En un corte para publicidad, aparecen las manos de un hombre tocando una caja que nos suena de algo. Se descubre la imagen y, sorpresa, es Juanra Bonet. Sentado en una mesa, con fondo plano, de estudio fotográfico en los años noventa. Anuncia que presentará Allá tú. Ahora ya sabemos por qué nos sonaba el cofre de cartón. Pero la fría sala en la que está y la luz mustia de la promoción no transmite nada de la alegría con la que se debería vender el concurso de azar. Ni siguiera la fiesta que se asociaba con Telecinco. Irradia lo contrario: pobreza.. En otro intermedio, asoma Carlos Sobera. Frente a un espejo, poniéndose una chaqueta. “Carlos, ¿algún superpoder que no tengas?”, le pregunta una voz en off mientras suena de fondo una musiquilla de hilo musical de ascensor de geriátrico. “Me encantaría saber el precio al céntimo de todas las cosas”, contesta. Están comunicando que vuelve El Precio Justo. Un programa que cuando ha triunfado contagiaba desde su estética la calidez del dorado. Ese brilli brilli que remite a lujo y, a la vez, a publicidad de Gas Natural, que da siempre gustito contra el frío del invierno.. Pero aquí, de nuevo, la luz es fría. Y eso que se han llevado a Sobera a una opulenta mansión, como para querer recalcar que son una cadena con pedigrí, elegante, aunque al final esos casoplones suelen mostrar más distancia con la sociedad que otra historia. Y, para remate del spot, aparece el logo del programa, ‘¡El Precio Justo!’ con un diseño pálido y en 3D digno de WordArt de los comienzos de Internet.. También se publicita el regreso de GH DÚO con imágenes de la casa de Gran Hermano, a la espera de que lleguen sus nuevos inquilinos. Esta vez, famosos. Las habitaciones de GH vacías mostrando el vacío. Se podía haber optado por momentos gloriosos del concurso, pero se realiza más rápido el traveling por una casa en soledad. Son las apuestas de Telecinco para el comienzo del año. Son los spots de autobombo que deberían contagiar la ilusión de todo lo nuevo que está por venir y querer vivirlo en primera persona. Pero, paradójicamente, proyectan soledad, pesadumbre, incluso que esto ya lo hemos visto todo antes y contado con más ganas.. En Telecinco eran habitual las promos festivas. Venían a decir que aquí te acogemos seas como seas, estés acompañado o estés perdido. La tele de los jóvenes, de las mujeres, de las abuelas, de la compañía cuando las casas se quedan sin el alborozo de las familias. Ahora, hasta su anuncio repleto de buenas intenciones de la Navidad, parecía una versión para señores encorbatados de las emotivas historias de congregación social en tiempos de crispación que buscan las campañas navideñas de La Lotería, Telefónica o Campofrío.. Telecinco ha pasado de ser la ironía arrebatada de la calle que viste cómo le da la gana a enfundarse un traje pijo que no le entra. Y las promos se han impregnado de esa desazón. Es la cadena de las promociones que intentan animar sin poder disimular el desánimo. La merma de presupuesto es la pescadilla que se muerde la cola, pues es difícil el crecimiento de un canal de televisión sin margen importante para la inversión. Aunque hay una circunstancia igual de esencial todavía: es imposible cambiar el estado actual sin decisiones valientes que se atrevan al color de las ideas. No les queda otra, Mediaset debe lanzarse a la piscina de la creatividad que cree en la inteligencia del espectador y no quedarse enquistada en repetir lo que ya hace nada no funcionó. Ni siquiera los tráiler de los programas logran motivarnos las expectativas. En vez de animar a verlos, te entra la sensación de un frío por el cuerpo…
Telecinco vive su peor momento histórico de audiencias. Y las promos no pueden disimular la desazón.
20MINUTOS.ES – Televisión
En un corte para publicidad, aparecen las manos de un hombre tocando una caja que nos suena de algo. Se descubre la imagen y, sorpresa, es Juanra Bonet. Sentado en una mesa, con fondo plano, de estudio fotográfico en los años noventa. Anuncia que presentará Allá tú. Ahora ya sabemos por qué nos sonaba el cofre de cartón. Pero la fría sala en la que está y la luz mustia de la promoción no transmite nada de la alegría con la que se debería vender el concurso de azar. Ni siguiera la fiesta que se asociaba con Telecinco. Irradia lo contrario: pobreza.. En otro intermedio, asoma Carlos Sobera. Frente a un espejo, poniéndose una chaqueta. “Carlos, ¿algún superpoder que no tengas?”, le pregunta una voz en off mientras suena de fondo una musiquilla de hilo musical de ascensor de geriátrico. “Me encantaría saber el precio al céntimo de todas las cosas”, contesta. Están comunicando que vuelve El Precio Justo. Un programa que cuando ha triunfado contagiaba desde su estética la calidez del dorado. Ese brilli brilli que remite a lujo y, a la vez, a publicidad de Gas Natural, que da siempre gustito contra el frío del invierno.. Pero aquí, de nuevo, la luz es fría. Y eso que se han llevado a Sobera a una opulenta mansión, como para querer recalcar que son una cadena con pedigrí, elegante, aunque al final esos casoplones suelen mostrar más distancia con la sociedad que otra historia. Y, para remate del spot, aparece el logo del programa, ‘¡El Precio Justo!’ con un diseño pálido y en 3D digno de WordArt de los comienzos de Internet.. También se publicita el regreso de GH DÚO conimágenes de la casa de Gran Hermano, a la espera de que lleguen sus nuevos inquilinos. Esta vez, famosos. Las habitaciones de GH vacías mostrando el vacío. Se podía haber optado por momentos gloriosos del concurso, pero se realiza más rápido el traveling por una casa en soledad. Son las apuestas de Telecinco para el comienzo del año. Son los spots de autobombo que deberían contagiar la ilusión de todo lo nuevo que está por venir y querer vivirlo en primera persona. Pero, paradójicamente, proyectan soledad, pesadumbre, incluso que esto ya lo hemos visto todo antes y contado con más ganas.. En Telecinco eran habitual las promos festivas. Venían a decir que aquí te acogemos seas como seas, estés acompañado o estés perdido. La tele de los jóvenes, de las mujeres, de las abuelas, de la compañía cuando las casas se quedan sin el alborozo de las familias. Ahora, hasta su anuncio repleto de buenas intenciones de la Navidad, parecía una versión para señores encorbatados de las emotivas historias de congregación social en tiempos de crispación que buscan las campañas navideñas de La Lotería, Telefónica o Campofrío.. Telecinco ha pasado de ser la ironía arrebatada de la calle que viste cómo le da la gana a enfundarse un traje pijo que no le entra. Y las promos se han impregnado de esa desazón. Es la cadena de las promociones que intentan animar sin poder disimular el desánimo. La merma de presupuesto es la pescadilla que se muerde la cola, pues es difícil el crecimiento de un canal de televisión sin margen importante para la inversión. Aunque hay una circunstancia igual de esencial todavía: es imposible cambiar el estado actual sin decisiones valientes que se atrevan al color de las ideas. No les queda otra, Mediaset debe lanzarse a la piscina de la creatividad que cree en la inteligencia del espectador y no quedarse enquistada en repetir lo que ya hace nada no funcionó. Ni siquiera los tráiler de los programas logran motivarnos las expectativas. En vez de animar a verlos, te entra la sensación de un frío por el cuerpo…
