Fue en junio de 1988 cuando Julia Millán y Pepe Fernández abrieron Antígona en el número 25 de la calle Pedro Cerbuna –nombre del obispo fundador de la Universidad de Zaragoza–, ubicada a apenas cinco minutos a pie del estadio de La Romareda –hoy en reformas con un equipo en ruinas– y a diez del Hospital Miguel Servet. Se conocieron Pepe y Julia años atrás en la extinta librería Muriel, donde estaba empleado el primero, maño de nacimiento; ella vino de Úbeda a estudiar en Zaragoza. Hoy, una vez consolidado su taller de las palabras como referente en la ciudad, la hija de ambos, Violeta, podría dar continuidad al negocio que con tanto cariño y empeño levantaron sus padres.. No es casual –lo digo por su origen prebético– que en la categoría de narrativa Julia Millán nos recomiende a una paisana como Azahara Palomeque, con su novela «Pueblo blanco azul» (Cabaret Voltaire), y que, por cierto, presentará el próximo 10 de abril en Antígona, quien precisamente habla del «Sur» como una suerte de patria sentimental. Una obra que la librera define como «una reconstrucción de la memoria de su familia, la recuperación de sus raíces y que incluye las injusticias de la guerra y la posguerra, sin ocultar las dificultades actuales de vivir en un pueblo. Un relato sobre el deseo de reconciliarse con el pasado» y que recomienda porque «me gustan las reflexiones sobre la escritura y el proceso creativo que intercala la autora y, sobre todo, ese lenguaje tan poético, tan sugerente y cuidado, que sirve también como pervivencia de palabras casi olvidadas».. En lo relativo a las novedades ensayísticas –cabe decir que Antígona está especializada en humanidades–, nuestra librera se decanta por «Redimir y adoctrinar. El Patronato de “Protección” de la mujer (1941-1981)» (Crítica), escrito por la historiadora Carmen Guillén. «Un estudio sobre el cruel aparato de represión contra las mujeres –explica Millán– que funcionó con la connivencia de monjas, médicos e instituciones hasta los años 80. Las mujeres que mostraban una conducta familiar, política o sexual fuera del tiesto eran ingresadas, psiquiatrizadas y maltratadas con total impunidad. Inexplicablemente, toda esta información permanecía oculta hasta hace bien poco tiempo. A pesar de la dureza del contenido, la historiadora logra hacer una lectura muy amena y cercana».
Desde 1988, Zaragoza cuenta con una notable librería a un paso de su Universidad. Antígona fue levantada y es sostenida por Julia Millán y Pepe Fernández
Fue en junio de 1988 cuando Julia Millán y Pepe Fernández abrieron Antígona en el número 25 de la calle Pedro Cerbuna –nombre del obispo fundador de la Universidad de Zaragoza–, ubicada a apenas cinco minutos a pie del estadio de La Romareda –hoy en reformas con un equipo en ruinas– y a diez del Hospital Miguel Servet. Se conocieron Pepe y Julia años atrás en la extinta librería Muriel, donde estaba empleado el primero, maño de nacimiento; ella vino de Úbeda a estudiar en Zaragoza. Hoy, una vez consolidado su taller de las palabras como referente en la ciudad, la hija de ambos, Violeta, podría dar continuidad al negocio que con tanto cariño y empeño levantaron sus padres.. No es casual –lo digo por su origen prebético– que en la categoría de narrativa Julia Millán nos recomiende a una paisana como Azahara Palomeque, con su novela «Pueblo blanco azul» (Cabaret Voltaire), y que, por cierto, presentará el próximo 10 de abril en Antígona, quien precisamente habla del «Sur» como una suerte de patria sentimental. Una obra que la librera define como «una reconstrucción de la memoria de su familia, la recuperación de sus raíces y que incluye las injusticias de la guerra y la posguerra, sin ocultar las dificultades actuales de vivir en un pueblo. Un relato sobre el deseo de reconciliarse con el pasado» y que recomienda porque «me gustan las reflexiones sobre la escritura y el proceso creativo que intercala la autora y, sobre todo, ese lenguaje tan poético, tan sugerente y cuidado, que sirve también como pervivencia de palabras casi olvidadas».. En lo relativo a las novedades ensayísticas –cabe decir que Antígona está especializada en humanidades–, nuestra librera se decanta por «Redimir y adoctrinar. El Patronato de “Protección” de la mujer (1941-1981)» (Crítica), escrito por la historiadora Carmen Guillén. «Un estudio sobre el cruel aparato de represión contra las mujeres –explica Millán– que funcionó con la connivencia de monjas, médicos e instituciones hasta los años 80. Las mujeres que mostraban una conducta familiar, política o sexual fuera del tiesto eran ingresadas, psiquiatrizadas y maltratadas con total impunidad. Inexplicablemente, toda esta información permanecía oculta hasta hace bien poco tiempo. A pesar de la dureza del contenido, la historiadora logra hacer una lectura muy amena y cercana».
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