La Fundación Cruz Roja Española celebró este lunes la cuarta sesión de su ciclo anual Conversaciones Humanitarias generadoras de Talento, un espacio diseñado para la reflexión y el intercambio de conocimiento sobre los grandes retos sociales contemporáneos. Bajo el paraguas de las dinámicas demográficas y el territorio, el encuentro ha analizado los modelos de acceso desigual a derechos y oportunidades condicionados por la geografía, buscando identificar estrategias de resiliencia ante las nuevas vulnerabilidades.. El evento, moderado por el periodista y autor de La España de las piscinas y El malestar de las ciudades, Jorge Dioni López, ha reunido a un panel multidisciplinar de primer nivel compuesto por Sara Baliña Vieites, economista principal en la unidad de Escenarios Globales de BBVA Research; Javier Esparcia Pérez, catedrático de Geografía en la Universitat de València y doctor en Sociología, y Martí Monfort Morillo, presidente de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (COCEDER).. Durante el encuentro, se debatió intensamente sobre cómo el lugar en el que vivimos condiciona nuestras oportunidades y cómo las brechas territoriales afectan tanto a los entornos rurales que pierden población como a las grandes ciudades que se enfrentan a la precariedad y la sobrecarga.. De la «España vaciada» a la «España saturada». Históricamente, el debate sobre la vulnerabilidad territorial se ha centrado en las zonas que pierden habitantes. Sin embargo, en su introducción, Jorge Dioni López planteó una paradoja contemporánea: «A menudo hablamos de la España vaciada. Quizá hoy también deberíamos preguntarnos por la España saturada, porque la vulnerabilidad no siempre aparece donde menos personas hay». El moderador advirtió que la exclusión y la falta de acceso a la vivienda también se concentran allí donde «parece haberlo todo».. Sara Baliña definió el territorio de forma rotunda: «Es una infraestructura de bienestar». La economista de BBVA Research explicó que el bienestar se sostiene sobre tres pilares fundamentales: oportunidades de empleo, condiciones de salud y relaciones sociales, y en todos ellos el territorio es clave.. Baliña anticipó además que esta infraestructura ya no es solo física, sino que «debe incorporar también una dimensión digital».. Por su parte, Martí Monfort tradujo esta idea a lo cotidiano, recordando la clásica premisa de «salud, dinero y amor». “El reto está en poder vivir y no sobrevivir, poder disponer de salud en todas sus dimensiones, el dinero entendido como oportunidades de progreso y amor de manera comunitaria y en familia».. Javier Esparcia profundizó en esta visión asegurando que la vulnerabilidad es resultado de «condiciones estructurales» y que “no importa tanto la etiqueta de rural o urbana, porque la clave son las condiciones reales que ofrece un territorio para vivir con dignidad, para desarrollar un proyecto de vida». Para garantizarlo, el catedrático enumeró factores innegociables: acceso a servicios públicos y privados, vivienda adecuada, oportunidades económicas, movilidad, conectividad y la solidez de las redes sociales.. Asimismo, aseguró que “las consecuencias del envejecimiento demográfico suelen analizarse desde perspectivas catastrofistas, sobre todo cuando la economía juega un papel importante en el análisis”. El reto de los cuidados y el capital social. Uno de los momentos centrales del debate abordó el envejecimiento poblacional y cómo las estructuras de cuidados están cambiando radicalmente. Sara Baliña alertó de que “observamos, fruto de fenómenos combinados, que estamos transitando hacia familias cada vez más pequeñas y eso supone un reto a la hora de brindar el capital social, la ayuda y el afecto”. «Nos estamos encontrando con redes familiares cada vez más pequeñas y más alargadas», dijo.. Ante familias con menos hermanos o primos y una mayor distancia generacional, Baliña advirtió que el sistema de cuidados informal, tan arraigado en España, puede entrar en crisis. Este deterioro del tejido social genera una «sensación de soledad no deseada que está presente en las personas mayores, pero que cada vez está más presente en las personas jóvenes», especialmente en las ciudades.. Frente a esta amenaza, el panel reivindicó el valor del capital social. Martí Monfort huyó de la visión romántica del mundo rural, reconociendo que «como en todas las sociedades existen estas realidades» de conflicto, pero defendió que los entornos pequeños facilitan el conocimiento mutuo.. Hizo además un llamamiento a la acción individual en la construcción de la comunidad: «Con nuestras acciones también promovemos, fortalecemos o debilitamos la comunidad que habitamos». Puso como ejemplo que decidir consumir en el bar del pueblo en lugar de aislarse en casa viendo plataformas digitales fomenta un «intercambio comercial, pero también una relación emocional» que genera vínculos reales y significativos.. En esta línea comunitaria, Javier Esparcia citó el exitoso caso de Pescueza, un municipio que diseñó una «estrategia compartida para evitar que sus personas mayores se marcharan», demostrando que las redes de apoyo locales son infraestructuras tan valiosas como el asfalto.. Políticas públicas y el papel del Estado. Al debatir sobre las soluciones, los expertos coincidieron en la necesidad de un Estado proactivo. Esparcia fue contundente al criticar la obsesión exclusiva por repoblar o frenar la emigración: «Yo creo que eso es un error […] la clave son esas infraestructuras de oportunidades y que la población decida».. El geógrafo subrayó que garantizar estas condiciones requiere inversión y fortaleza institucional: «Las cosas no caen del cielo […] todo eso es Estado y el Estado exige impuestos y exige contribuir». Asimismo, alertó sobre la inminente «catástrofe demográfica» que supondrá el estrechamiento de la pirámide poblacional en España debido a las bajísimas tasas de fecundidad, lo que obligará a repensar por completo nuestros modelos de asentamiento.. Sara Baliña amplió el foco exigiendo no ver al mundo rural como un simple proveedor: «Que esa España interior […] no sea un agente pasivo que ofrece suelo, energía, sol […] sino que ofrezca otra cosa». Su visión de futuro deseable pasa por ver en el territorio «grandes nodos estratégicos de innovación» capaces de retener y generar talento.. «Arquitectos sociales» del futuro. A modo de cierre, Martí Monfort compartió su alegato para las próximas décadas: «Me gustaría que en un futuro los fenómenos migratorios puedan ser de vivencia. ¿Dónde elijo vivir y no dónde tengo que sobrevivir?».. La jornada concluyó evidenciando que el territorio no es un mero escenario, sino un agente activo que moldea la equidad de nuestra sociedad. El moderador, Jorge Dioni López, despidió la sesión con una reflexión que compartía una seguidora de la conversación desde las redes, Ana Pilar y que resumió el espíritu de esta cuarta edición de las #ConversacionesHumanitarias: «No somos víctimas del lugar donde vivimos. Somos arquitectos sociales cuando nos unimos para crear un proyecto».. Puedes volver a ver la conversación completa en este[[LINK:EXTERNO|||https://www.youtube.com/watch?v=X4Yr1SDI6_I||| link de YouTube.]]. Conoce más sobre las #ConversacionesHumanitarias de la Fundación Cruz Roja Española a través de sus redes sociales en LinkedIn e Instagram, en su lista de reproducción en YouTube y en el blog #ConversacionesHumanitarias.
La sesión ha contado con la participación de especialistas de BBVA Research, la Universitat de València y COCEDER (Confederación de Centros de Desarrollo Rural).
LaFundación Cruz Roja Españolacelebró este lunes la cuarta sesión de su ciclo anualConversaciones Humanitarias generadoras de Talento, un espacio diseñado para la reflexión y el intercambio de conocimiento sobre los grandes retos sociales contemporáneos. Bajo el paraguas delas dinámicas demográficas y el territorio, el encuentroha analizado los modelos de acceso desigual a derechos y oportunidades condicionados por la geografía, buscando identificar estrategias de resiliencia ante las nuevas vulnerabilidades.. El evento, moderado por el periodista y autor de La España de las piscinas y El malestar de las ciudades, Jorge Dioni López, ha reunido a un panel multidisciplinar de primer nivel compuesto por Sara Baliña Vieites, economista principal en la unidad de Escenarios Globales de BBVA Research; Javier Esparcia Pérez, catedrático de Geografía en la Universitat de València y doctor en Sociología, y Martí Monfort Morillo, presidente de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (COCEDER).. Durante el encuentro, se debatió intensamente sobre cómo el lugar en el que vivimos condiciona nuestras oportunidades y cómo las brechas territoriales afectan tanto a los entornos rurales que pierden población como a las grandes ciudades que se enfrentan a la precariedad y la sobrecarga.. De la «España vaciada» a la «España saturada». Históricamente, el debate sobre la vulnerabilidad territorial se ha centrado en las zonas que pierden habitantes. Sin embargo, en su introducción, Jorge Dioni López planteó una paradoja contemporánea: «A menudo hablamos de la España vaciada. Quizá hoy también deberíamos preguntarnos por la España saturada, porque la vulnerabilidad no siempre aparece donde menos personas hay». El moderador advirtió que la exclusión y la falta de acceso a la vivienda también se concentran allí donde «parece haberlo todo».. Sara Baliña definió el territorio de forma rotunda: «Es una infraestructura de bienestar». La economista de BBVA Research explicó que el bienestar se sostiene sobre tres pilares fundamentales: oportunidades de empleo, condiciones de salud y relaciones sociales, y en todos ellos el territorio es clave.. Baliña anticipó además que esta infraestructura ya no es solo física, sino que «debe incorporar también una dimensión digital».. Por su parte, Martí Monfort tradujo esta idea a lo cotidiano, recordando la clásica premisa de «salud, dinero y amor». “El reto está en poder vivir y no sobrevivir, poder disponer de salud en todas sus dimensiones, el dinero entendido como oportunidades de progreso y amor de manera comunitaria y en familia».. Javier Esparcia profundizó en esta visión asegurando que la vulnerabilidad es resultado de «condiciones estructurales» y que “no importa tanto la etiqueta de rural o urbana, porque la clave son las condiciones reales que ofrece un territorio para vivir con dignidad, para desarrollar un proyecto de vida». Para garantizarlo, el catedrático enumeró factores innegociables: acceso a servicios públicos y privados, vivienda adecuada, oportunidades económicas, movilidad, conectividad y la solidez de las redes sociales.. Asimismo, aseguró que “las consecuencias del envejecimiento demográfico suelen analizarse desde perspectivas catastrofistas, sobre todo cuando la economía juega un papel importante en el análisis”. El reto de los cuidados y el capital social. Uno de los momentos centrales del debate abordó el envejecimiento poblacional y cómo las estructuras de cuidados están cambiando radicalmente. Sara Baliña alertó de que “observamos, fruto de fenómenos combinados, que estamos transitando hacia familias cada vez más pequeñas y eso supone un reto a la hora de brindar el capital social, la ayuda y el afecto”. «Nos estamos encontrando con redes familiares cada vez más pequeñas y más alargadas», dijo.. Ante familias con menos hermanos o primos y una mayor distancia generacional, Baliña advirtió que el sistema de cuidados informal, tan arraigado en España, puede entrar en crisis. Este deterioro del tejido social genera una «sensación de soledad no deseada que está presente en las personas mayores, pero que cada vez está más presente en las personas jóvenes», especialmente en las ciudades.. Frente a esta amenaza, el panel reivindicó el valor del capital social. Martí Monfort huyó de la visión romántica del mundo rural, reconociendo que «como en todas las sociedades existen estas realidades» de conflicto, pero defendió que los entornos pequeños facilitan el conocimiento mutuo.. Hizo además un llamamiento a la acción individual en la construcción de la comunidad: «Con nuestras acciones también promovemos, fortalecemos o debilitamos la comunidad que habitamos». Puso como ejemplo que decidir consumir en el bar del pueblo en lugar de aislarse en casa viendo plataformas digitales fomenta un «intercambio comercial, pero también una relación emocional» que genera vínculos reales y significativos.. En esta línea comunitaria, Javier Esparcia citó el exitoso caso de Pescueza, un municipio que diseñó una «estrategia compartida para evitar que sus personas mayores se marcharan», demostrando que las redes de apoyo locales son infraestructuras tan valiosas como el asfalto.. Políticas públicas y el papel del Estado. Al debatir sobre las soluciones, los expertos coincidieron en la necesidad de un Estado proactivo. Esparcia fue contundente al criticar la obsesión exclusiva por repoblar o frenar la emigración: «Yo creo que eso es un error […] la clave son esas infraestructuras de oportunidades y que la población decida».. El geógrafo subrayó que garantizar estas condiciones requiere inversión y fortaleza institucional: «Las cosas no caen del cielo […] todo eso es Estado y el Estado exige impuestos y exige contribuir». Asimismo, alertó sobre la inminente «catástrofe demográfica» que supondrá el estrechamiento de la pirámide poblacional en España debido a las bajísimas tasas de fecundidad, lo que obligará a repensar por completo nuestros modelos de asentamiento.. Sara Baliña amplió el foco exigiendo no ver al mundo rural como un simple proveedor: «Que esa España interior […] no sea un agente pasivo que ofrece suelo, energía, sol […] sino que ofrezca otra cosa». Su visión de futuro deseable pasa por ver en el territorio «grandes nodos estratégicos de innovación» capaces de retener y generar talento.. «Arquitectos sociales» del futuro. A modo de cierre, Martí Monfort compartió su alegato para las próximas décadas: «Me gustaría que en un futuro los fenómenos migratorios puedan ser de vivencia. ¿Dónde elijo vivir y no dónde tengo que sobrevivir?».. La jornada concluyó evidenciando que el territorio no es un mero escenario, sino un agente activo que moldea la equidad de nuestra sociedad. El moderador, Jorge Dioni López, despidió la sesión con una reflexión que compartía una seguidora de la conversación desde las redes, Ana Pilar y que resumió el espíritu de esta cuarta edición de las #ConversacionesHumanitarias: «No somos víctimas del lugar donde vivimos. Somos arquitectos sociales cuando nos unimos para crear un proyecto».. Puedes volver a ver la conversación completa en este[[LINK:EXTERNO|||https://www.youtube.com/watch?v=X4Yr1SDI6_I||| link de YouTube.]]. Conoce más sobre las #ConversacionesHumanitarias de la Fundación Cruz Roja Española a través de sus redes sociales en LinkedIn e Instagram, en su lista de reproducción en YouTube y en el blog #ConversacionesHumanitarias.
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