En los últimos años, el calentamiento global ha dejado de ser una preocupación lejana para convertirse en una realidad palpable y cada vez más cercana a los umbrales que científicos y gobiernos acordaron evitar. Según el último informe del Servicio de Cambio Climático Copernicus (el programa de observación satelital de la Unión Europea), las temperaturas medias globales de los últimos tres años han superado ya el límite de 1,5 C por encima del nivel preindustrial establecido en el Acuerdo de París, cuyo objetivo era mantener este aumento “muy por debajo” para evitar los impactos más graves del cambio climático. Las proyecciones indican que el mundo podría cruzar de forma sostenida ese umbral antes de 2030 si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.. Este umbral no es simbólico: sirve como marcador para evitar efectos climáticos cada vez más extremos. “Pasar el umbral de 1,5 C no es simplemente un fracaso simbólico: para las personas de países de ingresos bajos y medios, representaría un cambio material en la vida diaria”, ha explicado Patrick Verkooijen, director ejecutivo del Global Center on Adaptation. De manera similar, Samantha Burgess, líder climática de Copernicus, advierte que cada fracción de grado adicional amplifica los eventos climáticos extremos, con impactos que incluyen olas de calor, lluvias intensas e incendios forestales.. El informe de Copernicus de 2025 sitúa la temperatura media global en alrededor de 1,47 C por encima del nivel preindustrial, con 2025 clasificado como el tercer año más cálido registrado en la historia. Esto convierte el período de 2023–2025 en el primer trienio que supera de forma persistente ese umbral.. Los impactos ya se sienten en todas las latitudes: los océanos registran temperaturas superficiales récord, afectando a los ecosistemas marinos y favoreciendo fenómenos como el blanqueamiento de corales y eventos meteorológicos extremos. Las capas de hielo en los polos también muestran pérdida de masa continua, contribuyendo a la subida del nivel del mar.. Los modelos climáticos y evaluaciones científicas muestran que un calentamiento prolongado por encima de 1,5 C incrementa significativamente la probabilidad y severidad de fenómenos que afectan tanto a los sistemas naturales como a los humanos. El IPCC (siglas de Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), en su informe especial sobre 1,5 C, indica que limitar el calentamiento a ese nivel puede reducir la frecuencia y magnitud de sequías, déficits de precipitación y estrés hídrico en muchas regiones, especialmente en el Mediterráneo y África austral, en comparación con escenarios con 2 C de calentamiento.. Además, el calentamiento prolongado aumenta la exposición simultánea de múltiples riesgos climáticos: inseguridad alimentaria por impacto en la producción agrícola, efectos en la salud como mortalidad por calor o estrés térmico, y presiones sobre los ecosistemas que pueden llevar a pérdidas de biodiversidad.. Para el conjunto de Europa y en particular la región mediterránea, las señales ya son inconfundibles. Los últimos registros meteorológicos muestran que España vivió en 2025 el verano más cálido desde que hay registros, con temperaturas medias estivales de 24,2 C, récord absoluto y múltiples olas de calor extremo. La región mediterránea, además, se calienta aproximadamente un 20 % más rápido que el promedio global, lo que intensifica la sequedad, las olas de calor y el riesgo de incendios forestales.. Según la Oficina Española de Cambio Climático en su evaluación ERICC-2025, España enfrenta más de 140 riesgos climáticos ya activos, de los cuales muchos (como olas de calor, sequías intensificadas, lluvias torrenciales, erosión costera y salinización de acuíferos) tienen baja reversibilidad, es decir, podrían provocar daños duraderos si no se interviene con rapidez.. Al mismo tiempo, los efectos sobre la salud pública ya están documentados: olas de calor prolongadas causan miles de muertes atribuibles al calor extremo, mientras que el estrés térmico afecta a sectores vulnerables como ancianos o personas con enfermedades crónicas. En paralelo, las pérdidas económicas asociadas a eventos meteorológicos extremos son crecientes. Un estudio europeo estimó que las olas de calor, sequías e inundaciones de 2025 podrían causar decenas de miles de millones de euros en pérdidas en la UE, con España e Italia entre los países más afectados.. Aunque no superar 1,5 C era el objetivo del Acuerdo de París, los científicos coinciden en que aún no es demasiado tarde para atenuar impactos futuros, siempre que se aceleren las reducciones de gases de efecto invernadero y se implementen estrategias de adaptación robustas. La transición hacia energías renovables, mejoras en la eficiencia energética y planificación urbana resiliente son prioridades señaladas por expertos para reducir la vulnerabilidad de comunidades y ecosistemas.. Sin embargo, cada décima de grado cuenta: cuanto más se prolongue el calentamiento por encima del umbral de 1,5 C, más difícil será evitar impactos que ya no son teóricos, sino parte de la experiencia cotidiana de millones de personas en todo el mundo.
La región mediterránea, señala el informe, se calienta un 20 % más rápido que el promedio global, lo que intensifica la sequedad, las olas de calor y el riesgo de incendios forestales.
En los últimos años, el calentamiento global ha dejado de ser una preocupación lejana para convertirse en una realidad palpable y cada vez más cercana a los umbrales que científicos y gobiernos acordaron evitar. Según el último informe del Servicio de Cambio Climático Copernicus (el programa de observación satelital de la Unión Europea), las temperaturas medias globales de los últimos tres años han superado ya el límite de 1,5 °C por encima del nivel preindustrial establecido en el Acuerdo de París, cuyo objetivo era mantener este aumento “muy por debajo” para evitar los impactos más graves del cambio climático. Las proyecciones indican que el mundo podría cruzar de forma sostenida ese umbral antes de 2030 si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.. Este umbral no es simbólico: sirve como marcador para evitar efectos climáticos cada vez más extremos. “Pasar el umbral de 1,5 °C no es simplemente un fracaso simbólico: para las personas de países de ingresos bajos y medios, representaría un cambio material en la vida diaria”, ha explicado Patrick Verkooijen, director ejecutivo del Global Center on Adaptation. De manera similar, Samantha Burgess, líder climática de Copernicus, advierte que cada fracción de grado adicional amplifica los eventos climáticos extremos, con impactos que incluyen olas de calor, lluvias intensas e incendios forestales.. El informe de Copernicus de 2025 sitúa la temperatura media global en alrededor de 1,47 °C por encima del nivel preindustrial, con 2025 clasificado como el tercer año más cálido registrado en la historia. Esto convierte el período de 2023–2025 en el primer trienio que supera de forma persistente ese umbral.. Los impactos ya se sienten en todas las latitudes: los océanos registran temperaturas superficiales récord, afectando a los ecosistemas marinos y favoreciendo fenómenos como el blanqueamiento de corales y eventos meteorológicos extremos. Las capas de hielo en los polos también muestran pérdida de masa continua, contribuyendo a la subida del nivel del mar.. Los modelos climáticos y evaluaciones científicas muestran que un calentamiento prolongado por encima de 1,5 °C incrementa significativamente la probabilidad y severidad de fenómenos que afectan tanto a los sistemas naturales como a los humanos. El IPCC (siglas de Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), en su informe especial sobre 1,5 °C, indica que limitar el calentamiento a ese nivel puede reducir la frecuencia y magnitud de sequías, déficits de precipitación y estrés hídrico en muchas regiones, especialmente en el Mediterráneo y África austral, en comparación con escenarios con 2 °C de calentamiento.. Además, el calentamiento prolongado aumenta la exposición simultánea de múltiples riesgos climáticos: inseguridad alimentaria por impacto en la producción agrícola, efectos en la salud como mortalidad por calor o estrés térmico, y presiones sobre los ecosistemas que pueden llevar a pérdidas de biodiversidad.. Para el conjunto de Europa y en particular la región mediterránea, las señales ya son inconfundibles. Los últimos registros meteorológicos muestran que España vivió en 2025 el verano más cálido desde que hay registros, con temperaturas medias estivales de 24,2 °C, récord absoluto y múltiples olas de calor extremo. La región mediterránea, además, se calienta aproximadamente un 20 % más rápido que el promedio global, lo que intensifica la sequedad, las olas de calor y el riesgo de incendios forestales.. Según la Oficina Española de Cambio Climático en su evaluación ERICC-2025, España enfrenta más de 140 riesgos climáticos ya activos, de los cuales muchos (como olas de calor, sequías intensificadas, lluvias torrenciales, erosión costera y salinización de acuíferos) tienen baja reversibilidad, es decir, podrían provocar daños duraderos si no se interviene con rapidez.. Al mismo tiempo, los efectos sobre la salud pública ya están documentados: olas de calor prolongadas causan miles de muertes atribuibles al calor extremo, mientras que el estrés térmico afecta a sectores vulnerables como ancianos o personas con enfermedades crónicas. En paralelo, las pérdidas económicas asociadas a eventos meteorológicos extremos son crecientes. Un estudio europeo estimó que las olas de calor, sequías e inundaciones de 2025 podrían causar decenas de miles de millones de euros en pérdidas en la UE, con España e Italia entre los países más afectados.. Aunque no superar 1,5 °C era el objetivo del Acuerdo de París, los científicos coinciden en que aún no es demasiado tarde para atenuar impactos futuros, siempre que se aceleren las reducciones de gases de efecto invernadero y se implementen estrategias de adaptación robustas. La transición hacia energías renovables, mejoras en la eficiencia energética y planificación urbana resiliente son prioridades señaladas por expertos para reducir la vulnerabilidad de comunidades y ecosistemas.. Sin embargo, cada décima de grado cuenta: cuanto más se prolongue el calentamiento por encima del umbral de 1,5 °C, más difícil será evitar impactos que ya no son teóricos, sino parte de la experiencia cotidiana de millones de personas en todo el mundo.
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