Castilla y León es tierra de vinos. De hecho, cuenta con hasta 17 figuras de calidad, entre Denominaciones de Origen Protegidas (DOP), Indiaciones Geográficas protegidas (IGP( Vinos de la Tierra o Vinos de Pago. La comunidad, además, tiene más de 80.000 hectáreas de viñedo plantadas, lo que representa un 8,5 por ciento del total de España, con 13.000 viticultores y más de 750 bodegas que emplean a cerca de 20.000 personas y que facturan más de1.000 millones de euros al año.. La viticultura es, además, una actividad clave en lo económico y social para el medio rural, ya que fija población y ayuda a combatir la despoblación y promover el desarrollo sostenible en las zonas se ubican las bodegas y los viñedos.. Pero, además, Castilla y León es una zona enoturística de bandera y cuenta con varias rutas del vino que atraen cada año a cientos de miles de personas ávidas de aprender cosas nuevas y antiguas de esta cultura ancestral, pero también deseosos de probar los grandes vinos que se elaboran y de disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.. Una de las zonas vitivinícolas más importantes del mundo, y que fue considerada en 2012 la mejor del planeta, es la Ribera del Duero, que engloba a las provincias de Valladolid, Burgos, Segovia y Soria, donde las bodegas se arropan a la vera del gran río que nos une con Portugal.. La Ribera del Duero, que se extiende en una franja de 115 kilómetros de este a oeste y 35 de norte a sur, es una comarca con más de 2.000 años de historia entorno al vino, a lo que hay que sumar una gastronomía potente con el cordero lechal asado en horno de leña como estrella, y un amplio patrimonio natural y cultural para hacer parada y fonda alguna vez en la vida, como por ejemplo ahora en Navidad, que ess un buen momento para desconectar del mundanal ruido y disfrutar de unos viñedos ya pelados t esperando a florecer de nuevo a partir de primavera, pero que ofrecen un paisaje espectacular también.. En estas líneas de LA RAZÓN queremos aconsejar para estos dás una escapada por los pueblos de la Ribera de Duero soriana, que no dejará indiferente a nadie que la haga. El oste de la provincia de Soria es un tierra de viñedos marcada por la geografía y la Historia, así en mayúsculas, donde se elaboran también grandes y muy buenos vinos que conviven con espectaculares monumentos que hacen de estae lugar gran destino para un día o para muchos.. Desde San Esteban de Gormaz, hasta Alcoba de la Torre o Alcubilla del marqués, pasando por Aldea de San Esteban, Atauta, Ines, Matanza de Soria, Olmillos, Pedraja de San Esteban, Peñalba de San Esteban o Quintanilla de Tres Barrios. En todos estos pequeños municipios, pero también en Rejas de San Esteban, Soto de San Esteban, Velilla de San Esteban , Villálvaro, Langa de Duero, Castillejo de Robledo, Miño de San Esteban y Alcubilla de Avellaneda, existe una tradición vitivinícola de muchos años, que se mantiene vigente hoy al amparo de la DO Ribera de Duero.. Quizás el pueblo más conocido de todos es San Esteban de Gormaz. Una villa con aroma medieval que se levanta a orillas del río Duero, reconocida también como la cuna del románico soriano con las iglesias de Nuestra Señora del Rivero, construida en el siglo XII que guarda en su interior la venerada Virgen del Rivero, patrona de la localidad; y la de San Miguel, joya románica por excelencia de San Esteban y el primer templo románico porticado de Castilla.. Un histórico municipio conocido por su castillo que cuenta con un pintoresco casco histórico acompañado de preciosos ejemplos de arquitectura tradicional tallada a lo largo de los siglos donde sobresalen también sus típicas bodegas. Pasear por sus calles y plazas es una delicia antes de coger fueras en alguno de sus asadores para dar cuenta de un lechazo al horno de leña, perfecto para acompañar con un buen vino de Ribera del Duero.. Otro lugar que no debe faltar en esta escapada por los pueblos sorianos del vino es Rejas de San Esteban, un pequeño municipio enclavado entre los cerros del Castillo y de la Loma, donde impacta su atmósfera medieval y que es conocido también por la belleza románica de sus dos iglesias dedicadas a San Martín y a San Ginés, magníficos ejemplos del románico porticado s. XI y XII. Ambos poseen una galería porticada de sumo interés.. Otra de las características de esta villa es su arquitectura popular, con casas típicas construidas en mampostería en la planta baja, y de adobe y madera en la segunda planta, característicos de la Ribera del Duero soriana y vinculados a formas de vida tradicional. También podemos encontrar construcciones relacionadas con el vino, como lagares y bodegas subterráneas.. En este sentido, destaca la siguiente parada: Atauta. Una pedanía de San Esteban de Gormaz que se ubica en lo alto de una rocosa cornisa de unos 970 metros de altitud que presume de su conjunto de bodegas denominado «El Plantío», catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Ubicadas en el paraje del Hondo, «El Plantío» está formado por un total de 141 bodegas, además de lagares comunales y otras construcciones complementarias, que ocupan un área aproximada de tres hectáreas. Según las inscripciones conservadas. Como curiosidad, la parte más baja del valle de Atauta está a 930 metros mientras que la más alta llega a los 1.000 metros de altitud y está considerada como la zona más fría de la Ribera del Duero.. La siguiente parada de este viajes es Langa de Duero, una localidad regada por las aguas del Duero y rodeada de viñedos y campos de cereal, popular también por su castillo que se alza majestuoso sobre el núcleo urbano y es el emblema de este pueblo de origen celtíbero.. Declarada Bien de Interés Cultural en 2007, Langa de Duero es también un museo al aire libre a través de sus calles principales, la Real y la del Río, junto a la iglesia de San Miguel Arcángel. Las casas de mampostería, adobe y entramado de madera muestran orgullosas sus soportales y balcones volados, y son testigos vivos de siglos de historia.. Tierra de larga tradición vinícola, es uno de los epicentros de la famosa DO Ribera del Duero soriana y en sus calles conserva todavía míticos lagares que dan cuenta del buen hacer de sus bodegueros.. El Duero es el eje en torno al que gira esta ruta, el río aporta carácter a los pobladores que habitaron y habitan en sus márgenes y presta su nombre a las poblaciones ribereñas, fue y es inspiración de escritores a lo largo del tiempo.. Los vinos sorianos de la Ribera del Duero siguen cotizando al alza cada año debido a su apuesta por la calidad en detrimento de la cantidad, pero también y sobre todo a la peculiaridad del terruño y de las viñas centenarias con uvas tinto fino, garnachas y albillo que se recogen y que, tras un proceso de elaboración crianza, terminan en una copa para deleitar al amante de este mundo.. Unos vinos que cuentan ya con el reconocimiento internacional y premios que los avalan y son la seña de identidad de un territorio que, a pesar de su despoblación, ha sabido trasladar a sus barricas los ritmos que marca la naturaleza y que permite plasmar el ecosistema y la biodiversidad en cada botella.. De hecho, se estima que en la provincia de Soria hay cerca de un millar de hectáreas de viñedos que tienen más de 70 años, a las que hay que sumar más de trescientas con cien e incluso 120 años, lo que en opinión de los expertos está permitiendo la elaboración de un vino tinto fino de la zona muy apreciado y de gran calidad.. En esta zona presumen de elaborar vinos con uvas de Soria exclusivamente y cuentan con una Asociación, Viñas Viejas de Soria, que reivindica la pureza del terruño soriano y que, al igual que sucede en Francia, quiere construir una identidad propia y cristalina.. Una visita obligada para los amantes del vino que quieran disfrutar estos días prenavideños para hacer una escapada distinta e inolvidable.
La Ribera de Duero de Soria ofrece al enoturista una visita inolvidable por algunos de los lugares más bellos e históricos de la España de interior
Castilla y León es tierra de vinos. De hecho, cuenta con hasta 17 figuras de calidad, entre Denominaciones de Origen Protegidas (DOP), Indiaciones Geográficas protegidas (IGP( Vinos de la Tierra o Vinos de Pago. La comunidad, además, tiene más de 80.000 hectáreas de viñedo plantadas, lo que representa un 8,5 por ciento del total de España, con 13.000 viticultores y más de 750 bodegas que emplean a cerca de 20.000 personas y que facturan más de1.000 millones de euros al año.. La viticultura es, además, una actividad clave en lo económico y social para el medio rural, ya que fija población y ayuda a combatir la despoblación y promover el desarrollo sostenible en las zonas se ubican las bodegas y los viñedos.. Pero, además, Castilla y León es una zona enoturística de bandera y cuenta con varias rutas del vino que atraen cada año a cientos de miles de personas ávidas de aprender cosas nuevas y antiguas de esta cultura ancestral, pero también deseosos de probar los grandes vinos que se elaboran y de disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.. Una de las zonas vitivinícolas más importantes del mundo, y que fue considerada en 2012 la mejor del planeta, es la Ribera del Duero, que engloba a las provincias de Valladolid, Burgos, Segovia y Soria, donde las bodegas se arropan a la vera del gran río que nos une con Portugal.. La Ribera del Duero, que se extiende en una franja de 115 kilómetros de este a oeste y 35 de norte a sur, es una comarca con más de 2.000 años de historia entorno al vino, a lo que hay que sumar una gastronomía potente con el cordero lechal asado en horno de leña como estrella, y un amplio patrimonio natural y cultural para hacer parada y fonda alguna vez en la vida, como por ejemplo ahora en Navidad, que ess un buen momento para desconectar del mundanal ruido y disfrutar de unos viñedos ya pelados t esperando a florecer de nuevo a partir de primavera, pero que ofrecen un paisaje espectacular también.. En estas líneas de LA RAZÓN queremos aconsejar para estos dás una escapada por los pueblos de la Ribera de Duero soriana, que no dejará indiferente a nadie que la haga. El oste de la provincia de Soria es un tierra de viñedos marcada por la geografía y la Historia, así en mayúsculas, donde se elaboran también grandes y muy buenos vinos que conviven con espectaculares monumentos que hacen de estae lugar gran destino para un día o para muchos.. Desde San Esteban de Gormaz, hasta Alcoba de la Torre o Alcubilla del marqués, pasando por Aldea de San Esteban, Atauta, Ines, Matanza de Soria, Olmillos, Pedraja de San Esteban, Peñalba de San Esteban o Quintanilla de Tres Barrios. En todos estos pequeños municipios, pero también en Rejas de San Esteban, Soto de San Esteban, Velilla de San Esteban , Villálvaro, Langa de Duero, Castillejo de Robledo, Miño de San Esteban y Alcubilla de Avellaneda, existe una tradición vitivinícola de muchos años, que se mantiene vigente hoy al amparo de la DO Ribera de Duero.. Quizás el pueblo más conocido de todos es San Esteban de Gormaz. Una villa con aroma medieval que se levanta a orillas del río Duero, reconocida también como la cuna del románico soriano con las iglesias de Nuestra Señora del Rivero, construida en el siglo XII que guarda en su interior la venerada Virgen del Rivero, patrona de la localidad; y la de San Miguel, joya románica por excelencia de San Esteban y el primer templo románico porticado de Castilla.. Un histórico municipio conocido por su castillo que cuenta con un pintoresco casco histórico acompañado de preciosos ejemplos de arquitectura tradicional tallada a lo largo de los siglos donde sobresalen también sus típicas bodegas. Pasear por sus calles y plazas es una delicia antes de coger fueras en alguno de sus asadores para dar cuenta de un lechazo al horno de leña, perfecto para acompañar con un buen vino de Ribera del Duero.. Otro lugar que no debe faltar en esta escapada por los pueblos sorianos del vino es Rejas de San Esteban, un pequeño municipio enclavado entre los cerros del Castillo y de la Loma, donde impacta su atmósfera medieval y que es conocido también por la belleza románica de sus dos iglesias dedicadas a San Martín y a San Ginés, magníficos ejemplos del románico porticado s. XI y XII. Ambos poseen una galería porticada de sumo interés.. Otra de las características de esta villa es su arquitectura popular, con casas típicas construidas en mampostería en la planta baja, y de adobe y madera en la segunda planta, característicos de la Ribera del Duero soriana y vinculados a formas de vida tradicional. También podemos encontrar construcciones relacionadas con el vino, como lagares y bodegas subterráneas.. En este sentido, destaca la siguiente parada: Atauta. Una pedanía de San Esteban de Gormaz que se ubica en lo alto de una rocosa cornisa de unos 970 metros de altitud que presume de su conjunto de bodegas denominado «El Plantío», catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Ubicadas en el paraje del Hondo, «El Plantío» está formado por un total de 141 bodegas, además de lagares comunales y otras construcciones complementarias, que ocupan un área aproximada de tres hectáreas. Según las inscripciones conservadas. Como curiosidad, la parte más baja del valle de Atauta está a 930 metros mientras que la más alta llega a los 1.000 metros de altitud y está considerada como la zona más fría de la Ribera del Duero.. La siguiente parada de este viajes es Langa de Duero, una localidad regada por las aguas del Duero y rodeada de viñedos y campos de cereal, popular también por su castillo que se alza majestuoso sobre el núcleo urbano y es el emblema de este pueblo de origen celtíbero.. Declarada Bien de Interés Cultural en 2007, Langa de Duero es también un museo al aire libre a través de sus calles principales, la Real y la del Río, junto a la iglesia de San Miguel Arcángel. Las casas de mampostería, adobe y entramado de madera muestran orgullosas sus soportales y balcones volados, y son testigos vivos de siglos de historia.. Tierra de larga tradición vinícola, es uno de los epicentros de la famosa DO Ribera del Duero soriana y en sus calles conserva todavía míticos lagares que dan cuenta del buen hacer de sus bodegueros.. El Duero es el eje en torno al que gira esta ruta, el río aporta carácter a los pobladores que habitaron y habitan en sus márgenes y presta su nombre a las poblaciones ribereñas, fue y es inspiración de escritores a lo largo del tiempo.. Los vinos sorianos de la Ribera del Duero siguen cotizando al alza cada año debido a su apuesta por la calidad en detrimento de la cantidad, pero también y sobre todo a la peculiaridad del terruño y de las viñas centenarias con uvas tinto fino, garnachas y albillo que se recogen y que, tras un proceso de elaboración crianza, terminan en una copa para deleitar al amante de este mundo.. Unos vinos que cuentan ya con el reconocimiento internacional y premios que los avalan y son la seña de identidad de un territorio que, a pesar de su despoblación, ha sabido trasladar a sus barricas los ritmos que marca la naturaleza y que permite plasmar el ecosistema y la biodiversidad en cada botella.. De hecho, se estima que en la provincia de Soria hay cerca de un millar de hectáreas de viñedos que tienen más de 70 años, a las que hay que sumar más de trescientas con cien e incluso 120 años, lo que en opinión de los expertos está permitiendo la elaboración de un vino tinto fino de la zona muy apreciado y de gran calidad.. En esta zona presumen de elaborar vinos con uvas de Soria exclusivamente y cuentan con una Asociación, Viñas Viejas de Soria, que reivindica la pureza del terruño soriano y que, al igual que sucede en Francia, quiere construir una identidad propia y cristalina.. Una visita obligada para los amantes del vino que quieran disfrutar estos días prenavideños para hacer una escapada distinta e inolvidable.
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