A veces, aparecen lugares que no necesitan de grandes campañas turísticas para conquistar al viajero. Basta con perderse en ellos una vez para entender por qué siempre invitan a volver. Eso es exactamente lo que ocurre con Vilanova dos Infantes, una diminuta joya medieval; un pedacito de tierra en el corazón de Ourense que en mayo vive su momento más especial.. Apenas visible desde la carretera tras una frondosa carballeira, este núcleo histórico aúna siglos de historia con leyendas fascinantes y una de las celebraciones más singulares de Galicia. Un destino perfecto para quienes buscan algo más que una escapada: el alma de las cosas.. A fin de cuentas, Vilanova dos Infantes no es un decorado, es un espacio vivo que ha sabido conservar su esencia. Sus calles empedradas, plazas recogidas y casas de piedra conforman un conjunto urbano prácticamente intacto, donde cada rincón respira pasado.. El origen de la villa se remonta a la Alta Edad Media, ligado al antiguo monasterio de Santa María, fundado en el siglo X por Ilduara, madre de San Rosendo. Este cenobio fue clave en el desarrollo del lugar y en su vinculación con la nobleza y el poder eclesiástico de la época.. Pero si hay un símbolo que define el perfil de Vilanova es su imponente torre del homenaje, el único vestigio del antiguo castillo medieval que protegía la villa. Levantada entre los siglos XII y XIII, fue escenario de conflictos históricos, pasó por manos nobles y sobrevivió incluso al paso de las revueltas irmandiñas.. Hoy, restaurada y convertida en espacio expositivo, sigue vigilando el pueblo como lo hizo hace siglos.. La magia de mayo. Si hay un momento ideal para visitar este enclave, es sin duda el mes de mayo. Cada día 17, coincidiendo con el Día das Letras Galegas, Vilanova dos Infantes celebra la Romería Etnográfica Raigame, una cita que transforma completamente la localidad.. Durante esa jornada, el pueblo entero se convierte en una recreación viva de la Galicia de principios del siglo XX. Más de 80 artesanos ocupan calles y plazas mostrando oficios tradicionales: desde la forja de herramientas hasta el tejido de telas o la elaboración de piezas de madera.. El visitante no solo observa, sino que participa. Puede aprender, tocar, probar… y, sobre todo, saborear. Porque la gastronomía es otra protagonista indiscutible: pulpo, carne ao caldeiro, empanadas, filloas y dulces tradicionales invaden el aire con sus aromas.. A todo ello se suma la música y el baile tradicional, con decenas de agrupaciones actuando en plazas como la Praza Maior o la de O Balcón, mientras juegos populares y espectáculos callejeros completan una experiencia difícil de olvidar.. Entre leyendas, misterio y tradición. Más allá de su patrimonio y sus fiestas, Vilanova dos Infantes también es un lugar marcado por las leyendas. Una de las más conocidas da origen incluso a su nombre: la historia de siete hermanas, o infantas, que habrían habitado la villa en tiempos remotos.. Otra de las historias más sorprendentes gira en torno a la Virxe do Cristal, una diminuta figura hallada, según la tradición, dentro de una pieza de cristal macizo y a la que se atribuyeron poderes milagrosos.. El santuario dedicado a esta virgen, situado a las afueras, es hoy un lugar de peregrinación… y también de memoria. En 2015, el robo de la talla y el asesinato del párroco que la custodiaba marcaron a la comunidad, en un suceso que aún hoy permanece sin resolver.. Para perderse… y volver. Vilanova dos Infantes no es solo un destino para una visita rápida. Es un lugar para caminar sin rumbo, descubrir hórreos centenarios, asomarse a sus plazas, explorar rincones como la enigmática cueva de San Vivián, posible antiguo eremitorio, o visitar su iglesia barroca, que conserva uno de los cristos medievales más valiosos de la provincia.. Además, su entorno invita a completar la escapada con visitas cercanas como Celanova o el yacimiento castreño de Castromao, que amplían la experiencia con más historia y paisaje.. Quizá por su tamaño, o por su discreta ubicación, Vilanova dos Infantes sigue siendo uno de esos lugares que todavía escapan de las multitudes. Y ahí reside gran parte de su encanto.. Porque hay destinos que se visitan, y otros que se sienten. Y este pequeño pueblo ourensano, con su mezcla de historia y tradición, pertenece sin duda a los segundos.
Su relato transcurre entre historia medieval, leyendas y una de las fiestas tradicionales más sorprendentes del año
A veces, aparecen lugares que no necesitan de grandes campañas turísticas para conquistar al viajero. Basta con perderse en ellos una vez para entender por qué siempre invitan a volver. Eso es exactamente lo que ocurre con Vilanova dos Infantes, una diminuta joya medieval; un pedacito de tierra en el corazón de Ourense que en mayo vive su momento más especial.. Apenas visible desde la carretera tras una frondosa carballeira, este núcleo histórico aúna siglos de historia con leyendas fascinantes y una de las celebraciones más singulares de Galicia. Un destino perfecto para quienes buscan algo más que una escapada: el alma de las cosas.. A fin de cuentas, Vilanova dos Infantes no es un decorado, es un espacio vivo que ha sabido conservar su esencia. Sus calles empedradas, plazas recogidas y casas de piedra conforman un conjunto urbano prácticamente intacto, donde cada rincón respira pasado.. El origen de la villa se remonta a la Alta Edad Media, ligado al antiguo monasterio de Santa María, fundado en el siglo X por Ilduara, madre de San Rosendo. Este cenobio fue clave en el desarrollo del lugar y en su vinculación con la nobleza y el poder eclesiástico de la época.. Pero si hay un símbolo que define el perfil de Vilanova es su imponente torre del homenaje, el único vestigio del antiguo castillo medieval que protegía la villa. Levantada entre los siglos XII y XIII, fue escenario de conflictos históricos, pasó por manos nobles y sobrevivió incluso al paso de las revueltas irmandiñas.. Hoy, restaurada y convertida en espacio expositivo, sigue vigilando el pueblo como lo hizo hace siglos.. La magia de mayo. Si hay un momento ideal para visitar este enclave, es sin duda el mes de mayo. Cada día 17, coincidiendo con el Día das Letras Galegas, Vilanova dos Infantes celebra la Romería Etnográfica Raigame, una cita que transforma completamente la localidad.. Durante esa jornada, el pueblo entero se convierte en una recreación viva de la Galicia de principios del siglo XX. Más de 80 artesanos ocupan calles y plazas mostrando oficios tradicionales: desde la forja de herramientas hasta el tejido de telas o la elaboración de piezas de madera.. El visitante no solo observa, sino que participa. Puede aprender, tocar, probar… y, sobre todo, saborear. Porque la gastronomía es otra protagonista indiscutible: pulpo, carne ao caldeiro, empanadas, filloas y dulces tradicionales invaden el aire con sus aromas.. A todo ello se suma la música y el baile tradicional, con decenas de agrupaciones actuando en plazas como la Praza Maior o la de O Balcón, mientras juegos populares y espectáculos callejeros completan una experiencia difícil de olvidar.. Entre leyendas, misterio y tradición. Más allá de su patrimonio y sus fiestas, Vilanova dos Infantes también es un lugar marcado por las leyendas. Una de las más conocidas da origen incluso a su nombre: la historia de siete hermanas, o infantas, que habrían habitado la villa en tiempos remotos.. Otra de las historias más sorprendentes gira en torno a la Virxe do Cristal, una diminuta figura hallada, según la tradición, dentro de una pieza de cristal macizo y a la que se atribuyeron poderes milagrosos.. El santuario dedicado a esta virgen, situado a las afueras, es hoy un lugar de peregrinación… y también de memoria. En 2015, el robo de la talla y el asesinato del párroco que la custodiaba marcaron a la comunidad, en un suceso que aún hoy permanece sin resolver.. Para perderse… y volver. Vilanova dos Infantes no es solo un destino para una visita rápida. Es un lugar para caminar sin rumbo, descubrir hórreos centenarios, asomarse a sus plazas, explorar rincones como la enigmática cueva de San Vivián, posible antiguo eremitorio, o visitar su iglesia barroca, que conserva uno de los cristos medievales más valiosos de la provincia.. Además, su entorno invita a completar la escapada con visitas cercanas como Celanova o el yacimiento castreño de Castromao, que amplían la experiencia con más historia y paisaje.. Quizá por su tamaño, o por su discreta ubicación, Vilanova dos Infantes sigue siendo uno de esos lugares que todavía escapan de las multitudes. Y ahí reside gran parte de su encanto.. Porque hay destinos que se visitan, y otros que se sienten. Y este pequeño pueblo ourensano, con su mezcla de historia y tradición, pertenece sin duda a los segundos.
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