Un festival como el Grec tiene todo el sentido del mundo cuando nos regala propuestas que serían imposibles de ver en otras circunstancias. Ya sea traer desde Berlín el carísimo Ophelia’s got talent de Florentina Holzinger, o producir un montaje con doce intérpretes en el diminuto Heartbreak Hotel. En su breve historia, Glengarry Glen Ross había sido hasta el momento lo más grande que habíamos visto en esta sala. Ahora se acaba de doblar la apuesta: en Factory (Somni d’una nit d’estiu) aparecen doce intérpretes en escena. Àlex Rigola junta la comedia veraniega de William Shakespeare con el mundo de Andy Warhol y The Factory, el estudio que se convirtió en el símbolo de toda una época. Los asistentes del artista producían serigrafías sin parar, Warhol tomaba instantáneas con su Polaroid, Paul Morrissey filmaba durante horas al bellísimo Joe Dallessandro y la Velvet Underground pululaba por ahí. La cosa, obviamente, duró poco y se idealizó rápidamente. Seguir leyendo
Un festival como el Grec tiene todo el sentido del mundo cuando nos regala propuestas que serían imposibles de ver en otras circunstancias. Ya sea traer desde Berlín el carísimo Ophelia’s got talent de Florentina Holzinger, o producir un montaje con doce intérpretes en el diminuto Heartbreak Hotel. En su breve historia, Glengarry Glen Ross había sido hasta el momento lo más grande que habíamos visto en esta sala. Ahora se acaba de doblar la apuesta: en Factory (Somni d’una nit d’estiu) aparecen doce intérpretes en escena. Àlex Rigola junta la comedia veraniega de William Shakespeare con el mundo de Andy Warhol y The Factory, el estudio que se convirtió en el símbolo de toda una época. Los asistentes del artista producían serigrafías sin parar, Warhol tomaba instantáneas con su Polaroid, Paul Morrissey filmaba durante horas al bellísimo Joe Dallessandro y la Velvet Underground pululaba por ahí. La cosa, obviamente, duró poco y se idealizó rápidamente. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Àlex Rigola junta la comedia veraniega de William Shakespeare con el mundo del estudio The Factory. Pese a la extrañeza del invento, la cosa funciona, y mucho

Un festival como el Grec tiene todo el sentido del mundo cuando nos regala propuestas que serían imposibles de ver en otras circunstancias. Ya sea traer desde Berlín el carísimo Ophelia’s got talent de Florentina Holzinger, o producir un montaje con doce intérpretes en el diminuto Heartbreak Hotel. En su breve historia, Glengarry Glen Ross había sido hasta el momento lo más grande que habíamos visto en esta sala. Ahora se acaba de doblar la apuesta: en Factory (Somni d’una nit d’estiu) aparecen doce intérpretes en escena. Àlex Rigola junta la comedia veraniega de William Shakespeare con el mundo de Andy Warhol y The Factory, el estudio que se convirtió en el símbolo de toda una época. Los asistentes del artista producían serigrafías sin parar, Warhol tomaba instantáneas con su Polaroid, Paul Morrissey filmaba durante horas al bellísimo Joe Dallessandro y la Velvet Underground pululaba por ahí. La cosa, obviamente, duró poco y se idealizó rápidamente.
Rigola ha tenido la feliz idea de situar el bosque de El sueño de una noche de verano en la Factory, y convertir a los cuatro amantes atenienses en personajes de la tercera edad. Los cuatro están espléndidos: Muntsa Alcañiz, Oriol Genís, Francesca Piñón y Toni Sevilla, en bata y pantuflas, aparecen en este lugar lisérgico poblado por artistas, las hadas del siglo XX. La mirada alucinada de Alcañiz o la sonrisa diabólica de Piñón ya merecen una visita al Heartbreak Hotel. Entre los habitantes de la Factory, reina Lluís Villanueva como Andy Warhol, líder espiritual, marica mala y mago prestidigitador (con guante blanco) de una comunidad de poetas hedonistas. Elisabet Casanovas seduce con su mirada y su ukulele, en el doble papel de la modelo Edie Sedgwick y Flor de Guisante, mientras que David Menéndez “Boye” performa de maravilla al fotógrafo, poeta y rock star Gerard Malanga y a Puck, el duende psicodélico con casco de bola de discoteca.
La Velvet Underground es retratada como un grupo de adorables mocetones yanquis que no vocalizan, destacando Roger Julià y Jordi Rico, este último fantástico como John Cale e hilarante en el papel de Píramo convertido en asno. Entre la banda, sabe un poco mal lo desaprovechados que están Nil Cardoner (Moe Tucker) y Jordi Oriol (Lou Reed), como si el director y adaptador no hubiera sabido qué hacer con estos dos personajes. Pese a la extrañeza del invento, la cosa funciona, y mucho: cuando los cuatro amantes filosofan sobre el amor (traducción al catalán de Salvador Oliva) sus frases tienen mucho más peso. Àlex Rigola combina los mejores hallazgos de su carrera (muchas gracias por hacer rimar “Alcañiz” con “Genís”) en una propuesta pequeña con reparto de gran producción. Y todo ello en una sala pintada de color plata y salpicada de Coca-Colas, latas de sopa Campbell’s y cajas de detergente Brillo (espacio escénico y vestuario de Patricia Albizu y Alejandra Lorenzo). Por sus características excepcionales, este montaje ni se prorrogará ni girará. O sea que, si tienen entradas, se pueden considerar muy afortunados.
Texto: William Shakespeare. Adaptación, dirección y diseño de luces: Àlex Rigola
Traducción: Salvador Oliva.
Reparto: Muntsa Alcañiz, Nil Cardoner, Elisabet Casanovas, Biel Duran, Oriol Genís, Roger Julià, David Menéndez ‘Boye’, Jordi Oriol, Xesca Piñon, Jordi Rico, Toni Sevilla y Lluís Villanueva.
Heartbreak Hotel. Barcelona. Hasta el 31 de julio
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