Viajar por Cataluña supone descubrir lugares o monumentos de una enorme belleza. La riqueza patrimonial que atesora la comunidad la convierte en un destino único para cualquier visitante, gracias a su patrimonio cultural, gastronómico e histórico.. En la comarca del Alt Empordà, en Girona, se encuentra uno de los lugares preferidos para los catalanes. Se trata del conjunto megalítico del municipio de Roses, formado por dólmenes y menhires, repartidos entre las montañas del cabo de Creus, que constituyen uno de los itinerarios megalíticos mejor conservados de la Costa Brava y de la autonomía.. Estas estructuras se vinculan con los seres humanos prehistóricos que vivían en los períodos del Neolítico y el Calcolítico.. La ruta parte desde el propio municipio de Roses y tiene como primera parada el dolmen de la Creu d’en Cobertella, que data entre los años 3.000 a. C. y 2.700 a. C. Ubicado en el paraje de la Casa Cremada, es el más grande de Cataluña y fue declarado monumento histórico-artístico en marzo de 1964.. Además, dispone de siete bloques de piedra colocados verticalmente y de una losa de más de dieciocho toneladas como tejado. Se restauró en 1957, lo que derivó en que la excavación arqueológica permitiera descubrir restos de cerámica, monedas romanas y restos óseos.. El siguiente dolmen a visitar es el del Llit de la Generala. Tiene entre 5.500 y 5.000 años de antigüedad y se caracteriza por estar construido sobre un terreno con una gran pendiente. Esto supuso la construcción de un muro de contención, desmontado en el año 2021, a raíz de una excavación que permitió recuperar el 80% del monumento y su restauración integral.. A continuación, le sigue el Dolmen del Cap de l’Home —de cámara trapezoidal corta— y la cueva-dolmen del Rec de la Cuana. Esta última aprovecha una cavidad natural de la roca para darle un uso funerario hasta épocas posteriores al neolítico y como curiosidad fue descubierta por Esteve Martínez y la familia Pàramo durante una excursión el año 1999.. El itinerario finaliza en los menhires de la Casa Cremada que datan del cuarto o tercer milenio a. C. y cuenta con una impresionante estela megalítica con una altura de más de dos metros. Una estructura que conforma una ruta para descubrir en la actualidad cómo vivían nuestros antepasados en tierras catalanas.
La comarca tiene uno de los monumentos prehistóricos más grandes de la comunidad
Viajar por Cataluña supone descubrir lugares o monumentos de una enorme belleza. La riqueza patrimonial que atesora la comunidad la convierte en un destino único para cualquier visitante, gracias a su patrimonio cultural, gastronómico e histórico.. En la comarca del Alt Empordà, en Girona, se encuentra uno de los lugares preferidos para los catalanes. Se trata del conjunto megalítico del municipio de Roses, formado por dólmenes y menhires, repartidos entre las montañas del cabo de Creus, que constituyen uno de los itinerarios megalíticos mejor conservados de la Costa Brava y de la autonomía.. Estas estructuras se vinculan con los seres humanos prehistóricos que vivían en los períodos del Neolítico y el Calcolítico.. La ruta parte desde el propio municipio de Roses y tiene como primera parada el dolmen de la Creu d’en Cobertella, que data entre los años 3.000 a. C. y 2.700 a. C. Ubicado en el paraje de la Casa Cremada, es el más grande de Cataluña y fue declarado monumento histórico-artístico en marzo de 1964.. Además, dispone de siete bloques de piedra colocados verticalmente y de una losa de más de dieciocho toneladas como tejado. Se restauró en 1957, lo que derivó en que la excavación arqueológica permitiera descubrir restos de cerámica, monedas romanas y restos óseos.. El siguiente dolmen a visitar es el del Llit de la Generala. Tiene entre 5.500 y 5.000 años de antigüedad y se caracteriza por estar construido sobre un terreno con una gran pendiente. Esto supuso la construcción de un muro de contención, desmontado en el año 2021, a raíz de una excavación que permitió recuperar el 80% del monumento y su restauración integral.. A continuación, le sigue el Dolmen del Cap de l’Home —de cámara trapezoidal corta— y la cueva-dolmen del Rec de la Cuana. Esta última aprovecha una cavidad natural de la roca para darle un uso funerario hasta épocas posteriores al neolítico y como curiosidad fue descubierta por Esteve Martínez y la familia Pàramo durante una excursión el año 1999.. El itinerario finaliza en los menhires de la Casa Cremada que datan del cuarto o tercer milenio a. C. y cuenta con una impresionante estela megalítica con una altura de más de dos metros. Una estructura que conforma una ruta para descubrir en la actualidad cómo vivían nuestros antepasados en tierras catalanas.
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