Las bodegas y viticultores adscritos al Consejo Regulador de la Denominación de Origen León concluyeron recientemente la vendimia, marcada por la anormalidad meteorológica del verano más caluroso desde que existen registros fiables, con la recogida de 2.844.769 kilos de una “muy buena uva”, aunque con una merma del 5,44 por ciento respecto a 2025 por el granizo y el calor, ya el pasado año fueron 3.008.365 los kilos recogidos.. Las granizadas de primavera, especialmente la que el 28 de abril afectó al entorno de Valdevimbre, que concentra un tercio del viñedo, y la ausencia casi total de lluvias en los meses de julio y agosto, mermaron considerablemente el tamaño y peso de la uva y rompieron las previsiones que inicialmente apuntaban a más de tres millones de kilos.. Sin embargo, apenas interrumpieron el trabajo en la viña y posibilitaron una recolección ordenada, escalonada y en perfectas condiciones de maduración de la uva, de equilibrados parámetros generales y en unas condiciones sanitariamente perfectas que auguran “una muy buena añada para sus vinos”.. La vendimia, que concluyó el 13 de octubre, aunque mayoritariamente resuelta en septiembre, se inició el 19 de agosto, con casi tres semanas de adelanto respecto a la de las dos campañas anteriores, que ya habían supuesto una anticipación importante sobre las tradicionales.. Desde la DO León explicaron que las semanas previas al inicio de la vendimia la planta ya empezó a mostrar signos de estrés hídrico y la uva dejaba ver evidencias de deshidratación, precipitando la concentración de azúcares, impidiendo su desarrollo en volumen e incluso mermando su peso. Además, las ligerísimas y focalizadas lluvias de los últimos días de agosto y primeros de septiembre apenas tuvieron el efecto deseado sobre la fruta, más allá de aligerar su equilibrio y contener el grado alcohólico.. Sin embargo, fue el calor del estío y la sequedad del final del ciclo vegetativo lo que evitó la aparición de plagas y propició racimos “bien formados, homegéneos, limpios y de uva de menor tamaño”, pero “extraordinaria sanitariamente y de altísima calidad”, lo que “augura grandes vinos para la añada 2026”.. El Consejo Regulador detalló que la merma de la producción del 5,44 por ciento “rompe el crecimiento” del 6,3 por ciento de la vendimia de 2024 y “vuelve a situar a la DO León ligeramente por debajo de los tres millones de kilos”, aunque en un escenario económico que “todavía sigue siendo adverso para el consumo con carácter general y para el vino muy en particular”.. Variedades. En ese contexto, la variedad reina de la DO León, la Prieto Picudo, acapara con 2.064.817 kilos la mayor parte de la producción entre las tintas, mientras que se mantuvo la Mencía, con 8.773 frente a los 8.778 kilos de la campaña anterior, un descenso “prácticamente testimonial”, aunque también principal para la elaboración de rosados y tintos, al tiempo que “recupera la complementaria Tempranillo”, con 163.680 frente a 148.160 kilos.. Asimismo, aumenta la Negro Saurí, con 5.400 frente a 2.780, después de que la modificación del Pliego de Condiciones del Consejo Regulador para incorporarla como variedad principal, cuando prácticamente estaba desaparecida, permitiera la elaboración y comercialización de un segundo vino, también rosado, por parte de la sociedad de viticultores Melgarajo (Melgar de Abajo-Valladolid).. La contrariedad la protagoniza la blanca Albarín, con 438.979 kilos frente a los 527.764 de la cosecha de 2025, lo que supone un “varapalo” para las bodegas, que “no podrán satisfacer la creciente demanda de un blanco emblemático de la DO León y que venía generando grandes expectativas por su calidad, singularidad y diferenciación”.. También cae la “relegada” Verdejo, con 152.960 kilos frente a los 173.411 de 2025, y se mantiene en cifras casi residuales la Godello, que mejora su aprovechamiento con 10.160 kilos frente a 6.980 de la cosecha anterior.. Por otra parte, el Consejo Regulador explicó que la mecanización de la vendimia, ya que casi el 93 por ciento del censo vitícola corresponde a viñedos en espaldera, “posibilitó realizarla en las mejores condiciones de maduración, grado alcohólico y acidez”.. Añada 2026. Así, la uva presentó “una excelente relación piel-pulpa y muy buenos parámetros generales”, ante lo que los enólogos destacaron de manera unánime “las excelentes cualidades para la elaboración de vinos con las variedades de referencia, Albarín y Prieto Picudo”, y, sobre todo, resaltaron “el enorme potencial aromático de la blanca, al igual que en 2025, muy por encima incluso de su alto nivel habitual”.. En cuanto a los blancos, avanzan que serán “muy terpénicos, florales, frutales y frescos en boca” por las características de las propias variedades, especialmente los albarines, “equilibrados y con excelentes aptitudes también para elaboraciones complejas”.. Por su parte, la Prieto Picudo, esencialmente destinada a la elaboración de rosados que suponen el 68 por ciento de la producción total, permitirá elaborar vinos de “gran pureza varietal, aromáticos y también con muy buenos equilibrios entre alcohol, como respuesta a la exigencia en ese sentido, y la acidez característica que siempre le aporta frescura”.. Los enólogos se enfrentarán al reto de gestionar esas “excepcionales condiciones de la fruta” para elaborar unos tintos que, “con magníficas aptitudes también para la crianza, incluso larga, probablemente recordarán a los de las mejores añadas”. “Serán vinos muy raciales, con toda la fuerza y rusticidad de una variedad difícil como la Prieto Picudo, pero con la agradable finura, sedosidad y elegancia que vienen caracterizando a los de las últimas añadas”, finalizaron desde el Consejo Regulador.
La variedad Prieto Picudo lidera la producción con 2.064.817 kilos, mientras que la Albarín pierde casi 89.000 kilos sobre la vendimia anterior, con 439.000 kilos recogidos
Las bodegas y viticultores adscritos al Consejo Regulador de la Denominación de Origen León concluyeron recientemente la vendimia, marcada por la anormalidad meteorológica del verano más caluroso desde que existen registros fiables, con la recogida de 2.844.769 kilos de una “muy buena uva”, aunque con una merma del 5,44 por ciento respecto a 2025 por el granizo y el calor, ya el pasado año fueron 3.008.365 los kilos recogidos.. Las granizadas de primavera, especialmente la que el 28 de abril afectó al entorno de Valdevimbre, que concentra un tercio del viñedo, y la ausencia casi total de lluvias en los meses de julio y agosto, mermaron considerablemente el tamaño y peso de la uva y rompieron las previsiones que inicialmente apuntaban a más de tres millones de kilos.. Sin embargo, apenas interrumpieron el trabajo en la viña y posibilitaron una recolección ordenada, escalonada y en perfectas condiciones de maduración de la uva, de equilibrados parámetros generales y en unas condiciones sanitariamente perfectas que auguran “una muy buena añada para sus vinos”.. La vendimia, que concluyó el 13 de octubre, aunque mayoritariamente resuelta en septiembre, se inició el 19 de agosto, con casi tres semanas de adelanto respecto a la de las dos campañas anteriores, que ya habían supuesto una anticipación importante sobre las tradicionales.. Desde la DO León explicaron que las semanas previas al inicio de la vendimia la planta ya empezó a mostrar signos de estrés hídrico y la uva dejaba ver evidencias de deshidratación, precipitando la concentración de azúcares, impidiendo su desarrollo en volumen e incluso mermando su peso. Además, las ligerísimas y focalizadas lluvias de los últimos días de agosto y primeros de septiembre apenas tuvieron el efecto deseado sobre la fruta, más allá de aligerar su equilibrio y contener el grado alcohólico.. Sin embargo, fue el calor del estío y la sequedad del final del ciclo vegetativo lo que evitó la aparición de plagas y propició racimos “bien formados, homegéneos, limpios y de uva de menor tamaño”, pero “extraordinaria sanitariamente y de altísima calidad”, lo que “augura grandes vinos para la añada 2026”.. El Consejo Regulador detalló que la merma de la producción del 5,44 por ciento “rompe el crecimiento” del 6,3 por ciento de la vendimia de 2024 y “vuelve a situar a la DO León ligeramente por debajo de los tres millones de kilos”, aunque en un escenario económico que “todavía sigue siendo adverso para el consumo con carácter general y para el vino muy en particular”.. Variedades. En ese contexto, la variedad reina de la DO León, la Prieto Picudo, acapara con 2.064.817 kilos la mayor parte de la producción entre las tintas, mientras que se mantuvo la Mencía, con 8.773 frente a los 8.778 kilos de la campaña anterior, un descenso “prácticamente testimonial”, aunque también principal para la elaboración de rosados y tintos, al tiempo que “recupera la complementaria Tempranillo”, con 163.680 frente a 148.160 kilos.. Asimismo, aumenta la Negro Saurí, con 5.400 frente a 2.780, después de que la modificación del Pliego de Condiciones del Consejo Regulador para incorporarla como variedad principal, cuando prácticamente estaba desaparecida, permitiera la elaboración y comercialización de un segundo vino, también rosado, por parte de la sociedad de viticultores Melgarajo (Melgar de Abajo-Valladolid).. La contrariedad la protagoniza la blanca Albarín, con 438.979 kilos frente a los 527.764 de la cosecha de 2025, lo que supone un “varapalo” para las bodegas, que “no podrán satisfacer la creciente demanda de un blanco emblemático de la DO León y que venía generando grandes expectativas por su calidad, singularidad y diferenciación”.. También cae la “relegada” Verdejo, con 152.960 kilos frente a los 173.411 de 2025, y se mantiene en cifras casi residuales la Godello, que mejora su aprovechamiento con 10.160 kilos frente a 6.980 de la cosecha anterior.. Por otra parte, el Consejo Regulador explicó que la mecanización de la vendimia, ya que casi el 93 por ciento del censo vitícola corresponde a viñedos en espaldera, “posibilitó realizarla en las mejores condiciones de maduración, grado alcohólico y acidez”.. Así, la uva presentó “una excelente relación piel-pulpa y muy buenos parámetros generales”, ante lo que los enólogos destacaron de manera unánime “las excelentes cualidades para la elaboración de vinos con las variedades de referencia, Albarín y Prieto Picudo”, y, sobre todo, resaltaron “el enorme potencial aromático de la blanca, al igual que en 2025, muy por encima incluso de su alto nivel habitual”.. En cuanto a los blancos, avanzan que serán “muy terpénicos, florales, frutales y frescos en boca” por las características de las propias variedades, especialmente los albarines, “equilibrados y con excelentes aptitudes también para elaboraciones complejas”.. Por su parte, la Prieto Picudo, esencialmente destinada a la elaboración de rosados que suponen el 68 por ciento de la producción total, permitirá elaborar vinos de “gran pureza varietal, aromáticos y también con muy buenos equilibrios entre alcohol, como respuesta a la exigencia en ese sentido, y la acidez característica que siempre le aporta frescura”.. Los enólogos se enfrentarán al reto de gestionar esas “excepcionales condiciones de la fruta” para elaborar unos tintos que, “con magníficas aptitudes también para la crianza, incluso larga, probablemente recordarán a los de las mejores añadas”. “Serán vinos muy raciales, con toda la fuerza y rusticidad de una variedad difícil como la Prieto Picudo, pero con la agradable finura, sedosidad y elegancia que vienen caracterizando a los de las últimas añadas”, finalizaron desde el Consejo Regulador.
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