En un sector dominado por la precisión y la ingeniería, Víctor Martín, CEO de Macco Robotics, defiende una idea sencilla y al mismo tiempo profundamente humana: la tecnología solo tiene sentido si alivia la vida de quienes la usan. En esta entrevista revela la parte emocional que rara vez se cuenta en la robótica; las dudas, las luces y los pequeños milagros que aparecen cuando una máquina entra en la vida de las personas y las acompaña.. Usted fabrica robots que sirven comidas, cafés, bebidas… ¿Un robot puede llegar a sustituir el «ángel» de un buen tabernero?. No. Y tampoco es lo que buscamos. El «ángel» de un tabernero es único: es la mirada cómplice, la palabra a tiempo, la mano que te sirve algo y te escucha sin prisa. Un robot no tiene eso. Lo que sí puede tener es constancia, precisión, ayuda silenciosa. El robot libera al tabernero para que tenga más tiempo de ser justamente eso: un buen tabernero. No venimos a quitar alma, venimos a protegerla.. ¿De dónde nace su fascinación personal por la robótica? ¿Se veía de niño montando máquinas?. Totalmente. Yo era ese niño que desmontaba juguetes para ver cómo funcionaban por dentro. Me fascinaban las películas de ciencia ficción, no por los efectos, sino por la idea de que las máquinas podían acompañarnos, ayudarnos, ser parte de nuestra vida cotidiana. No lo vivía como futuro, sino como posibilidad. Creo que esa mezcla de ingenuidad y curiosidad sigue dentro de mí. Al final, emprender en robótica es una forma más sofisticada de seguir jugando… pero esta vez al servicio de los demás.. Macco va a desplegar mil robots en India, la que será su primera ciudad del mundo robotizada. ¿Qué siente ante un hito así?. Se siente una mezcla de orgullo y vértigo. India es un país que está lleno de vida, de colores, de historias… y que quiere estar en la punta de lanza de la tecnología. Pensar que nuestros robots van a formar parte del día a día de tanta gente me emociona. Se trata de un despliegue enorme, sí, pero para mí tiene un componente que es profundamente humano: no pienso en «mil unidades»; pienso en las personas que estarán delante de cada uno de los robots y en cómo podemos facilitarles ese momento único. Eso es lo que me mueve.. Cuando trabaja rodeado de máquinas, ¿qué le recuerda cada día que lo importante sigue siendo lo humano?. Los gestos. Cuando un cliente me cuenta que gracias a un robot un trabajador llega menos agotado a casa. Cuando veo a alguien sonreír mientras un robot le sirve un café. O cuando un empleado de Macco me dice que se siente orgulloso de lo que estamos construyendo. Los robots son herramientas; lo humano es lo que ocurre alrededor de ellos. Eso es lo que nunca pierdo de vista.. ¿Alguna vez ha sentido miedo de que la tecnología avanzara más rápido que la sociedad?. Sí, en cuanto llegue la singularidad. Ese será el momento. El hombre evoluciona de dos maneras: la evolución biológica y la evolución tecnológica, totalmente inherente al ser humano; el crecimiento de la segunda es exponencial, y nos sobrepasará. Es por eso que todo desarrollo tecnológico en Macco tiene un porqué enfocado siempre en beneficiar al ser humano.. No obstante, creo mucho en explicar, en acompañar, en ir de la mano. Un robot que llega sin contexto puede asustar; un robot que llega para ayudar tiene otra acogida. Mi mayor responsabilidad es asegurarme de que lo que hacemos no solo es útil, sino comprensible. En Macco trabajamos muchísimo en las implicaciones éticas y sociales de la tecnología que desarrollamos.. ¿Qué le gustaría que la gente entendiera sobre la robótica que todavía no entiende?. Que nos brinda una oportunidad que jamás antes hemos tenido. La robótica, así como toda tecnología, nos va a permitir no tener que trabajar, que es muy diferente a no poder trabajar. No creo en el sistema productivo tal y como está estructurado actualmente, el hombre no está hecho para trabajar, tampoco tiene sentido gastar diez horas al día en trabajar y vivir solo los fines de semana. La robótica nos va a permitir crear un nuevo modelo productivo en el cual no hará falta la mano de obra del ser humano, pero, claro, para esto tenemos que cambiar por completo la sociedad actual, para que sea un beneficio y no un perjuicio.
«La robótica, así como toda tecnología, nos va a permitir no tener que trabajar, que es muy diferente a no poder trabajar», señala Víctor Martín, CEO de Macco Robotics
En un sector dominado por la precisión y la ingeniería, Víctor Martín, CEO de Macco Robotics, defiende una idea sencilla y al mismo tiempo profundamente humana: la tecnología solo tiene sentido si alivia la vida de quienes la usan. En esta entrevista revela la parte emocional que rara vez se cuenta en la robótica; las dudas, las luces y los pequeños milagros que aparecen cuando una máquina entra en la vida de las personas y las acompaña.. Usted fabrica robots que sirven comidas, cafés, bebidas… ¿Un robot puede llegar a sustituir el «ángel» de un buen tabernero?. No. Y tampoco es lo que buscamos. El «ángel» de un tabernero es único: es la mirada cómplice, la palabra a tiempo, la mano que te sirve algo y te escucha sin prisa. Un robot no tiene eso. Lo que sí puede tener es constancia, precisión, ayuda silenciosa. El robot libera al tabernero para que tenga más tiempo de ser justamente eso: un buen tabernero. No venimos a quitar alma, venimos a protegerla.. ¿De dónde nace su fascinación personal por la robótica? ¿Se veía de niño montando máquinas?. Totalmente. Yo era ese niño que desmontaba juguetes para ver cómo funcionaban por dentro. Me fascinaban las películas de ciencia ficción, no por los efectos, sino por la idea de que las máquinas podían acompañarnos, ayudarnos, ser parte de nuestra vida cotidiana. No lo vivía como futuro, sino como posibilidad. Creo que esa mezcla de ingenuidad y curiosidad sigue dentro de mí. Al final, emprender en robótica es una forma más sofisticada de seguir jugando… pero esta vez al servicio de los demás.. Macco va a desplegar mil robots en India, la que será su primera ciudad del mundo robotizada. ¿Qué siente ante un hito así?. Se siente una mezcla de orgullo y vértigo. India es un país que está lleno de vida, de colores, de historias… y que quiere estar en la punta de lanza de la tecnología. Pensar que nuestros robots van a formar parte del día a día de tanta gente me emociona. Se trata de un despliegue enorme, sí, pero para mí tiene un componente que es profundamente humano: no pienso en «mil unidades»; pienso en las personas que estarán delante de cada uno de los robots y en cómo podemos facilitarles ese momento único. Eso es lo que me mueve.. Cuando trabaja rodeado de máquinas, ¿qué le recuerda cada día que lo importante sigue siendo lo humano?. Los gestos. Cuando un cliente me cuenta que gracias a un robot un trabajador llega menos agotado a casa. Cuando veo a alguien sonreír mientras un robot le sirve un café. O cuando un empleado de Macco me dice que se siente orgulloso de lo que estamos construyendo. Los robots son herramientas; lo humano es lo que ocurre alrededor de ellos. Eso es lo que nunca pierdo de vista.. ¿Alguna vez ha sentido miedo de que la tecnología avanzara más rápido que la sociedad?. Sí, en cuanto llegue la singularidad. Ese será el momento. El hombre evoluciona de dos maneras: la evolución biológica y la evolución tecnológica, totalmente inherente al ser humano; el crecimiento de la segunda es exponencial, y nos sobrepasará. Es por eso que todo desarrollo tecnológico en Macco tiene un porqué enfocado siempre en beneficiar al ser humano.. No obstante, creo mucho en explicar, en acompañar, en ir de la mano. Un robot que llega sin contexto puede asustar; un robot que llega para ayudar tiene otra acogida. Mi mayor responsabilidad es asegurarme de que lo que hacemos no solo es útil, sino comprensible. En Macco trabajamos muchísimo en las implicaciones éticas y sociales de la tecnología que desarrollamos.. ¿Qué le gustaría que la gente entendiera sobre la robótica que todavía no entiende?. Que nos brinda una oportunidad que jamás antes hemos tenido. La robótica, así como toda tecnología, nos va a permitir no tener que trabajar, que es muy diferente a no poder trabajar. No creo en el sistema productivo tal y como está estructurado actualmente, el hombre no está hecho para trabajar, tampoco tiene sentido gastar diez horas al día en trabajar y vivir solo los fines de semana. La robótica nos va a permitir crear un nuevo modelo productivo en el cual no hará falta la mano de obra del ser humano, pero, claro, para esto tenemos que cambiar por completo la sociedad actual, para que sea un beneficio y no un perjuicio.
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