El problema actual de Telecinco no está solo en las bajas audiencias que cosecha su programación. Su crisis de imagen se multiplica en cómo los usuarios de las redes sociales celebran los malos resultados. Hay un público que se alegra de sus “fracasos”.. La cadena sufre el efecto boomerang de años de gritos desmedidos y cebos hacia ninguna parte. Su sintonía se asimila a una falta de ética que causa rechazo en una parte de la población. Como consecuencia, Mediaset necesitaba una transición a una producción más generalista, superando las cizañas de un mundo del corazón que la sociedad de hoy aparta. Hemos crecido en sensibilidades, aunque por momentos no lo parezca. Los de la rabia son persistentes por ruidosos.. Pero, como somos contradictorios por naturaleza, en este proceso tampoco ha ayudado cómo se anunció el fin de Sálvame y la manera abrupta en la que se decidió cambiar. De la alegría a la trascendencia. El Telecinco que su público potencial sentía como un compañero fiel -por su derroche de naturalidad que hacía parecer que todo podía pasar en directo- ahora lo ve frío en estética, cutre en imagen y oprimido en creatividad. De hecho, da la sensación de que los comunicadores no se pueden salir apenas del guion. Leen, leen, leen. Y ya está.. La cadena necesita tocar realidad, transgredir con algún fichaje que remueva su actual imagen y acercarse más a la sociedad que busca sentirse representada en la pantalla. Pero, mientras tanto, la crisis de reputación frena la posibilidad de que la gente otorgue una oportunidad a los estrenos. Incluso preferimos criticarlos de antemano. También afecta que, hasta ahora, lo nuevo suena a resurrección de producciones antiguas. Así no hay sorpresa. Todo es pronosticable. Como sucede con el retorno de Allá tú o El Precio Justo. Intuimos que no van a funcionar. Ni siquiera necesitamos verlos. No hay un marketing que anime a despertar expectativa ilusionante por lo que va a venir.. En cambio, sí funciona en las redes sociales el comentario malicioso contra Telecinco. Una tragedia que también dice mucho del reduccionista mundo de trincheras que estamos construyendo con una viralidad que nos pone a consumir la actualidad como un reality donde posicionarse y creerse vencedores o vencidos. Cuando, en realidad, estamos perdiendo todos. Absolutamente todos.. Porque no disponer de un Telecinco lúcido, moderno, creativo, arriesgado, colorista y que movilice nuestra industria audiovisual es un fracaso para nuestro país, pues contamos con menos oferta audiovisual, menos pluralidad televisiva y no se agita el avispero de las ideas propias. Esas historias autóctonas que nos diferencian de la producción global de las plataformas bajo demanda y que nos implican porque reflejan cómo somos. La falta de riesgo y homogeneización de la oferta es un problema. Un Telecinco flojo arrastra a un ecosistema audiovisual más pobre. Con menos puestos de trabajo, con menos propuestas para todos. Su pérdida de rumbo nos lleva a no tener nada que festejar.
Un problema para la industria audiovisual.
20MINUTOS.ES – Televisión
El problema actual de Telecinco no está solo en las bajas audiencias que cosecha su programación. Su crisis de imagen se multiplica en cómo los usuarios de las redes sociales celebran los malos resultados. Hay un público que se alegra de sus “fracasos”.. La cadena sufre el efecto boomerang de años de gritos desmedidos y cebos hacia ninguna parte. Su sintonía se asimila a una falta de ética que causa rechazo en una parte de la población. Como consecuencia,Mediaset necesitaba una transición a una producción más generalista, superando las cizañas de un mundo del corazón que la sociedad de hoy aparta. Hemos crecido en sensibilidades, aunque por momentos no lo parezca. Los de la rabia son persistentes por ruidosos.. Pero, como somos contradictorios por naturaleza, en este proceso tampoco ha ayudado cómo se anunció el fin de Sálvame y la manera abrupta en la que se decidió cambiar. De la alegría a la trascendencia. El Telecinco que su público potencial sentía como un compañero fiel -por su derroche de naturalidad que hacía parecer que todo podía pasar en directo- ahora lo ve frío en estética, cutre en imagen y oprimido en creatividad. De hecho, da la sensación de que los comunicadores no se pueden salir apenas del guion. Leen, leen, leen. Y ya está.. La cadena necesita tocar realidad, transgredir con algún fichaje que remueva su actual imagen y acercarse más a la sociedad que busca sentirse representada en la pantalla. Pero, mientras tanto, la crisis de reputación frena la posibilidad de que la gente otorgue una oportunidad a los estrenos. Incluso preferimos criticarlos de antemano. También afecta que, hasta ahora, lo nuevo suena a resurrección de producciones antiguas. Así no hay sorpresa. Todo es pronosticable. Como sucede con el retorno de Allá tú o El Precio Justo. Intuimos que no van a funcionar. Ni siquiera necesitamos verlos. No hay un marketing que anime a despertar expectativa ilusionante por lo que va a venir.. En cambio, sí funciona en las redes sociales el comentario malicioso contra Telecinco. Una tragedia que también dice mucho del reduccionista mundo de trincheras que estamos construyendo con una viralidad que nos pone a consumir la actualidad como un reality donde posicionarse y creerse vencedores o vencidos. Cuando, en realidad, estamos perdiendo todos. Absolutamente todos.. Porque no disponer de un Telecinco lúcido, moderno, creativo, arriesgado, colorista y que movilice nuestra industria audiovisual es un fracaso para nuestro país, pues contamos con menos oferta audiovisual, menos pluralidad televisiva y no se agita el avispero de las ideas propias. Esas historias autóctonas que nos diferencian de la producción global de las plataformas bajo demanda y que nos implican porque reflejan cómo somos. La falta de riesgo y homogeneización de la oferta es un problema. Un Telecinco flojo arrastra a un ecosistema audiovisual más pobre. Con menos puestos de trabajo, con menos propuestas para todos. Su pérdida de rumbo nos lleva a no tener nada que festejar.
