En el mes de enero, el Hotel Gran Meliá Torre Melina inauguró un nuevo espacio gastronómico en su lobby, el Grand Café, ahí donde hasta entonces se ubicaba el restaurante L’Amaranta.. Con este último proyecto gastronómico, el hotel, que cuenta con cinco espacios de restauración diferentes, se alinea con la identidad gastronómica específica de la marca Gran Meliá, que tiene por costumbre habilitar en todos sus hoteles un all day dinning que refleje la esencia de la ciudad en la que se encuentra.. Se trata del Grand Café, que en el caso del Gran Meliá Torre Melina define su esencia con la Barcelona de los Juegos Olímpicos de 1992 como referente y basa su propuesta en «el producto local y de temporada, la cocina mediterránea y el protagonismo de las referencias icónicas de la gastronomía española», tal y como indica Alicia Cabeza, directora de marketing del hotel Gran Meliá Torre Melina.. Así, su carta cuenta con propuestas tan explícitas como el calamar del Mediterráneo con papada, las anchoas del Cantábrico, el arroz del Delta con gamba roja de Palamós o la paletilla ibérica de jamón de bellota.. Pero además, su propuesta incluye también un plato estrella de cada uno de los Grand Café con los que cuenta Gran Meliá por diferentes puntos de la geografía española, como el guiso de rabo de toro del de Sevilla o el solomillo Rossino del hotel mallorquín.. Todo ello da lugar a una carta muy variada que ofrece al comensal la posibilidad de disfrutar tanto del pulpo asado, el suquet de lubina con gamba roja o el cochinillo, como del clásico sándwich club. Además, ésta es muy flexible, por lo que permite al cliente optar por probar varias propuestas o bien decantarse por la típica fórmula de un primer y segundo plato para comer.. Eso sí, todo de elaboración casera, incluido los postres, a excepción de una selección de repostería firmada por Hofmann.. Pero la propuesta gastronómica del Grand Café, que por las mañanas cuenta con una carta de desayuno, no es lo único que define la personalidad de este restaurante, sino que su entorno y ambiente otorgan al espacio un carácter único y muy atractivo.. Un oasis urbano. Como señala Cabeza, «el espacio donde ahora se encuentra Grand Café no existía». Cuando Gran Meliá se hizo con la propiedad de lo que entonces era el Hotel Rey Juan Carlos I, se llevó a cabo una reforma del lobby para acabar con un muro que separaba la parte interior del edificio con la exterior y que, por lo tanto, dejaba el espacio sin apertura a los jardines.. «Grand Café cuenta ahora con un ventanal abierto que ofrece mucha luz natural y vistas a los jardines icónicos del hotel», señala la directora del marketing del hotel, quien apunta, además, que ello permite al restaurante disponer de un comedor interior y otro exterior.. Para Cabeza, «esa apertura al exterior proporciona al comensal mucha calma y tranquilidad y le genera sensación de relajación». «Es un verdadero oasis en la ciudad», asegura .
Grand Café es un espacio abierto al exterior y cuenta con vistas al jardín del hotel Gran Meliá Torre Melina
En el mes de enero, el Hotel Gran Meliá Torre Melina inauguró un nuevo espacio gastronómico en su lobby, el Grand Café, ahí donde hasta entonces se ubicaba el restaurante L’Amaranta.. Con este último proyecto gastronómico, el hotel, que cuenta con cinco espacios de restauración diferentes, se alinea con la identidad gastronómica específica de la marca Gran Meliá, que tiene por costumbre habilitar en todos sus hoteles un all day dinning que refleje la esencia de la ciudad en la que se encuentra.. Se trata del Grand Café, que en el caso del Gran Meliá Torre Melina define su esencia con la Barcelona de los Juegos Olímpicos de 1992 como referente y basa su propuesta en «el producto local y de temporada, la cocina mediterránea y el protagonismo de las referencias icónicas de la gastronomía española», tal y como indica Alicia Cabeza, directora de marketing del hotel Gran Meliá Torre Melina.. Así, su carta cuenta con propuestas tan explícitas como el calamar del Mediterráneo con papada, las anchoas del Cantábrico, el arroz del Delta con gamba roja de Palamós o la paletilla ibérica de jamón de bellota.. Pero además, su propuesta incluye también un plato estrella de cada uno de los Grand Café con los que cuenta Gran Meliá por diferentes puntos de la geografía española, como el guiso de rabo de toro del de Sevilla o el solomillo Rossino del hotel mallorquín.. Todo ello da lugar a una carta muy variada que ofrece al comensal la posibilidad de disfrutar tanto del pulpo asado, el suquet de lubina con gamba roja o el cochinillo, como del clásico sándwich club. Además, ésta es muy flexible, por lo que permite al cliente optar por probar varias propuestas o bien decantarse por la típica fórmula de un primer y segundo plato para comer.. Eso sí, todo de elaboración casera, incluido los postres, a excepción de una selección de repostería firmada por Hofmann.. Pero la propuesta gastronómica del Grand Café, que por las mañanas cuenta con una carta de desayuno, no es lo único que define la personalidad de este restaurante, sino que su entorno y ambiente otorgan al espacio un carácter único y muy atractivo.. Un oasis urbano. Como señala Cabeza, «el espacio donde ahora se encuentra Grand Café no existía». Cuando Gran Meliá se hizo con la propiedad de lo que entonces era el Hotel Rey Juan Carlos I, se llevó a cabo una reforma del lobby para acabar con un muro que separaba la parte interior del edificio con la exterior y que, por lo tanto, dejaba el espacio sin apertura a los jardines.. «Grand Café cuenta ahora con un ventanal abierto que ofrece mucha luz natural y vistas a los jardines icónicos del hotel», señala la directora del marketing del hotel, quien apunta, además, que ello permite al restaurante disponer de un comedor interior y otro exterior.. Para Cabeza, «esa apertura al exterior proporciona al comensal mucha calma y tranquilidad y le genera sensación de relajación». «Es un verdadero oasis en la ciudad», asegura .
Noticias de Cataluña en La Razón
