Donald Trump y Greta Thunberg son como un pozo de petróleo y un parque eólico, el filete y el tofu, una hamburguesa XXL y una ensalada ecológica, un desfile militar y una sentada ecologista… Si coincidieran en un ascensor, el cambio climático aumentaría un grado por el acaloramiento de la discusión.. Un billete de ida a La Haya. No deja de tener cierta gracia que la activista sueca haya decidido felicitar al presidente estadounidense por su ochenta cumpleaños con un regalo muy particular. En las páginas de «The Guardian» confiesa que primero pensó en enviarle un billete de ida a La Haya, una referencia nada sutil a la Corte Penal Internacional, aunque enseguida descartó la idea porque «probablemente no entendería el comentario». Optó entonces por una lata de sopa de letras. «Las frases que pronuncies serán más coherentes que cualquier cosa que hayas dicho jamás. Ahora, por fin, podrás participar en un debate público significativo», escribe.. No es una carta de reconciliación, pero al menos la activista le honra con una pieza de humor ácido que, seguramente, divertirá al presidente. Cuando Greta fue elegida Persona del Año por Time en 2019, Trump respondió en su entonces cuenta de Twitter con una ironía que acabaría persiguiéndole tanto como a ella: «Greta debe trabajar en su problema de control de la ira. ¡Relájate, Greta, relájate!». Aquella frase, escrita para ridiculizar a una adolescente de dieciséis años, terminó convirtiéndose en un bumerán. Desde entonces, la activista la ha reutilizado con notable sentido del humor cada vez que el presidente protagonizaba alguno de sus momentos más airados.. «Debería ver a un médico». En octubre de 2025, el mandatario tildó a Greta de «alborotadora» y afirmó que «debería ver a un médico», después de que Israel la deportara a Grecia tras el abordaje en aguas internacionales de la Global Sumud Flotilla, que intentaba entregar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza y de la que la activista era parte. «Si la ves, es una persona joven y está tan enfadada y tan loca», añadió.. Parece evidente que Trump necesita una Greta y Greta necesita un Trump. Él encarna exactamente aquello contra lo que ella moviliza a millones de jóvenes. Ella representa precisamente el tipo de activismo que él lleva años criticando. Son adversarios perfectos y ninguno podría haber diseñado un antagonista mejor.. Y siendo incompatibles, comparten el dominio del titular y de la ocurrencia en una frase corta. Trump recibirá hoy medallas, homenajes y mensajes de adulación. Greta le envía una sopa de letras.
Donald Trump y Greta Thunberg son como un pozo de petróleo y un parque eólico, el filete y el tofu, una hamburguesa XXL y una ensalada ecológica, un desfile militar y una sentada ecologista… Si coincidieran en un ascensor, el cambio climático aumentaría un grado por el acaloramiento de la discusión.. Un billete de ida a La Haya. No deja de tener cierta gracia que la activista sueca haya decidido felicitar al presidente estadounidense por su ochenta cumpleaños con un regalo muy particular. En las páginas de «The Guardian» confiesa que primero pensó en enviarle un billete de ida a La Haya, una referencia nada sutil a la Corte Penal Internacional, aunque enseguida descartó la idea porque «probablemente no entendería el comentario». Optó entonces por una lata de sopa de letras. «Las frases que pronuncies serán más coherentes que cualquier cosa que hayas dicho jamás. Ahora, por fin, podrás participar en un debate público significativo», escribe.. No es una carta de reconciliación, pero al menos la activista le honra con una pieza de humor ácido que, seguramente, divertirá al presidente. Cuando Greta fue elegida Persona del Año por Time en 2019, Trump respondió en su entonces cuenta de Twitter con una ironía que acabaría persiguiéndole tanto como a ella: «Greta debe trabajar en su problema de control de la ira. ¡Relájate, Greta, relájate!». Aquella frase, escrita para ridiculizar a una adolescente de dieciséis años, terminó convirtiéndose en un bumerán. Desde entonces, la activista la ha reutilizado con notable sentido del humor cada vez que el presidente protagonizaba alguno de sus momentos más airados.. «Debería ver a un médico». En octubre de 2025, el mandatario tildó a Greta de «alborotadora» y afirmó que «debería ver a un médico», después de que Israel la deportara a Grecia tras el abordaje en aguas internacionales de la Global Sumud Flotilla, que intentaba entregar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza y de la que la activista era parte. «Si la ves, es una persona joven y está tan enfadada y tan loca», añadió.. Parece evidente que Trump necesita una Greta y Greta necesita un Trump. Él encarna exactamente aquello contra lo que ella moviliza a millones de jóvenes. Ella representa precisamente el tipo de activismo que él lleva años criticando. Son adversarios perfectos y ninguno podría haber diseñado un antagonista mejor.. Y siendo incompatibles, comparten el dominio del titular y de la ocurrencia en una frase corta. Trump recibirá hoy medallas, homenajes y mensajes de adulación. Greta le envía una sopa de letras.
