El discurso real de esta Navidad de 2025 ha supuesto un antes y un después en su liturgia visual. Ya nada más empezar, la primera imagen ha mostrado el exterior de un Palacio Real vivo, en el corazón de Madrid, con ciudadanos paseando a su alrededor. No es baladí. El Palacio no está solo. Está con la gente en convivencia.. Esta imagen de contextualización ha dado paso al plano de una cámara móvil que graba un ventanal. Está trasladando la mirada curiosa del espectador desde la calle al interior de un edificio que es un monumento de Patrimonio Nacional. Así, en los momentos preliminares, se presentan los ornamentales techos de palacio, se aprecia un belén instalado en la repisa de una esquina y asoma el árbol navideño iluminado, que ya se había colado en el reflejo de los cristales de esa ventana palaciega abierta.. Estos diversos planos no solo conforman la habitual carta de presentación previa, la llamada ‘cabecera’. Ya están formando parte del discurso. Y todavía no lo sabemos. Porque la última imagen de la introducción empieza grabando el techo de una sala del palacio en un plano secuencia, sin cortes, que va abriéndose hasta encontrarse con Felipe VI, entrando en la estancia. La realización nos invita a cruzarnos con él. Como si estuviéramos paseando por el Palacio Real.. Por primera vez, el rey camina en su mensaje navideño. Y lo hace con el ritmo, el ímpetu y la cercanía que favorece un discurso en movimiento. «Buenas noches, hace cuarenta años, en este mismo Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, se firmó el tratado por el que ingresábamos en las comunidades europeas». Se inicia el parlamento, enmarcando la relevancia del lugar elegido.. El salto televisivo es evidente: la realización visual muestra con solemnidad al jefe de Estado no solo a España, también fuera de nuestras fronteras. Con la historia que representa el espacio, con la gestualidad de las manos, con la actitud proactiva de su expresividad -libre de las ataduras de los muebles- frente a unas cámaras que, además, apuestan por una cierta oscilación que no molesta. Que si un travelling, que si un zoom. Lo que nos recuerda que hace tiempo que se terminó con la rigidez de la realización de este mensaje. Aquella que forzaba unos bruscos cambios de planos durante el discurso que eran tan parodiables. Tampoco, en esta Navidad, ha habido marcos detrás del rey, que invitaban a que el espectador jugara desde casa a la emoción íntima de adivinar quién salía en las fotos más que escuchara la reflexión del discurso.. La puesta en escena elegida del mensaje navideño de 2025 hace aquello qu algunos denominan ‘marca España’, pues la retransmisión proyecta la fuerza de nuestra historia desde la modernidad de las narrativas actuales. El foco se pone en las palabras de Felipe VI, respaldadas desde un salón que es consistente testigo de momentos esenciales de nuestro país y, a la vez, se enseña grabado con una mirada que define cómo somos hoy, donde necesitamos la serenidad de la memoria como nunca pero actuando sin permitirnos quedarnos sentados como en los discursos de antes.
Se ha reforzado la solemnidad que necesitaba el tradicional discurso de Navidad del jefe de Estado.
20MINUTOS.ES – Televisión
El discurso real de esta Navidad de 2025 ha supuesto un antes y un después en su liturgia visual. Ya nada más empezar, la primera imagen ha mostrado el exterior de un Palacio Real vivo, en el corazón de Madrid, con ciudadanos paseando a su alrededor. No es baladí. El Palacio no está solo. Está con la gente en convivencia.. Esta imagen de contextualización ha dado paso al plano de una cámara móvil que graba un ventanal. Está trasladando la mirada curiosa del espectador desde la calle al interior de un edificio que es un monumento de Patrimonio Nacional. Así, en los momentos preliminares, se presentan los ornamentales techos de palacio, se aprecia un belén instalado en la repisa de una esquina y asoma el árbol navideño iluminado, que ya se había colado en el reflejo de los cristales de esa ventana palaciega abierta.. Estos diversos planos no solo conforman la habitual carta de presentación previa, la llamada ‘cabecera’. Ya están formando parte del discurso. Y todavía no lo sabemos. Porque la última imagen de la introducción empieza grabando el techo de una sala del palacio en un plano secuencia, sin cortes, que va abriéndose hasta encontrarse con Felipe VI, entrando en la estancia. La realización nos invita a cruzarnos con él. Como si estuviéramos paseando por el Palacio Real.. Por primera vez, el rey camina en su mensaje navideño. Y lo hace con el ritmo, el ímpetu y la cercanía que favorece un discurso en movimiento. «Buenas noches, hace cuarenta años, en este mismo Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, se firmó el tratado por el que ingresábamos en las comunidades europeas». Se inicia el parlamento, enmarcando la relevancia del lugar elegido.. El salto televisivo es evidente: la realización visual muestra con solemnidad al jefe de Estado no solo a España, también fuera de nuestras fronteras. Con la historia que representa el espacio, con la gestualidad de las manos, con la actitud proactiva de su expresividad -libre de las ataduras de los muebles- frente a unas cámaras que, además, apuestan por una cierta oscilación que no molesta. Que si un travelling, que si un zoom. Lo que nos recuerda que hace tiempo que se terminó con la rigidez de la realización de este mensaje. Aquella que forzaba unos bruscos cambios de planos durante el discurso que eran tan parodiables. Tampoco, en esta Navidad, ha habido marcos detrás del rey, que invitaban a que el espectador jugara desde casa a la emoción íntima de adivinar quién salía en las fotos más que escuchara la reflexión del discurso.. La puesta en escena elegida del mensaje navideño de 2025 hace aquello qu algunos denominan ‘marca España’, pues la retransmisión proyecta la fuerza de nuestra historia desde la modernidad de las narrativas actuales. El foco se pone en las palabras de Felipe VI, respaldadas desde un salón que es consistente testigo de momentos esenciales de nuestro país y, a la vez, se enseña grabado con una mirada que define cómo somos hoy, donde necesitamos la serenidad de la memoria como nunca pero actuando sin permitirnos quedarnos sentados como en los discursos de antes.
