Hay presentadores que ganan en programas grabados, pues la edición posterior tapa su divagaciones. Otros, en cambio, crecen en la imprevisibilidad del directo. Son los que demuestran la gracia de su espontaneidad cuando no queda otra que tirar para delante sin poder repetir toma. O que nadie te diga que debes repetirlo de otra manera, que es esa es otra.. Eva González es un buen ejemplo de comunicadora que conquista mejor la complicidad de la audiencia durante los directos de La Voz. Si el caos asoma, saca un carácter. Porque Eva ni cuando fue miss transmitió el canon de las que quieren ser princesas.. Ella no necesita tacón para destacar. Ella incluso desprende un temperamento que se viene arriba televisivamente en ese instante en el que todo parece que se va de la mano. Porque hay maestros de ceremonias que cuánto menos maquillaje llevan, mejor lo hacen. Saben el guion que deben cumplir. Lo tienen estudiado. Pero, a la vez, ordenan las ideas del programa desde la naturalidad cotidiana que desmonta los artificios que nos han ido alejando de la tele. Sucede en la propia La Voz, con unos coaches que transmiten tanta frase hecha impostada que ya no trascienden como en los tiempos de David Bisbal o Alejandro Sanz. El público intiyen que están para promocionarse a sí mismos que por la alegría de jugar y la admiración de implicarse realmente con el porvenir de los concursantes.. La audiencia conecta con los presentadores a los que la cámara cala su sentimiento en en cada momento. Lo estén disfrutando, o tengan un mal día. Son los que sentimos más nuestros. Porque los vemos como nosotros, con la dificultad añadida de lo complicado que es ser auténtico en un plató, donde el conductor se debe a una disparidad de factores: un tiempo muy marcado, un texto a rematar con precisión, unas cámaras que no puedes perder de vista, unas posiciones de luces que respetar, unas instrucciones a las que estar atento y, encima, por si fuera poco, saber escuchar a tu alrededor para enriquecer lo que pasa con la ingenuidad que no estaba prevista.. Solo unos pocos comunicadores logran que parezca fácil tal maraña de vicisitudes. Eva González, al encenderse el piloto rojo en un pletórico directo, demuestra que no es solo una lectora de guion. Entonces, su actitud ante la vida sale, la misma que saca en las entrevistas que afronta con humor, la misma que saca cuando contestó a cierta provocación de María José Suarez, la misma que, a veces, los programas enlatados no permiten que veamos con guiones tan encajonados en un molde de expectativas.. Así, en los directos de La Voz, el carácter de Eva González nos anuncia todo lo que es. Incluso todo lo que puede ser. Hasta cuando ella no le toca ser la protagonista.
La dificultad añadida de un programa en riguroso directo.
20MINUTOS.ES – Televisión
Hay presentadores que ganan en programas grabados, pues la edición posterior tapa su divagaciones. Otros, en cambio, crecen en la imprevisibilidad del directo. Son los que demuestran la gracia de su espontaneidad cuando no queda otra que tirar para delante sin poder repetir toma. O que nadie te diga que debes repetirlo de otra manera, que es esa es otra.. Eva González es un buen ejemplo de comunicadora que conquista mejor la complicidad de la audiencia durante los directos de La Voz. Si el caos asoma, saca un carácter. Porque Eva ni cuando fue miss transmitió el canon de las que quieren ser princesas.. Ella no necesita tacón para destacar. Ella incluso desprende un temperamento que se viene arriba televisivamente en ese instante en el que todo parece que se va de la mano. Porque hay maestros de ceremonias que cuánto menos maquillaje llevan, mejor lo hacen. Saben el guion que deben cumplir. Lo tienen estudiado. Pero, a la vez, ordenan las ideas del programa desde la naturalidad cotidiana que desmonta los artificios que nos han ido alejando de la tele. Sucede en la propia La Voz, con unos coaches que transmiten tanta frase hecha impostada que ya no trascienden como en los tiempos de David Bisbal o Alejandro Sanz. El público intiyen que están para promocionarse a sí mismos que por la alegría de jugar y la admiración de implicarse realmente con el porvenir de los concursantes.. La audiencia conecta con los presentadores a los que la cámara cala su sentimiento en en cada momento. Lo estén disfrutando, o tengan un mal día. Son los que sentimos más nuestros. Porque los vemos como nosotros, con la dificultad añadida de lo complicado que es ser auténtico en un plató, donde el conductor se debe a una disparidad de factores: un tiempo muy marcado, un texto a rematar con precisión, unas cámaras que no puedes perder de vista, unas posiciones de luces que respetar, unas instrucciones a las que estar atento y, encima, por si fuera poco, saber escuchar a tu alrededor para enriquecer lo que pasa con la ingenuidad que no estaba prevista.. Solo unos pocos comunicadores logran que parezca fácil tal maraña de vicisitudes. Eva González, al encenderse el piloto rojo en un pletórico directo, demuestra que no es solo una lectora de guion. Entonces, su actitud ante la vida sale, la misma que saca en las entrevistas que afronta con humor, la misma que saca cuando contestó a cierta provocación de María José Suarez, la misma que, a veces, los programas enlatados no permiten que veamos con guiones tan encajonados en un molde de expectativas.. Así, en los directos de La Voz, el carácter de Eva González nos anuncia todo lo que es. Incluso todo lo que puede ser. Hasta cuando ella no le toca ser la protagonista.
