La ministra de Sanidad insiste en que lo del Estatuto Marco va de “modernización”, “cohesión” y “armonización del sistema”. Tres palabras sobadas que han perdido toda capacidad de significar algo. Se han estirado tanto que han acabado reventando en forma de paro nacional. Una trilogía de huelgas médicas -junio, octubre y la de ahora- que no veíamos en décadas. Un hito histórico que parece no inquietar demasiado al Gobierno.. Los médicos piden un estatuto propio, donde se reconozca su formación, su responsabilidad y las particularidades de su trabajo. Y el Ministerio responde con ese paternalismo tan castizo: “pero si eso ya está”. Luego uno lee el borrador y descubre que no. Es una regresión con membrete oficial, en la que se diluye la singularidad del médico en un conjunto de categorías sanitarias, como si diez años de formación fuesen intercambiables por un cursillo de primeros auxilios.. El Ministerio quiere fiar al futuro las consecuencias de las guardias desproporcionadas, las jornadas extenuantes y los contratos precarios. Modernizar es ahora exigirle a un médico que haga las mismas horas, por el mismo salario que hace diez años, pero con más burocracia, menos personal y más trabajo.. Se está haciendo un flaco favor a la Sanidad Pública que se traduce en largas esperas y consultas al borde del colapso. Lo más perverso del asunto es que la reivindicación médica solo tomará cuerpo social cuando el sistema se estrelle del todo y cuando la sanidad caiga por su propio peso. Y ya no hará falta huelga porque bastará con la inercia.. Desde la pandemia, la situación ha empeorado. Y el Gobierno se ampara en eso de que “no es competencia nuestra”. Se ha convertido en el argumento de cabecera para trocear la responsabilidad entre diecisiete territorios y seguir hablando de “cohesión” y “armonización del sistema”. Lo cierto es que la sanidad pública avanza hacia un deterioro irreversible y esto es un fracaso de quien presume de modernizar mientras deja que se oxide lo esencial.. Quizá ya no interese preguntarnos si los médicos aceptan o no el Estatuto Marco, porque la pregunta es si lo aceptamos nosotros, los ciudadanos. Si damos por bueno que la dignidad de la sanidad dependa de profesionales agotados y de un marco normativo raquítico que pretende uniformar por abajo.. Cuando enferma un hospital —y España tiene varios en cuidados paliativos— es un problema social. Y muy grave.
«Se está haciendo un flaco favor a la Sanidad Pública que se traduce en largas esperas y consultas al borde del colapso»
La ministra de Sanidad insiste en que lo del Estatuto Marco va de “modernización”, “cohesión” y “armonización del sistema”. Tres palabras sobadas que han perdido toda capacidad de significar algo. Se han estirado tanto que han acabado reventando en forma de paro nacional. Una trilogía de huelgas médicas -junio, octubre y la de ahora- que no veíamos en décadas. Un hito histórico que parece no inquietar demasiado al Gobierno.. Los médicos piden un estatuto propio, donde se reconozca su formación, su responsabilidad y las particularidades de su trabajo. Y el Ministerio responde con ese paternalismo tan castizo: “pero si eso ya está”. Luego uno lee el borrador y descubre que no. Es una regresión con membrete oficial, en la que se diluye la singularidad del médico en un conjunto de categorías sanitarias, como si diez años de formación fuesen intercambiables por un cursillo de primeros auxilios.. El Ministerio quiere fiar al futuro las consecuencias de las guardias desproporcionadas, las jornadas extenuantes y los contratos precarios. Modernizar es ahora exigirle a un médico que haga las mismas horas, por el mismo salario que hace diez años, pero con más burocracia, menos personal y más trabajo.. Se está haciendo un flaco favor a la Sanidad Pública que se traduce en largas esperas y consultas al borde del colapso. Lo más perverso del asunto es que la reivindicación médica solo tomará cuerpo social cuando el sistema se estrelle del todo y cuando la sanidad caiga por su propio peso. Y ya no hará falta huelga porque bastará con la inercia.. Desde la pandemia, la situación ha empeorado. Y el Gobierno se ampara en eso de que “no es competencia nuestra”. Se ha convertido en el argumento de cabecera para trocear la responsabilidad entre diecisiete territorios y seguir hablando de “cohesión” y “armonización del sistema”. Lo cierto es que la sanidad pública avanza hacia un deterioro irreversible y esto es un fracaso de quien presume de modernizar mientras deja que se oxide lo esencial.. Quizá ya no interese preguntarnos si los médicos aceptan o no el Estatuto Marco, porque la pregunta es si lo aceptamos nosotros, los ciudadanos. Si damos por bueno que la dignidad de la sanidad dependa de profesionales agotados y de un marco normativo raquítico que pretende uniformar por abajo.. Cuando enferma un hospital —y España tiene varios en cuidados paliativos— es un problema social. Y muy grave.
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