La presión, cerco y detención de la apodada como ‘flota petrolífera fantasma’ de Venezuela por parte del Ejército de Estados Unidos significa un golpe devastador para el régimen castrista cubano, cuya crisis sistémica, energética y económica se verá agravada por el fin de los envíos de combustible del que, hasta ahora, era el único aliado medianamente fiable que le quedaba al Gobierno de Miguel Díaz-Canel Bermúdez. «Lo más probable es que las recientes medidas en el Caribe hagan caer las entregas», afirmó a EFE el economista y politólogo cubano Arturo López-Levy.. En 2023, La Habana importó desde Venezuela «55.615 barriles al día», según Reuters. Desde entonces, la cifra ha ido disminuyendo hasta los mínimos de 2025, en el que los envíos cayendo hasta ubicarse alrededor de los «27 000 barriles diarios». Teniendo en cuenta que Cuba consume «unos 120 000 barriles al día», la dependencia del petróleo venezolano, cuyas importaciones representan más del 80% del crudo que les llega, es tan capital que, sin ellas, “las consecuencias serían desastrosas”, explicó a Resumen Económico de Cuba el economista Ricardo Torres.. La dependencia energética castrista se inició en el año 2000, tras la firma del Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, el cual estableció una cooperación bilateral esencial para que La Habana pudiese costearse, a través del crudo, los servicios profesionales de su fuerza de trabajo. El acuerdo también significó un paso atrás de Rusia, que durante décadas (cuando era la Unión Soviética) fue la encargada de proveer al régimen castrista, hasta el punto de provocar la Crisis de los Misiles que, en 1962, casi condujo al mundo hacia el holocausto nuclear.. El cerco naval estadounidense a la ‘flota fantasma’ solo agravará la crisis en el país, donde «la escasez de bienes básicos, la elevada inflación, los incesantes cortes eléctricos y el colapso de la producción agrícola e industrial ha causado un deterioro notable de los servicios públicos», según EFE. Es por este motivo que, hace unos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó: «Cuba está a punto de caer». Para López-Levy ese es el verdadero objetivo de «la ofensiva de la Administración Trump. Quieren derrocar al Gobierno de Cuba, con la misma prioridad o más».. El apoyo de Vladimir Putin no es el mismo que el Gobierno de La Habana tuvo durante épocas pretéritas, en las que la isla significaba un contrapoder del bloque soviético en la puerta de atrás de Estados Unidos. A esto hay que añadirle la relación personal y política entre el líder ruso y su homólogo en la Casa Blanca, que sin duda jugará a favor de Washington. En 2025, «Moscú ha enviado unos 6.000 barriles al día», según el experto cubano del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, Jorge Piñón, que este miércoles informó a EFE de «la llegada a la isla de un nuevo petrolero ruso con 330.000 barriles». Sin embargo, a largo plazo, este apoyo será insuficiente. Además, es previsible que después de los acontecimientos en Venezuela, el líder ruso de un paso atrás.. Rusia es el «único país que podría ser una alternativa real a Venezuela, pero entre la guerra en Ucrania, sus problemas económicos y la persecución de su propia flota fantasma no está en condiciones de asumir ese rol», añadió Piñón. También está la ayuda de México, que el año pasado envió unos 23.000 barriles diarios. Una cantidad que «este año ha caído por debajo de los 3.000», según los informes de la petrolera estatal mexicana Pemex. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, está dispuesta a «sacrificios políticos» para apoyar a Cuba, aunque «está cerca del límite de lo que puede hacer», concluyó a EFE.. También está la opción de China, que también es aliada de La Habana. No obstante, Pekín sabe que, en términos geopolíticos, en estos momentos apostar por el apoyo y la seguridad de Cuba, la cual ni siquiera puede costearse la compra de petróleo (aunque podrían otorgarle créditos financieros), es confrontar directamente a Trump, quien, sin duda, descargará su furia contra el que intente transportar combustible a la isla, que no solo está en su mirilla sino también en la del secretario de Estado, Marco Rubio, cuya ascendencia cubana y anticomunista, sumada a sus necesidades electorales en Florida, hacen que su lucha anticastrista sea una cuestión personal. Algo muy peligroso si uno tiene el apoyo de la Administración Trump.. Una potencial invasión de Cuba reafirmaría la Doctrina Donroe, pondría fin al último régimen hostil histórico de la región, y supondría un golpe psicológico y geopolítico a Rusia y China, ya que Washington dominaría las rutas marítimas caribeñas. Por otra parte, también estarían las oportunidades económicas futuras derivadas de la reconstrucción, inversiones, turismo e infraestructuras. Además, una victoria le daría en bandeja a Trump el relato político interno, sobre todo ante los Mid Terms de este año. Sin embargo, todas estas posibilidades se basan en un posible éxito ante el que el Ejército cubano tiene mucho que decir. ¿Y si la invasión se convierte en un Vietnam caribeño? En comparación, el Ejército castrista y el tamaño de la isla parecen mucho más manejables, sin embargo, cualquier ocupación se alarga y causa una resistencia y guerra asimétrica.. Una resistencia prolongada desgasta al Ejército y a la opinión pública. Pronto, el héroe se convierte en villano y el libertador en un mero invasor. Y entonces llega el coste humano.. En ese sentido, una invasión fallida que cause hambre y migraciones masivas en Guantánamo y la vecina Florida, recaería personalmente sobre Trump. Su legado sería el del presidente que perdió contra una nación pequeña tras atacarla ilegalmente y sin un mandato consensuado con la ONU. Por otro lado, la idea de una presencia permanente en Cuba es hasta suicida, dada la historia de la isla y cómo, en 1959, Washington tuvo que huir con el rabo entre las piernas.
La presión, cerco y detención de la apodada como ‘flota petrolífera fantasma’ de Venezuela por parte del Ejército de Estados Unidos significa un golpe devastador para el régimen castrista cubano, cuya crisis sistémica, energética y económica se verá agravada por el fin de los envíos de combustible del que, hasta ahora, era el único aliado medianamente fiable que le quedaba al Gobierno de Miguel Díaz-Canel Bermúdez. «Lo más probable es que las recientes medidas en el Caribe hagan caer las entregas», afirmó a EFE el economista y politólogo cubano Arturo López-Levy.. En 2023, La Habana importó desde Venezuela «55.615 barriles al día», según Reuters. Desde entonces, la cifra ha ido disminuyendo hasta los mínimos de 2025, en el que los envíos cayendo hasta ubicarse alrededor de los «27 000 barriles diarios». Teniendo en cuenta que Cuba consume «unos 120 000 barriles al día», la dependencia del petróleo venezolano, cuyas importaciones representan más del 80% del crudo que les llega, es tan capital que, sin ellas, “las consecuencias serían desastrosas”, explicó a Resumen Económico de Cuba el economista Ricardo Torres.. La dependencia energética castrista se inició en el año 2000, tras la firma del Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, el cual estableció una cooperación bilateral esencial para que La Habana pudiese costearse, a través del crudo, los servicios profesionales de su fuerza de trabajo. El acuerdo también significó un paso atrás de Rusia, que durante décadas (cuando era la Unión Soviética) fue la encargada de proveer al régimen castrista, hasta el punto de provocar la Crisis de los Misiles que, en 1962, casi condujo al mundo hacia el holocausto nuclear.. El cerco naval estadounidense a la ‘flota fantasma’ solo agravará la crisis en el país, donde «la escasez de bienes básicos, la elevada inflación, los incesantes cortes eléctricos y el colapso de la producción agrícola e industrial ha causado un deterioro notable de los servicios públicos», según EFE. Es por este motivo que, hace unos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó: «Cuba está a punto de caer». Para López-Levy ese es el verdadero objetivo de «la ofensiva de la Administración Trump. Quieren derrocar al Gobierno de Cuba, con la misma prioridad o más».. La solución rusa. El apoyo de Vladimir Putin no es el mismo que el Gobierno de La Habana tuvo durante épocas pretéritas, en las que la isla significaba un contrapoder del bloque soviético en la puerta de atrás de Estados Unidos. A esto hay que añadirle la relación personal y política entre el líder ruso y su homólogo en la Casa Blanca, que sin duda jugará a favor de Washington. En 2025, «Moscú ha enviado unos 6.000 barriles al día», según el experto cubano del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, Jorge Piñón, que este miércoles informó a EFE de «la llegada a la isla de un nuevo petrolero ruso con 330.000 barriles». Sin embargo, a largo plazo, este apoyo será insuficiente. Además, es previsible que después de los acontecimientos en Venezuela, el líder ruso de un paso atrás.. Rusia es el «único país que podría ser una alternativa real a Venezuela, pero entre la guerra en Ucrania, sus problemas económicos y la persecución de su propia flota fantasma no está en condiciones de asumir ese rol», añadió Piñón. También está la ayuda de México, que el año pasado envió unos 23.000 barriles diarios. Una cantidad que «este año ha caído por debajo de los 3.000», según los informes de la petrolera estatal mexicana Pemex. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, está dispuesta a «sacrificios políticos» para apoyar a Cuba, aunque «está cerca del límite de lo que puede hacer», concluyó a EFE.. También está la opción de China, que también es aliada de La Habana. No obstante, Pekín sabe que, en términos geopolíticos, en estos momentos apostar por el apoyo y la seguridad de Cuba, la cual ni siquiera puede costearse la compra de petróleo (aunque podrían otorgarle créditos financieros), es confrontar directamente a Trump, quien, sin duda, descargará su furia contra el que intente transportar combustible a la isla, que no solo está en su mirilla sino también en la del secretario de Estado, Marco Rubio, cuya ascendencia cubana y anticomunista, sumada a sus necesidades electorales en Florida, hacen que su lucha anticastrista sea una cuestión personal. Algo muy peligroso si uno tiene el apoyo de la Administración Trump.. Una potencial invasión de Cuba reafirmaría la Doctrina Donroe, pondría fin al último régimen hostil histórico de la región, y supondría un golpe psicológico y geopolítico a Rusia y China, ya que Washington dominaría las rutas marítimas caribeñas. Por otra parte, también estarían las oportunidades económicas futuras derivadas de la reconstrucción, inversiones, turismo e infraestructuras. Además, una victoria le daría en bandeja a Trump el relato político interno, sobre todo ante los Mid Terms de este año. Sin embargo, todas estas posibilidades se basan en un posible éxito ante el que el Ejército cubano tiene mucho que decir. ¿Y si la invasión se convierte en un Vietnam caribeño? En comparación, el Ejército castrista y el tamaño de la isla parecen mucho más manejables, sin embargo, cualquier ocupación se alarga y causa una resistencia y guerra asimétrica.. Una resistencia prolongada desgasta al Ejército y a la opinión pública. Pronto, el héroe se convierte en villano y el libertador en un mero invasor. Y entonces llega el coste humano.. En ese sentido, una invasión fallida que cause hambre y migraciones masivas en Guantánamo y la vecina Florida, recaería personalmente sobre Trump. Su legado sería el del presidente que perdió contra una nación pequeña tras atacarla ilegalmente y sin un mandato consensuado con la ONU. Por otro lado, la idea de una presencia permanente en Cuba es hasta suicida, dada la historia de la isla y cómo, en 1959, Washington tuvo que huir con el rabo entre las piernas.
Trump asegura que «Cuba está a punto de caer», aunque si la presión económica no resulta puede tomar medidas militares
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