Castilla y León es una región histórica donde las haya, aunque no se la reconozca como tal, formada por los antiguos reinos de Castilla y de León, y que ha formado parte de la construcción de lo que hoy es España. Y lo es por la importancia y el legado de muchos de sus reyes, como el que ocupa estas líneas de hoy, coincidiendo con el aniversario de su muerte, hace 838 años: el rey Fernando II de León. Un monarca, hijo de Alfonso VII de León y de la Reina Berenguela, que ascendió al trono en el año 1157 a la muerte de su padre. Y que tuvo un reinado más o menos largo, de 31 años (1157-1188), del que los expertos e historiadores destacan varios aspectos clave:. En primer lugar, que fue el que impulsó la repoblación de ciudades estratégicas como Ciudad Rodrigo y Ledesma, en la provincia de Salmanca, para fortalecer la frontera.. También que apoyó la creación y consolidación de la Orden de Santiago (inicialmente Fratres de Cáceres) y la Orden de Alcántara para defender los territorios reconquistados.. Pero, sobre todo, de este monarca se ha destacado que fue uno de los que cambió el curso de la Reconquista. Al respecto, fue azote de los árabes y dirigió diversas incursiones en los Reinos musulmanes.. Se hizo con el poder de la entonces muuslmana Alcántara en el año 1166, llevó a cabo una intensa actividad repobladora en zonas como Ciudad Rodrigo y Ledesma, y encomendó la defensa de la frontera a las recién creadas órdenes militares de Santiago y Alcántara, órdenes que fueron compensadas con cuantiosos bienes y privilegios y que serían de gran importancia para el posterior desarrollo de la Reconquista.. Fernando II se casó tres veces: primero con Urraca de Portugal, luego con Teresa Fernández de Traba y finalmente con Urraca López de Haro. Y fue sucedido por su hijo Alfonso IX. Murió el 22 de enero de 1188 en Benavente y sus restos descansan en el Panteón de Reyes de la Catedral de Santiago de Compostela.. Heredó el Reino de León tras la división de los reinos de su padre, Alfonso VII, quedando a cargo de León y Galicia.. Su reinado fue una época de luchas internas entre reinos cristianos y de ofensivas musulmanas, donde León jugaba un papel fundamental en la lucha por el control peninsula. Durante su reinado mantuvo una relación compleja con el reino de Portugal, llegando a capturar a su suegro, el rey Alfonso I de Portugal, en la Batalla de Badajoz (1169), aunque posteriormente lo liberó.. Fue un monarca que también tuvo protagonismo en la política castellana, debido a la muerte a una edad temprana de su hermano Sancho III de Castilla en el año 1158. Un fallecimiento que le permitió ocupar la Tierra de Campos un año después. También quiso tutelar la minoría de edad de su sobrino Alfonso, el futuro Alfonso VIII de Castilla, y por ellos e tituló se ‘rex Hispaniae’. O lo que es lo mismo, rey de Hispania.. Concilio de Valladolid. Por otro lado, cabe señalar que su designación como heredero de León se produjo en el concilio celebrado en Valladolid el año 1155, donde triunfaron definitivamente los criterios de división de la herencia de Alfonso VII y que, por el contrario, supuso el fin casi definitivo de la llamada idea imperial leonesa, que venía preconizando la existencia de un “imperium” a nivel peninsular, y la consolidación de la diversidad política, en la que habrían de participar también Portugal, recién constituido reino, Navarra y Aragón., según se informa desde la Real Academia de Historia (RAH).. El caso es que, en aquel concilio de Valladolid de 1155, se acordaron los términos precisos de la división, que suponía una nueva separación de Castilla y León.. Según lo pactado, Fernando II recibiría Asturias, Galicia y León con las tierras al oeste de la ruta de la plata, o sea Toro, Zamora y Salamanca y todas las villas que les eran adyacentes.. De su carácter han destacado también su capacidad de gobierno y su celo por mantener y acrecentar las fronteras de su monarquía. Todo esto hubo de hacerlo, además, teniendo a veces enfrente a una nobleza poderosa, unos vecinos peligrosos y, sobre todo, un enemigo difícil en los almohades norteafricanos, ocupantes entonces de buena parte del sur de la Península.
Esta semana se cumplen 838 años de la muerte en la localidad zamorana de Benavente de este gran monarca impulsor de la repoblación en lugares estratégicos como Ciudad Rodrigo y Ledesma
Castilla y León es una región histórica donde las haya, aunque no se la reconozca como tal, formada por los antiguos reinos de Castilla y de León, y que ha formado parte de la construcción de lo que hoy es España. Y lo es por la importancia y el legado de muchos de sus reyes, como el que ocupa estas líneas de hoy, coincidiendo con el aniversario de su muerte, hace 838 años: el rey Fernando II de León. Un monarca, hijo de Alfonso VII de León y de la Reina Berenguela, que ascendió al trono en el año 1157 a la muerte de su padre. Y que tuvo un reinado más o menos largo, de 31 años (1157-1188), del que los expertos e historiadores destacan varios aspectos clave:. En primer lugar, que fue el que impulsó la repoblación de ciudades estratégicas como Ciudad Rodrigo y Ledesma, en la provincia de Salmanca, para fortalecer la frontera.. También que apoyó la creación y consolidación de la Orden de Santiago (inicialmente Fratres de Cáceres) y la Orden de Alcántara para defender los territorios reconquistados.. Pero, sobre todo, de este monarca se ha destacado que fue uno de los que cambió el curso de la Reconquista. Al respecto, fue azote de los árabes y dirigió diversas incursiones en los Reinos musulmanes.. Se hizo con el poder de la entonces muuslmana Alcántara en el año 1166, llevó a cabo una intensa actividad repobladora en zonas como Ciudad Rodrigo y Ledesma, y encomendó la defensa de la frontera a las recién creadas órdenes militares de Santiago y Alcántara, órdenes que fueron compensadas con cuantiosos bienes y privilegios y que serían de gran importancia para el posterior desarrollo de la Reconquista.. Fernando II se casó tres veces: primero con Urraca de Portugal, luego con Teresa Fernández de Traba y finalmente con Urraca López de Haro. Y fue sucedido por su hijo Alfonso IX. Murió el 22 de enero de 1188 en Benavente y sus restos descansan en el Panteón de Reyes de la Catedral de Santiago de Compostela.. Heredó el Reino de León tras la división de los reinos de su padre, Alfonso VII, quedando a cargo de León y Galicia.. Su reinado fue una época de luchas internas entre reinos cristianos y de ofensivas musulmanas, donde León jugaba un papel fundamental en la lucha por el control peninsula. Durante su reinado mantuvo una relación compleja con el reino de Portugal, llegando a capturar a su suegro, el rey Alfonso I de Portugal, en la Batalla de Badajoz (1169), aunque posteriormente lo liberó.. Fue un monarca que también tuvo protagonismo en la política castellana, debido a la muerte a una edad temprana de su hermano Sancho III de Castilla en el año 1158. Un fallecimiento que le permitió ocupar la Tierra de Campos un año después. También quiso tutelar la minoría de edad de su sobrino Alfonso, el futuro Alfonso VIII de Castilla, y por ellos e tituló se ‘rex Hispaniae’. O lo que es lo mismo, rey de Hispania.. Por otro lado, cabe señalar que su designación como heredero de León se produjo en el concilio celebrado en Valladolid el año 1155, donde triunfaron definitivamente los criterios de división de la herencia de Alfonso VII y que, por el contrario, supuso el fin casi definitivo de la llamada idea imperial leonesa, que venía preconizando la existencia de un “imperium” a nivel peninsular, y la consolidación de la diversidad política, en la que habrían de participar también Portugal, recién constituido reino, Navarra y Aragón., según se informa desde la Real Academia de Historia (RAH).. El caso es que, en aquel concilio de Valladolid de 1155, se acordaron los términos precisos de la división, que suponía una nueva separación de Castilla y León.. Según lo pactado, Fernando II recibiría Asturias, Galicia y León con las tierras al oeste de la ruta de la plata, o sea Toro, Zamora y Salamanca y todas las villas que les eran adyacentes.. De su carácter han destacado también su capacidad de gobierno y su celo por mantener y acrecentar las fronteras de su monarquía. Todo esto hubo de hacerlo, además, teniendo a veces enfrente a una nobleza poderosa, unos vecinos peligrosos y, sobre todo, un enemigo difícil en los almohades norteafricanos, ocupantes entonces de buena parte del sur de la Península.
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