Los consumos audiovisuales han cambiado tanto que a la televisión le cuesta cada vez más superar el millón de espectadores. Lo hemos visto esta semana con la semifinal de estreno del Benidorm Fest que, por primera vez, quedó por debajo de esta barrera psicológica. La gala sumó 850.000 espectadores, a pesar de toda la pompa promocional de RTVE.. La ausencia del morbo de intentar atisbar el porvenir eurovisivo de los artistas y la “perfección” monocromática de los números musicales no han despertado la curiosidad de los espectadores forasteros. El acontecimiento parecía menos acontecimiento. Aunque, más allá de estas vicisitudes puntuales, hay otra realidad de fondo: el público se va marchando de la tele.. De ahí que para todo el sector audiovisual haya sido un esperanzador triunfo la elevada audiencia de Pasapalabra entregando su bote de 2.716.000 de euros a Rosa Rodríguez. La televisión ha vuelto a demostrar su fortaleza como gran medio de masas que puede congregar a un 36.8 por ciento de share (subiendo hasta a un vertiginoso 45,7 por ciento de share en el momento en el que se resuelve el rosco) y una media de 3.696.000 espectadores.. Un resultado que es una victoria de la tele en conjunto. No solo de un canal. Porque las cadenas deben abrir miras en su forma de competir. Los rivales han evolucionado. De hecho, es un error el planteamiento reducionista de la vieja pelea exclusivamente entre las mismas frecuencias tradicionales (La 1, Antena 3, Telecinco…). El porvenir de la industria está en la capacidad de hacer equipo entre los canales nacionales y mostrar a la sociedad las virtudes de la televisión lineal frente a las plataformas y apps.. La tecnología cambia. Nuestra capacidad de atención, también. Estamos más distraídos que nunca: recibimos impactos sin tregua desde el mismo móvil que no soltamos de la mano. Habitamos en una arrolladora instantaneidad audiovisual en el que todo pasa y nada queda. En cambio, el longevo fenómeno de Pasapalabra subraya que la tele continúa marcando la agenda social. Sobre todo si huye del estrés del maratón de visionado de series y crea fidelidad con ayuda de la elaboración creativa, que es más difícil de encontrar en el frenético aluvión de vídeos cortos de las redes sociales.. Pasapalabra es la cita que hay que esperar a diario como una ilusión imperdible. Su dinámica da tiempo al tiempo: a conocer a los concursantes, a pensar las palabras por las que perdieron e incluso a reflexionar con ayuda de algún significado extraño. En un mundo audiovisual donde las imágenes arrollan a otras imágenes, Pasapalabra afianza cómplices con pruebas concretas y participantes de andar por casa. No se calienta cabezas con proclamas, nos ponen a jugar desde la cordialidad. Nos invitan a admirar a personas que se lo preparan y, aún así, se equivocan. Hasta pierden. Como todos.. Las liturgias de la tele de siempre permiten acompañar a los concursantes en el recorrido hacia una poderosa meta. Y cuando llega el ansiado desenlace nadie quiere perdérselo. También los infieles que no siguen en cada emisión el programa. Sentimos que todos somos parte del proceso.. Pasapalabra define la tele como ese punto de mezcolanza de diferentes y, al mismo tiempo, iguales. Desde el buen rollo. Desde una mesa de leds en la que nadie está por encima de nadie. Desde la luminosidad de un plató que confirma que las cadenas clásicas mantienen su gran poder: el zapping que te hace cruzarte realidades que, en tantos casos, nunca teclearíamos por nosotros mismos en un buscador. La tele que reúne, a sociedad y anunciantes, con las emociones cotidianas que son eternas y no tanto con los sustos que simplemente aturden. De Verano Azul a Pasapalabra, pasando por Operación Triunfo o Cuéntame cómo pasó. El invento de la tele todavía no está caduco. Al menos, si comprende la ventana compartida que es y que otros todavía son incapaces de ofrecer.
La fuerza de la televisión sigue vigente.
20MINUTOS.ES – Televisión
Los consumos audiovisuales han cambiado tanto que a la televisión le cuesta cada vez más superar el millón de espectadores. Lo hemos visto esta semana con la semifinal de estreno del Benidorm Fest que, por primera vez, quedó por debajo de esta barrera psicológica. La gala sumó 850.000 espectadores, a pesar de toda la pompa promocional de RTVE.. La ausencia del morbo de intentar atisbar el porvenir eurovisivo de los artistas y la “perfección” monocromática de los números musicales no han despertado la curiosidad de los espectadores forasteros. El acontecimiento parecía menos acontecimiento. Aunque, más allá de estas vicisitudes puntuales, hay otra realidad de fondo: el público se va marchando de la tele.. De ahí que para todo el sector audiovisual haya sido un esperanzador triunfo la elevada audiencia de Pasapalabra entregando su bote de 2.716.000 de euros a Rosa Rodríguez. La televisión ha vuelto a demostrar su fortaleza como gran medio de masas que puede congregar a un 36.8 por ciento de share (subiendo hasta a un vertiginoso 45,7 por ciento de share en el momento en el que se resuelve el rosco) y una media de 3.696.000 espectadores.. Un resultado que es una victoria de la tele en conjunto. No solo de un canal. Porque las cadenas deben abrir miras en su forma de competir. Los rivales han evolucionado. De hecho, es un error el planteamiento reducionista de la vieja pelea exclusivamente entre las mismas frecuencias tradicionales (La 1, Antena 3, Telecinco…). El porvenir de la industria está en la capacidad de hacer equipo entre los canales nacionales y mostrar a la sociedad las virtudes de la televisión lineal frente a las plataformas y apps.. La tecnología cambia. Nuestra capacidad de atención, también. Estamos más distraídos que nunca: recibimos impactos sin tregua desde el mismo móvil que no soltamos de la mano. Habitamos en una arrolladora instantaneidad audiovisual en el que todo pasa y nada queda.En cambio, el longevo fenómeno de Pasapalabra subraya que la tele continúa marcando la agenda social. Sobre todo si huye del estrés del maratón de visionado de series y crea fidelidad con ayuda de la elaboración creativa, que es más difícil de encontrar en el frenético aluvión de vídeos cortos de las redes sociales.. Pasapalabra es la cita que hay que esperar a diario como una ilusión imperdible. Su dinámica da tiempo al tiempo: a conocer a los concursantes, a pensar las palabras por las que perdieron e incluso a reflexionar con ayuda de algún significado extraño. En un mundo audiovisual donde las imágenes arrollan a otras imágenes, Pasapalabra afianza cómplices con pruebas concretas y participantes de andar por casa. No se calienta cabezas con proclamas, nos ponen a jugar desde la cordialidad. Nos invitan a admirar a personas que se lo preparan y, aún así, se equivocan. Hasta pierden. Como todos.. Las liturgias de la tele de siempre permiten acompañar a los concursantes en el recorrido hacia una poderosa meta. Y cuando llega el ansiado desenlace nadie quiere perdérselo. También los infieles que no siguen en cada emisión el programa. Sentimos que todos somos parte del proceso.. Pasapalabra define la tele como ese punto de mezcolanza de diferentes y, al mismo tiempo, iguales. Desde el buen rollo. Desde una mesa de leds en la que nadie está por encima de nadie. Desde la luminosidad de un plató que confirma que las cadenas clásicas mantienen su gran poder: el zapping que te hace cruzarte realidades que, en tantos casos, nunca teclearíamos por nosotros mismos en un buscador. La tele que reúne, a sociedad y anunciantes, con las emociones cotidianas que son eternas y no tanto con los sustos que simplemente aturden. De Verano Azul a Pasapalabra, pasando por Operación Triunfo o Cuéntame cómo pasó. El invento de la tele todavía no está caduco. Al menos, si comprende la ventana compartida que es y que otros todavía son incapaces de ofrecer.
