando expresiones superlativas para Kim que trascienden las utilizadas para su padre o abuelo», señala Hong Min, investigador sénior del Instituto Coreano para la Unificación Nacional. El Mariscal quiere ser el origen y el fin del sistema, eliminando incluso la «competencia» simbólica que esta figura clave pudiera representar ante una eventual sucesión o crisis de salud.. Un sistema que se «autopurifica». Esta reconfiguración supone un cambio de paradigma. La entrada del fiscal jefe Kim Chol-won en la Comisión de Asuntos de Estado sugiere que la prioridad absoluta del mandato que comienza ahora será la disciplina interna y la caza de traidores. Con una economía que sobrevive gracias al mercado negro y al apoyo ruso, Kim sabe que el único peligro real para su supervivencia es una fractura en la élite.. Al cribar a los veteranos, elimina las posibles voces de resistencia que conocieron el sistema bajo otros cabecillas y que podrían cuestionar la peligrosa dependencia militar rusa o el abandono definitivo de la reunificación con el Sur. Los nuevos miembros de la Comisión son cuadros que le deben todo al actual gobernante.. En la cima de la montaña Paektu, hoy solo queda un hombre endiosado, respaldado por las armas de Moscú y el mutismo de sus súbditos.
Piongyang ha aprovechado la sesión inaugural de la XV Asamblea Popular Suprema para escenificar un relevo generacional en la cúspide del Estado. Kim Jong-un ha sido refrendado para un tercer mandato al frente de la Comisión de Asuntos de Estado, y a su vez ha desplazado a cuadros veteranos y reordenado la representación del núcleo dirigente, incluida la supuesta salida de su hermana del primer plano institucional.. La Asamblea, en un sistema de partido único que opera como cámara de registro, aporta forma jurídica y coreografía política a decisiones adoptadas en circuitos opacos. Precisamente por eso, cuando el régimen introduce cambios visibles en ese escenario, suele ser una señal. Apunta a una depuración selectiva y a una reconfiguración del vértice con menos peso de la generación que tuteló la transición tras Kim Jong-il y más protagonismo de perfiles tecnocráticos y ejecutivos elegidos por su funcionalidad y por su dependencia directa del dictador.. Al adelgazar la vieja guardia, Kim reduce el valor político de las credenciales históricas —biografías, redes, lealtades sedimentadas— y sustituye ese capital por un principio de adhesión personal, trazabilidad de mando y disciplina vertical. En términos de control, es la sustitución del equilibrio de familias y aparatos por una cadena de lealtades más corta, verificable y, por tanto, más exigente.. En paralelo, el entendimiento con el Kremlin funciona como un multiplicador de autonomía. Un vínculo externo capaz de aportar respaldo material y cobertura estratégica disminuye la necesidad de pactos internos y de equilibrios heredados. El resultado es una autocracia que se quiere sin tutores, sin legados que condicionen y con menos zonas grises en la jerarquía. Una concentración del poder que busca clausurar fisuras antes de que existan.. El ‘combustible’ del Kremlin. Para entender por qué Kim se siente hoy lo suficientemente fuerte como para descabezar a la élite histórica, es necesario mirar hacia el norte. La alianza estratégica con la Rusia de Vladímir Putin le ha proporcionado mayor seguridad. El intercambio de munición norcoreana para la guerra en Ucrania por tecnología de misiles, satélites, alimentos y, sobre todo, legitimidad diplomática, ha roto el aislamiento que tradicionalmente obligaba al régimen a mantener equilibrios internos delicados.. Con el respaldo de Moscú, ha podido permitirse el lujo de ignorar las advertencias de Pekín y liquidar a los cuadros que abogaban por una apertura económica «a la china» o por una diplomacia de contención. La seguridad que brinda el eje Pionyang-Moscú podría ser el combustible que alimenta esta purga. El mandatario ya no teme la inestabilidad interna porque cuenta con un protector externo que no exige reformas, solo proyectiles. Esta nueva autarquía diplomática es la que ha permitido que la limpia sea la más profunda desde que Kim Jong-un llegó al poder en 2011.. El ascenso del ‘virrey’ operativo. El gran nombre propio de esta remodelación es Jo Yong-won. El hasta ahora secretario de Asuntos Organizativos del Partido se ha consolidado como la figura más relevante. Ha sido nombrado presidente del Presidium de la Asamblea y, simultáneamente, primer vicepresidente de la Comisión de Asuntos de Estado. En la práctica, esto le convierte en el número dos oficial del sistema, ocupando una silla diseñada estratégicamente para gestionar la maquinaria del Estado y la disciplina del Partido sin llegar jamás a proyectar una sombra que inquiete a la primera posición.. Toma el relevo de Choe Ryong-hae, un superviviente nato de la era de Kim Jong-il cuyo linaje se remontaba a su padre, uno de los legendarios combatientes antijaponeses junto a Kim Il-sung. La salida de Choe simboliza el fin del «derecho de sangre» de los hijos de la revolución. Pionyang ya no premia la genealogía histórica ni el respeto a los «ancianos» del sistema; hoy se recompensa la docilidad técnica. Junto a Jo, la Comisión de Asuntos de Estado se ha renovado con perfiles operativos como Ri Hi-young, Kim Jae-ryong y Jong Kyong-thaek, mientras desaparecen veteranos como Kim Yong-chol o Pak Jong-chon, figuras que sobrevivieron décadas en los pasillos del poder y que ahora son arrojadas al ostracismo.. El enigma de la hermanísima: ¿caída o repliegue?. Sin embargo, el movimiento que ha hecho saltar todas las alarmas en las cancillerías internacionales es la desaparición de Kim Yo-jong de la composición de la Comisión de Asuntos de Estado. Hasta ahora, la hermana del líder era considerada la mujer más poderosa del país, su alter ego en política exterior y la encargada de las campañas de propaganda más agresivas contra Seúl y Washington. Su salida del máximo órgano de decisión formal es, cuanto menos, inquietante.. Aunque mantiene su cargo como directora de departamento en el Comité Central del Partido, su retroceso en el escalafón oficial alimenta la teoría de una recentralización absoluta. Kim Jong-un parece estar desvinculándose simbólicamente de cualquier intermediario, incluso familiar, para proyectar que el poder emana únicamente de su figura. Ya no hay espacio para un «liderazgo compartido» o para la imagen de una familia real gobernante. El dictador busca consolidar un poder propio e independiente de su linaje dinástico, una doctrina que los analistas ya bautizan como ‘Kimjongunismo’.. «Corea del Norte ha omitido cualquier mención a la ascendencia y a las ideologías de sus predecesores, movilizando expresiones superlativas para Kim que trascienden las utilizadas para su padre o abuelo», señala Hong Min, investigador sénior del Instituto Coreano para la Unificación Nacional. El Mariscal quiere ser el origen y el fin del sistema, eliminando incluso la «competencia» simbólica que esta figura clave pudiera representar ante una eventual sucesión o crisis de salud.. Un sistema que se «autopurifica». Esta reconfiguración supone un cambio de paradigma. La entrada del fiscal jefe Kim Chol-won en la Comisión de Asuntos de Estado sugiere que la prioridad absoluta del mandato que comienza ahora será la disciplina interna y la caza de traidores. Con una economía que sobrevive gracias al mercado negro y al apoyo ruso, Kim sabe que el único peligro real para su supervivencia es una fractura en la élite.. Al cribar a los veteranos, elimina las posibles voces de resistencia que conocieron el sistema bajo otros cabecillas y que podrían cuestionar la peligrosa dependencia militar rusa o el abandono definitivo de la reunificación con el Sur. Los nuevos miembros de la Comisión son cuadros que le deben todo al actual gobernante.. En la cima de la montaña Paektu, hoy solo queda un hombre endiosado, respaldado por las armas de Moscú y el mutismo de sus súbditos.
Al adelgazar la vieja guardia, Kim reduce el valor político de las credenciales históricas y sustituye ese capital por un principio de adhesión personal, trazabilidad de mando y disciplina vertical
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