Para los habitantes de Europa y Norteamérica, las cenas de Navidad suelen ser sinónimo de marisco, pavo asado, jamón ‘del bueno’ y, sobre todo, de grandes comidas en familia. Esto último es una máxima universal, aunque por razones culturales y climáticas, las festividades navideñas difieren mucho de las nuestras al otro lado del mundo.. El tiempo en el Hemisferio Sur durante este mes de diciembre es de principios de verano, por lo que en la mayoría de lugares lo pasan al aire libre, y no preocupados por la nieve y el frío. En Argentina, por ejemplo, es tradición que los amigos y familias se junten para preparar asado y parrilladas. Debido al calor, las comidas típicas de estas fechas son completamente distintas a las nuestras.. La idea de una barbacoa nos puede resultar agradable, pero existen varios territorios con una gastronomía que difiere enormemente de la española, y algunos de sus platos causarían verdadero rechazo entre nosotros. Es todo una cuestión cultural: lo que aquí no se concibe siquiera como comestible, allí puede ser toda una ‘delicatessen’.. En este país los gusanos fritos son el ‘plato estrella’ en Navidad. A más de 8.000 kilómetros de distancia, en la punta del continente africano, muchos hogares de Sudáfrica tienen por costumbre incluir en su menú navideño un plato preparado a base de insectos. Aunque para nosotros pueda resultar una curiosidad exótica, lo cierto es que allí representa una tradición profundamente arraigada, un símbolo cultural que comparten también con Botsuana y Zimbabue.. Sudáfrica tiene una fuerte herencia cristiana, por lo que el 25 de diciembre es día festivo nacional. Iglesias de todo el país celebran misas y servicios religiosos, y muchas familias se reúnen para compartir comida y tiempo juntos. El espíritu navideño de juntarse y comer los seres queridos es el mismo, lo que varía ampliamente es el menú que escogen para esta festividad.. Normalmente se celebran reuniones al aire libre, barbacoas, picnics y comidas al lado de la playa o la piscina. En muchas familias se combinan platos «importados» (como pavo o jamón), con comidas tradicionales africanas, que pueden incluir maíz, carne a la parrilla y, en algunas zonas, la conocida «oruga del mopane». Realmente se come durante todo el año cuando hay disponibilidad, pero adquiere un carácter especial en Navidad. Esta «oruga de mopane» es en realidad la larva de la polilla emperador (Gonimbrasia belina), que se alimenta casi exclusivamente de las hojas del árbol de mopane, abundante en las regiones semiáridas del África austral. Durante generaciones, muchas comunidades rurales han recolectado estas orugas de forma estacional, especialmente entre noviembre y enero, un periodo que coincide con las fiestas navideñas en el Hemisferio Sur.. Las orugas son un producto muy apreciado en la gastronomía sudafricana y suelen prepararse de distintas maneras. Para cocinarlas, se les suele retirar la tripa (como hacemos con los langostinos) para después hervirlas en agua con sal y dejarlas secar al sol. También es común freírlas con cebolla, tomate y especias, o añadirlas a guisos. Su sabor es intenso, terroso y ahumado.. Durante la época navideña, el comercio de las orugas mopane se intensifica. Se venden en mercados locales, puestos callejeros e incluso supermercados urbanos. Para muchas familias del entorno rural, la recolección y venta de estas orugas constituye una fuente fundamental de ingresos extra, permitiendo costear gastos asociados a las fiestas, la educación o la salud.. Lo que en España vemos como algo ‘raro’ o fuera de lo común, para los sudafricanos es una parte fundamental de su identidad gastronómica. Sigue siendo un alimento clave por su valor nutricional y su bajo coste, que en los últimos años ha ganado interés por razones de sostenibilidad. Para cualquiera que le toque pasar la Navidad en Sudáfrica este año, tal vez le resulte curioso echar los prejuicios a un lado y probar este alimento tan tradicional.
Aunque en España pueda parecernos chocante, en algunos lugares del mundo esta preparación es considerada una ‘delicatessen’
Para los habitantes de Europa y Norteamérica, las cenas de Navidad suelen ser sinónimo de marisco, pavo asado, jamón ‘del bueno’ y, sobre todo, de grandes comidas en familia. Esto último es una máxima universal, aunque por razones culturales y climáticas, las festividades navideñas difieren mucho de las nuestras al otro lado del mundo.. El tiempo en el Hemisferio Sur durante este mes de diciembre es de principios de verano, por lo que en la mayoría de lugares lo pasan al aire libre, y no preocupados por la nieve y el frío. En Argentina, por ejemplo, es tradición que los amigos y familias se junten para preparar asado y parrilladas. Debido al calor, las comidas típicas de estas fechas son completamente distintas a las nuestras.. La idea de una barbacoa nos puede resultar agradable, pero existen varios territorios con una gastronomía que difiere enormemente de la española, y algunos de sus platos causarían verdadero rechazo entre nosotros. Es todo una cuestión cultural: lo que aquí no se concibe siquiera como comestible, allí puede ser toda una ‘delicatessen’.. A más de 8.000 kilómetros de distancia, en la punta del continente africano, muchos hogares de Sudáfrica tienen por costumbre incluir en su menú navideño un plato preparado a base de insectos. Aunque para nosotros pueda resultar una curiosidad exótica, lo cierto es que allí representa una tradición profundamente arraigada, un símbolo cultural que comparten también con Botsuana y Zimbabue.. Sudáfrica tiene una fuerte herencia cristiana, por lo que el 25 de diciembre es día festivo nacional. Iglesias de todo el país celebran misas y servicios religiosos, y muchas familias se reúnen para compartir comida y tiempo juntos. El espíritu navideño de juntarse y comer los seres queridos es el mismo, lo que varía ampliamente es el menú que escogen para esta festividad.. Normalmente se celebran reuniones al aire libre, barbacoas, picnics y comidas al lado de la playa o la piscina. En muchas familias se combinan platos «importados» (como pavo o jamón), con comidas tradicionales africanas, que pueden incluir maíz, carne a la parrilla y, en algunas zonas, la conocida «oruga del mopane». Realmente se come durante todo el año cuando hay disponibilidad, pero adquiere un carácter especial en Navidad. Esta «oruga de mopane» es en realidad la larva de la polilla emperador (Gonimbrasia belina), que se alimenta casi exclusivamente de las hojas del árbol de mopane, abundante en las regiones semiáridas del África austral. Durante generaciones, muchas comunidades rurales han recolectado estas orugas de forma estacional, especialmente entre noviembre y enero, un periodo que coincide con las fiestas navideñas en el Hemisferio Sur.. Las orugas son un producto muy apreciado en la gastronomía sudafricana y suelen prepararse de distintas maneras. Para cocinarlas, se les suele retirar la tripa (como hacemos con los langostinos) para después hervirlas en agua con sal y dejarlas secar al sol. También es común freírlas con cebolla, tomate y especias, o añadirlas a guisos. Su sabor es intenso, terroso y ahumado.. Durante la época navideña, el comercio de las orugas mopane se intensifica. Se venden en mercados locales, puestos callejeros e incluso supermercados urbanos. Para muchas familias del entorno rural, la recolección y venta de estas orugas constituye una fuente fundamental de ingresos extra, permitiendo costear gastos asociados a las fiestas, la educación o la salud.. Lo que en España vemos como algo ‘raro’ o fuera de lo común, para los sudafricanos es una parte fundamental de su identidad gastronómica. Sigue siendo un alimento clave por su valor nutricional y su bajo coste, que en los últimos años ha ganado interés por razones de sostenibilidad. Para cualquiera que le toque pasar la Navidad en Sudáfrica este año, tal vez le resulte curioso echar los prejuicios a un lado y probar este alimento tan tradicional.
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