Skip to content
Crónica Actual
  domingo 11 enero 2026
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Tendencias
11 de enero de 2026La presidenta de Honduras denuncia injerencias de Trump en las presidenciales y exige un «conteo de todos los votos» 11 de enero de 2026Team América: la sátira política que marcó la estrategia exterior de Trump 11 de enero de 2026La tele trumpista que ven los obreros ingleses 11 de enero de 2026Venezuela, un botín mineral en la nueva guerra fría de suministros 11 de enero de 2026Golpear en todos los frentes: la estrategia de Trump para demoler el viejo orden mundial 11 de enero de 2026Gestos de distensión en Cuba y Nicaragua ante la presión de EE UU 11 de enero de 2026El Fulcro del Ártico: Groenlandia y la soledad geopolítica de Europa 11 de enero de 2026Las petroleras, escépticas ante el plan de Trump en Venezuela 11 de enero de 2026El legado Romano de la tauromaquia española 11 de enero de 2026Sala Canciller: el orgullo heavy del barrio
Crónica Actual
Crónica Actual
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Crónica Actual
  Cultura  “Freaks”, el verdadero rock and roll es de los tarados
Cultura

“Freaks”, el verdadero rock and roll es de los tarados

9 de noviembre de 2025
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Todos tenemos nuestras rarezas y los músicos alguna decena más que el resto de peatones. Pero una cosa es ser especialito y otra muy diferente es ser un verdadero «freak», palabra que la RAE ha admitido en su versión friki («extravagante, raro, excéntrico»), pero término en castellano que no plasma realmente la dimensión del término anglosajón. Un «freak» es, según Luke Haines (Walton On Thames, 1967), un tarado, un raro, un inadaptado. Y esos son los verdaderos apóstoles del rock and roll, los auténticos heraldos de la música popular, no esas personalidades blanditas o apocadas que ahora nos quieren vender por estrellas de la música. Haines traza en su libro «Freaks Out!» (Contra) un alegato a favor de una estirpe de personajes realmente especiales,. Es una tendencia transversal. Pasa en la sociedad y por supuesto, en la música popular: hablamos de la autoconciencia, del yo y mis acuciantes angustias. Problemitas, en el fondo, de diversa índole del primer mundo, que tratamos en el psicólogo porque tenemos que cuidarnos y, por qué no, cantar sobre ello. Dedicarle una canción al terapeuta por los servicios prestados y seguir adelante con el melodrama a los cuatro vientos, sacándole partido. En el pasado, esto no era frecuente. El refugio para exorcizar los demonios se llamaba rock and roll, entendida esta denominación como «toda la música pop creada a partir de 1950 con independencia del género». También puede, solo puede, que esa forma de canalizar los traumas no sirviese para arreglar las profundas averías de esta plétora de bichos raros, desviados e inadaptados sociales que forman parte del catálogo de Haines, uno de los escritores de rock más ingeniosos y audaces de su generación, como ha demostrado en su trabajo al frente de bandas como The Auteurs, Baader Meinhof y Black Box Recorder.. Haines se formó musicalmente en los ochenta, cuando «la moda era apuntarse al paro. Todos los »freaks» odiaban a Thatcher y Thatcher odiaba a todos los »freaks». Existía una especie de acuerdo autoritario entre lunáticos. Mientras el thatcherismo saqueaba el país, los bichos raros de la creación prosperaban, orgullosos de sus subsidios y su falta de empleo, convencidos de que el trabajo no dignifica a nadie. Yo no veía la hora de montar una banda y sumarme a las filas de esa horda de gandules. Los últimos años de esa década me los pasé haciendo el vago en las profundidades más remotas de las listas indies junto a todas esas bandas con paguita a costa del erario», dice como una declaración de intenciones, un manifiesto estético y político. Y lo consiguió, especialmente con The Auteurs, cuando se colocó en la vanguardia «outsider» de Reino Unido, un escalón por debajo de Suede y Pulp. Pero la cosa no mejoró en tiempos de Tony Blair: llegó el «britpop», que Haines define como «un desfile de tontos del pueblo tocando en una banda tributo a Herman’s Hermits», que hoy «es justamente vilipendiado como un desastroso error». «Nos enfrentábamos a la resurrección de »lo viril». El fútbol, Blair y Noel Gallagher integraban nuestro particular eje del mal». El escritor le da la importancia justa a la música: «El rock and roll no es cuestión de vida o muerte. Es más importante que eso».. Empezando, claro, por el principio de los tiempos, por un pionero del rock como Gene Vincent, pionero del rock que fue capaz de «mandarlo todo a tomar por culo» tan pronto como en 1956. Tenía deudas, era infeliz, cojo (por un accidente de coche en el que perdió la vida Eddie Cochran- y adicto a las pastillas y el alcohol. Luego empezaría a amenazar a la gente que no le caía simpática -como Gary Glitter-con pistolas y cuchillos. Nunca puedo superar su primer y único éxito, «Be-Bop-A-Lula» y con 34 años hizo rechinar las mandíbulas de un país apareciendo vestido de cuero negro y con cadenas. Murió dos años después, alcohólico y conspiranoico. El pantalón de cuero es algo que redime a otro de los favoritos de Haines, Jim Morrison: «Bowie no los llevaba, Marc Bolan tampoco, ni siquiera los Velvet Underground. ¿Por qué? Porque iban a salir mal parados». Ya es hora de rehabilitar a Morrison –que se sentía poseído por el espíritu de los nativos americanos- y enterrar el pernicioso efecto del biopic de Oliver Stone. «Morrison vivió su vida literal y metafóricamente al borde del abismo», escribe.. Johnnie Ray llevaba el tupé ante que Elvis y con «Cry» hizo convulsionar a todo un país en 1952. Solo tres años después ya había caído en desgracia, en una época en que no se sabía que eso es la norma en el pop. Su vida se fue por el sumidero, pero Judy Garland se apiadó de él y le ofreció una última oportunidad en la vida: actuar en su boda, a la que llegó etílico y atiborrado de pastillas. Murió emparanoiado y con insuficiencia hepática. No todos los «freaks» han de terminar mal. Ahí están los Shadows, esa banda adelantada a su tiempo, impecable en todos los sentidos y dueños de un oído psicodélico capaz de anticipar el futuro. «Apache», según Haines, «definió una especie de futurismo pagano». Y, sin consumir ácido, en 1966, los de Cliff Richard «ya no tocaban ni en el circuito de bodas y bautizos y, aún así, grabaron una auténtica obra maestra de la psicodelia y nadie se dio cuenta: »A Place in The Sun». El canto del cisne de unos psiconautas». Dioses solares. Pero la gente recibió dioses insecto: The Beatles, que con su «Revolution 9» lograron popularizar la música concreta y el collage sonoro en uno de los discos más vendidos de la historia y, de paso, cabrear a un inmenso número de sus fans. Solo por eso –y su uso de sustancias psicoactivas-, merecen un hueco en este panteón de «freaks».. Mientras que los grupos estadounidenses de San Francisco como Jefferson Airplane y Grateful Dead seguían el propósito de psicodelizar la sociedad, los británicos encontraban en el ácido la excusa para infantilizarse. Ahí estaban Mick Farren al frente de los Deviants, y ese disparate de disco que es «Mona – The Carnivorous Circus» (con la aparición del «freak» Steve Took) y el increíble Robert Calvert al frente de los Hawkwind los ratos que no está ingresado en el psiquiátrico. También Alan Vega, al frente de Suicide, caótico y excesivo, que parece estar siempre en presencia de fantasmas. O Sun Ra, médium con el Antiguo Egipto, intérprete de la cábala, quiromántico del jazz que se ajusta a la perfecta definición de Haines: «El freak como Dios manda, el chungo, el auténtico, jamás debería conformarse con algo tan banal como ser un héroe de culto. A lo que debería aspirar el auténtico »freak» con ojos de arácnido es a convertirse en líder de una secta». La del auténtico rock and roll.

Más noticias

1,63 metros de dignidad, cero de victimismo

9 de diciembre de 2025

Álvaro Vargas Llosa: “La reconciliación con mi madre es lo más hermoso que ocurrió en la etapa final de mi padre”

2 de noviembre de 2025

Así quieren asegurar el futuro de la tauromaquia popular en el Parlamento Vasco

5 de noviembre de 2025

Los títeres del Tibidabo invitan a un viaje en el tiempo para todas las edades

8 de noviembre de 2025

 

Un libro rinde culto a las figuras más socialmente inadaptadas de la historia de la música frente a la ola de autocompadecimiento y corrección de las listas de éxitos

  

Todos tenemos nuestras rarezas y los músicos alguna decena más que el resto de peatones. Pero una cosa es ser especialito y otra muy diferente es ser un verdadero «freak», palabra que la RAE ha admitido en su versión friki («extravagante, raro, excéntrico»), pero término en castellano que no plasma realmente la dimensión del término anglosajón. Un «freak» es, según Luke Haines (Walton On Thames, 1967), un tarado, un raro, un inadaptado. Y esos son los verdaderos apóstoles del rock and roll, los auténticos heraldos de la música popular, no esas personalidades blanditas o apocadas que ahora nos quieren vender por estrellas de la música. Haines traza en su libro «Freaks Out!» (Contra) un alegato a favor de una estirpe de personajes realmente especiales,. Es una tendencia transversal. Pasa en la sociedad y por supuesto, en la música popular: hablamos de la autoconciencia, del yo y mis acuciantes angustias. Problemitas, en el fondo, de diversa índole del primer mundo, que tratamos en el psicólogo porque tenemos que cuidarnos y, por qué no, cantar sobre ello. Dedicarle una canción al terapeuta por los servicios prestados y seguir adelante con el melodrama a los cuatro vientos, sacándole partido. En el pasado, esto no era frecuente. El refugio para exorcizar los demonios se llamaba rock and roll, entendida esta denominación como «toda la música pop creada a partir de 1950 con independencia del género». También puede, solo puede, que esa forma de canalizar los traumas no sirviese para arreglar las profundas averías de esta plétora de bichos raros, desviados e inadaptados sociales que forman parte del catálogo de Haines, uno de los escritores de rock más ingeniosos y audaces de su generación, como ha demostrado en su trabajo al frente de bandas como The Auteurs, Baader Meinhof y Black Box Recorder.. Haines se formó musicalmente en los ochenta, cuando «la moda era apuntarse al paro. Todos los »freaks» odiaban a Thatcher y Thatcher odiaba a todos los »freaks». Existía una especie de acuerdo autoritario entre lunáticos. Mientras el thatcherismo saqueaba el país, los bichos raros de la creación prosperaban, orgullosos de sus subsidios y su falta de empleo, convencidos de que el trabajo no dignifica a nadie. Yo no veía la hora de montar una banda y sumarme a las filas de esa horda de gandules. Los últimos años de esa década me los pasé haciendo el vago en las profundidades más remotas de las listas indies junto a todas esas bandas con paguita a costa del erario», dice como una declaración de intenciones, un manifiesto estético y político. Y lo consiguió, especialmente con The Auteurs, cuando se colocó en la vanguardia «outsider» de Reino Unido, un escalón por debajo de Suede y Pulp. Pero la cosa no mejoró en tiempos de Tony Blair: llegó el «britpop», que Haines define como «un desfile de tontos del pueblo tocando en una banda tributo a Herman’s Hermits», que hoy «es justamente vilipendiado como un desastroso error». «Nos enfrentábamos a la resurrección de »lo viril». El fútbol, Blair y Noel Gallagher integraban nuestro particular eje del mal». El escritor le da la importancia justa a la música: «El rock and roll no es cuestión de vida o muerte. Es más importante que eso».. Empezando, claro, por el principio de los tiempos, por un pionero del rock como Gene Vincent, pionero del rock que fue capaz de «mandarlo todo a tomar por culo» tan pronto como en 1956. Tenía deudas, era infeliz, cojo (por un accidente de coche en el que perdió la vida Eddie Cochran- y adicto a las pastillas y el alcohol. Luego empezaría a amenazar a la gente que no le caía simpática -como Gary Glitter-con pistolas y cuchillos. Nunca puedo superar su primer y único éxito, «Be-Bop-A-Lula» y con 34 años hizo rechinar las mandíbulas de un país apareciendo vestido de cuero negro y con cadenas. Murió dos años después, alcohólico y conspiranoico. El pantalón de cuero es algo que redime a otro de los favoritos de Haines, Jim Morrison: «Bowie no los llevaba, Marc Bolan tampoco, ni siquiera los Velvet Underground. ¿Por qué? Porque iban a salir mal parados». Ya es hora de rehabilitar a Morrison –que se sentía poseído por el espíritu de los nativos americanos- y enterrar el pernicioso efecto del biopic de Oliver Stone. «Morrison vivió su vida literal y metafóricamente al borde del abismo», escribe.. Johnnie Ray llevaba el tupé ante que Elvis y con «Cry» hizo convulsionar a todo un país en 1952. Solo tres años después ya había caído en desgracia, en una época en que no se sabía que eso es la norma en el pop. Su vida se fue por el sumidero, pero Judy Garland se apiadó de él y le ofreció una última oportunidad en la vida: actuar en su boda, a la que llegó etílico y atiborrado de pastillas. Murió emparanoiado y con insuficiencia hepática. No todos los «freaks» han de terminar mal. Ahí están los Shadows, esa banda adelantada a su tiempo, impecable en todos los sentidos y dueños de un oído psicodélico capaz de anticipar el futuro. «Apache», según Haines, «definió una especie de futurismo pagano». Y, sin consumir ácido, en 1966, los de Cliff Richard «ya no tocaban ni en el circuito de bodas y bautizos y, aún así, grabaron una auténtica obra maestra de la psicodelia y nadie se dio cuenta: »A Place in The Sun». El canto del cisne de unos psiconautas». Dioses solares. Pero la gente recibió dioses insecto: The Beatles, que con su «Revolution 9» lograron popularizar la música concreta y el collage sonoro en uno de los discos más vendidos de la historia y, de paso, cabrear a un inmenso número de sus fans. Solo por eso –y su uso de sustancias psicoactivas-, merecen un hueco en este panteón de «freaks».. Mientras que los grupos estadounidenses de San Francisco como Jefferson Airplane y Grateful Dead seguían el propósito de psicodelizar la sociedad, los británicos encontraban en el ácido la excusa para infantilizarse. Ahí estaban Mick Farren al frente de los Deviants, y ese disparate de disco que es «Mona – The Carnivorous Circus» (con la aparición del «freak» Steve Took) y el increíble Robert Calvert al frente de los Hawkwind los ratos que no está ingresado en el psiquiátrico. También Alan Vega, al frente de Suicide, caótico y excesivo, que parece estar siempre en presencia de fantasmas. O Sun Ra, médium con el Antiguo Egipto, intérprete de la cábala, quiromántico del jazz que se ajusta a la perfecta definición de Haines: «El freak como Dios manda, el chungo, el auténtico, jamás debería conformarse con algo tan banal como ser un héroe de culto. A lo que debería aspirar el auténtico »freak» con ojos de arácnido es a convertirse en líder de una secta». La del auténtico rock and roll.

 

​Noticias de cultura en La Razón

Soberanía digital: datos e Inteligencia Artificial «a la europea»
Del abuso de Nikola Jokic a la peor noche de Luka Doncic
Leer también
Internacional

La presidenta de Honduras denuncia injerencias de Trump en las presidenciales y exige un «conteo de todos los votos»

11 de enero de 2026 1665
Cultura

Team América: la sátira política que marcó la estrategia exterior de Trump

11 de enero de 2026 6271
Internacional

La tele trumpista que ven los obreros ingleses

11 de enero de 2026 11439
Internacional

Venezuela, un botín mineral en la nueva guerra fría de suministros

11 de enero de 2026 9452
Internacional

Golpear en todos los frentes: la estrategia de Trump para demoler el viejo orden mundial

11 de enero de 2026 10966
Internacional

Gestos de distensión en Cuba y Nicaragua ante la presión de EE UU

11 de enero de 2026 8920
Cargar más
Entradas Recientes

La presidenta de Honduras denuncia injerencias de Trump en las presidenciales y exige un «conteo de todos los votos»

11 de enero de 2026

Team América: la sátira política que marcó la estrategia exterior de Trump

11 de enero de 2026

La tele trumpista que ven los obreros ingleses

11 de enero de 2026

Venezuela, un botín mineral en la nueva guerra fría de suministros

11 de enero de 2026

Golpear en todos los frentes: la estrategia de Trump para demoler el viejo orden mundial

11 de enero de 2026

Gestos de distensión en Cuba y Nicaragua ante la presión de EE UU

11 de enero de 2026
    Crónica Actual
    En ‘Crónica Actual’, nos dedicamos a la búsqueda incansable de la verdad y la precisión en el periodismo. Con un equipo de reporteros experimentados y una red de corresponsales en todo el mundo, ofrecemos cobertura en tiempo real de los eventos más importantes. Nuestra misión es informar a nuestros lectores con reportajes detallados, análisis profundos y una narrativa que conecta los puntos en el complejo tapiz de la sociedad. Desde conflictos internacionales hasta avances científicos, pasando por las últimas tendencias culturales, ‘Crónica Actual’ es su fuente confiable de noticias que importan.
    CRONICAACTUAL.COM © 2025 | Todos los derechos reservados.
    • Contacto
    • Sobre Nosotros
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad