En apenas unos años, China ha protagonizado un crecimiento extraordinario en energías renovables. Sin embargo, este avance ha generado un nuevo problema: almacenar toda esa energía para poder utilizarla en el momento adecuado. Para afrontarlo, el país ha optado por una solución clara: desarrollar embalses que funcionen como enormes baterías naturales.. Objetivos superados antes de tiempo. El impulso del gigante asiático en este ámbito ha sido notable. En diciembre de 2020, el presidente Xi Jinping marcó la meta de alcanzar los 1.200 gigavatios (GW) de energía solar y eólica en 2030. No obstante, ese objetivo se logró en julio de 2024, adelantándose seis años al calendario previsto.. A finales de 2025, la capacidad conjunta de estas fuentes ya ascendía a 1.840 GW, lo que representa el 47,3% del total del sistema eléctrico del país, superando por primera vez a los combustibles fósiles.. La necesidad de almacenar energía. Este rápido crecimiento ha obligado a encontrar formas de integrar estas fuentes en la red eléctrica. Tanto la energía solar como la eólica dependen de factores variables como el sol o el viento, lo que puede generar desajustes entre la producción y la demanda.. Para evitar estos desequilibrios, el almacenamiento energético se ha convertido en un elemento clave dentro de la estrategia nacional.. Embalses que funcionan como baterías. Entre las distintas alternativas, China está apostando con fuerza por la energía hidroeléctrica por bombeo. Este sistema utiliza el excedente de electricidad para trasladar agua desde un embalse inferior a otro situado a mayor altura. Cuando se necesita energía, el agua se libera y, al descender, mueve turbinas que generan electricidad.. Aunque no es una tecnología reciente —lleva más de un siglo utilizándose—, sigue siendo una de las opciones más eficaces para almacenar grandes volúmenes de energía. Actualmente, China lidera el número de proyectos de este tipo en desarrollo.. El plan pasa por sumar unos 100 GW adicionales de capacidad en los próximos cinco años, frente a los 59 GW actuales. Si se cumple este objetivo, este sistema se convertirá en uno de los pilares fundamentales de su modelo energético a largo plazo.. El papel clave de las baterías. De forma paralela, el país también está impulsando con rapidez el almacenamiento mediante baterías. A finales de 2025, esta capacidad alcanzó los 136 GW, lo que supone multiplicar por 40 las previsiones del plan anterior, con un crecimiento del 75% en tan solo un año.. Una estrategia para liderar la transición energética. Con esta combinación de grandes embalses y sistemas de baterías, China pretende garantizar un suministro energético estable, disminuir su dependencia de los combustibles fósiles y reforzar su posición como líder mundial en la transición hacia energías más limpias.
En apenas unos años, China ha protagonizado un crecimiento extraordinario en energías renovables. Sin embargo, este avance ha generado un nuevo problema: almacenar toda esa energía para poder utilizarla en el momento adecuado. Para afrontarlo, el país ha optado por una solución clara: desarrollar embalses que funcionen como enormes baterías naturales.. Objetivos superados antes de tiempo. El impulso del gigante asiático en este ámbito ha sido notable. En diciembre de 2020, el presidente Xi Jinping marcó la meta de alcanzar los 1.200 gigavatios (GW) de energía solar y eólica en 2030. No obstante, ese objetivo se logró en julio de 2024, adelantándose seis años al calendario previsto.. A finales de 2025, la capacidad conjunta de estas fuentes ya ascendía a 1.840 GW, lo que representa el 47,3% del total del sistema eléctrico del país, superando por primera vez a los combustibles fósiles.. La necesidad de almacenar energía. Este rápido crecimiento ha obligado a encontrar formas de integrar estas fuentes en la red eléctrica. Tanto la energía solar como la eólica dependen de factores variables como el sol o el viento, lo que puede generar desajustes entre la producción y la demanda.. Para evitar estos desequilibrios, el almacenamiento energético se ha convertido en un elemento clave dentro de la estrategia nacional.. Embalses que funcionan como baterías. Entre las distintas alternativas, China está apostando con fuerza por la energía hidroeléctrica por bombeo. Este sistema utiliza el excedente de electricidad para trasladar agua desde un embalse inferior a otro situado a mayor altura. Cuando se necesita energía, el agua se libera y, al descender, mueve turbinas que generan electricidad.. Aunque no es una tecnología reciente —lleva más de un siglo utilizándose—, sigue siendo una de las opciones más eficaces para almacenar grandes volúmenes de energía. Actualmente, China lidera el número de proyectos de este tipo en desarrollo.. El plan pasa por sumar unos 100 GW adicionales de capacidad en los próximos cinco años, frente a los 59 GW actuales. Si se cumple este objetivo, este sistema se convertirá en uno de los pilares fundamentales de su modelo energético a largo plazo.. El papel clave de las baterías. De forma paralela, el país también está impulsando con rapidez el almacenamiento mediante baterías. A finales de 2025, esta capacidad alcanzó los 136 GW, lo que supone multiplicar por 40 las previsiones del plan anterior, con un crecimiento del 75% en tan solo un año.. Una estrategia para liderar la transición energética. Con esta combinación de grandes embalses y sistemas de baterías, China pretende garantizar un suministro energético estable, disminuir su dependencia de los combustibles fósiles y reforzar su posición como líder mundial en la transición hacia energías más limpias.
El impulso del gigante asiático en este ámbito ha sido notable
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