Certezas, gestión, buen gobierno, estabilidad. Lo repitió hasta la saciedad el aspirante popular Alfonso Fernández Mañueco, en una campaña limpia, rigurosa, sin insultos. Frente a ello no se recuerda un juego sucio igual a cargo del PSOE. Para colmo llenar la jornada de reflexión con una batería de manifestaciones bajo el lema «No a la guerra» en una falta de ética sin precedentes. El último mitin en Valladolid protagonizado por José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez y Óscar Puente arropando a ese paniaguado y desconocido soriano Carlos Martínez daba hasta miedo. Una arenga vergonzosa con el objetivo de movilizar a la izquierda como si las bombas y los misiles estuvieran cayendo en Salamanca, Zamora o Segovia. Ni una sola propuesta a los castellanos y leoneses que, una vez más, han demostrado la fortaleza de sus principios, el premio al buen hacer de un líder honrado, el salmantino Mañueco, quien hubo de soportar todo tipo de inquinas por parte de este «sanchismo» desesperado en caída libre. Las urnas han hablado con claridad y no han sucumbido a tales patrañas.. El resultado de estas elecciones revela lo que tantas veces invocó Fernández Mañueco, menos ruido y más nueces. O sea, menos propaganda sectaria y mucho más una gestión limpia, fructífera y nutritiva para una tierra olvidada por el Gobierno de Pedro Sánchez, excepto para sembrar ese «hodio», ahora con H, que es una censura dictatorial para todo aquel que discrepe con el César.. En su lema de campaña, el candidato del PP invocaba ese «nogal» limpio de polvo y paja, centrado en los problemas de la Comunidad más extensa y despoblada de Europa: la economía, el paro, la educación, el campo, todo aquello que preocupa a sus habitantes frente al sectarismo, veintitrés años después, de esa «ceja» izquierdista y casposa. Como bien comenta con sorna un veterano dirigente socialista, Pedro Sánchez se levanta todas las mañanas con una frase: «Franco, sin ti no soy nada». Ahora, también sin la guerra. Esfuerzo baladí, fracaso total. Con estas elecciones Sánchez sí se coloca ya en el lado oscuro y siniestro de la historia.. Castilla y León marca un antes y un después en la antesala del cambio. La pancarta ha sido un fiasco, y ahora Sánchez, claro está, no conocerá de nada a ese tal Carlos Martínez, anclado en el olvido como el extremeño Gallardo o la aragonesa Alegría.. El triunfo incuestionable del centroderecha y el ascenso de Vox urge a que el PP y el partido de Santiago Abascal se entiendan. Fuera bloqueos, es hora de gobernar, la gente reclama a gritos un cambio de ciclo. Lo importante es echar a Sánchez, cuya obsesión por desenterrar el pasado, agitar los mimbres de la sectaria Ley de Memoria Histórica y enarbolar la pancarta del «No a la guerra» han caído en saco roto. En el polo opuesto, tras la victoria incuestionable del PP, lo importante es que Vox se haga mayor. Es decir, ya no puede ser una formación antisistema que chilla y protesta, sino que debe adoptar la responsabilidad de un partido político maduro con responsabilidades de gobierno, separando el grano de la paja.. En la recia tierra de Isabel la Católica y los Reyes que forjaron España, esa que el antecesor de Mañueco, el expresidente Juan José Lucas, definía como «La Castilla que hizo España», se juega ahora el futuro de la Nación, frente a un Sánchez empeñado en revolver y manipular el pasado.. Con un límite de participación inusitada, la gente tenía ganas de votar y de premiar a la derecha, hastiados de una izquierda trasnochada. Sánchez echó el resto y no le ha salido bien. A su izquierda el batacazo es enorme y tal vez por ello la comunista Yolanda Díaz se marcha a la gala de los Óscar en Los Ángeles, vestida de marca de lujo a costa del dinero del contribuyente, en un viaje vergonzante. Castilla y León vaticina el inicio del cambio de ciclo y es de confiar en que Vox esté a la altura de los votantes. Alfonso Fernández Mañueco ha sido, es y será el mejor presidente de una tierra decisiva en este momento histórico. Santiago Abascal debe asumir su responsabilidad y dejar a un lado los cantos de sirena de un «núcleo duro» más anclado en sus ambiciones personales que en el interés general. España y la democracia lo reclaman a voces.
El resultado de estas elecciones revela lo que tanta veces invocó Fernández Mañueco, menos ruido y más nueces
Certezas, gestión, buen gobierno, estabilidad. Lo repitió hasta la saciedad el aspirante popular Alfonso Fernández Mañueco, en una campaña limpia, rigurosa, sin insultos. Frente a ello no se recuerda un juego sucio igual a cargo del PSOE. Para colmo llenar la jornada de reflexión con una batería de manifestaciones bajo el lema «No a la guerra» en una falta de ética sin precedentes. El último mitin en Valladolid protagonizado por José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Sánchez y Óscar Puente arropando a ese paniaguado y desconocido soriano Carlos Martínez daba hasta miedo. Una arenga vergonzosa con el objetivo de movilizar a la izquierda como si las bombas y los misiles estuvieran cayendo en Salamanca, Zamora o Segovia. Ni una sola propuesta a los castellanos y leoneses que, una vez más, han demostrado la fortaleza de sus principios, el premio al buen hacer de un líder honrado, el salmantino Mañueco, quien hubo de soportar todo tipo de inquinas por parte de este «sanchismo» desesperado en caída libre. Las urnas han hablado con claridad y no han sucumbido a tales patrañas.. El resultado de estas elecciones revela lo que tantas veces invocó Fernández Mañueco, menos ruido y más nueces. O sea, menos propaganda sectaria y mucho más una gestión limpia, fructífera y nutritiva para una tierra olvidada por el Gobierno de Pedro Sánchez, excepto para sembrar ese «hodio», ahora con H, que es una censura dictatorial para todo aquel que discrepe con el César.. En su lema de campaña, el candidato del PP invocaba ese «nogal» limpio de polvo y paja, centrado en los problemas de la Comunidad más extensa y despoblada de Europa: la economía, el paro, la educación, el campo, todo aquello que preocupa a sus habitantes frente al sectarismo, veintitrés años después, de esa «ceja» izquierdista y casposa. Como bien comenta con sorna un veterano dirigente socialista, Pedro Sánchez se levanta todas las mañanas con una frase: «Franco, sin ti no soy nada». Ahora, también sin la guerra. Esfuerzo baladí, fracaso total. Con estas elecciones Sánchez sí se coloca ya en el lado oscuro y siniestro de la historia.. Castilla y León marca un antes y un después en la antesala del cambio. La pancarta ha sido un fiasco, y ahora Sánchez, claro está, no conocerá de nada a ese tal Carlos Martínez, anclado en el olvido como el extremeño Gallardo o la aragonesa Alegría.. El triunfo incuestionable del centroderecha y el ascenso de Vox urge a que el PP y el partido de Santiago Abascal se entiendan. Fuera bloqueos, es hora de gobernar, la gente reclama a gritos un cambio de ciclo. Lo importante es echar a Sánchez, cuya obsesión por desenterrar el pasado, agitar los mimbres de la sectaria Ley de Memoria Histórica y enarbolar la pancarta del «No a la guerra» han caído en saco roto. En el polo opuesto, tras la victoria incuestionable del PP, lo importante es que Vox se haga mayor. Es decir, ya no puede ser una formación antisistema que chilla y protesta, sino que debe adoptar la responsabilidad de un partido político maduro con responsabilidades de gobierno, separando el grano de la paja.. En la recia tierra de Isabel la Católica y los Reyes que forjaron España, esa que el antecesor de Mañueco, el expresidente Juan José Lucas, definía como «La Castilla que hizo España», se juega ahora el futuro de la Nación, frente a un Sánchez empeñado en revolver y manipular el pasado.. Con un límite de participación inusitada, la gente tenía ganas de votar y de premiar a la derecha, hastiados de una izquierda trasnochada. Sánchez echó el resto y no le ha salido bien. A su izquierda el batacazo es enorme y tal vez por ello la comunista Yolanda Díaz se marcha a la gala de los Óscar en Los Ángeles, vestida de marca de lujo a costa del dinero del contribuyente, en un viaje vergonzante. Castilla y León vaticina el inicio del cambio de ciclo y es de confiar en que Vox esté a la altura de los votantes. Alfonso Fernández Mañueco ha sido, es y será el mejor presidente de una tierra decisiva en este momento histórico. Santiago Abascal debe asumir su responsabilidad y dejar a un lado los cantos de sirena de un «núcleo duro» más anclado en sus ambiciones personales que en el interés general. España y la democracia lo reclaman a voces.
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