Trabajar en el extranjero implica, a menudo, adaptarse a normas y procedimientos muy distintos a los del país de origen. Sin embargo, pocas experiencias resultan tan sorprendentes como la que ha contado la creadora de contenido Celia Martínez en su cuenta de TikTok (@celiamartnz.ugc), donde ha relatado el exhaustivo (y escatológico) proceso médico que tuvo que superar para poder ejercer como profesora en Corea del Sur. «Tuve que meterme un bastoncillo por el culo para poder trabajar en Corea del Sur», asegura.. Según explica Celia, que trabajó durante un año como profesora de inglés en guarderías, el proceso comenzó con pruebas relativamente habituales: medición de peso, altura y presión arterial. A continuación, pasó por una exploración física en la que el médico revisó el estado de su piel en busca de posibles infecciones y le preguntó incluso por la existencia de tatuajes, solicitándole que los mostrara.. La siguiente prueba fue una radiografía de tórax, un requisito común en Corea del Sur y en otros países para descartar enfermedades como la tuberculosis, especialmente en trámites de visado y permisos de trabajo.. La prueba más chocante. El momento más inesperado llegó al final del reconocimiento. «Lo más chocante fue cuando me dijeron que me iban a hacer un examen parasitológico», relata. La prueba consistía en detectar la presencia de parásitos intestinales. «Te dan un bastoncillo y te dicen: ‘Ve al baño, te lo metes y nos lo traes'», cuenta.. El reconocimiento médico no fue el único requisito. También tuvo que presentar un certificado de antecedentes penales de su país de origen, mientras que las autoridades coreanas se encargaron de gestionar el correspondiente documento local. Un control doble que refuerza la idea de un sistema especialmente estricto cuando se trata de profesionales que trabajan con menores.
El sistema laboral surcoreano exige superar controles especialmente estrictos
Trabajar en el extranjero implica, a menudo, adaptarse a normas y procedimientos muy distintos a los del país de origen. Sin embargo, pocas experiencias resultan tan sorprendentes como la que ha contado la creadora de contenido Celia Martínez en su cuenta de TikTok (@celiamartnz.ugc), donde ha relatado el exhaustivo (y escatológico) proceso médico que tuvo que superar para poder ejercer como profesora en Corea del Sur. «Tuve que meterme un bastoncillo por el culo para poder trabajar en Corea del Sur», asegura.. Según explica Celia, que trabajó durante un año como profesora de inglés en guarderías, el proceso comenzó con pruebas relativamente habituales: medición de peso, altura y presión arterial. A continuación, pasó por una exploración física en la que el médico revisó el estado de su piel en busca de posibles infecciones y le preguntó incluso por la existencia de tatuajes, solicitándole que los mostrara.. La siguiente prueba fue una radiografía de tórax, un requisito común en Corea del Sur y en otros países para descartar enfermedades como la tuberculosis, especialmente en trámites de visado y permisos de trabajo.. El momento más inesperado llegó al final del reconocimiento. «Lo más chocante fue cuando me dijeron que me iban a hacer un examen parasitológico», relata. La prueba consistía en detectar la presencia de parásitos intestinales. «Te dan un bastoncillo y te dicen: ‘Ve al baño, te lo metes y nos lo traes'», cuenta.. El reconocimiento médico no fue el único requisito. También tuvo que presentar un certificado de antecedentes penales de su país de origen, mientras que las autoridades coreanas se encargaron de gestionar el correspondiente documento local. Un control doble que refuerza la idea de un sistema especialmente estricto cuando se trata de profesionales que trabajan con menores.
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