Hablar de Jason Priestley es evocar automáticamente uno de los grandes iconos televisivos de los años noventa. Aunque antes de alcanzar la fama ya había aparecido en series como Nuevos policías o Airwolf, su carrera dio un giro definitivo en 1990, cuando se metió en la piel de Brandon Walsh en Beverly Hills, 90210: Sensación de vivir.. Durante una década, ese personaje sensato y moralmente recto se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la televisión juvenil, catapultando a Priestley a la fama internacional, estampándolo en carpetas de secundaria alrededor de todo el globo y consolidándolo como ídolo generacional.. Más allá del fenómeno fan, su etapa en la serie le permitió adquirir experiencia también detrás de las cámaras, dirigiendo varios episodios y despertando su interés por la producción, que marcaría su carrera posterior. Dos nominaciones a los Globos de Oro confirmaron que, tal vez, su popularidad no era solo una cuestión de ir bien peinado.. Tras abandonar el 90210 de Beverly Hills en 2010, Priestley optó por un camino menos evidente. Comenzó a asumir papeles más «arriesgados» y proyectos de perfil medio. Series como Tru Calling (2003-2005) o Call Me Fitz (2010-2013) demostraron su capacidad para interpretar personajes más oscuros y complejos, alejados de la figura de héroe juvenil que lo había definido.. Paralelamente, empezó a consolidar su faceta como director y productor, tanto en televisión como en cine independiente, y comenzó un progresivo distanciamiento del foco mediático más intenso. Priestley nunca renegó de su pasado, pero sí evitó vivir de él.. Después de décadas viviendo entre Vancouver y Los Ángeles, hace unos años decidió mudarse con su familia a Nashville (Tennessee), un cambio que el actor ha calificado como «profundamente positivo» y que le ha permitido equilibrar su vida profesional con la familiar e invierte sus energías en proyectos personales y locales.. Uno de los más significativos es su implicación en Studio Pilates Sylvan Park, un estudio fundado hace poco más de un año por su mujer, Naomi Lowde-Priestley, instructora certificada de pilates. Priestley participa como socio e impulsor del negocio, apoyando el proyecto desde el plano empresarial mientras ella se encarga de la dirección creativa y pedagógica. No se trata de una «aventura celebrity», sino de una apuesta familiar ligada a su nueva vida en Nashville y a una filosofía, como dice el matrimonio, centrada en «el bienestar y la comunidad».. Priestley ha explicado que esta etapa le resulta «especialmente satisfactoria»: menos exposición, más control sobre su tiempo y proyectos con un sentido personal. Aun así, no ha desaparecido del radar: participa en documentales, homenajes a compañeros (como el de Luke Perry) y sigue siendo una figura recurrente cuando se revisita la historia de la televisión de los noventa.
Hablar de Jason Priestley es evocar automáticamente uno de los grandes iconos televisivos de los años noventa. Aunque antes de alcanzar la fama ya había aparecido en series como Nuevos policías o Airwolf, su carrera dio un giro definitivo en 1990, cuando se metió en la piel de Brandon Walsh en Beverly Hills, 90210: Sensación de vivir.. Durante una década, ese personaje sensato y moralmente recto se convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la televisión juvenil, catapultando a Priestley a la fama internacional, estampándolo en carpetas de secundaria alrededor de todo el globo y consolidándolo como ídolo generacional.. Más allá del fenómeno fan, su etapa en la serie le permitió adquirir experiencia también detrás de las cámaras, dirigiendo varios episodios y despertando su interés por la producción, que marcaría su carrera posterior. Dos nominaciones a los Globos de Oro confirmaron que, tal vez, su popularidad no era solo una cuestión de ir bien peinado.. Tras abandonar el 90210 de Beverly Hills en 2010, Priestley optó por un camino menos evidente. Comenzó a asumir papeles más «arriesgados» y proyectos de perfil medio. Series como Tru Calling (2003-2005) o Call Me Fitz (2010-2013) demostraron su capacidad para interpretar personajes más oscuros y complejos, alejados de la figura de héroe juvenil que lo había definido.. Paralelamente, empezó a consolidar su faceta como director y productor, tanto en televisión como en cine independiente, y comenzó un progresivo distanciamiento del foco mediático más intenso. Priestley nunca renegó de su pasado, pero sí evitó vivir de él.. Después de décadas viviendo entre Vancouver y Los Ángeles, hace unos años decidió mudarse con su familia a Nashville (Tennessee), un cambio que el actor ha calificado como «profundamente positivo» y que le ha permitido equilibrar su vida profesional con la familiar e invierte sus energías en proyectos personales y locales.. Uno de los más significativos es su implicación en Studio Pilates Sylvan Park, un estudio fundado hace poco más de un año por su mujer, Naomi Lowde-Priestley, instructora certificada de pilates. Priestley participa como socio e impulsor del negocio, apoyando el proyecto desde el plano empresarial mientras ella se encarga de la dirección creativa y pedagógica. No se trata de una «aventura celebrity», sino de una apuesta familiar ligada a su nueva vida en Nashville y a una filosofía, como dice el matrimonio, centrada en «el bienestar y la comunidad».. Priestley ha explicado que esta etapa le resulta «especialmente satisfactoria»: menos exposición, más control sobre su tiempo y proyectos con un sentido personal. Aun así, no ha desaparecido del radar: participa en documentales, homenajes a compañeros (como el de Luke Perry) y sigue siendo una figura recurrente cuando se revisita la historia de la televisión de los noventa.
