Poner un nombre a un programa de televisión no siempre es fácil. No solo sirve para identificar, también es importante para remarcar el carácter de la propuesta: puede ser a través de la retranca de la ironía, un juego de palabras, inventándose un término para la posteridad o, directamente, tirando del nombre del presentador. Es cuando asoma la pereza y alguien dice: «total, si siempre lo van a llamar así».. Pero no siempre es así. El autor se hace más grande con una buena creatividad a sus espaldas. María Teresa Campos aumentó su popularidad con el magacín Pasa la vida, que sintetizaba tanto en tan poco. Hablaba de cómo el tiempo no puede esperar. Perfecto para un programa en directo que, además, de esta forma, ya tenía sintonía, pues Pasa la vida también es una sevillana. Aunque el marketing de la tele cambió la crudeza de “Pasa la vida con su triste carga de desengaños“ por “Pasa la vida con su ideal cortejo de ilusiones”. Mejor un hilillo de esperanza para la compañía del magacín.. Pepe Navarro con Esta noche cruzamos el Mississippi o Javier Sardá con Crónicas Marcianas hicieron lo propio. Reivindicar un imaginativo universo propio desde el título de su show. Sardá siempre explicaba que «irse» a Marte era para contemplar la vida en la Tierra desde la distancia suficiente. Distancia que relativizaba todo. Hasta que el programa se convirtió en un debate de Gran Hermano, al menos. GH fue otro título que tenía su profundidad, pues delataba la premisa del reality show que iba a cambiar la tele. Lo hacía inspirándose en la novela 1984 de George Orwell. El nombre del programa no lo ocultaba. El espectador se convertía en el omnisciente hermano mayor que controla toda la historia.. En este sentido y en este curso, ingenioso ha sido que Telecinco se atreviera a denominar El Tiempo Justo al nuevo programa de Joaquín Prat. Un homenaje a su padre que triunfó tantos años con el concurso El Precio Justo. Lo que nadie parecía pronosticar es que ese mismo formato iba a volver esta misma temporada en la mediodía del propio Telecinco. El Precio Justo y El Tiempo Justo solo son separados por el informativo del mediodía. Dos espacios que buscan ser precisos en su epígrafe y desafiar los trabalenguas de la memoria… Por suerte, son muy dispares en contenido y se diferencia a un golpe de vista.. Sin embargo, la trama se complica cuando se anuncia el prime time de Santi Acosta en solitario. Su título, El Precio De…. Parece una broma. O una obsesión. O que Joaquín Prat padre nos marcó mucho, que también. El Precio Justo, El Tiempo Justo, El Precio De. Al final, los remolones van a tener razón. Da igual, los llamaremos a todos por el nombre del presentador. Esta vez, no nos queda otra. Para no trabucarse.
La inteligencia detrás del nombre de un programa de televisión.
20MINUTOS.ES – Televisión
Poner un nombre a un programa de televisión no siempre es fácil. No solo sirve para identificar, también es importante para remarcar el carácter de la propuesta: puede ser a través de la retranca de la ironía, un juego de palabras, inventándose un término para la posteridad o, directamente, tirando del nombre del presentador. Es cuando asoma la pereza y alguien dice: «total, si siempre lo van a llamar así».. Pero no siempre es así. El autor se hace más grande con una buena creatividad a sus espaldas. María Teresa Campos aumentó su popularidad con el magacín Pasa la vida, que sintetizaba tanto en tan poco. Hablaba de cómo el tiempo no puede esperar. Perfecto para un programa en directo que, además, de esta forma, ya tenía sintonía, pues Pasa la vida también es una sevillana. Aunque el marketing de la tele cambió la crudeza de “Pasa la vida con su triste carga de desengaños“ por “Pasa la vida con su ideal cortejo de ilusiones”. Mejor un hilillo de esperanza para la compañía del magacín.. Pepe Navarro con Esta noche cruzamos el Mississippi o Javier Sardá con Crónicas Marcianas hicieron lo propio. Reivindicar un imaginativo universo propio desde el título de su show. Sardá siempre explicaba que «irse» a Marte era para contemplar la vida en la Tierra desde la distancia suficiente. Distancia que relativizaba todo. Hasta que el programa se convirtió en un debate de Gran Hermano, al menos. GH fue otro título que tenía su profundidad, pues delataba la premisa del reality show que iba a cambiar la tele. Lo hacía inspirándose en la novela 1984 de George Orwell. El nombre del programa no lo ocultaba. El espectador se convertía en el omnisciente hermano mayor que controla toda la historia.. En este sentido y en este curso, ingenioso ha sido que Telecinco se atreviera a denominar El Tiempo Justo al nuevo programa de Joaquín Prat. Un homenaje a su padre que triunfó tantos años con el concurso El Precio Justo. Lo que nadie parecía pronosticar es que ese mismo formato iba a volver esta misma temporada en la mediodía del propio Telecinco. El Precio Justo y El Tiempo Justo solo son separados por el informativo del mediodía. Dos espacios que buscan ser precisos en su epígrafe y desafiar los trabalenguas de la memoria… Por suerte, son muy dispares en contenido y se diferencia a un golpe de vista.. Sin embargo, la trama se complica cuando se anuncia el prime time de Santi Acosta en solitario. Su título, El Precio De….Parece una broma. O una obsesión. O que Joaquín Prat padre nos marcó mucho, que también. El Precio Justo, El Tiempo Justo, El Precio De. Al final, los remolones van a tener razón. Da igual, los llamaremos a todos por el nombre del presentador.Esta vez, no nos queda otra. Para no trabucarse.
