El Reino Unido se prepara para tener su séptimo primer ministro en una década. Apenas dos años después de llegar a Downing Street con una mayoría absoluta histórica, Keir Starmer ha anunciado su dimisión, incapaz de resistir una rebelión interna que llevaba semanas creciendo en sus propias filas. Su caída simboliza mejor que ninguna otra imagen la inestabilidad política que se ha instalado en el país desde el Brexit.. Se cumplen ahora diez años del referéndum que decidió la salida de la Unión Europea por un estrecho margen —51,9% frente al 48,1%— y los británicos siguen buscando su lugar en el mundo. El divorcio europeo no solo transformó las relaciones comerciales y diplomáticas del país. También alteró profundamente el sistema de partidos, fragmentó el electorado y abrió una era de liderazgos cada vez más efímeros.. Las heridas abiertas en 2016. Ningún dirigente ha conseguido cerrar las heridas abiertas en 2016 ni ofrecer una visión compartida de futuro. El resultado ha sido una creciente desafección que ha alimentado el auge de fuerzas populistas como Reform UK, de Nigel Farage, quien precisamente fue uno de los grandes protagonistas del triunfo de Brexit con una campaña anti inmigración cargada de controversia.. Starmer, que hasta el viernes insistía en que lucharía «hasta el final» ante cualquier desafío a su liderazgo, terminó aceptando una realidad política incontestable. La presión de su propio gabinete se había vuelto insostenible. Varios ministros le habían transmitido en privado que su tiempo se había agotado y que el partido necesitaba un relevo para evitar una derrota histórica frente a Farage, quien lidera ahora las encuestas, en las próximas elecciones generales, previstas para 2029.. Hablando desde un atril frente al Número 10 de Downing Street, Starmer reconoció que la pregunta que se hacía ahora el Partido Laborista era si seguía siendo la persona adecuada para liderarlo. «He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario y la acepto con deportividad», afirmó.. Ante la mirada de colaboradores, ministros y trabajadores de Downing Street, su voz se quebró al hablar de su familia, a la que aseguró que dedicará ahora toda su atención. «Cuando deje el trabajo más importante del país, dedicaré más tiempo al trabajo más importante de todos: ser el mejor marido posible para mi fantástica esposa, Vic, y el mejor padre posible para mis hijos».. El proceso de sucesión. Starmer permanecerá en el cargo hasta que concluya el proceso de sucesión. El Partido Laborista abrirá las nominaciones el próximo 9 de julio y prevé completar el relevo antes del regreso del Parlamento tras el verano. Sin embargo, si solo un candidato consigue reunir los apoyos necesarios, el proceso podría resolverse mucho antes.. Todas las miradas apuntan ya a Andy Burnham. Cuando la semana pasada el hasta ahora alcalde de Gran Manchester logró una contundente victoria en las elecciones parciales de Makerfield – una operación cuidadosamente diseñada por sus aliados para conseguir el escaño necesario para disputar el liderazgo laborista— no estaba simplemente ganando en un distrito del Muro Rojo del norte de Inglaterra. Estaba derrotando a Reform UK en una circunscripción donde el partido de Farage había arrasado en las elecciones locales de mayo. Y, sobre todo, estaba demostrando a los diputados laboristas que era el único dirigente capaz de recuperar a los votantes que han abandonado el partido durante los últimos años.. Streeting da un paso atrás para facilitar la transición. El mensaje ha calado con rapidez. En Westminster se da prácticamente por hecho que Burnham sucederá a Starmer y que el partido intentará evitar unas primarias largas que prolonguen la incertidumbre política. El exministro de Sanidad Wes Streeting, considerado hasta hace unos días el rival más probable, anunció este lunes que no competirá y que respaldará la candidatura del alcalde de Gran Manchester.. Burnham aseguró que una transición «ordenada y responsable» garantizará «estabilidad, seriedad y una atención continua a los asuntos que más preocupan al país». Sin embargo, muchos de esos asuntos siguen sin tener respuesta. Sus aliados preferirían que el relevo se produjera en septiembre, coincidiendo con el congreso anual laborista, para disponer de tiempo suficiente para elaborar un programa de gobierno. Porque, más allá de su éxito electoral, sigue existiendo una incógnita fundamental: nadie sabe exactamente cuál es su plan para el Reino Unido.. La salida de Starmer culmina meses de deterioro político. Su liderazgo estuvo a punto de descarrilar ya en febrero, cuando el líder laborista escocés, Anas Sarwar, pidió públicamente su marcha. Aunque entonces logró sobrevivir, la autoridad del primer ministro nunca volvió a recuperarse del todo.. Errores políticos. A ello se sumó una sucesión de errores políticos que erosionaron su credibilidad. Entre ellos, la polémica reducción de las ayudas energéticas para pensionistas, los recortes en prestaciones sociales y, más recientemente, el controvertido nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington. La revelación de que su designación se produjo pese a no superar inicialmente los controles de seguridad y el conocimiento de sus vínculos con Jeffrey Epstein terminó convirtiéndose en un nuevo símbolo de la desconexión entre Downing Street y la opinión pública.. La posterior rectificación de varias de estas decisiones tampoco ayudó. Para muchos diputados laboristas, confirmó una impresión cada vez más extendida: la de un líder vacilante, incapaz de mantener el rumbo y de comunicar una visión clara para el país.. La magnitud del problema quedó especialmente patente durante la campaña de las elecciones locales de mayo. Numerosos parlamentarios regresaron a Westminster alarmados por el rechazo que encontraron en las calles. Reform UK capitalizaba el malestar de unos votantes cansados de promesas incumplidas y crecientemente escépticos hacia las instituciones tradicionales.. Siete inquilinos en una década. La situación se agravó todavía más con la dimisión del secretario de Defensa, John Healey, por discrepancias sobre el gasto militar en un contexto internacional cada vez más inestable. Desde el referéndum del Brexit han pasado por Downing Street David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y Keir Starmer. Todo indica que la famosa puerta negra se abrirá ahora para recibir a Andy Burnham. Siete inquilinos distintos en apenas una década.. La pregunta inevitable es si el Reino Unido se ha vuelto ingobernable. Tony Travers, uno de los analistas políticos más respetados del país, cree que la maquinaria del Estado sigue funcionando, pero advierte de que gobernar se ha vuelto mucho más difícil. «Los conservadores ya lo descubrieron y ahora los laboristas están viviendo algo parecido. Los líderes son juzgados y considerados fracasados con enorme rapidez, algo impensable en el pasado», explica.. A su juicio, la razón principal es el profundo cambio experimentado por el electorado británico. «Antes existía una fuerte lealtad a los partidos. Eso prácticamente ha desaparecido. Ahora se vota por cuestiones concretas, por identidades locales o simplemente como rechazo a la política tradicional. Tanto Reform como los Verdes son, en cierto modo, partidos que se presentan contra el sistema establecido».. Diez años después del Brexit, el Reino Unido ha recuperado soberanía formal, pero ha perdido una de las características que durante décadas definieron su sistema político: la estabilidad. Los británicos decidieron abandonar la Unión Europea en 2016. Lo que todavía no han conseguido encontrar es un consenso claro sobre qué tipo de país quieren ser después de hacerlo.
El Reino Unido se prepara para tener su séptimo primer ministro en una década. Apenas dos años después de llegar a Downing Street con una mayoría absoluta histórica, Keir Starmer ha anunciado su dimisión, incapaz de resistir una rebelión interna que llevaba semanas creciendo en sus propias filas. Su caída simboliza mejor que ninguna otra imagen la inestabilidad política que se ha instalado en el país desde el Brexit.. Se cumplen ahora diez años del referéndum que decidió la salida de la Unión Europea por un estrecho margen —51,9% frente al 48,1%— y los británicos siguen buscando su lugar en el mundo. El divorcio europeo no solo transformó las relaciones comerciales y diplomáticas del país. También alteró profundamente el sistema de partidos, fragmentó el electorado y abrió una era de liderazgos cada vez más efímeros.. Las heridas abiertas en 2016. Ningún dirigente ha conseguido cerrar las heridas abiertas en 2016 ni ofrecer una visión compartida de futuro. El resultado ha sido una creciente desafección que ha alimentado el auge de fuerzas populistas como Reform UK, de Nigel Farage, quien precisamente fue uno de los grandes protagonistas del triunfo de Brexit con una campaña anti inmigración cargada de controversia.. Starmer, que hasta el viernes insistía en que lucharía «hasta el final» ante cualquier desafío a su liderazgo, terminó aceptando una realidad política incontestable. La presión de su propio gabinete se había vuelto insostenible. Varios ministros le habían transmitido en privado que su tiempo se había agotado y que el partido necesitaba un relevo para evitar una derrota histórica frente a Farage, quien lidera ahora las encuestas, en las próximas elecciones generales, previstas para 2029.. Hablando desde un atril frente al Número 10 de Downing Street, Starmer reconoció que la pregunta que se hacía ahora el Partido Laborista era si seguía siendo la persona adecuada para liderarlo. «He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario y la acepto con deportividad», afirmó.. Ante la mirada de colaboradores, ministros y trabajadores de Downing Street, su voz se quebró al hablar de su familia, a la que aseguró que dedicará ahora toda su atención. «Cuando deje el trabajo más importante del país, dedicaré más tiempo al trabajo más importante de todos: ser el mejor marido posible para mi fantástica esposa, Vic, y el mejor padre posible para mis hijos».. El proceso de sucesión. Starmer permanecerá en el cargo hasta que concluya el proceso de sucesión. El Partido Laborista abrirá las nominaciones el próximo 9 de julio y prevé completar el relevo antes del regreso del Parlamento tras el verano. Sin embargo, si solo un candidato consigue reunir los apoyos necesarios, el proceso podría resolverse mucho antes.. Todas las miradas apuntan ya a Andy Burnham. Cuando la semana pasada el hasta ahora alcalde de Gran Manchester logró una contundente victoria en las elecciones parciales de Makerfield – una operación cuidadosamente diseñada por sus aliados para conseguir el escaño necesario para disputar el liderazgo laborista— no estaba simplemente ganando en un distrito del Muro Rojo del norte de Inglaterra. Estaba derrotando a Reform UK en una circunscripción donde el partido de Farage había arrasado en las elecciones locales de mayo. Y, sobre todo, estaba demostrando a los diputados laboristas que era el único dirigente capaz de recuperar a los votantes que han abandonado el partido durante los últimos años.. Streeting da un paso atrás para facilitar la transición. El mensaje ha calado con rapidez. En Westminster se da prácticamente por hecho que Burnham sucederá a Starmer y que el partido intentará evitar unas primarias largas que prolonguen la incertidumbre política. El exministro de Sanidad Wes Streeting, considerado hasta hace unos días el rival más probable, anunció este lunes que no competirá y que respaldará la candidatura del alcalde de Gran Manchester.. Burnham aseguró que una transición «ordenada y responsable» garantizará «estabilidad, seriedad y una atención continua a los asuntos que más preocupan al país». Sin embargo, muchos de esos asuntos siguen sin tener respuesta. Sus aliados preferirían que el relevo se produjera en septiembre, coincidiendo con el congreso anual laborista, para disponer de tiempo suficiente para elaborar un programa de gobierno. Porque, más allá de su éxito electoral, sigue existiendo una incógnita fundamental: nadie sabe exactamente cuál es su plan para el Reino Unido.. La salida de Starmer culmina meses de deterioro político. Su liderazgo estuvo a punto de descarrilar ya en febrero, cuando el líder laborista escocés, Anas Sarwar, pidió públicamente su marcha. Aunque entonces logró sobrevivir, la autoridad del primer ministro nunca volvió a recuperarse del todo.. Errores políticos. A ello se sumó una sucesión de errores políticos que erosionaron su credibilidad. Entre ellos, la polémica reducción de las ayudas energéticas para pensionistas, los recortes en prestaciones sociales y, más recientemente, el controvertido nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington. La revelación de que su designación se produjo pese a no superar inicialmente los controles de seguridad y el conocimiento de sus vínculos con Jeffrey Epstein terminó convirtiéndose en un nuevo símbolo de la desconexión entre Downing Street y la opinión pública.. La posterior rectificación de varias de estas decisiones tampoco ayudó. Para muchos diputados laboristas, confirmó una impresión cada vez más extendida: la de un líder vacilante, incapaz de mantener el rumbo y de comunicar una visión clara para el país.. La magnitud del problema quedó especialmente patente durante la campaña de las elecciones locales de mayo. Numerosos parlamentarios regresaron a Westminster alarmados por el rechazo que encontraron en las calles. Reform UK capitalizaba el malestar de unos votantes cansados de promesas incumplidas y crecientemente escépticos hacia las instituciones tradicionales.. Siete inquilinos en una década. La situación se agravó todavía más con la dimisión del secretario de Defensa, John Healey, por discrepancias sobre el gasto militar en un contexto internacional cada vez más inestable. Desde el referéndum del Brexit han pasado por Downing Street David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y Keir Starmer. Todo indica que la famosa puerta negra se abrirá ahora para recibir a Andy Burnham. Siete inquilinos distintos en apenas una década.. La pregunta inevitable es si el Reino Unido se ha vuelto ingobernable. Tony Travers, uno de los analistas políticos más respetados del país, cree que la maquinaria del Estado sigue funcionando, pero advierte de que gobernar se ha vuelto mucho más difícil. «Los conservadores ya lo descubrieron y ahora los laboristas están viviendo algo parecido. Los líderes son juzgados y considerados fracasados con enorme rapidez, algo impensable en el pasado», explica.. A su juicio, la razón principal es el profundo cambio experimentado por el electorado británico. «Antes existía una fuerte lealtad a los partidos. Eso prácticamente ha desaparecido. Ahora se vota por cuestiones concretas, por identidades locales o simplemente como rechazo a la política tradicional. Tanto Reform como los Verdes son, en cierto modo, partidos que se presentan contra el sistema establecido».. Diez años después del Brexit, el Reino Unido ha recuperado soberanía formal, pero ha perdido una de las características que durante décadas definieron su sistema político: la estabilidad. Los británicos decidieron abandonar la Unión Europea en 2016. Lo que todavía no han conseguido encontrar es un consenso claro sobre qué tipo de país quieren ser después de hacerlo.
«Mi tiempo ha terminado», aseguraba el jefe de gobierno laborista tras poco más de dos años en el cargo
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