«Somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad desde la serenidad y el alivio». El silencio no siempre es vacío; a veces, es un peso denso que lo llena todo. Ese silencio, cargado de respeto y una tristeza compartida, fue el principal protagonista en el Palacio de los Deportes ‘Carolina Marín’ en Huelva en el que no hubo espacio para la política, ni para el ruido, para el duelo de una ciudad y una provincia a la que la tragedia ha golpeado muy duro.Aquel domingo 18 de enero quedó marcado a fuego en el calendario onubense. De las 45 víctimas mortales que dejó el siniestro ferroviario, 28 pertenecían a Huelva. Por eso, el funeral religioso celebrado no fue un acto protocolario más; fue el primer gran homenaje que se les ha dado tanto a fallecidos como heridos quienes, junto con sus familiares, recibieron el abrazo necesario de una comunidad que se reconoce herida.. «El único funeral que cabía en esta despedida, con la única presidencia que queremos a nuestro lado, es la del Dios que aquí hoy se ha hecho presente». El momento cumbre y más emotivo de la ceremonia llegó cuando Liliana Sáez, hija de Natividad de la Torre, una de las fallecidas, tomó la palabra en nombre de los damnificados. Su discurso, que leyó de la mano de su hermano, Fidel Sáez, estuvo despojado de rencor pero cargado de gratitud, hacia el pueblo de Adamuz, los sanitarios y la administración y de determinación y se convirtió en el manifiesto de las víctimas. «Y es que lo que perdimos ese fatídico domingo no era solo una cifra. Eran vagones llenos de virtudes y defectos, de triunfos y derrotas, de anhelos y silencios. Eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos. Ellos no solo son los 45 del tren; eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas». Con estas palabras, Liliana logró humanizar la tragedia frente a las autoridades presentes. Recordó que a las 7:45 de aquella tarde, el reloj de 45 familias se detuvo en seco. Un mensaje que fue, además, toda una declaración de intenciones: la búsqueda de la verdad es el único camino hacia la paz: «Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Lucharemos para que nunca haya otro tren. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz», sentenció bajo una ovación cerrada que rompió, por un instante, la solemnidad del pabellón. La transformación del recinto deportivo en un espacio sagrado fue total. La pista central, donde habitualmente se escuchan los gritos de la competición, fue ocupada por un altar presidido por la Virgen de la Cinta. La Patrona de Huelva fue trasladada especialmente desde su santuario para la ocasión, ofreciendo a los familiares ese «manto» de protección que tanto necesitaban. El funeral fue oficiado por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Javier Argüello, quien al inicio de la ceremonia hizo llegar a los presentes la cercanía y la «palabra que ahora es silencio, de consuelo, y de esperanza» del papa León XIV. A ellos se sumaron más de un centenar de sacerdotes llegados de diversas diócesis, La música, interpretada por el Coro y Orquesta de la Catedral de la Merced, envolvió el acto con piezas de los Réquiem de Fauré y Mozart, creando una atmósfera de introspección y consuelo. Pese a que el homenaje de Estado previsto para este sábado fue pospuesto por petición de las propias familias –muchas de las cuales aún no se sentían con fuerzas para afrontarlo–, la representación institucional en este funeral religioso fue masiva.. En los bancos de honor se encontraban los Reyes, Don Felipe y Doña Letizia, quienes llegaron al pabellón pasadas las seis de la tarde bajo vítores de «¡Viva el Rey!» y «¡Viva la Reina!» y entraron al mismo mientras sonaba el himno de España, momento que dio lugar al primer aplauso de la tarde. Después por parte del Gobierno central, acudieron -entrando por la puerta trasera- la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y los ministros Ángel Víctor Torres y Luis Planas. El ámbito autonómico y local estuvo representado por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, y el presidente de la Diputación, David Toscano, junto al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo.. Lo más destacado de la jornada no fue la presencia de los cargos, sino su actitud. Durante unos 50 minutos tras la misa, los Reyes saludaron uno a uno a los familiares de las víctimas. Fue un encuentro de cercanía real, donde no hubo prisas ni miradas al reloj. Cada apretón de manos y cada palabra de aliento fueron recibidos por los asistentes con gratitud, en un gesto que buscaba reconfortar el alma de quienes han aprendido, como dijo Liliana, que «el beso que no damos es el que más recordamos». La ceremonia también dejó espacio para la reflexión social. En su discurso, las familias señalaron que las víctimas eran parte de una sociedad «tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo». Sin embargo, durante las dos horas que duró el acto, esa polarización desapareció. Los 4.350 asistentes que llenaron el pabellón demostraron que, ante el dolor compartido, no hay siglas ni colores. Al concluir el acto, mientras las autoridades abandonaban el recinto y la música sacra se desvanecía, quedaba en el aire una promesa. Las 45 familias no piden venganza, piden respuestas.. Quieren saber qué falló en aquel tren para que nadie más tenga que vivir el avance lento de las horas en un centro cívico, esperando una noticia que nunca llega. Huelva se despidió de los fallecidos y arropó a los heridos y familiares con solemnidad, respeto y silencio, tan sólo roto por aplausos y vítores de agradecimiento, y el compromiso de no olvidar. El funeral religioso ha sido el primer paso hacia ese “alivio” mencionado por Liliana Sáez, pero el camino hacia la verdad técnica y judicial apenas comienza.
Los Reyes consuelan a los familiares, quienes prometen «luchar desde la serenidad» por «la verdad de los 45» fallecidos en el accidente de tren
«Somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad desde la serenidad y el alivio». El silencio no siempre es vacío; a veces, es un peso denso que lo llena todo. Ese silencio, cargado de respeto y una tristeza compartida, fue el principal protagonista en el Palacio de los Deportes ‘Carolina Marín’ en Huelva en el que no hubo espacio para la política, ni para el ruido, para el duelo de una ciudad y una provincia a la que la tragedia ha golpeado muy duro.Aquel domingo 18 de enero quedó marcado a fuego en el calendario onubense. De las 45 víctimas mortales que dejó el siniestro ferroviario, 28 pertenecían a Huelva. Por eso, el funeral religioso celebrado no fue un acto protocolario más; fue el primer gran homenaje que se les ha dado tanto a fallecidos como heridos quienes, junto con sus familiares, recibieron el abrazo necesario de una comunidad que se reconoce herida.. «El único funeral que cabía en esta despedida, con la única presidencia que queremos a nuestro lado, es la del Dios que aquí hoy se ha hecho presente». El momento cumbre y más emotivo de la ceremonia llegó cuando Liliana Sáez, hija de Natividad de la Torre, una de las fallecidas, tomó la palabra en nombre de los damnificados. Su discurso, que leyó de la mano de su hermano, Fidel Sáez, estuvo despojado de rencor pero cargado de gratitud, hacia el pueblo de Adamuz, los sanitarios y la administración y de determinación y se convirtió en el manifiesto de las víctimas. «Y es que lo que perdimos ese fatídico domingo no era solo una cifra. Eran vagones llenos de virtudes y defectos, de triunfos y derrotas, de anhelos y silencios. Eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos. Ellos no solo son los 45 del tren; eran la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas». Con estas palabras, Liliana logró humanizar la tragedia frente a las autoridades presentes. Recordó que a las 7:45 de aquella tarde, el reloj de 45 familias se detuvo en seco. Un mensaje que fue, además, toda una declaración de intenciones: la búsqueda de la verdad es el único camino hacia la paz: «Solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará. Lucharemos para que nunca haya otro tren. Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz», sentenció bajo una ovación cerrada que rompió, por un instante, la solemnidad del pabellón. La transformación del recinto deportivo en un espacio sagrado fue total. La pista central, donde habitualmente se escuchan los gritos de la competición, fue ocupada por un altar presidido por la Virgen de la Cinta. La Patrona de Huelva fue trasladada especialmente desde su santuario para la ocasión, ofreciendo a los familiares ese «manto» de protección que tanto necesitaban. El funeral fue oficiado por el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Javier Argüello, quien al inicio de la ceremonia hizo llegar a los presentes la cercanía y la «palabra que ahora es silencio, de consuelo, y de esperanza» del papa León XIV. A ellos se sumaron más de un centenar de sacerdotes llegados de diversas diócesis, La música, interpretada por el Coro y Orquesta de la Catedral de la Merced, envolvió el acto con piezas de los Réquiem de Fauré y Mozart, creando una atmósfera de introspección y consuelo. Pese a que el homenaje de Estado previsto para este sábado fue pospuesto por petición de las propias familias –muchas de las cuales aún no se sentían con fuerzas para afrontarlo–, la representación institucional en este funeral religioso fue masiva.. En los bancos de honor se encontraban los Reyes, Don Felipe y Doña Letizia, quienes llegaron al pabellón pasadas las seis de la tarde bajo vítores de «¡Viva el Rey!» y «¡Viva la Reina!» y entraron al mismo mientras sonaba el himno de España, momento que dio lugar al primer aplauso de la tarde. Después por parte del Gobierno central, acudieron -entrando por la puerta trasera- la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y los ministros Ángel Víctor Torres y Luis Planas. El ámbito autonómico y local estuvo representado por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, y el presidente de la Diputación, David Toscano, junto al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo.. Lo más destacado de la jornada no fue la presencia de los cargos, sino su actitud. Durante unos 50 minutos tras la misa, los Reyes saludaron uno a uno a los familiares de las víctimas. Fue un encuentro de cercanía real, donde no hubo prisas ni miradas al reloj. Cada apretón de manos y cada palabra de aliento fueron recibidos por los asistentes con gratitud, en un gesto que buscaba reconfortar el alma de quienes han aprendido, como dijo Liliana, que «el beso que no damos es el que más recordamos». La ceremonia también dejó espacio para la reflexión social. En su discurso, las familias señalaron que las víctimas eran parte de una sociedad «tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo». Sin embargo, durante las dos horas que duró el acto, esa polarización desapareció. Los 4.350 asistentes que llenaron el pabellón demostraron que, ante el dolor compartido, no hay siglas ni colores. Al concluir el acto, mientras las autoridades abandonaban el recinto y la música sacra se desvanecía, quedaba en el aire una promesa. Las 45 familias no piden venganza, piden respuestas.. Quieren saber qué falló en aquel tren para que nadie más tenga que vivir el avance lento de las horas en un centro cívico, esperando una noticia que nunca llega. Huelva se despidió de los fallecidos y arropó a los heridos y familiares con solemnidad, respeto y silencio, tan sólo roto por aplausos y vítores de agradecimiento, y el compromiso de no olvidar. El funeral religioso ha sido el primer paso hacia ese “alivio” mencionado por Liliana Sáez, pero el camino hacia la verdad técnica y judicial apenas comienza.
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