Una escritora se encuentra en los últimos meses de vida, pero no quiere que eso se sepa. La maquinaria literaria debe permanecer en marcha más allá de la muerte. Para eso se ayuda de un bibliotecario admirador de su trabajo. Esta estimulante premisa es el punto de arranque de «Instruccions per viure sense ella», la nueva novela de Empar Moliner que publica Columna y llega esta semana a las librerías. Este diario habló con la escritora en la siguiente entrevista.. Por su temática, ¿ha sido difícil emocionalmente enfrentarse a este libro?. Sí, ha sido duro emocionalmente, pero en realidad todos lo son. Cuando hablamos de que me ha costado mucho, de que he sufrido, no hay que convertirlo en drama. Lo hacemos porque queremos, y punto. Lo único que cuenta es el resultado y si está bien, ya está. A mí me gusta mucho usar la primera persona. Es un género que me interesa. Aquí también tenemos una primera persona. Me atrae por el desorden que permite, por esa grieta que abre. Con ella puedes crear un narrador poco fiable. Lo que dice ese narrador en primera persona exige al lector un esfuerzo extra: debe verificar si es verdad, si miente a propósito, si se engaña a sí mismo, y todo lo que hay entre medias. Siempre me preguntan —y es muy normal, sobre todo en estos tiempos en que todo el mundo hace autoficción—: ¿esto es autobiográfico? Yo siempre respondo lo mismo. Desde el primer libro que escribí en 19999 hasta hoy, la respuesta es sí y la respuesta es no. Yo siempre miro a mi alrededor: me fascina la gente, me fascina observar qué hace cada uno. Iría a cenar con cualquiera. El género humano me interesa muchísimo. Es lo que más me interesa.. ¿Es bueno conocer a los héroes, por ejemplo, en su caso, a los literarios?. He conocido a alguno de mis héroes literarios. Pasa que aquel autor al que tanto admiras y al que has ido a entrevistar después, algo se rompe cuando descubres sus usos y costumbres. Conocí, por ejemplo, a mi ídolo, al escritor que creo que ha sido mi preferido de las últimas décadas, a Martin Amis. Fui a su casa a hacerle una entrevista hace ya mucho tiempo. Y fui al baño expresamente porque quería ver si había un cepillo de dientes porque él siempre habla de los dientes. Y sí que lo había. Pensé que lo podría robar, pero también que era mejor no haberlo visto nunca. A mí la escritura me gusta mucho, pero el hecho de conocer a algún autor te hace ver cómo lo hace de verdad. Y a mí eso me gusta muchísimo. En este caso, con el bibliotecario, se crea una relación que es de admiración y de dependencia. Lo que me gusta de este personaje es que sabe leer bien, algo que no pasa siempre.. ¿A qué tememos más: a la muerte o a que se nos olvide cuando ya no estemos?. Tal vez sea cierto que solo nos movemos por cuidar que no nos olviden… Lo de tener que morirnos nos va siempre fatal. Estoy en un momento de la vida en el que aplaudiría cada vez que veo salir el sol. Me parece brutal porque ahora veo el trámite que supone seguir vivo: el desgaste diario, el esfuerzo por mantenerlo todo a flote. La cuestión económica es la que nos marca a todos. Que comprar un libro o ir a cenar sea tan caro es una lástima.. Pese a lo dramática de la situación, en la novela no falta el humor. ¿Es difícil combinarlos?. Esta novela es tristísima, pero siempre me pasa, dependiendo de la gente, que hay quien se ríe. No puedes decir que es novela de humor o drama porque en la vida hay de todo. El humor es armadura y arma, un terreno en el que estoy cómoda pese a la profunda tristeza. La comicidad debe ayudar a hablar de cosas profundas. No lo calculo, por eso me sorprenden las lecturas. Ahora todos los actos que servían para leer, como ir al baño o viajar en autobús, están ocupados por el móvil. Eso no es lectura. Los lectores deben ser de ficción. La lectura, como decía Emili Teixidor, hace que la gente sea más guapa. Ahora se ve enseguida si alguien es un lector de verdad. Que haya lectores, por favor. Eso es lo más importante: que haya lectores.
La escritora regresa a la narrativa con la novela «Instruccions per viure sense ella»
Una escritora se encuentra en los últimos meses de vida, pero no quiere que eso se sepa. La maquinaria literaria debe permanecer en marcha más allá de la muerte. Para eso se ayuda de un bibliotecario admirador de su trabajo. Esta estimulante premisa es el punto de arranque de «Instruccions per viure sense ella», la nueva novela de Empar Moliner que publica Columna y llega esta semana a las librerías. Este diario habló con la escritora en la siguiente entrevista.. Por su temática, ¿ha sido difícil emocionalmente enfrentarse a este libro?. Sí, ha sido duro emocionalmente, pero en realidad todos lo son. Cuando hablamos de que me ha costado mucho, de que he sufrido, no hay que convertirlo en drama. Lo hacemos porque queremos, y punto. Lo único que cuenta es el resultado y si está bien, ya está. A mí me gusta mucho usar la primera persona. Es un género que me interesa. Aquí también tenemos una primera persona. Me atrae por el desorden que permite, por esa grieta que abre. Con ella puedes crear un narrador poco fiable. Lo que dice ese narrador en primera persona exige al lector un esfuerzo extra: debe verificar si es verdad, si miente a propósito, si se engaña a sí mismo, y todo lo que hay entre medias. Siempre me preguntan —y es muy normal, sobre todo en estos tiempos en que todo el mundo hace autoficción—: ¿esto es autobiográfico? Yo siempre respondo lo mismo. Desde el primer libro que escribí en 19999 hasta hoy, la respuesta es sí y la respuesta es no. Yo siempre miro a mi alrededor: me fascina la gente, me fascina observar qué hace cada uno. Iría a cenar con cualquiera. El género humano me interesa muchísimo. Es lo que más me interesa.. ¿Es bueno conocer a los héroes, por ejemplo, en su caso, a los literarios?. He conocido a alguno de mis héroes literarios. Pasa que aquel autor al que tanto admiras y al que has ido a entrevistar después, algo se rompe cuando descubres sus usos y costumbres. Conocí, por ejemplo, a mi ídolo, al escritor que creo que ha sido mi preferido de las últimas décadas, a Martin Amis. Fui a su casa a hacerle una entrevista hace ya mucho tiempo. Y fui al baño expresamente porque quería ver si había un cepillo de dientes porque él siempre habla de los dientes. Y sí que lo había. Pensé que lo podría robar, pero también que era mejor no haberlo visto nunca. A mí la escritura me gusta mucho, pero el hecho de conocer a algún autor te hace ver cómo lo hace de verdad. Y a mí eso me gusta muchísimo. En este caso, con el bibliotecario, se crea una relación que es de admiración y de dependencia. Lo que me gusta de este personaje es que sabe leer bien, algo que no pasa siempre.. ¿A qué tememos más: a la muerte o a que se nos olvide cuando ya no estemos?. Tal vez sea cierto que solo nos movemos por cuidar que no nos olviden… Lo de tener que morirnos nos va siempre fatal. Estoy en un momento de la vida en el que aplaudiría cada vez que veo salir el sol. Me parece brutal porque ahora veo el trámite que supone seguir vivo: el desgaste diario, el esfuerzo por mantenerlo todo a flote. La cuestión económica es la que nos marca a todos. Que comprar un libro o ir a cenar sea tan caro es una lástima.. Pese a lo dramática de la situación, en la novela no falta el humor. ¿Es difícil combinarlos?. Esta novela es tristísima, pero siempre me pasa, dependiendo de la gente, que hay quien se ríe. No puedes decir que es novela de humor o drama porque en la vida hay de todo. El humor es armadura y arma, un terreno en el que estoy cómoda pese a la profunda tristeza. La comicidad debe ayudar a hablar de cosas profundas. No lo calculo, por eso me sorprenden las lecturas. Ahora todos los actos que servían para leer, como ir al baño o viajar en autobús, están ocupados por el móvil. Eso no es lectura. Los lectores deben ser de ficción. La lectura, como decía Emili Teixidor, hace que la gente sea más guapa. Ahora se ve enseguida si alguien es un lector de verdad. Que haya lectores, por favor. Eso es lo más importante: que haya lectores.
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