Tiene uno y mil nombres, pero suele ser conocido por Berlín. Un lugar en movimiento en este caso. Quizá encaje con él por esa mezcla de historia, cultura y formación que atesora la capital alemana. Quizá no. Quién sabe. Lo cierto es que desde hace años se ha colado en el corazón de los hogares de España y medio mundo. Él es Pedro Alonso, Andrés de Fonollosa en la célebre ficción, emparentado de modo más reciente con la Dama del Armiño de Leonardo, y tiene origen gallego.. “Soy de Vigo y no lo niego”, sentenciaba hace unos años en una entrevista en Faro cuando la fama empezaba a pisarle los talones. Hoy lo ha alcanzado por completo, caminando bajo la misma sombra gallega y decidida. Aunque no siempre fue así. No, por lo menos, en los imborrables recuerdos de la infancia.. Entonces, en el anonimato de los primeros años, Pedro Alonso disfrutaba de una Galicia más rural, de la que tampoco reniega e, incluso, observa con algo parecido a la morriña. Lejos de los focos, de las alfombras rojas y de las series convertidas en fenómeno global, se construyó buena parte del carácter de uno de los actores españoles más reconocibles del momento.. Porque antes de Berlín hubo bicicletas y caídas, veranos interminables y pequeñas carreteras de montaña. Meriendas al aire libre, fiestas populares y tardes recorriendo una aldea escondida entre los verdes de Galicia. Ese lugar existe y sigue prácticamente intacto. Se llama Soutelo de Montes.. El refugio gallego de Pedro Alonso. “Me acabo de tomar un cocido nada más llegar a Galicia”, comentaba el actor en 2024 en otra entrevista en Faro de Vigo, cuando regresó a la tierra de su familia para recibir un homenaje de la asociación Amigos da Terra de Montes.. Soutelo de Montes apenas supera los 400 habitantes. Se encuentra en la parroquia de Magdalena, dentro del municipio de Forcarei, en plena comarca de Terra de Montes. Un territorio donde el paisaje cambia entre montañas suaves, bosques, diminutas aldeas y viejas construcciones de piedra que parecen de otra época.. Es una Galicia interior y auténtica. La de los canteros, los cruceiros, las iglesias del rural y las fiestas populares.. Bajo este prisma, no es de extrañar que, con el paso del tiempo, Soutelo dejase de ser únicamente el pueblo de los veranos para terminar convirtiéndose en refugio personal. El propio Pedro Alonso ha reconocido que fue allí donde, con 33 años, decidió apartarse temporalmente del mundo. Un retiro íntimo que marcó un antes y un después en su vida.. Casa modernista. Aunque la aldea mantiene intacta su esencia rural, Soutelo de Montes guarda también algunas sorpresas inesperadas. La más llamativa aparece casi de repente junto a la carretera que conecta Pontevedra y Ourense. Se trata de la conocida como Casa modernista González Barros, una enorme construcción de los años treinta que rompe visualmente con el paisaje tradicional de la zona.. El edificio destaca por sus galerías, sus grandes arcadas y la llamativa decoración exterior realizada con azulejos portugueses. Desde la distancia parece casi un pequeño palacio emergiendo entre cultivos y prados verdes.. El pueblo de los gaiteros. Pero si hay algo que define históricamente a Soutelo de Montes es su relación con la música tradicional gallega. La localidad está profundamente vinculada a los célebres Gaiteros de Soutelo, el conjunto formado por los hermanos Cachafeiro que llevó la música gallega por distintos países durante las primeras décadas del siglo XX.. Ese legado sigue muy presente. Uno de los puntos más simbólicos es la Plaza dos Gaiteros, creada en torno a 1980 coincidiendo con la primera Festa do Gaiteiro. En el centro se alza una escultura dedicada precisamente a aquellos músicos históricos, obra del escultor gallego Xoán Piñeiro.. A finales de agosto, el pueblo celebra precisamente la Festa do Gaiteiro, declarada Fiesta de Interés Turístico Gallego. Durante varios días, la música tradicional invade las calles entre pasacalles, actuaciones y bailes populares.. Entre petos de ánimas y montañas verdes. Más allá de la música, Soutelo conserva también otros elementos profundamente ligados a la identidad gallega. Uno de ellos es el Peto das Ánimas, un pequeño santuario levantado en 1832 dedicado a la Virgen de la Inmaculada Concepción. Como tantos otros petos gallegos, mantiene viva la tradición de rezar por las almas del purgatorio y dejar limosnas para ayudar a su salvación.. Todo alrededor respira esa Galicia tranquila y alejada de las grandes urbes. Caminos, montes, silencio y aldeas. Quizá por eso, incluso después de conquistar Netflix y convertirse en uno de los rostros más famosos de la televisión internacional, Pedro Alonso sigue encontrando aquí algo que no aparece en ningún guion: el lugar donde empezó todo.
El afamado actor sigue regresando a una pequeña aldea de Pontevedra donde pasó los veranos de su infancia
Tiene uno y mil nombres, pero suele ser conocido por Berlín. Un lugar en movimiento en este caso. Quizá encaje con él por esa mezcla de historia, cultura y formación que atesora la capital alemana. Quizá no. Quién sabe. Lo cierto es que desde hace años se ha colado en el corazón de los hogares de España y medio mundo. Él es Pedro Alonso, Andrés de Fonollosa en la célebre ficción, emparentado de modo más reciente con la Dama del Armiño de Leonardo, y tiene origen gallego.. “Soy de Vigo y no lo niego”, sentenciaba hace unos años en una entrevista en Faro cuando la fama empezaba a pisarle los talones. Hoy lo ha alcanzado por completo, caminando bajo la misma sombra gallega y decidida. Aunque no siempre fue así. No, por lo menos, en los imborrables recuerdos de la infancia.. Entonces, en el anonimato de los primeros años, Pedro Alonso disfrutaba de una Galicia más rural, de la que tampoco reniega e, incluso, observa con algo parecido a la morriña. Lejos de los focos, de las alfombras rojas y de las series convertidas en fenómeno global, se construyó buena parte del carácter de uno de los actores españoles más reconocibles del momento.. Porque antes de Berlín hubo bicicletas y caídas, veranos interminables y pequeñas carreteras de montaña. Meriendas al aire libre, fiestas populares y tardes recorriendo una aldea escondida entre los verdes de Galicia. Ese lugar existe y sigue prácticamente intacto. Se llama Soutelo de Montes.. El refugio gallego de Pedro Alonso. “Me acabo de tomar un cocido nada más llegar a Galicia”, comentaba el actor en 2024 en otra entrevista en Faro de Vigo, cuando regresó a la tierra de su familia para recibir un homenaje de la asociación Amigos da Terra de Montes.. Soutelo de Montes apenas supera los 400 habitantes. Se encuentra en la parroquia de Magdalena, dentro del municipio de Forcarei, en plena comarca de Terra de Montes. Un territorio donde el paisaje cambia entre montañas suaves, bosques, diminutas aldeas y viejas construcciones de piedra que parecen de otra época.. Es una Galicia interior y auténtica. La de los canteros, los cruceiros, las iglesias del rural y las fiestas populares.. Bajo este prisma, no es de extrañar que, con el paso del tiempo, Soutelo dejase de ser únicamente el pueblo de los veranos para terminar convirtiéndose en refugio personal. El propio Pedro Alonso ha reconocido que fue allí donde, con 33 años, decidió apartarse temporalmente del mundo. Un retiro íntimo que marcó un antes y un después en su vida.. Casa modernista. Aunque la aldea mantiene intacta su esencia rural, Soutelo de Montes guarda también algunas sorpresas inesperadas. La más llamativa aparece casi de repente junto a la carretera que conecta Pontevedra y Ourense. Se trata de la conocida como Casa modernista González Barros, una enorme construcción de los años treinta que rompe visualmente con el paisaje tradicional de la zona.. El edificio destaca por sus galerías, sus grandes arcadas y la llamativa decoración exterior realizada con azulejos portugueses. Desde la distancia parece casi un pequeño palacio emergiendo entre cultivos y prados verdes.. El pueblo de los gaiteros. Pero si hay algo que define históricamente a Soutelo de Montes es su relación con la música tradicional gallega. La localidad está profundamente vinculada a los célebres Gaiteros de Soutelo, el conjunto formado por los hermanos Cachafeiro que llevó la música gallega por distintos países durante las primeras décadas del siglo XX.. Ese legado sigue muy presente. Uno de los puntos más simbólicos es la Plaza dos Gaiteros, creada en torno a 1980 coincidiendo con la primera Festa do Gaiteiro. En el centro se alza una escultura dedicada precisamente a aquellos músicos históricos, obra del escultor gallego Xoán Piñeiro.. A finales de agosto, el pueblo celebra precisamente la Festa do Gaiteiro, declarada Fiesta de Interés Turístico Gallego. Durante varios días, la música tradicional invade las calles entre pasacalles, actuaciones y bailes populares.. Entre petos de ánimas y montañas verdes. Más allá de la música, Soutelo conserva también otros elementos profundamente ligados a la identidad gallega. Uno de ellos es el Peto das Ánimas, un pequeño santuario levantado en 1832 dedicado a la Virgen de la Inmaculada Concepción. Como tantos otros petos gallegos, mantiene viva la tradición de rezar por las almas del purgatorio y dejar limosnas para ayudar a su salvación.. Todo alrededor respira esa Galicia tranquila y alejada de las grandes urbes. Caminos, montes, silencio y aldeas. Quizá por eso, incluso después de conquistar Netflix y convertirse en uno de los rostros más famosos de la televisión internacional, Pedro Alonso sigue encontrando aquí algo que no aparece en ningún guion: el lugar donde empezó todo.
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