La tarde resultaba apetecible por la pureza del cartel, un auténtico canto a la esencia del toreo. El regreso de Fortes, después de aquella tarde en la que le vimos asomarse al abismo, tenía algo de desafío íntimo: coserse las heridas, volver y volver a bordarlo al natural. David de Miranda llegaba con esa deuda pendiente tras una corrida imposible de Vellosino, mientras que Víctor Hernández despertaba toda la expectación tras el año pasado y esa comparación con José Tomás que pone un peso tremendo, todo hay que decirlo en un matador que está recién llegado a esto.. Los aledaños rebosaban ambiente porque el toreo no solo se presencia en la plaza: se vive antes, durante y después de cada festejo.. Jiménez Fortes lució un vestido inspirado en el de la alternativa de Cocherito, un guiño a Bilbao y al vínculo especial que mantiene con la plaza de arena negra que tanto impone a propios y extraños. El primero de la tarde fue un toro reservón, con cierta nobleza, aunque sin la entrega ni la continuidad necesarias para que la faena terminara de tomar vuelo. Todo quedó, por tanto, en apenas un esbozo. Y es en lo que acabaría toda la tarde. Fueron varias las faenas en las que pensábamos que viviríamos otra cosa, pero no. A los toros les faltó el empuje, y más en esta casa, que tiene tralla de menos a más y también nos faltó ver a los animales en los medios y por ver qué hacían. Los pequeños detalles que cambian todo.. Noblón fue el cuarto, que se dejó hacer sin poner en apuros a Fortes y no acabó de ver claras las coordenadas de la faena. Y por mucho empeño que aportó la labor se le amontonó y la sosería se impuso.. Y, si de rememorar se trataba, era inevitable acordarse de aquella tarde de quites entre Ponce y Joselito en 1996 (con Rivera). Esta vez los protagonistas fueron Víctor Hernández y David de Miranda, con la generosidad del onubense, que cedió protagonismo aun siendo suyo el toro. Quitó Víctor; respondió David. Volvió Hernández y aquello ya no podía quedarse ahí. Entonces De Miranda se ajustó hasta el infinito en unas chicuelinas de enorme compromiso que terminaron de encender la plaza. Inverosímiles los estatuarios en los que el toro le rasgaba la taleguilla. Tuvo motor después el toro y repetición, a pesar de que quería soltar la cara si no iba cosido a la muleta. Esa era la tecla y el desafío. Hubo mucha emoción en las dos primeras tandas. Luego el toro descompuso y ya optó David por una faena más de cercanías y de uno en uno, sin enseñarnos al toro y más en un camino efectista y de valor. La estocada baja no fue óbice para el trofeo.. Ovacionaron a Víctor del Pozo después de parear al quinto. Se movió el toro con emoción en el comienzo de faena y creíamos que habría, pero tardó nada y menos en desvanecerse la idea, porque David de Miranda optó por un formato con simetría exacta: en la cercanía y de uno y entonces la faena se convirtió en otra cosa a la esperada. En el final las manoletinas asustaron al miedo, porque el valor lo tiene de sobra.. Flojeó el tercero. Se protestó. El ambiente a la contra y con esta guisa el toro nos puso las cosas difíciles, descastado y con mala clase a la salida del muletazo. Poco pudo hacer Víctor Hernández más allá de los ajustado estatutarios iniciales. Eso sí lo mató con eficacia.. Teníamos todas las esperanzas puestas en el sexto. Y lo bordó Yelco Álvarez con los palos. Tuvo movilidad en los comienzos el animal y Víctor Hernández pegó en los primeros compases de la faena tandas diestra de cierta ligazón, a las que le faltaba que la muleta fuera más por bajo, más dominio, pero la armonía de la tanda y la ilusión de lo que estaba por venir podía con todo. Al natural se fue diluyendo la faena y tiró de ese valor que tiene para meterse entre lo pitones mientras la raza del animal se quedaba en nada. Alargó demasiado la labor. El primer aviso le pilló toreando. Y a nosotros nos acabó por devorar la tarde. Habíamos sido tan felices pensándola. Que luego la realidad fue peor.. Ficha del festejo. Las Ventas. 15º de San Isidro. Toros de Alcurrucén. El 1º, reservón y a la espera; 2º, movilidad con transmisión; 3º, flojo y deslucido; 4º, noblón; 5º, noble; 6º, con movilidad y a menos. Lleno de «No hay billetes». Fortes, de corinto y oro, aviso, pinchazo, estocada baja, descabello (silencio); dos pinchazos, estocada defectuosa que hace guardia, aviso, estocada (silencio).. David de Miranda, de blanco y plata, estocada baja (oreja); pinchazo, estocada (saludos).. Víctor Hernández, de buganvilla y oro, estocada (silencio); aviso, estocada tendida (silencio).
De Miranda corta un trofeo ligero en un festejo decepcionante que volvió a colgar el cartel de «No hay billetes»
La tarde resultaba apetecible por la pureza del cartel, un auténtico canto a la esencia del toreo. El regreso de Fortes, después de aquella tarde en la que le vimos asomarse al abismo, tenía algo de desafío íntimo: coserse las heridas, volver y volver a bordarlo al natural.David de Miranda llegaba con esa deuda pendiente tras una corrida imposible de Vellosino, mientras que Víctor Hernández despertaba toda la expectación tras el año pasado y esa comparación con José Tomás que pone un peso tremendo, todo hay que decirlo en un matador que está recién llegado a esto.. Los aledaños rebosaban ambiente porque el toreo no solo se presencia en la plaza: se vive antes, durante y después de cada festejo.. Jiménez Fortes lució un vestido inspirado en el de la alternativa de Cocherito, un guiño a Bilbao y al vínculo especial que mantiene con la plaza de arena negra que tanto impone a propios y extraños. El primero de la tarde fue un toro reservón, con cierta nobleza, aunque sin la entrega ni la continuidad necesarias para que la faena terminara de tomar vuelo. Todo quedó, por tanto, en apenas un esbozo. Y es en lo que acabaría toda la tarde. Fueron varias las faenas en las que pensábamos que viviríamos otra cosa, pero no. A los toros les faltó el empuje, y más en esta casa, que tiene tralla de menos a más y también nos faltó ver a los animales en los medios y por ver qué hacían. Los pequeños detalles que cambian todo.. Noblón fue el cuarto, que se dejó hacer sin poner en apuros a Fortes y no acabó de ver claras las coordenadas de la faena. Y por mucho empeño que aportó la labor se le amontonó y la sosería se impuso.. Y, si de rememorar se trataba, era inevitable acordarse de aquella tarde de quites entre Ponce y Joselito en 1996 (con Rivera). Esta vez los protagonistas fueron Víctor Hernández y David de Miranda, con la generosidad del onubense, que cedió protagonismo aun siendo suyo el toro. Quitó Víctor; respondió David. Volvió Hernández y aquello ya no podía quedarse ahí.Entonces De Miranda se ajustó hasta el infinito en unas chicuelinas de enorme compromiso que terminaron de encender la plaza. Inverosímiles los estatuarios en los que el toro le rasgaba la taleguilla. Tuvo motor después el toro y repetición, a pesar de que quería soltar la cara si no iba cosido a la muleta. Esa era la tecla y el desafío. Hubo mucha emoción en las dos primeras tandas. Luego el toro descompuso y ya optó David por una faena más de cercanías y de uno en uno, sin enseñarnos al toro y más en un camino efectista y de valor. La estocada baja no fue óbice para el trofeo.. Ovacionaron a Víctor del Pozo después de parear al quinto. Se movió el toro con emoción en el comienzo de faena y creíamos que habría, pero tardó nada y menos en desvanecerse la idea, porque David de Miranda optó por un formato con simetría exacta: en la cercanía y de uno y entonces la faena se convirtió en otra cosa a la esperada. En el final las manoletinas asustaron al miedo, porque el valor lo tiene de sobra.. Flojeó el tercero. Se protestó. El ambiente a la contra y con esta guisa el toro nos puso las cosas difíciles, descastado y con mala clase a la salida del muletazo. Poco pudo hacer Víctor Hernándezmás allá de los ajustado estatutarios iniciales. Eso sí lo mató con eficacia.. Teníamos todas las esperanzas puestas en el sexto. Y lo bordó Yelco Álvarez con los palos. Tuvo movilidad en los comienzos el animal y Víctor Hernández pegó en los primeros compases de la faena tandas diestra de cierta ligazón, a las que le faltaba que la muleta fuera más por bajo, más dominio, pero la armonía de la tanda y la ilusión de lo que estaba por venir podía con todo. Al natural se fue diluyendo la faena y tiró de ese valor que tiene para meterse entre lo pitones mientras la raza del animal se quedaba en nada. Alargó demasiado la labor. El primer aviso le pilló toreando. Y a nosotros nos acabó por devorar la tarde. Habíamos sido tan felices pensándola. Que luego la realidad fue peor.. Las Ventas. 15º de San Isidro. Toros de Alcurrucén. El 1º, reservón y a la espera; 2º, movilidad con transmisión; 3º, flojo y deslucido; 4º, noblón; 5º, noble; 6º, con movilidad y a menos. Lleno de «No hay billetes». Fortes, de corinto y oro, aviso, pinchazo, estocada baja, descabello (silencio); dos pinchazos, estocada defectuosa que hace guardia, aviso, estocada (silencio).. David de Miranda, de blanco y plata, estocada baja (oreja); pinchazo, estocada (saludos).. Víctor Hernández, de buganvilla y oro, estocada (silencio); aviso, estocada tendida (silencio).
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