Fernando Alonso no tiene fin. Los años no pesan para él como para el resto de los mortales y no se pone fecha para su adiós a la F1. Tiene una genética privilegiada y también una dedicación más que profesional a cuidarse.. El cuerpo cambia y él ha cambiado con él. A los 20 años el cardio era el eje de su preparación, y la musculación ocupaba un papel secundario, pero con cuatro décadas ya encima la ecuación se ha invertido por completo. «Ahora hago mucha más fuerza y gimnasio de lo que hacía antes, nos centramos más en la musculación. Hasta los 30 hacía mucho más cardio, y ahora a partir de los 40 se ha reducido todavía más», explica el asturiano en Men’s Health.. Mantener la masa muscular en cotas elevadas se ha convertido en su prioridad física, y el tiempo dedicado a las pesas ha crecido de forma notable en los últimos tres años. «Tengo que mantener la masa muscular en niveles altos, y ese ha sido un gran cambio en los últimos 3 años, el nivel de tiempo que me ocupan las pesas», señala. Hace dos años incorporó a un nutricionista a su equipo de trabajo, lo que elevó de forma significativa su ingesta de proteínas. «He introducido un nutricionista en el equipo desde hace años, y con él muchas más proteínas para ayudarme con los ejercicios», añade, y a eso ha sumado también una novedad reciente en su protocolo: «También he empezado con los suplementos».. Una mente sin desgaste. La evolución física cuenta una parte de la historia, pero Fernando Alonso insiste en que el mayor margen de mejora con los años es el mental. «Con la edad, más que mejorar como piloto, que siempre puedes estancarte salvo que haya un cambio de reglamento; o en un circuito, que ya conoces todo muy bien, hay poco margen de mejora», reconoce. Ahí es donde entra en juego la gestión de la energía. El bicampeón del mundo ha aprendido a no gastarla en lo accesorio. «Gasto menos energía en las cosas menos importantes, eso seguro», afirma, y lo resume en una filosofía tan sencilla como exigente: «Si tus baterías están cargadas de marzo a noviembre, intentar ahorrar con lo que no sirve». A eso añade una actitud diferente ante los contratiempos. «No de vuelta como tal, pero sí me importan menos las cosas, y me tomo con humor todo lo que va saliendo», cuenta Alonso, que a sus 41 años llega a cada cita con las reservas al máximo porque ha aprendido dónde no merece la pena gastarlas.. La motivación no se busca. Que la llama siga viva no le requiere esfuerzo. «La motivación es fácil. Soy una persona muy competitiva con cualquier cosa que hago», asegura. Esa competitividad no distingue entre un Gran Premio y una tarde de ocio. «Ahora me voy a jugar al tenis, me lo tomo como si fuese la final de Roland Garros. Odio perder», dice. Y ese mismo fuego arde en pista cuando pelea lejos de los primeros puestos. «Cuando me pongo el casco, aunque sea para luchar por el undécimo puesto, mi actitud y mi conducción van a ser siempre las mismas», subraya Alonso. Lo que sí rechaza es cualquier ritual de preparación psicológica formal. «A nivel de preparación, no he hecho nada nunca y no lo hago aún a estas alturas», admite, aunque aclara que tiene su propio sistema para llegar listo a la salida.. Meditación a su manera. El control previo a la carrera pasa por resolver cada duda con los ingenieros antes de ponerse el casco. «Me gusta tener todo bajo control, eso sí, sé que soy un poco repetitivo con los ingenieros, estrategia… Si hay algo que no tengo totalmente claro me produce un poco de estrés a la hora de ponerme el casco y correr», reconoce. Volver a la sala de briefing las veces que haga falta es su forma de llegar tranquilo. «Ahí tengo que volver a la sala y aclararlo todo una o tres veces, las que hagan falta. Ese es mi momento de meditación», explica. Y donde otros recurren a la música, él visualiza. «Otros escuchan música, yo visualizo la carrera antes de que pase para salir a ella como un robot, ejecutar un plan y que no quede nada al azar… Y eso me relaja», cuenta.. El calendario como rival. El mayor enemigo de la rutina no es la edad sino el calendario. Los desplazamientos continuos complican mantener una preparación física de calidad a lo largo de la temporada. «Solo hay que tener cuidado con los viajes, cada dos semanas corremos en una parte diferente del mundo, y es muy difícil», advierte Alonso. Por eso el parón invernal es el periodo en que la carga de trabajo se intensifica, y la temporada queda para el mantenimiento. «Una vez pasa el parón invernal, que se centra en la preparación física, luego ya solo queda ir a los gimnasios de los hoteles a hacer media hora al día, pero de mantenimiento. La base ya está hecha», explica. Entrenar, en su caso, no se vive como una obligación. «Más que nada disfrutar de lo que hago, me gusta el deporte en general, para mí no es un sacrificio entrenar», dice. En cuanto a la dieta, los dulces son su única debilidad confesa, aunque en las semanas de mayor carga invernal la restricción llega al límite. «En invierno, con la carga fuerte, hay semanas que no me dejan probar el azúcar, incluso la de la fruta. Pero cuando pasan esas semanas más duras, algo me permito», concluye.
El piloto español de F1 es uno de los mitos de la competición. Lejos de plantearse su fin, sigue entrenando tanto como el primer día, aunque de otra manera
Fernando Alonso no tiene fin. Los años no pesan para él como para el resto de los mortales y no se pone fecha para su adiós a la F1. Tiene una genética privilegiada y también una dedicación más que profesional a cuidarse.. El cuerpo cambia y él ha cambiado con él. A los 20 años el cardio era el eje de su preparación, y la musculación ocupaba un papel secundario, pero con cuatro décadas ya encima la ecuación se ha invertido por completo. «Ahora hago mucha más fuerza y gimnasio de lo que hacía antes, nos centramos más en la musculación. Hasta los 30 hacía mucho más cardio, y ahora a partir de los 40 se ha reducido todavía más», explica el asturiano en Men’s Health.. Mantener la masa muscular en cotas elevadas se ha convertido en su prioridad física, y el tiempo dedicado a las pesas ha crecido de forma notable en los últimos tres años. «Tengo que mantener la masa muscular en niveles altos, y ese ha sido un gran cambio en los últimos 3 años, el nivel de tiempo que me ocupan las pesas», señala. Hace dos años incorporó a un nutricionista a su equipo de trabajo, lo que elevó de forma significativa su ingesta de proteínas. «He introducido un nutricionista en el equipo desde hace años, y con él muchas más proteínas para ayudarme con los ejercicios», añade, y a eso ha sumado también una novedad reciente en su protocolo: «También he empezado con los suplementos».. Una mente sin desgaste. La evolución física cuenta una parte de la historia, pero Fernando Alonso insiste en que el mayor margen de mejora con los años es el mental. «Con la edad, más que mejorar como piloto, que siempre puedes estancarte salvo que haya un cambio de reglamento; o en un circuito, que ya conoces todo muy bien, hay poco margen de mejora», reconoce. Ahí es donde entra en juego la gestión de la energía. El bicampeón del mundo ha aprendido a no gastarla en lo accesorio. «Gasto menos energía en las cosas menos importantes, eso seguro», afirma, y lo resume en una filosofía tan sencilla como exigente: «Si tus baterías están cargadas de marzo a noviembre, intentar ahorrar con lo que no sirve». A eso añade una actitud diferente ante los contratiempos. «No de vuelta como tal, pero sí me importan menos las cosas, y me tomo con humor todo lo que va saliendo», cuenta Alonso, que a sus 41 años llega a cada cita con las reservas al máximo porque ha aprendido dónde no merece la pena gastarlas.. La motivación no se busca. Que la llama siga viva no le requiere esfuerzo. «La motivación es fácil. Soy una persona muy competitiva con cualquier cosa que hago», asegura. Esa competitividad no distingue entre un Gran Premio y una tarde de ocio. «Ahora me voy a jugar al tenis, me lo tomo como si fuese la final de Roland Garros. Odio perder», dice. Y ese mismo fuego arde en pista cuando pelea lejos de los primeros puestos. «Cuando me pongo el casco, aunque sea para luchar por el undécimo puesto, mi actitud y mi conducción van a ser siempre las mismas», subraya Alonso. Lo que sí rechaza es cualquier ritual de preparación psicológica formal. «A nivel de preparación, no he hecho nada nunca y no lo hago aún a estas alturas», admite, aunque aclara que tiene su propio sistema para llegar listo a la salida.. Meditación a su manera. El control previo a la carrera pasa por resolver cada duda con los ingenieros antes de ponerse el casco. «Me gusta tener todo bajo control, eso sí, sé que soy un poco repetitivo con los ingenieros, estrategia… Si hay algo que no tengo totalmente claro me produce un poco de estrés a la hora de ponerme el casco y correr», reconoce. Volver a la sala de briefing las veces que haga falta es su forma de llegar tranquilo. «Ahí tengo que volver a la sala y aclararlo todo una o tres veces, las que hagan falta. Ese es mi momento de meditación», explica. Y donde otros recurren a la música, él visualiza. «Otros escuchan música, yo visualizo la carrera antes de que pase para salir a ella como un robot, ejecutar un plan y que no quede nada al azar… Y eso me relaja», cuenta.. El calendario como rival. El mayor enemigo de la rutina no es la edad sino el calendario. Los desplazamientos continuos complican mantener una preparación física de calidad a lo largo de la temporada. «Solo hay que tener cuidado con los viajes, cada dos semanas corremos en una parte diferente del mundo, y es muy difícil», advierte Alonso. Por eso el parón invernal es el periodo en que la carga de trabajo se intensifica, y la temporada queda para el mantenimiento. «Una vez pasa el parón invernal, que se centra en la preparación física, luego ya solo queda ir a los gimnasios de los hoteles a hacer media hora al día, pero de mantenimiento. La base ya está hecha», explica. Entrenar, en su caso, no se vive como una obligación. «Más que nada disfrutar de lo que hago, me gusta el deporte en general, para mí no es un sacrificio entrenar», dice. En cuanto a la dieta, los dulces son su única debilidad confesa, aunque en las semanas de mayor carga invernal la restricción llega al límite. «En invierno, con la carga fuerte, hay semanas que no me dejan probar el azúcar, incluso la de la fruta. Pero cuando pasan esas semanas más duras, algo me permito», concluye.
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