La fiesta de la democracia que el presidente estadounidense, Donald Trump, exige en Ucrania es un arma de doble filo que asusta, y mucho, a la élite política y militar ucraniana. No obstante, la presión de la Casa Blanca sobre el presidente, Volodímir Zelenski, tras volver a acusarlo de utilizar la guerra como excusa para no celebrar los comicios presidenciales, está dando sus frutos. Esta semana incluso se vio en la necesidad de declarar que su país podría «celebrar elecciones si nuestros socios garantizan la seguridad», según indicó a Politico.. El mandato presidencial de cinco años de Zelenski terminó en mayo de 2024, pero la Ley Marcial declarada tras la invasión de Rusia, en febrero de 2022, suspendió automáticamente la organización de cualquier elección democrática. Por ello, el líder ucraniano afirmó que pedirá «la elaboración de propuestas para cambiar la ley». Además, llegó a vaticinar que, con la ayuda necesaria, podrían llegar a celebrarse «en los próximos 60 a 90 días» si están garantizada por Estados Unidos y la Unión Europea.. Sin embargo, ante la obvia ventaja que unos comicios en Ucrania darían al Kremlin, el presidente se guardó un as en la manga. «Ante todo, la cuestión de las elecciones depende de nuestra gente, es un asunto del pueblo ucraniano, no del pueblo de otros países», declaró Zelenski que, asimismo, se defendió de las acusaciones de Donald Trump: «He oído insinuaciones de que estamos aferrándonos al poder, o que yo personalmente me estoy aferrando a la presidencia, y que ‘por eso la guerra no termina’, cosa que, francamente, es una narrativa completamente irracional», concluyó.. Más aún, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento ucraniano, Oleksandr Merezhko, aseguró que el presidente no está recibiendo presiones internas para celebrar las elecciones. «Incluso la oposición que querría verlo fuera está en contra de que se lleven a cabo, porque entiende el peligro de intentar organizarlas durante la guerra», afirmó. Luego alertó de que ese es el escenario exacto que Putin está buscando porque «una campaña electoral sería divisiva. Tras fracasar en destruirnos desde fuera, quiere destruirnos desde dentro usando las elecciones como herramienta».. Por su parte, la oposición en el Parlamento ucraniano apoya la decisión del presidente de no abrir la caja de pandora de las elecciones, aunque también tiene otros motivos. «Estoy completamente en contra de la idea», señaló Oleksiy Goncharenko, diputado opositor del partido Solidaridad Europea, quien cree que los comicios son imposibles, entre otras cosas, porque «implican todo un proceso de debates y campañas». Y, además, serían una oportunidad para que «Zelenski celebrase unas ‘cuasi-elecciones’ favorables para él, mientras controla los medios y sus oponentes probablemente no están preparados».. Hay quien acusa a Donald Trump de querer utilizar los comicios como un Caballo de Troya al servicio de Moscú. A nadie le pasa desapercibido que la retórica del magnate neoyorkino está alineada con la narrativa del Kremlin, que considera a Zelenski como un líder ilegítimo, motivo por el que han exigido nuevas elecciones como una de las condiciones para un alto el fuego. Por otro lado, el líder ruso jamás se comprometería a dejar que se votase en las regiones de Lugansk y Donetsk, que, en estos momentos, siguen casi en su totalidad en manos del Ejército ruso.. Las dificultades técnicas para celebrar las elecciones en plena guerra exigirían medidas de seguridad complejas y adicionales, así como supondrían una presión desastrosa para la defensa del país. En este sentido, los soldados en el frente no podrían acceder a los colegios electorales, o, requerirían permisos para hacerlo. «Las elecciones nunca son posibles en tiempos de guerra», indicó a la BBC la representante del partido Golos, Lesia Vasylenko, que puso como ejemplo los que fueron retrasados en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.. A esto hay que añadirle que la votación tendría que llevarse a cabo con unos 5,7 millones de ucranianos exiliados en el extranjero, según datos de la ONU. No obstante, el mayor peligro es que una campaña electoral podría crear disputas internas, enfrentar a los partidos y líderes que llevan años combatiendo. Más aún, desplazaría la atención del enemigo externo al rival político interno. Esas grietas supondrían una perita en dulce para Putin, que las aprovecharía para hacer zozobrar los cimientos del Gobierno de Kiev. Y todo ello sin disparar un tiro. Desgaste político, social y diplomático gratis.. En este sentido, los servicios de inteligencia rusos, los cuales son expertos consumados en la guerra de desinformación a través de la manipulación de las redes sociales, tendrían una oportunidad única para la introducción de narrativas relacionados con los conceptos de «traición», «corrupción» o «rendición» perfectos para su objetivo primordial: erosionar las instituciones ucranianas, desmoralizar a la población, generar protestas y desconfianza. Por otro lado, también podrían presionar por un candidato más favorable a negociar, menos cohesionado políticamente y, así, más propenso a aceptar las concesiones territoriales que Putin y Trump le exigen a Zelenski.. De momento, si el presidente ucraniano se acaba negando, seguirá teniendo a su lado a la mayoría de la población, como demuestra una encuesta reciente del Instituto Internacional de Sociología de Kiev, que asegura que «un 63% la población se opone a celebrar elecciones incluso después de un alto el fuego con garantías de seguridad», y opina que «solo puede llevarse a cabo tras un acuerdo completo». Sin embargo, haga lo que haga Zelenski está contra la espada y la pared: si convoca elecciones se cuestionará su legitimidad actual. En caso contrario, Rusia lo acusará de dictador y usurpador ante las audiencias internacionales. Por ello, las elecciones que exigen Washington y Moscú son una trampa, una continuación de la guerra por otros medios.
La fiesta de la democracia que el presidente estadounidense, Donald Trump, exige en Ucrania es un arma de doble filo que asusta, y mucho, a la élite política y militar ucraniana. No obstante, la presión de la Casa Blanca sobre el presidente, Volodímir Zelenski, tras volver a acusarlo de utilizar la guerra como excusa para no celebrar los comicios presidenciales, está dando sus frutos. Esta semana incluso se vio en la necesidad de declarar que su país podría «celebrar elecciones si nuestros socios garantizan la seguridad», según indicó a Politico.. El mandato presidencial de cinco años de Zelenski terminó en mayo de 2024, pero la Ley Marcial declarada tras la invasión de Rusia, en febrero de 2022, suspendió automáticamente la organización de cualquier elección democrática. Por ello, el líder ucraniano afirmó que pedirá «la elaboración de propuestas para cambiar la ley». Además, llegó a vaticinar que, con la ayuda necesaria, podrían llegar a celebrarse «en los próximos 60 a 90 días» si están garantizada por Estados Unidos y la Unión Europea.. Sin embargo, ante la obvia ventaja que unos comicios en Ucrania darían al Kremlin, el presidente se guardó un as en la manga. «Ante todo, la cuestión de las elecciones depende de nuestra gente, es un asunto del pueblo ucraniano, no del pueblo de otros países», declaró Zelenski que, asimismo, se defendió de las acusaciones de Donald Trump: «He oído insinuaciones de que estamos aferrándonos al poder, o que yo personalmente me estoy aferrando a la presidencia, y que ‘por eso la guerra no termina’, cosa que, francamente, es una narrativa completamente irracional», concluyó.. Más aún, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento ucraniano, Oleksandr Merezhko, aseguró que el presidente no está recibiendo presiones internas para celebrar las elecciones. «Incluso la oposición que querría verlo fuera está en contra de que se lleven a cabo, porque entiende el peligro de intentar organizarlas durante la guerra», afirmó. Luego alertó de que ese es el escenario exacto que Putin está buscando porque «una campaña electoral sería divisiva. Tras fracasar en destruirnos desde fuera, quiere destruirnos desde dentro usando las elecciones como herramienta».. Por su parte, la oposición en el Parlamento ucraniano apoya la decisión del presidente de no abrir la caja de pandora de las elecciones, aunque también tiene otros motivos. «Estoy completamente en contra de la idea», señaló Oleksiy Goncharenko, diputado opositor del partido Solidaridad Europea, quien cree que los comicios son imposibles, entre otras cosas, porque «implican todo un proceso de debates y campañas». Y, además, serían una oportunidad para que «Zelenski celebrase unas ‘cuasi-elecciones’ favorables para él, mientras controla los medios y sus oponentes probablemente no están preparados».. Caballo de Troya electoral. Hay quien acusa a Donald Trump de querer utilizar los comicios como un Caballo de Troya al servicio de Moscú. A nadie le pasa desapercibido que la retórica del magnate neoyorkino está alineada con la narrativa del Kremlin, que considera a Zelenski como un líder ilegítimo, motivo por el que han exigido nuevas elecciones como una de las condiciones para un alto el fuego. Por otro lado, el líder ruso jamás se comprometería a dejar que se votase en las regiones de Lugansk y Donetsk, que, en estos momentos, siguen casi en su totalidad en manos del Ejército ruso.. Las dificultades técnicas para celebrar las elecciones en plena guerra exigirían medidas de seguridad complejas y adicionales, así como supondrían una presión desastrosa para la defensa del país. En este sentido, los soldados en el frente no podrían acceder a los colegios electorales, o, requerirían permisos para hacerlo. «Las elecciones nunca son posibles en tiempos de guerra», indicó a la BBC la representante del partido Golos, Lesia Vasylenko, que puso como ejemplo los que fueron retrasados en Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.. A esto hay que añadirle que la votación tendría que llevarse a cabo con unos 5,7 millones de ucranianos exiliados en el extranjero, según datos de la ONU. No obstante, el mayor peligro es que una campaña electoral podría crear disputas internas, enfrentar a los partidos y líderes que llevan años combatiendo. Más aún, desplazaría la atención del enemigo externo al rival político interno. Esas grietas supondrían una perita en dulce para Putin, que las aprovecharía para hacer zozobrar los cimientos del Gobierno de Kiev. Y todo ello sin disparar un tiro. Desgaste político, social y diplomático gratis.. En este sentido, los servicios de inteligencia rusos, los cuales son expertos consumados en la guerra de desinformación a través de la manipulación de las redes sociales, tendrían una oportunidad única para la introducción de narrativas relacionados con los conceptos de «traición», «corrupción» o «rendición» perfectos para su objetivo primordial: erosionar las instituciones ucranianas, desmoralizar a la población, generar protestas y desconfianza. Por otro lado, también podrían presionar por un candidato más favorable a negociar, menos cohesionado políticamente y, así, más propenso a aceptar las concesiones territoriales que Putin y Trump le exigen a Zelenski.. De momento, si el presidente ucraniano se acaba negando, seguirá teniendo a su lado a la mayoría de la población, como demuestra una encuesta reciente del Instituto Internacional de Sociología de Kiev, que asegura que «un 63% la población se opone a celebrar elecciones incluso después de un alto el fuego con garantías de seguridad», y opina que «solo puede llevarse a cabo tras un acuerdo completo». Sin embargo, haga lo que haga Zelenski está contra la espada y la pared: si convoca elecciones se cuestionará su legitimidad actual. En caso contrario, Rusia lo acusará de dictador y usurpador ante las audiencias internacionales. Por ello, las elecciones que exigen Washington y Moscú son una trampa, una continuación de la guerra por otros medios.
Donald Trump exige unos comicios que pueden convertirse en un arma definitiva para Vladimir Putin
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
