Los caballos de Troya no han muerto. O esa podría ser la síntesis. En una guerra dominada por satélites, drones y munición de precisión, el engaño parecería cosa del pasado. Sin embargo, una estrategia sorprendentemente simple ha vuelto a recordar una vieja lección militar: en el campo de batalla, la ilusión puede ser tan poderosa como el armamento.. Según análisis recientes, Irán habría utilizado pinturas a gran escala en el suelo que imitan helicópteros y otros equipos militares para confundir ataques aéreos enemigos. La idea es sencilla: desde el aire o a través de sensores, el dibujo puede parecer un objetivo legítimo. Si el adversario decide atacarlo, habrá gastado una munición extremadamente cara… contra algo que cuesta apenas unos céntimos en pintura.. La noticia parte de un post en la red social X que ha señalado que un supuesto helicóptero destruido en un vídeo de ataque podría haber sido solo una pintura sobre el asfalto, diseñada precisamente para engañar a sistemas de reconocimiento y operadores humanos.. חיל האוויר ממשיך לפגוע ביכולות האוויריות של המשטר האיראני: סוכלו חיילים איראנים שהפעילו מערכות הגנה אווירית נגד מטוסי חיל האוויר pic.twitter.com/f6hg6FV5at— צבא ההגנה לישראל (@idfonline) March 4, 2026 . La lógica detrás de esta táctica es profunda y básicamente económica. Un misil guiado o una bomba de precisión puede costar decenas o cientos de miles de euros. Un helicóptero dibujado en el suelo, en cambio, cuesta apenas el precio de unos botes de pintura.. El objetivo es claro: obligar al enemigo a gastar recursos de alto valor contra objetivos falsos. En conflictos donde la superioridad tecnológica de un lado es enorme, las estrategias de engaño se convierten en una forma clásica de guerra asimétrica.. No se trata solo de ahorrar material propio. También se busca erosionar la confianza del adversario en sus propios sistemas de inteligencia. Si los operadores empiezan a sospechar que muchos objetivos pueden ser falsos, el proceso de decisión se vuelve más lento y complejo.. Aunque pueda parecer una táctica nueva, el uso de objetivos falsos tiene una larga historia. Durante la Segunda Guerra Mundial, ejércitos enteros utilizaron tanques inflables, aviones de madera y bases falsas para engañar a la aviación enemiga. La famosa “Ghost Army” estadounidense incluso desplegó vehículos inflables y efectos sonoros para simular unidades militares que en realidad no existían.. En ese contexto, pintar un helicóptero en el suelo es simplemente la versión minimalista de una idea muy antigua: si el enemigo cree ver algo valioso, lo atacará. Hoy el desafío es mayor, porque los objetivos no solo son identificados por pilotos o analistas humanos. También intervienen algoritmos de reconocimiento, sensores térmicos y sistemas automáticos de targeting.. Aun así, los expertos en defensa señalan que los sistemas modernos no son infalibles. Las condiciones de iluminación, la resolución de las imágenes o la perspectiva pueden hacer que una forma convincente sea suficiente para disparar una cadena de decisiones militares.. Por eso, en el campo de batalla contemporáneo conviven tecnologías extremadamente avanzadas con trucos casi artesanales. La imagen de un misil de alta tecnología destruyendo… un dibujo en el suelo parece casi absurda. Pero resume una paradoja central de la guerra moderna: cuanto más sofisticadas se vuelven las armas, más rentable puede resultar engañarlas con trucos simples.. Al final, en un conflicto dominado por inteligencia artificial, sensores y satélites, una vieja verdad sigue vigente: la guerra no solo se gana con tecnología, sino también con imaginación.
Un vídeo publicado en las redes sociales de las Fuerzas Militares de Israel muestra un ataque fallido… O un éxito rotundo, según quién lo mire.
Los caballos de Troya no han muerto. O esa podría ser la síntesis. En una guerra dominada por satélites, drones y munición de precisión, el engaño parecería cosa del pasado. Sin embargo, una estrategia sorprendentemente simple ha vuelto a recordar una vieja lección militar: en el campo de batalla, la ilusión puede ser tan poderosa como el armamento.. Según análisis recientes, Irán habría utilizado pinturas a gran escala en el suelo que imitan helicópteros y otros equipos militares para confundir ataques aéreos enemigos. La idea es sencilla: desde el aire o a través de sensores, el dibujo puede parecer un objetivo legítimo. Si el adversario decide atacarlo, habrá gastado una munición extremadamente cara… contra algo que cuesta apenas unos céntimos en pintura.. La noticia parte de un post en la red social X que ha señalado que un supuesto helicóptero destruido en un vídeo de ataque podría haber sido solo una pintura sobre el asfalto, diseñada precisamente para engañar a sistemas de reconocimiento y operadores humanos.. La lógica detrás de esta táctica es profunda y básicamente económica. Un misil guiado o una bomba de precisión puede costar decenas o cientos de miles de euros. Un helicóptero dibujado en el suelo, en cambio, cuesta apenas el precio de unos botes de pintura.. El objetivo es claro: obligar al enemigo a gastar recursos de alto valor contra objetivos falsos. En conflictos donde la superioridad tecnológica de un lado es enorme, las estrategias de engaño se convierten en una forma clásica de guerra asimétrica.. No se trata solo de ahorrar material propio. También se busca erosionar la confianza del adversario en sus propios sistemas de inteligencia. Si los operadores empiezan a sospechar que muchos objetivos pueden ser falsos, el proceso de decisión se vuelve más lento y complejo.. Aunque pueda parecer una táctica nueva, el uso de objetivos falsos tiene una larga historia. Durante la Segunda Guerra Mundial, ejércitos enteros utilizaron tanques inflables, aviones de madera y bases falsas para engañar a la aviación enemiga. La famosa “Ghost Army” estadounidense incluso desplegó vehículos inflables y efectos sonoros para simular unidades militares que en realidad no existían.. En ese contexto, pintar un helicóptero en el suelo es simplemente la versión minimalista de una idea muy antigua: si el enemigo cree ver algo valioso, lo atacará. Hoy el desafío es mayor, porque los objetivos no solo son identificados por pilotos o analistas humanos. También intervienen algoritmos de reconocimiento, sensores térmicos y sistemas automáticos de targeting.. Aun así, los expertos en defensa señalan que los sistemas modernos no son infalibles. Las condiciones de iluminación, la resolución de las imágenes o la perspectiva pueden hacer que una forma convincente sea suficiente para disparar una cadena de decisiones militares.. Por eso, en el campo de batalla contemporáneo conviven tecnologías extremadamente avanzadas con trucos casi artesanales. La imagen de un misil de alta tecnología destruyendo… un dibujo en el suelo parece casi absurda. Pero resume una paradoja central de la guerra moderna: cuanto más sofisticadas se vuelven las armas, más rentable puede resultar engañarlas con trucos simples.. Al final, en un conflicto dominado por inteligencia artificial, sensores y satélites, una vieja verdad sigue vigente:la guerra no solo se gana con tecnología, sino también con imaginación.
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