Cómo cambia el mismo espacio de un plató de televisión según el decorado que lo da vida. El Estudio 5 de Prado del Rey, que hemos visto pequeñito en otros programas, se ha observado, de nuevo, gigante en esta Nochebuena. Sobre todo en el especial de Abraham Mateo, que ha reunido todo lo que nos hizo querer tanto la televisión.. La escenografía ha creado un universo propio de fantasía. Se ha recreado el glamour de una sala de fiestas, de paredes de terciopelo rojo y escaleras infinitas hacia allá donde nos quiera llevar la imaginación. Todo, para propiciar una historia a través de la música de un artista que no solo canta con la boca, también con la expresividad de cada rincón de su cuerpo.. Resultado: la mezcla del talento de Abraham Mateo con la escuela de la realización clásica de TVE ha conseguido un acontecimiento vibrante en el prime time de la Navidad. Ya sabíamos que Mateo es uno de los cantantes más versátiles sobre el escenario, pero no siempre lo contemplamos en pantalla con el empaque de los buenos oficios de la tele. Y en su especial 20conmigo -atención al juego de palabras- se ha congregado la magia de la luz y la realización con el consistente sello visual de la dirección de José María Sánchez-Chiquito y la realización de Ana Belén Márquez Cava. Casi cada plano podía ser un póster desplegable.. Y luego nos preocupamos por qué la gente joven no ve tanto la tele como antes. Quizá ayuda que relegamos a sus referentes. Quizá incluso tendrá algo que ver cuando nos olvidamos de lo que distingue la tele de siempre de los vídeos que consumimos en redes sociales: la elaboración creativa fruto del trabajo en equipo.. De ahí que el especial de Abraham Mateo no haya dado tregua a nuestros sentidos. Aunque estuviéramos observándolo de reojo mientras cenábamos con la familia. Porque sus performances han buscado tocar disparidad de emociones y la tele no solo los ha grabado, los ha narrado desde el primer plano que nos mete en el escenario con él.. El comienzo de programa ya ha sido una declaración de intenciones. En la tele hay que empezar con un punto álgido, encontrar un requiebro de guion a mitad del camino y, al final, acabar con un colofón que favorezca ese recuerdo al que siempre querrás volver. El principio apuntó maneras con un Abrahan rodeado de músicos justo antes de acabar empapado por una tormenta de agua en el centro del escenario. La imagen a contra luz del agua cayendo a borbotones sobre su cuerpo empapado ya está para siempre en el Archivo de TVE. Lo que no consiguió Ruth Lorenzo en Eurovisión, se ha hecho posible en el Estudio 5 de Prado del Rey.. Y la gala ha ido bailando del gran show a la emoción más íntima. Con Malú, con Daviles de Novelda, con Ana Torroja, con Chanel. Con la habilidad para no solo actuar en el set principal y enriquecer la emisión aprovechando cada rincón de la ambientación. También los sofacicos de los costados. Y la trastienda de un decorado que se ve bonito por delante y por detrás. Porque en la tele debe apetecer estar. Aunque, en realidad, sea una fría nave industrial. Un espectáculo que quedará como documentación generacional y no solo como promoción discográfica instantánea. Porque no solo se ha grabado un concierto, se ha creado música en directo con las artes de la tele. La tele que no solo habla, busca la experiencia de transmitir.
La cadena pública saca músculo en Nochebuena.
20MINUTOS.ES – Televisión
Cómo cambia el mismo espacio de un plató de televisión según el decorado que lo da vida. El Estudio 5 de Prado del Rey, que hemos visto pequeñito en otros programas, se ha observado, de nuevo, gigante en esta Nochebuena. Sobre todo en el especial de Abraham Mateo, que ha reunido todo lo que nos hizo querer tanto la televisión.. La escenografía ha creado un universo propio de fantasía. Se ha recreado el glamour de una sala de fiestas, de paredes de terciopelo rojo y escaleras infinitas hacia allá donde nos quiera llevar la imaginación. Todo, para propiciar una historia a través de la música de un artista que no solo canta con la boca, también con la expresividad de cada rincón de su cuerpo.. Resultado: la mezcla del talento de Abraham Mateo con la escuela de la realización clásica de TVE ha conseguido un acontecimiento vibrante en el prime time de la Navidad. Ya sabíamos que Mateo es uno de los cantantes más versátiles sobre el escenario, pero no siempre lo contemplamos en pantalla con el empaque de los buenos oficios de la tele. Y en su especial 20conmigo -atención al juego de palabras- se ha congregado la magia de la luz y la realización con el consistente sello visual de la dirección de José María Sánchez-Chiquito y la realización de Ana Belén Márquez Cava. Casi cada plano podía ser un póster desplegable.. Y luego nos preocupamos por qué la gente joven no ve tanto la tele como antes. Quizá ayuda que relegamos a sus referentes. Quizá incluso tendrá algo que ver cuando nos olvidamos de lo que distingue la tele de siempre de los vídeos que consumimos en redes sociales: la elaboración creativa fruto del trabajo en equipo.. De ahí que el especial de Abraham Mateo no haya dado tregua a nuestros sentidos. Aunque estuviéramos observándolo de reojo mientras cenábamos con la familia. Porque sus performances han buscado tocar disparidad de emociones y la tele no solo los ha grabado, los ha narrado desde el primer plano que nos mete en el escenario con él.. El comienzo de programa ya ha sido una declaración de intenciones. En la tele hay que empezar con un punto álgido, encontrar un requiebro de guion a mitad del camino y, al final, acabar con un colofón que favorezca ese recuerdo al que siempre querrás volver. El principio apuntó maneras con un Abrahan rodeado de músicos justo antes de acabar empapado por una tormenta de agua en el centro del escenario. La imagen a contra luz del agua cayendo a borbotones sobre su cuerpo empapado ya está para siempre en el Archivo de TVE. Lo que no consiguió Ruth Lorenzo en Eurovisión, se ha hecho posible en el Estudio 5 de Prado del Rey.. Y la gala ha ido bailando del gran show a la emoción más íntima. Con Malú, con Daviles de Novelda, con Ana Torroja, con Chanel. Con la habilidad para no solo actuar en el set principal y enriquecer la emisión aprovechando cada rincón de la ambientación. También los sofacicos de los costados. Y la trastienda de un decorado que se ve bonito por delante y por detrás. Porque en la tele debe apetecer estar. Aunque, en realidad, sea una fría nave industrial. Un espectáculo que quedará como documentación generacional y no solo como promoción discográfica instantánea. Porque no solo se ha grabado un concierto, se ha creado música en directo con las artes de la tele. La tele que no solo habla, busca la experiencia de transmitir.
