La muestra, que incluye piezas inéditas, se instala en la Fábria Nacional de Moneda y Timbre hasta el 12 de abril
Esther Ferrer (San Sebastián, 1937) es capaz de imaginarse lo infinito. Dijo en una entrevista que piensa en él como «un espacio sin tiempo», y lo materializa en una de sus instalaciones más complejas: «Pi», obra cuyo punto de partida reside en la expansión infinita de los decimales del número. Esta es una de las varias obras que componen una muestra galardonada con el Premio Tomás Francisco Prieto 2024, y que acoge la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre – Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM) hasta el 12 de abril. Se trata de «Esther Ferrer. Pliegue y Proceso», exposición comisariada por Beatriz Martínez Hijazo.. Si bien se trata de una propuesta retrospectiva, pues acoge trabajos de Ferrer fechados entre 1970 hasta la actualidad, el recorrido es abierto y no cronológico. El objetivo es el de poner en valor y en relieve su trabajo interdisciplinar, que abarca la performance, la instalación, la pintura, la escultura, la fotografía o la obra conceptual. Para ello, se incluyen no sólo obras icónicas de la artista vasca, sino también piezas inéditas: tres instalaciones han sido concebidas especialmente para esta muestra. Es el caso de «Poema de los números primos», un suelo de vinilo ubicado en la entrada que refleja la inclinación de la creadora por desbordar los soportes tradicionales, así como «La otra caída», realizada con monedas para la célebre exposición «Fuera de formato» (1983) y perdida tras ella, que se recrea aquí por primera vez.. Una de las novedades, asimismo, que propone esta exposición es la exploración del proceso, entendido como continuidad en series aún en desarrollo, como principio central de la práctica de Ferrer. Su método de trabajo se basa en maqutas, bocetos y partituras, reflejando también su condición inseparable de la performance, donde la acción y el cuerpo constituyen una extensión de su práctica plástica. «El proceso es tan importante como la obra», explica la artista, y éste se refleja a través de diversas prácticas que se entrelazan sin perder su autonomía, generando un «pliegue» de relaciones internas».
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Esther Ferrer (San Sebastián, 1937) es capaz de imaginarse lo infinito. Dijo en una entrevista que piensa en él como «un espacio sin tiempo», y lo materializa en una de sus instalaciones más complejas: «Pi», obra cuyo punto de partida reside en la expansión infinita de los decimales del número. Esta es una de las varias obras que componen una muestra galardonada con el Premio Tomás Francisco Prieto 2024, y que acoge la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre – Real Casa de la Moneda (FNMT-RCM) hasta el 12 de abril. Se trata de «Esther Ferrer. Pliegue y Proceso», exposición comisariada por Beatriz Martínez Hijazo.. Si bien se trata de una propuesta retrospectiva, pues acoge trabajos de Ferrer fechados entre 1970 hasta la actualidad, el recorrido es abierto y no cronológico. El objetivo es el de poner en valor y en relieve su trabajo interdisciplinar, que abarca la performance, la instalación, la pintura, la escultura, la fotografía o la obra conceptual. Para ello, se incluyen no sólo obras icónicas de la artista vasca, sino también piezas inéditas: tres instalaciones han sido concebidas especialmente para esta muestra. Es el caso de «Poema de los números primos», un suelo de vinilo ubicado en la entrada que refleja la inclinación de la creadora por desbordar los soportes tradicionales, así como «La otra caída», realizada con monedas para la célebre exposición «Fuera de formato» (1983) y perdida tras ella, que se recrea aquí por primera vez.. Una de las novedades, asimismo, que propone esta exposición es la exploración del proceso, entendido como continuidad en series aún en desarrollo, como principio central de la práctica de Ferrer. Su método de trabajo se basa en maqutas, bocetos y partituras, reflejando también su condición inseparable de la performance, donde la acción y el cuerpo constituyen una extensión de su práctica plástica. «El proceso es tan importante como la obra», explica la artista, y éste se refleja a través de diversas prácticas que se entrelazan sin perder su autonomía, generando un «pliegue» de relaciones internas».
