Cada segundo se venden alrededor de 75 hamburguesas de una sola de las cadenas más conocidas en todo el mundo. Eso equivale a más de 2.300 millones al año solo en esa cadena. Si sumamos el resto de restaurantes, cadenas de comida rápida y hamburgueserías artesanales, el número asciende a decenas de miles de millones de hamburguesas consumidas cada año. De hecho, se habla de 200.000 por minuto. Lo que está claro es que pocas recetas han conquistado el planeta con semejante éxito.. Su origen, sin embargo, sigue siendo motivo de discusión. Aunque la carne picada al estilo de Hamburgo ya era conocida en Alemania durante el siglo XIX, fueron los inmigrantes quienes llevaron la idea a Estados Unidos. Allí alguien tuvo una ocurrencia tan sencilla como revolucionaria: colocar aquel filete entre dos panes para poder comerlo con la mano. Había nacido uno de los iconos gastronómicos del siglo XX. Pero existe un problema. ¿Qué hace que una hamburguesa sea perfecta?. Para algunos la respuesta está en el queso fundido. Otros apuestan por el equilibrio entre carne y grasa. Hay quienes prefieren una versión vegetariana, quienes buscan el menor impacto ambiental posible o quienes simplemente necesitan una comida rica en proteínas. España lleva 3 años ganando el premio a la mejor del planeta, pero para gustos color y diseñar una hamburguesa capaz de satisfacer todos esos criterios al mismo tiempo parece imposible. O quizá no.. Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford acaba de presentar BurgerAI, un sistema de inteligencia artificial capaz de diseñar hamburguesas completamente nuevas optimizando simultáneamente sabor, textura, valor nutricional y sostenibilidad. Pero el objetivo real del proyecto va mucho más allá de la cocina.. Los responsables del avance, liderados por Ellen Kuhl, estiman que existen aproximadamente 10⁴³ recetas posibles de hamburguesa. Es un uno seguido de cuarenta y tres ceros. Para hacerse una idea de esa magnitud, si por arte de birlibirloque, todos los habitantes del planeta ahora mismo, hubiéramos sido condenados a hacer una de estas hamburguesas desde el Big Bang (13.800 millones de años atrás), aún no habríamos completado ni un 0,01% del total de recetas. Y todo ello sin siquiera perder tiempo en probarlas. ¿La solución? Una IA.. “La mayoría de los sistemas actuales de inteligencia artificial aprenden a predecir lo que ya existe – señala Kuhl, profesora de Ingeniería Mecánica de Stanford y directora de Stanford Bio-X -. Nosotros queríamos que la IA inventara aquello que todavía no existe”. La diferencia parece sutil, pero cambia completamente el enfoque. En lugar de preguntar cuál es la hamburguesa más probable, BurgerAI intenta responder otra cuestión mucho más compleja: ¿qué receta ofrece el mejor equilibrio posible entre sabor, salud y sostenibilidad?. Para conseguirlo, el equipo de Kuhl entrenó a su sistema utilizando 2.216 recetas extraídas de Food.com. La IA aprendió qué ingredientes suelen combinarse, en qué cantidades aparecen y cómo influyen en el sabor o la textura. Después comenzó a crear recetas completamente nuevas, optimizadas según el perfil de cada persona: edad, sexo, actividad física e incluso objetivos medioambientales.. Pero Kuhl sabía que los algoritmos pueden parecer brillantes sobre el papel y fracasar estrepitosamente cuando llega el momento de comer. Así que decidieron llevar las hamburguesas a la vida real. Cinco recetas diseñadas por BurgerAI fueron preparadas profesionalmente y servidas durante una cata a ciegas en un restaurante de San Francisco, donde participaron más de cien comensales. El resultado sorprendió incluso a los propios científicos.. Dos de las hamburguesas creadas por la IA obtuvieron puntuaciones iguales o superiores a una popular hamburguesa de comida rápida en sabor, textura y aceptación general. La llamada Mushroom Burger reducía además el impacto ambiental en más de un orden de magnitud, mientras que la Bean Burger duplicaba aproximadamente la puntuación nutricional del modelo comercial utilizado como referencia. Estas conclusiones se han publicado en un artículo en Science.. “La inteligencia artificial no solo generó recetas plausibles – añade Kuhl -. Creó hamburguesas que realmente gustaron a las personas”. A primera vista, todo esto puede parecer un experimento simpático. Sin embargo, los responsables de este ensayo insisten en que la hamburguesa es simplemente una demostración.. “El alimento era un buen punto de partida porque con una sola flecha podíamos alcanzar dos objetivos: la salud del planeta y la salud de las personas”, confirma Vahidullah Tac, coautor del estudio.. El verdadero interés reside en las matemáticas que hay detrás y este es el eje del segundo estudio publicado por el equipo de Kuhl. Diseñar una hamburguesa implica encontrar el mejor equilibrio posible entre múltiples factores que a menudo entran en conflicto: sabor, coste, nutrición y sostenibilidad. Curiosamente, ese mismo tipo de problema aparece en muchos otros ámbitos científicos. Por ejemplo, un medicamento debe ser eficaz sin resultar tóxico. Un nuevo material debe ser resistente, ligero y barato y una proteína sintética debe cumplir simultáneamente numerosas condiciones estructurales.. Hasta ahora, buena parte de estos procesos dependían de años de ensayo y error. Kuhl cree que sistemas como BurgerAI podrían reducir enormemente ese espacio de búsqueda, proponiendo diseños completamente nuevos antes incluso de que se fabriquen por primera vez. En el fondo, el proyecto no intenta demostrar que una máquina puede crear una hamburguesa perfecta, sino que una IA puede convertirse en una herramienta capaz de diseñar soluciones inéditas para problemas extraordinariamente complejos.. “La hamburguesa es solo el principio – concluye Kuhl -. Vemos los alimentos como un sistema modelo para una visión mucho mayor: una inteligencia artificial que actúe como compañera en el descubrimiento científico y la ingeniería.»
Lo hizo tras analizar billones de recetas disponibles. Pero para sus responsables este es apenas un primer paso para diseñar sistemas que mejoren medicamentos, materiales y cosechas.
Cada segundo se venden alrededor de 75 hamburguesas de una sola de las cadenas más conocidas en todo el mundo. Eso equivale a más de 2.300 millones al año solo en esa cadena. Si sumamos el resto de restaurantes, cadenas de comida rápida y hamburgueserías artesanales, el número asciende a decenas de miles de millones de hamburguesas consumidas cada año. De hecho, se habla de 200.000 por minuto. Lo que está claro es que pocas recetas han conquistado el planeta con semejante éxito.. Su origen, sin embargo, sigue siendo motivo de discusión. Aunque la carne picada al estilo de Hamburgo ya era conocida en Alemania durante el siglo XIX, fueron los inmigrantes quienes llevaron la idea a Estados Unidos. Allí alguien tuvo una ocurrencia tan sencilla como revolucionaria: colocar aquel filete entre dos panes para poder comerlo con la mano. Había nacido uno de los iconos gastronómicos del siglo XX. Pero existe un problema. ¿Qué hace que una hamburguesa sea perfecta?. Para algunos la respuesta está en el queso fundido. Otros apuestan por el equilibrio entre carne y grasa. Hay quienes prefieren una versión vegetariana, quienes buscan el menor impacto ambiental posible o quienes simplemente necesitan una comida rica en proteínas. España lleva 3 años ganando el premio a la mejor del planeta, pero para gustos color y diseñar una hamburguesa capaz de satisfacer todos esos criterios al mismo tiempo parece imposible. O quizá no.. Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford acaba de presentar BurgerAI, un sistema de inteligencia artificial capaz de diseñar hamburguesas completamente nuevas optimizando simultáneamente sabor, textura, valor nutricional y sostenibilidad. Pero el objetivo real del proyecto va mucho más allá de la cocina.. Los responsables del avance, liderados por Ellen Kuhl, estiman que existen aproximadamente 10⁴³ recetas posibles de hamburguesa. Es un uno seguido de cuarenta y tres ceros. Para hacerse una idea de esa magnitud, si por arte de birlibirloque, todos los habitantes del planeta ahora mismo, hubiéramos sido condenados a hacer una de estas hamburguesas desde el Big Bang (13.800 millones de años atrás), aún no habríamos completado ni un 0,01% del total de recetas. Y todo ello sin siquiera perder tiempo en probarlas. ¿La solución? Una IA.. “La mayoría de los sistemas actuales de inteligencia artificial aprenden a predecir lo que ya existe – señala Kuhl, profesora de Ingeniería Mecánica de Stanford y directora de Stanford Bio-X -. Nosotros queríamos que la IA inventara aquello que todavía no existe”. La diferencia parece sutil, pero cambia completamente el enfoque. En lugar de preguntar cuál es la hamburguesa más probable, BurgerAI intenta responder otra cuestión mucho más compleja: ¿qué receta ofrece el mejor equilibrio posible entre sabor, salud y sostenibilidad?. Para conseguirlo, el equipo de Kuhl entrenó a su sistema utilizando 2.216 recetas extraídas de Food.com. La IA aprendió qué ingredientes suelen combinarse, en qué cantidades aparecen y cómo influyen en el sabor o la textura. Después comenzó a crear recetas completamente nuevas, optimizadas según el perfil de cada persona: edad, sexo, actividad física e incluso objetivos medioambientales.. Pero Kuhl sabía que los algoritmos pueden parecer brillantes sobre el papel y fracasar estrepitosamente cuando llega el momento de comer. Así que decidieron llevar las hamburguesas a la vida real. Cinco recetas diseñadas por BurgerAI fueron preparadas profesionalmente y servidas durante una cata a ciegas en un restaurante de San Francisco, donde participaron más de cien comensales. El resultado sorprendió incluso a los propios científicos.. Dos de las hamburguesas creadas por la IA obtuvieron puntuaciones iguales o superiores a una popular hamburguesa de comida rápida en sabor, textura y aceptación general. La llamada Mushroom Burger reducía además el impacto ambiental en más de un orden de magnitud, mientras que la Bean Burger duplicaba aproximadamente la puntuación nutricional del modelo comercial utilizado como referencia. Estas conclusiones se han publicado en un artículo en Science.. “La inteligencia artificial no solo generó recetas plausibles – añade Kuhl -. Creó hamburguesas que realmente gustaron a las personas”. A primera vista, todo esto puede parecer un experimento simpático. Sin embargo, los responsables de este ensayo insisten en que la hamburguesa es simplemente una demostración.. “El alimento era un buen punto de partida porque con una sola flecha podíamos alcanzar dos objetivos: la salud del planeta y la salud de las personas”, confirma Vahidullah Tac, coautor del estudio.. El verdadero interés reside en las matemáticas que hay detrás y este es el eje del segundo estudio publicado por el equipo de Kuhl. Diseñar una hamburguesa implica encontrar el mejor equilibrio posible entre múltiples factores que a menudo entran en conflicto: sabor, coste, nutrición y sostenibilidad. Curiosamente, ese mismo tipo de problema aparece en muchos otros ámbitos científicos. Por ejemplo, un medicamento debe ser eficaz sin resultar tóxico. Un nuevo material debe ser resistente, ligero y barato y una proteína sintética debe cumplir simultáneamente numerosas condiciones estructurales.. Hasta ahora, buena parte de estos procesos dependían de años de ensayo y error. Kuhl cree que sistemas como BurgerAI podrían reducir enormemente ese espacio de búsqueda, proponiendo diseños completamente nuevos antes incluso de que se fabriquen por primera vez. En el fondo, el proyecto no intenta demostrar que una máquina puede crear una hamburguesa perfecta, sino que una IA puede convertirse en una herramienta capaz de diseñar soluciones inéditas para problemas extraordinariamente complejos.. “La hamburguesa es solo el principio – concluye Kuhl -. Vemos los alimentos como un sistema modelo para una visión mucho mayor: una inteligencia artificial que actúe como compañera en el descubrimiento científico y la ingeniería.»
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