Torero de Madrid. Y humilde. Quizá esa es la mejor definición de Fernando Robleño. Un nombre que va unido al de Miura, José Escolar, Dolores Aguirre y un amplio elenco de ganaderías duras. El 12 de octubre se cortó la coleta en Las Ventas, “un sueño cumplido”. No entra a valorar si su nombre quedó eclipsado por la sorpresiva actuación de Morante. “Esa tarde yo hice lo que tenía que hacer”. Solo repite y reconoce que fue un sueño cumplido para él y su familia después de veinticinco años de carrera, “mucho sufrimiento y aguante”.. Se siente orgulloso de su trayectoria, como es normal. El aficionado siempre le ha valorado en un circuito tan exigente como al que se ha enfrentado. No sabemos el momento exacto en el que un torero se hace torero de corridas duras, pero Robleño lo ha sido y eso tiene un mérito especial. ¿Lo elige el profesional o te encasilla el respetable? Sea como fuere, no es un toro fácil de manejar ni permite el lucimiento comercial al que ahora se acostumbra. Pero con esos mimbres, Robleño ha salido a hombros en dos ocasiones del coso venteño, una de ellas con una de Conde de la Maza. Y eso que “nunca me he llegado a acostumbrar a ese tipo de hierros”.. El maestro se ha pasado por los micrófonos de la Semana Cultural que organiza anualmente la Peña La Aldaba en La Pedraja de Portillo (Valladolid). Y ahí, en un mano a mano con el periodista Juan Miguel Núñez, otrora responsable de la sección taurina de la Agencia EFE, ha ido desgranando su vida desde los comienzos como novillero hasta su despedida y actual responsabilidad como director de la Escuela Taurina de Madrid José Cubero “Yiyo”, donde más de cincuenta alumnos que quieren ser figuras del toreo aprenden bajo sus conocimientos.. Robleño ha dado las gracias a Dios -y es que es gracias a Dios- que el toro le haya permitido vivir con tanta intensidad esta profesión. “He tenido suerte y Dios ha estado conmigo, sobre todo cuando te coge un toro”.. ¿El sistema fue injusto con él? Cuando le propusieron confirmar alternativa, le dijeron que con una de Cura de Valverde o de José Escolar. “Y yo no sabía si pegarme un tiro o tirarme por un precipicio”. Cortó una oreja. Y eso no bastó para estar en el siguiente San Isidro. Luego cogió alguna sustitución y se fue haciendo un hueco. Hechos que más de dos décadas después siguen siendo la tónica habitual con los que comienzan a despuntar. No digo nombres, porque todos los conocemos.. Robleño termina diciendo que ha sido enemigo del miedo, “siempre nos hemos llevado muy mal”. Torero clásico “porque eso lo abarca todo”, como rubricó Juan Miguel, su paso por el toreo ha dejado poso.
El diestro madrileño acude a La Pedraja de Portillo (Valladolid) en el marco de la Semana Cultural de la Peña La Aldaba
Torero de Madrid. Y humilde. Quizá esa es la mejor definición de Fernando Robleño. Un nombre que va unido al de Miura, José Escolar, Dolores Aguirre y un amplio elenco de ganaderías duras. El 12 de octubre se cortó la coleta en Las Ventas, “un sueño cumplido”. No entra a valorar si su nombre quedó eclipsado por la sorpresiva actuación de Morante. “Esa tarde yo hice lo que tenía que hacer”. Solo repite y reconoce que fue un sueño cumplido para él y su familia después de veinticinco años de carrera, “mucho sufrimiento y aguante”.. Se siente orgulloso de su trayectoria, como es normal. El aficionado siempre le ha valorado en un circuito tan exigente como al que se ha enfrentado. No sabemos el momento exacto en el que un torero se hace torero de corridas duras, pero Robleño lo ha sido y eso tiene un mérito especial. ¿Lo elige el profesional o te encasilla el respetable? Sea como fuere, no es un toro fácil de manejar ni permite el lucimiento comercial al que ahora se acostumbra. Pero con esos mimbres, Robleño ha salido a hombros en dos ocasiones del coso venteño, una de ellas con una de Conde de la Maza. Y eso que “nunca me he llegado a acostumbrar a ese tipo de hierros”.. El maestro se ha pasado por los micrófonos de la Semana Cultural que organiza anualmente la Peña La Aldaba en La Pedraja de Portillo (Valladolid). Y ahí, en un mano a mano con el periodista Juan Miguel Núñez, otrora responsable de la sección taurina de la Agencia EFE, ha ido desgranando su vida desde los comienzos como novillero hasta su despedida y actual responsabilidad como director de la Escuela Taurina de Madrid José Cubero “Yiyo”, donde más de cincuenta alumnos que quieren ser figuras del toreo aprenden bajo sus conocimientos.. Robleño ha dado las gracias a Dios -y es que es gracias a Dios- que el toro le haya permitido vivir con tanta intensidad esta profesión. “He tenido suerte y Dios ha estado conmigo, sobre todo cuando te coge un toro”.. ¿El sistema fue injusto con él? Cuando le propusieron confirmar alternativa, le dijeron que con una de Cura de Valverde o de José Escolar. “Y yo no sabía si pegarme un tiro o tirarme por un precipicio”. Cortó una oreja. Y eso no bastó para estar en el siguiente San Isidro. Luego cogió alguna sustitución y se fue haciendo un hueco. Hechos que más de dos décadas después siguen siendo la tónica habitual con los que comienzan a despuntar. No digo nombres, porque todos los conocemos.. Robleño termina diciendo que ha sido enemigo del miedo, “siempre nos hemos llevado muy mal”. Torero clásico “porque eso lo abarca todo”, como rubricó Juan Miguel, su paso por el toreo ha dejado poso.
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