Hay manuscritos que viajan mucho y merecen descansar. Eso es lo que le ha pasado al de un poema de Federico García Lorca que en los últimos años ha pasado por diferentes manos, especialmente las de libreros y subasteros en Estados Unidos, España, Francia y Alemania. Fue en este último país, concretamente en Kotte Autographs donde el enlorquecido cantaor Miguel Poveda accedió a un pequeño gran tesoro: un poema autógrafo deLorca que en su reverso ocultaba un secreto lírico.. Desde hace un tiempo, Poveda está llevando a cabo una encomiable labor de rescate y conservación de materiales relacionados con la Generación del 27, especialmente el poeta granadino y su circunstancia. Es ahí donde entra la aparición de, en primer lugar, el manuscrito titulado aquí «La raíz amarga» y que es la sexta gacela del poemario «Diván del Tamarit». Lorca lo publicó originalmente en 1932 como simplemente «Poema» en las páginas de la revista «Héroe» de Madrid, dedicándolo a Luis Cernuda. El poeta uruguayo Julio J. Casal fue el receptor del manuscrito, un generoso regalo de Lorca.. Hace unos meses quien esto escribe advirtió a Poveda que Kotte Autographs tenía en su poder ese poema. El cantaor no lo dudó y no tardó en llamarme para decirme que había hecho «una locura, una bendita locura». Había salvado aquella cuartilla. Pero mayor fue su sorpresa cuando al recibirla en el reverso descubrió unas anotaciones a lápiz. Se imponía llevar a cabo una investigación.. Pese a que en un primer momento se pensaba que se trataba de unos versos escritos por el reivindicable Julio J. Casal, Poveda me comenta que ha localizado indicios suficientes para atribuir ese reverso a Lorca. Fue Pepa Merlo, responsable de una edición crítica del «Divan del Tamarit», quien llevó a cabo ese trabajo mediante una indagación entre los papeles del autor de «Poeta en Nueva York» en el centro que lleva su nombre en Granada. Todo ello forma parte de un pequeño libro que aparecerá próximamente. Por tanto, hay pistas caligráficas para asegurar que estamos ante algo de la mano de Federico.. El estilo de los versos no tiene nada que ver con los que escribía Julio J. Casal, algo barroco en sus formas. ¿Podría tratarse de la voz del poeta de Fuente Vaqueros? ¿Son versos desechados de un poema que no pudo ser? Es una hipótesis nada descartable. No era extraño para el autor de «Bodas de sangre» usar sus cuartillas para convertirlas en una especie de taller del alquimista, un laboratorio en el que experimentar. Por ejemplo, en algunos de los manuscritos lorquianos depositados en la Biblioteca Nacional, podemos ver cómo aprovechaba esas páginas para escribir una composición y, a la vez, en un extremo o en un reverso, añadir apuntes para algún otro proyecto que en ocasiones no se materializaba.. Lo que no es tan habitual en el mundo de los inéditos lorquianos es encontrar material literario. Es frecuente dar con nuevas cartas o dibujos desconocidos. Frecuente no es que aparezcan poemas perdidos. Por eso, lo que ha conseguido Miguel Poveda es un pequeño gran milagro y la muestra de que Lorca sigue siendo un enigma infinito.
Un manuscrito adquirido por el cantaor descubre un poema desconocido hasta ahora
Hay manuscritos que viajan mucho y merecen descansar. Eso es lo que le ha pasado al de un poema de Federico García Lorca que en los últimos años ha pasado por diferentes manos, especialmente las de libreros y subasteros en Estados Unidos, España, Francia y Alemania. Fue en este último país, concretamente en Kotte Autographs donde el enlorquecido cantaor Miguel Poveda accedió a un pequeño gran tesoro: un poema autógrafo deLorca que en su reverso ocultaba un secreto lírico.. Desde hace un tiempo, Poveda está llevando a cabo una encomiable labor de rescate y conservación de materiales relacionados con la Generación del 27, especialmente el poeta granadino y su circunstancia. Es ahí donde entra la aparición de, en primer lugar, el manuscrito titulado aquí «La raíz amarga» y que es la sexta gacela del poemario «Diván del Tamarit». Lorca lo publicó originalmente en 1932 como simplemente «Poema» en las páginas de la revista «Héroe» de Madrid, dedicándolo a Luis Cernuda. El poeta uruguayo Julio J. Casal fue el receptor del manuscrito, un generoso regalo de Lorca.. Hace unos meses quien esto escribe advirtió a Poveda que Kotte Autographs tenía en su poder ese poema. El cantaor no lo dudó y no tardó en llamarme para decirme que había hecho «una locura, una bendita locura». Había salvado aquella cuartilla. Pero mayor fue su sorpresa cuando al recibirla en el reverso descubrió unas anotaciones a lápiz. Se imponía llevar a cabo una investigación.. Pese a que en un primer momento se pensaba que se trataba de unos versos escritos por el reivindicable Julio J. Casal, Poveda me comenta que ha localizado indicios suficientes para atribuir ese reverso a Lorca. Fue Pepa Merlo, responsable de una edición crítica del «Divan del Tamarit», quien llevó a cabo ese trabajo mediante una indagación entre los papeles del autor de «Poeta en Nueva York» en el centro que lleva su nombre en Granada. Todo ello forma parte de un pequeño libro que aparecerá próximamente. Por tanto, hay pistas caligráficas para asegurar que estamos ante algo de la mano de Federico.. El estilo de los versos no tiene nada que ver con los que escribía Julio J. Casal, algo barroco en sus formas. ¿Podría tratarse de la voz del poeta de Fuente Vaqueros? ¿Son versos desechados de un poema que no pudo ser? Es una hipótesis nada descartable. No era extraño para el autor de «Bodas de sangre» usar sus cuartillas para convertirlas en una especie de taller del alquimista, un laboratorio en el que experimentar. Por ejemplo, en algunos de los manuscritos lorquianos depositados en la Biblioteca Nacional, podemos ver cómo aprovechaba esas páginas para escribir una composición y, a la vez, en un extremo o en un reverso, añadir apuntes para algún otro proyecto que en ocasiones no se materializaba.. Lo que no es tan habitual en el mundo de los inéditos lorquianos es encontrar material literario. Es frecuente dar con nuevas cartas o dibujos desconocidos. Frecuente no es que aparezcan poemas perdidos. Por eso, lo que ha conseguido Miguel Poveda es un pequeño gran milagro y la muestra de que Lorca sigue siendo un enigma infinito.
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