Un niño reza de rodillas junto a su cama. Sus manos ortopédicas están entrelazadas pero no mira a Dios sino al Pato Donald. La escena no es absurda: es inquietante. Y tampoco es un sueño. Es una de las imágenes con las que Gottfried Helnwein recibe al espectador en Madrid.. El Espacio SOLO Independencia acoge por primera vez en España una gran retrospectiva del artista vienés, una figura clave del arte contemporáneo europeo que ha hecho de la incomodidad su lenguaje, con la muestra ‘Helnwein. Mundos Invertidos’.. Más de 40 obras del artista dialogan con otras piezas de la colección SOLO, en la plaza de la Independencia junto a la Puerta de Alcalá, en una exposición que no busca agradar, sino obligar a mirar porque esa es la premisa de Helnwein: mirar para no olvidar.. Hiperrealismo técnico sobrecogedor. Helnwein utiliza un hiperrealismo técnico sobrecogedor en unos lienzos de gran formato, que mezclan óleo y acrílico con una precisión que emula la fotografía de alta resolución, elimina la distancia irónica entre la obra y quien la mira.. En sus cuadros, los símbolos de la infancia dejan de ser refugio. El Mickey Mouse que millones asocian con la inocencia aparece aquí despojado de ternura, convertido en una presencia ambigua, casi siniestra. La infancia, lejos de ser un territorio seguro, se muestra como un espacio atravesado por la vulnerabilidad, la violencia y la manipulación.. De la provocación a la advertencia. En otra sala, la perturbación se vuelve explícita. Un personaje de dibujos animados -de nuevo el Pato Donald- uniformado comparte escena y risas con Adolf Hitler. La imagen, hiperrealista, no deja margen para la distancia irónica. Lo que podría parecer provocación funciona más bien como advertencia: la banalización del horror no pertenece solo al pasado.. En una Europa donde los ecos de la historia siguen resonando, las obras de Helnwein adquieren una dimensión incómodamente actual. Sus composiciones mezclan estética pop, referencias al anime y escenas bélicas en una crítica directa a la forma en que la cultura contemporánea suaviza la violencia y la sexualización, especialmente en la representación de la mujer.. Nutriéndose de la iconografía eclesiástica, el artista recrea su propia versión de la ‘Epifanía’ en la que muestra a un niño en los brazos de una madonna siendo visitado por oficiales nazis.. En lo escultórico, Helnwein funde la pesadilla y la realidad con dos esculturas de gran escala ‘Yellow Man’, un personaje que parece salido de lo onírico cuyas intenciones -buenas o malas- se desconocen, mientras se acerca a una niña de ojos vendados.. Nada en esta exposición ofrece respuestas fáciles. «No buscan ofrecer respuestas sino activar la conciencia», explica a EFE la mánager del espacio, Sheryl Sénica. La experiencia, más que estética, es casi física y busca una confrontación con imágenes que el espectador preferiría evitar.. Tras la sombra de Goya. En ese sentido, la sombra de Francisco de Goya es inevitable. Como en los ‘Desastres de la guerra’, Helnwein no representa el horror para explicarlo, sino para impedir que se diluya. La diferencia es que, dos siglos después, el horror ha aprendido a disfrazarse con los códigos de la cultura de masas.. Nacido en Viena en 1948, en el seno de una familia católica marcada por la posguerra, Helnwein ha construido una trayectoria tan reconocible como polémica. Su obra ha dialogado con la música —desde The Rolling Stones hasta Rammstein— y ha retratado figuras como Marilyn Manson, a quien llegó a convertir en una versión grotesca del imaginario Disney.. Pero más allá de colaboraciones y referencias, lo que define su trabajo es una insistencia incómoda: recordar. Recordar, incluso cuando mirar resulta difícil, y evitar que nadie aparte la mirada.
Más de 40 obras del artista dialogan con otras piezas de la colección SOLO, en la plaza de la Independencia junto a la Puerta de Alcalá
Un niño reza de rodillas junto a su cama. Sus manos ortopédicas están entrelazadas pero no mira a Dios sino al Pato Donald. La escena no es absurda: es inquietante. Y tampoco es un sueño. Es una de las imágenes con las que Gottfried Helnwein recibe al espectador en Madrid.. El Espacio SOLO Independencia acoge por primera vez en España una gran retrospectiva del artista vienés, una figura clave del arte contemporáneo europeo que ha hecho de la incomodidad su lenguaje, con la muestra ‘Helnwein. Mundos Invertidos’.. Más de 40 obras del artista dialogan con otras piezas de la colección SOLO, en la plaza de la Independencia junto a la Puerta de Alcalá, en una exposición que no busca agradar, sino obligar a mirar porque esa es la premisa de Helnwein: mirar para no olvidar.. Hiperrealismo técnico sobrecogedor. Helnwein utiliza un hiperrealismo técnico sobrecogedor en unos lienzos de gran formato, que mezclan óleo y acrílico con una precisión que emula la fotografía de alta resolución, elimina la distancia irónica entre la obra y quien la mira.. En sus cuadros, los símbolos de la infancia dejan de ser refugio. El Mickey Mouse que millones asocian con la inocencia aparece aquí despojado de ternura, convertido en una presencia ambigua, casi siniestra. La infancia, lejos de ser un territorio seguro, se muestra como un espacio atravesado por la vulnerabilidad, la violencia y la manipulación.. De la provocación a la advertencia. En otra sala, la perturbación se vuelve explícita. Un personaje de dibujos animados -de nuevo el Pato Donald- uniformado comparte escena y risas con Adolf Hitler. La imagen, hiperrealista, no deja margen para la distancia irónica. Lo que podría parecer provocación funciona más bien como advertencia: la banalización del horror no pertenece solo al pasado.. En una Europa donde los ecos de la historia siguen resonando, las obras de Helnwein adquieren una dimensión incómodamente actual. Sus composiciones mezclan estética pop, referencias al anime y escenas bélicas en una crítica directa a la forma en que la cultura contemporánea suaviza la violencia y la sexualización, especialmente en la representación de la mujer.. Nutriéndose de la iconografía eclesiástica, el artista recrea su propia versión de la ‘Epifanía’ en la que muestra a un niño en los brazos de una madonna siendo visitado por oficiales nazis.. En lo escultórico, Helnwein funde la pesadilla y la realidad con dos esculturas de gran escala ‘Yellow Man’, un personaje que parece salido de lo onírico cuyas intenciones -buenas o malas- se desconocen, mientras se acerca a una niña de ojos vendados.. Nada en esta exposición ofrece respuestas fáciles. «No buscan ofrecer respuestas sino activar la conciencia», explica a EFE la mánager del espacio, Sheryl Sénica. La experiencia, más que estética, es casi física y busca una confrontación con imágenes que el espectador preferiría evitar.. Tras la sombra de Goya. En ese sentido, la sombra de Francisco de Goya es inevitable. Como en los ‘Desastres de la guerra’, Helnwein no representa el horror para explicarlo, sino para impedir que se diluya. La diferencia es que, dos siglos después, el horror ha aprendido a disfrazarse con los códigos de la cultura de masas.. Nacido en Viena en 1948, en el seno de una familia católica marcada por la posguerra, Helnwein ha construido una trayectoria tan reconocible como polémica. Su obra ha dialogado con la música —desde The Rolling Stones hasta Rammstein— y ha retratado figuras como Marilyn Manson, a quien llegó a convertir en una versión grotesca del imaginario Disney.. Pero más allá de colaboraciones y referencias, lo que define su trabajo es una insistencia incómoda: recordar. Recordar, incluso cuando mirar resulta difícil, y evitar que nadie aparte la mirada.
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